viernes, 4 de septiembre de 2015

Adrián Román y Una muerte inmejorable

Para Una muerte inmejorable

Adrián Román

La muerte es el inicio de la vida. Uno debe morir para transformarse. La transgresión constante de nuestras creencias y costumbres nos llevarán a la muerte continua, que es la mejor forma de vida. Uno debe entregarse a la muerte para poder entregarse a la vida.
La novela es una forma de autobiografía, es inevitable no hablar de nuestra vida a la hora de escribir, algo de nosotros les heredamos a los personajes. ¿Cuántas veces Pterocles habrá muerto para transformarse en el iracundo e irreverente escritor que hoy es?
Adrián Román, el grandioso poeta, a la izquierda. En medio,
el actor, director, promotor cultural de nombre
maravillosamente literario: Everardo Pillado Pacheco. Y
Pterocles. Bar Buenos Aires.
Yo lo conocí varias veces. Una vez estábamos asaltando una chinampa cargada de pulque en una de las lagunas de la antigua Ciudad de México, uno de nosotros murió esa noche, no recuerdo quién. Otra vez nos subimos al ring, y decir ring, es un decir, en aquel puerto de las islas británicas, el campo de batalla no era otra cosa que unas cuantas cuerdas amarradas, alrededor había una muchedumbre hambrienta de sangre, no había límite de rounds ni reglas específicas, nuestro tamaño y peso era disparejo, eso no evitó que nos diéramos con todo, aquello fue una masacre mutua. Otro día les digo quién ganó.
Nos morimos y nacemos. De eso va esta novela, es una invitación a transformarnos, porque no importa que el personaje se encuentre condenado a muerte. Todos estamos encaminados a dejar esta tierra. La cosa es comenzar a vivir de otro modo. Aquí hay un autor vivo, que invita al lector a ser rebelde. ¿Por qué obedecer los aburridos preceptos de las buenas costumbres?
Pterocles en uso de la voz.
Cantina Buenos Aires.

Pterocles es un escritor de versos fuertes, es un hombre de mirada fina que sabe interpretar bien lo que ve, y sabe transmitirlo. Lo demuestran sus cuentos, en donde hace un alarde del lenguaje callejero a veces, pero también escudriña en el alma humana y reconoce esos momentos en los que un hombre se quiebra. La potencia de su pluma o de sus manos sobre el teclado se deja ver en su otra novela, Demoníaca, en donde Pterocles se disfraza de travesti, e indaga en las más oscuras costumbres y sentimientos, anhelos y perversiones de un personaje. No hay otro modo de hacer algo memorable que dejando todo sobre el ring.
Adrián Román, formidable
autor en su lectura.

Los samuráis deben tener siempre presente la muerte. Esa presencia constante es lo que nos mantiene amarrados a la humildad. Una muerte inmejorable sólo puede darse a través de una vida llena de rupturas.

Celebro la novela, porque su aparición obedece al sueño sincero de un hombre por contar, un hombre que fue soldador, que estudió ingeniería, que fue boxeador y no que no se hallaba, no lo hacía hasta que descubrió que estaba bendecido por las letras, que mediante ellas le daría salida a todas sus frustraciones y sueños. Pterocles es un hombre que asumió la responsabilidad de ser artista, puso su talento al servicio de nosotros para que nos animemos a transformarnos, a morir. Salud, compadre. Que vengan muchas novelas más.

martes, 1 de septiembre de 2015

Una muerte... en la Rosario Castellanos

En la Rosario Castellanos, Una muerte...

Pterocles Arenarius
El 1 de junio, se presentó la novela Una muerte inmejorable en la librería Rosario Castellanos de la colonia Condesa. Previamente el autor tuvo una pequeña odisea. Sale con el tiempo medidito. Hay que imprimir en un negocio de internet, porque su impresora no está muy bien. Por diversas razones en un establecimiento tienen problemas con la impresora y, este desprevenido pierde quince preciosos minutos esperando.


Pterocles, Borja.

Luego, en chinga en el metro hasta la estación Centro Médico del metro, pero antes hay que transbordar en Guerrero. Y el señorito se pasa de esa estación hasta Buenavista. Puta madre. Y ahí viene de regreso el viejo pendejo. Va tarde y todavía pierde otros diez minutos. Por fortuna el metro corre y llega a Centro Médico en donde el viejo iracundo, bufando de ira contra sí mismo, toma un taxi que, otra vez por fortuna en menos de diez minutos, lo deposita en la puerta de la librería Rosario Castellanos en donde el querido Jorge Borja ha empezado el acto charlando con la gente, cuenta anécdotas del autor ocurridas hace la friolera de treinta años. La charla es muy amena, Borja es un tipo de enorme simpatía, muy grata sencillez y un descomunal bagaje de conocimientos y unas tablas de muchos años en los asuntos de la literatura y la cultura en general. Media hora tarde. Qué desvergüenza, qué descuido. Llega el viejo escritor sin mayores aspavientos, sin agitarse, como si hubiera estado en tiempo y forma. Cínico. Se incorpora al presídium como si nada. Para acabarla de chingar, sabe Dios cómo empezó Borjita sin ser presentado, porque el viejo este trae su semblanza:
Jorge Arturo Borja López.

Borja es pantagruélico.

México DF, 1962. Licenciado en comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana. Guionista de televisión, trabajó al lado de Juan José Arreola y Antonio Alatorre en el programa Libros, autores y lectores, entre otros. Autor de los libros Campo de batalla, cuentos y De El Azteca a Madero, crónicas. Compilador de las colecciones de cuentos Que el tiempo lo decida y Sangre enamorada. Periodista, narrador, catedrático, cronista, erudito, bailarín prodigioso, Jorge Borja, que suele decir de sí mismo “Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo/ que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo”, es autor de una novela titulada A media noche en ninguna parte que se mantiene inédita para desgracia de la literatura mexicana. Es sin duda, además, pantagruélico, esto significa que si usted lo invita a comer y beber resulta desaconsejable, porque le sale más barato vestirlo de charro.
Ocurre un estallido de risa, cuando la presentadora de la Editorial De Otro Tipo lee el texto, además de las carcajadas que ya había provocado Borja. Hay unas cincuenta personas. El autor de Una muerte inmejorable, ofrece una encarecida disculpa por el retardo y se justifica diciendo con gesto de gran seriedad, que hubo un complot organizado por el mal gobierno en su contra para hacerlo llegar tarde. Las risas no se dejan esperar, el señor este de barbas indudablemente marxistas debe estar loco, o se trata de un chiste; lee su texto: una diatriba contra el mal gobierno que puede leerse aparte de este reporte. Es un buen pretexto el hecho de que el telón de fondo de la novela es la circunstancia del momento en México. Hay unos diez amigos del viejo Pterocles.


Dos autores.

Toda la demás gente es desconocida. Se venden unos diez ejemplares y el autor recibe el cariño de la gente, los familiares y los amigos. Le toman fotos, le piden tomárselas con él. La gente le hace preguntas que le permiten buscarse más simpatías, más cariño de la gente. ¿El nombre Pterocles Arenarius es seudónimo o es verdadero? El viejo responde que es verdadero porque es seudónimo. Una jovencita pregunta cuánto tiempo le llevó escribir la novela. Entonces el viejo se suelta el pelo hablando de que empezó a escribir su novela en el año 2002, que la novela participó en un concurso en Guanajuato, y fracasó. Luego en otro, nacional, y fracasó. Luego en uno más, en España, y fracasó, se quedó en la orillita, como finalista. Hasta que por fin ganó el concurso convocado por la Editorial De Otro Tipo. Mucha terquedad y, finalmente, no menos amor a la literatura.
Es muy hermoso recibir el afecto, la consideración de la gente por hacer lo que uno ama, por sentirse querido como lo dijera García Márquez. Esto es un inmenso aliento para continuar, para refrendar la vieja idea de ser instrumento de la palabra.
Las presentaciones son como una fiesta de cumpleaños para un autor. Si salen bien, es decir, cuando se logra despertar el buen humor, desencadenar la risa y aflorar emociones, aquello se convierte en el paraíso. Es como enamorar a alguien. Es un acto de seducción. En el ambiente flota una dulce energía de sentimientos gratos. Ha cumplido el viejo escritor. Hay que escribir. Es una forma de dar amor.

jueves, 20 de agosto de 2015

El maestro. La bondad personificada.

Brega

Pterocles Arenarius

En enero de 1985 encontré una convocatoria (en realidad, si no mal recuerdo vi esa invitación en 1984) para participar en el taller de Edmundo Valadés. Me apersoné ávido de encontrar gente con quien hablar de literatura y que, igual que yo, escribiera lo que yo llamaba cuentos. En realidad no eran cuentos, o lo eran de chiripa, porque me empeciné en no “contaminarme” con academicismos. 

Era muy soberbio. El tiempo se encargó de desmontarme (a chingadazos) del inútil, endeble, corcel de la egomanía. Sin embargo, a punta de chiripazos, conseguí textos que no dejaban de ser, al menos, divertidos e interesantes. Al concluir el primer año de taller con el maestro Valadés (un hombre de inmensa estatura moral, un gran lector de cuentos, un maestro nacional del 

Una época de oro, La Canija Lagartija.


cuento, una institución) hicimos una selección de los cuentos que descollaron en el taller.


Ese conecte. Debut.



 Y ahí me publicaron por primera vez en libro.
Piedra de fundación. Cantos de la colmena.
Títulos poéticos.

Era el año 1987. Las instituciones que impulsaban la iniciativa eran INBA, Tierra Adentro; UNAM, Punto de Partida; ISSSTE, República de Poetas. Un poco antes, en 1985 había publicado un cuento breve en la revista El Cuento, del mismo don Edmundo Valadés. El cuento que tuvo la fortuna de aparecer en esta antología fue Ese conecte. Luego, el mismo cuento, se publicó en La Canija Lagartija, una revista que creamos Jorge Arturo Borja, Gregorio Martínez (Paulo G Cruz), Marco Tulio Lailson, Magdiel Pérez, Alfonso Montelongo y Silvia Lazcano (qepd). Éramos un equipazo: dionisiacos, enjundiosos y más o menos bárbaros. Había mucho talento.

miércoles, 8 de julio de 2015

Sobre el neoliberalismo



Sobre el neoliberalismo y las elecciones

Pterocles Arenarius

A mediados de la década de los años 70, yo trabajaba como obrero, era oficial de soldador. Ganaba más del sueldo mínimo, creo que no llegaba a multiplicarlo por dos. Conmigo trabajaba un colombiano que un día me preguntó por qué no me compraba un coche, un volkswaguen, absolutamente de moda en aquellos tiempos. No supe qué contestarle. Pero para mí dije “Por pendejo, porque no tengo licencia, porque no sé manejar, porque nunca he tenido carro y porque no se me había ocurrido”. Hice cuentas y sí me alcanzaba. Estaba soltero, vivía con mis padres y no tenía obligaciones ni mayores gastos que ayudar a la economía familiar. Hoy, 40 años después, es imposible ya no digamos comprar un carro, ni siquiera alcanza para comer bien una sola persona que perciba dos salarios mínimos. Así ha sido degradado el nivel de vida de los mexicanos.

Pterocles en los 70

Pero si bien las clases medias se han depauperado, los más pobres —aproximadamente un treinta por ciento de la población— se encuentran en las proximidades de la hambruna. Desde hace unos treinta años, México vive una pesadilla fraguada para beneficiar a los más ricos al costo que sea. La economía no crece desde entonces. El país no produce lo que consume en materia de alimentos. La educación es un desastre. Miles de empresas que administraba el gobierno, muchas que trabajaban con números negros, se han regalado a empresarios voraces e inhumanos. La corrupción gubernamental parece un pozo sin fondo. La ciencia mexicana, aunque con grandiosas e inexplicables excepciones, pero más la tecnología tienen más de medio siglo de atraso con respecto de los países avanzados. Los asesinatos y el crimen prosperan como nunca antes. Y, desde el 2012, se agregan los crímenes desde el propio gobierno en contra de la población a la que dice gobernar. Y simultáneamente con el agravamiento de los ámbitos anteriores, llegan a la presidencia sujetos cada vez más pendejos —no ineptos, no impreparados, no novatos: simplemente pendejos (magníficos ejemplares del pendejismo son Fox, Calderón y Peña Nieto)—. Las condiciones de vida de los mexicanos se han degradado como pocas veces en la historia. Esa es la pésima noticia. El PRI, el Panal y el Verde forman una camarilla que puede clasificarse claramente en dos actividades: una, servir a los empresarios que no conocen llenadera para explotar a límites de atraco a sus trabajadores y, dos, la de simples delincuentes. En efecto, los gobernantes mexicanos del momento actúan saqueando el erario con un descaro que no se había visto nunca. Y luego tienen la cara dura de crear comisiones subordinadas a ellos mismos para que investiguen sus propias raterías. La pésima noticia se complementa con el hecho de que teniendo mayoría en el Congreso, la alianza de los saqueadores irá por todo en todos los ámbitos, entiéndase: robar al máximo, reprimir sin límites y entregar lo muy poco que queda de México a los empresarios tanto mexicanos como extranjeros. El panorama se observa negro. Pero…
Fundadora de otra alianza
Hay una circunstancia alentadora. Por primera vez en nuestra historia un partido político de auténtica oposición y con una fuerte tendencia de izquierda llega hasta importantes posiciones de poder en su primera actuación en elecciones. Sin duda alguna, si las elecciones hubieran incluido la lucha por el cargo de jefe de Gobierno, en este momento estaríamos celebrando que Morena gobernaría desde dos de los poderes a la capital del país: el legislativo y el ejecutivo.
Si Morena tiene la capacidad de salvarse de la gran estrategia priísta histórica que consiste en corromper —como ya corrompió al PAN, al PRD con todo y sus héroes asesinados, torturados y desparecidos—, entonces, Morena es, en efecto, la única esperanza de México.
Creo que la gran misión de Morena se encuentra en dos vertientes. Una, destruir el poder priísta cambiando, como ha dicho AMLO, la manera de hacer política. La política no es el robo del erario ni el cochupo ni la tranza ni los moches ni la prepotencia ni los privilegios sobre el ciudadano. Los paradigmas de los políticos mentirosos, prepotentes, rateros, semianalfabetas y criminales tiene que ser erradicada de nuestra historia para siempre como si hubiera sido una pesadilla a la que jamás debemos regresar. Y, dos, lograr que los cambios que ocurran en México sean por la vía pacífica y provoquen lo menos posible de destrucción, violencia y muertes. El sostener la situación como se encuentra ya ha costado demasiada sangre y dolor. ¿Será posible evitar la catástrofe? ¿O tendremos que cumplir con el fatídico destino cíclico y secular (1810-1910-2010) de matarnos por miles —entre el borracho Calderón y el analfabeta Peña ya rebasaron con mucho los cien mil muertos— como en la independencia o por millones como en la revolución?
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Morena, ¿se salvará?

De lo que hagamos los mexicanos depende que un nuevo régimen surja para nuestro bien, o que sigan gobernándonos los que tienen por tradición el robo del erario, la mentira sistemática y el asesinato político de sus opositores. A pesar de lo negro que pareciera el panorama, esto último, que gobiernen los peores se ve imposible; somos otros los mexicanos a pesar del atraso de varios millones de compatriotas, hay mucha gente muy valiosa, hay grandes científicos, artistas de nivel mundial, intelectuales, ¿por qué sólo los políticos tienen que ser escoria? Somos otro país y el régimen del PRI se quedó con las malas mañas de hace medio siglo. México no puede seguir así. Pero ¿quién lo sabe?

domingo, 22 de marzo de 2015

Agustín Ramos

De las manifestaciones al manifiesto

Agustín Ramos Blancas, novelista.


EN “EL NOPAL GENEALÓGICO de Tepito”, Alfonso Hernández Hernández afirma que “el barrio es un espacio estructurado funcionalmente para aprender ética y estética, para procesar el progreso con la misma lentitud con la que el pasado se deshace”. Ya mencioné, a propósito de ello, “Ese conecte”. Ahora reproduzco parte de ese cuento: …chale, no es pa tanto; si andas en el palpe de una labia más acá, no hay por qué clavarse tan gruesote…, porque además el verbo del ratón es muy oscuro. Ese bato nomás gira su caliche entre sus vales, acá quemando o en la trova, tons ps es muy negro. Te despepito este toquín pero es leve… No hay cuete, mira, con que llegues: –¿Qué mené, mi padrino?, va un vidrio, ¿le pasa? La destinataria de este rollo es una estudiante de lingüística, el protagonista es el lenguaje y el narrador es un dispositivo. Con eso basta para un cuento contemporáneo técnicamente impecable y hasta con incontrovertible justificación interna, siempre que el autor tenga lectores y domine a plenitud sus recursos para expresar viejos conflictos en formas nuevas. Hay quienes ven en esta oscuridad indicios delincuenciales y manifestaciones de odio y rechazo radical, porque el desciframiento del “léxico argótico” –ya no digamos su apreciación– requiere de buena voluntad –no “buena” de bondad sino “buena” en calidad– para detectar algo muy mal visto en estos tiempos: la lucha de clases. ¡Peor tantito si esa voluntad es la de convertirse en literatura! Jorge Aguilar Mora decía, a propósito de la aparición del EZLN, que “no sólo hay lucha de clases (…), también hay lucha étnica, lucha de regiones, lucha de poderes, lucha de culturas, lucha nacionalista. La ciudad de México, por su parte, agrega a esa fragmentación muchos otros conflictos.”
Portada de Fiestas.

Una técnica aún más alarmante que la de “Ese conecte” sale a orearse en “Dos miradas/ Sangre nueva”, donde el informe del puntilloso agente de la PGR Ananías Peláez se entreteje con el diario de un escritor lleno de dudas existenciales e irónicamente distante. Así, ambos puntos de vista contrapuestos enfocan un mismo congreso de escritores abundante de relaciones públicas y escaso de literatura, donde una provocación deriva en gresca. Sobre ésta, el agente Ananías informa: insidente; grabe ha las 6 de la tarde en punto pasadas aprotsimadamente 34 minutos se pre sentaron de pie dos sujetos zos pechosos de cer rateros y far farmasi fármaco o seaze bisiosos droga diptos por: el pelo largo y de barbas y; la ropa con la compañía de una zeñorita zos pechoza de prostituzion por notarsele no traer la ropa que uza la mujer en; los pechos los indibidos y la zeñorita declararonse ser: congresistas del congr. Al eccijir su gafete ecsplicaron: no avercelos mandado el congreso por lo cual: esta Bigilansia desidio; que nomás pasaba la zeñorita y no: los sujetos… pero, de repente y con apollo de cerian 30 indibidos se metieron todos porla juerza y dando: portaso por evitarlo bijilansi de tubo a muchos ciendo: golpiados bairos y uno de los zos pechosos de al prinsipio resivio un macanazo… se de tubo a 8 dellos que se zoltaron a orden es del Ceñor Cecretario de culturas punto.” El escritor (d)escribe: “Parecían comandados por una muchacha de acaso veinte años… Vestía pantalón vaquero de mezclilla luida; chaleco blanco bordado… Lo perturbador era la belleza que se insinuaba, se traslucía gracias a la ausencia de cualquier prenda, bajo la camiseta… Entonces empezó lo emocionante. Como para celebrar la intervención del Liceo Cínico se desató el caos. La audiencia de intelectuales huyó despavorida. Gente del público peleaba contra policías. Habían entrado los bárbaros y tras ellos los servicios de “inteligencia” del poder a expulsarlos… El secretario de cultura… contuvo a los vigilantes…”
Fiestas, treinta años de cuentos.

El informante de la PGR informa y el escritor escribe; es decir, la ficción funda en sí misma su pertinencia y, mediante dos miradas, elabora una verdad tan ilusoria como convincente según la cual la sangre nueva no radica necesaria ni exclusivamente en los herederos ilustrados en edad de merecer becas y premios sino, además –y quizá más– en “bárbaros asintácticos” como Ananías Peláez, quien reaparece páginas adelante convertido en poeta y, ya como crítico, en la cuarta de forros del libro Fiestas (de Pterocles Arenarius, sí). Con epígrafe de Tolstoi (“Preferiría ser bárbaro”), el ruido de fondo toma forma de manifiesto literario.

martes, 24 de febrero de 2015

Ruido de fondo, Agustín Ramos

Agustín Ramos
Ruido de fondo
Novela que hizo historia
La fase inicial de la obra narrativa de Pterocles Arenarius se nutre de expresiones intensivamente habituales, de voces rescatadas de la pobreza: es fondo que se eleva a formas y forma que alcanza el fondo: lenguaje diferente, otras palabras.

Pterocles Arenarius
En Ensayos latinoamericanos Lezama Lima define las expresiones populares como “súbitas maneras de llegar, animismo transformable, resolución suspensiva pero total, traslado de un descalabro con sonreída sordina, diminutivos querenciosos agravados por la yesca de la protesta castellana [expresiones que] derivan de ese lote de ejemplificaciones, lecciones memorables de hallazgos verbales. El memorialista las anota; el pasmo del escritor las arranca y les fabrica un camino…”
El otro lado de la soberbia, la parte humillada y acallada que nadie habita por gusto, es la más auténtica de la realidad, agregaría Borges. Porque en una realidad de privilegios, oficiales u oficiosos, la humildad nutre de vida, identidad y riqueza a un mundo en donde la miseria cala todos los estratos con el excipiente de la corrupción: el autoritarismo.
Lezama Lima
Para mostrar tal mundo, Pterocles Arenarius primero se usa a sí mismo  ganando autenticidad, convenciendo sin extravagancias ni personajes estrambóticos. Y así como el teatro pobre desecha lo superfluo y afronta el acto estético con el cuerpo y el aliento, la narrativa de Pterocles Arenarius únicamente selecciona lo imprescindible y se vale de la distancia crítica para potenciar la humildad como valor ético y estético.
El viejo iracundo
Partiendo de ello, Arenarius ilustra mediante relatos diversas citas de autores como Lautréamont, Sade, Cardoza y Aragón, Rilke, Hans Ruesch, Caillois, Joseph Campbell, Stendhal, Tolstoi, Bukowski, a.s. Neill, Chesterton, Jung, Kayyam, e imita a Cervantes en las cuartas de forro de sus dos primeros libros, Fiestas. Cuentos y relatos, (2011, Eterno Femenino) y Apostatario, tres ejercicios de blasfemia (2005, Arengador).
¿Podría calificarse como retórica de la humildad esta actitud narrativa, este estilo que no se sirve de más artificios que la literatura y la lengua viva: esta clase de literatura sin héroes ni antihéroes, que excava sin trucos –con uñas y saliva– desde basureros hasta palacios episcopales?
Esa retórica de la humildad, que Lezama Lima suscribiría perfeccionándola conceptualmente como verba criolla o, tal vez mejor aún, como verba mestiza, se resume en el texto titulado “Ese conecte”, elaborado exclusivamente en caló o jerga, esa clase de habla que los diccionarios definen más o menos como lenguaje del hampa y de los bajos fondos. Una clase de código –y un código de clase– que con trabajos se coloca un escalón por encima de los “dialectos indígenas”, y muchos escalones atrás del idioma que los actuales dueños de la palabra asignan a los vencidos: el fondo, lo bajo.
Agustín Ramos
En dicho texto el protagonista es el lenguaje. Quien narra representa el vehículo y la destinataria del mensaje funciona como dispositivo que dispara el relato. Un relato que a pesar de su forma transgresora cumple con los principios preceptivos que pueden extraerse de cualquier cuento clásico. Así, el léxico de la gente humillada, éste en particular, como muestra representativa pero jamás única, comunica a plenitud porque es un lenguaje cabal que se piensa a sí mismo a través de sus emisores y se refleja con nitidez merced a quien lo escucha o lo lee, a quien lo quiera atestiguar, a quien lo sepa leer.

Historia de una maldita perra
Esta codificación de clase, sin embargo, es sólo uno de los recursos retóricos del autor. Y se diferencia de aquella expresión silvestre que no se cuidaba de ortografías ni de reglas sintácticas. Por el contrario, aquí hay un tejido muy consciente de su procedencia, de su poder y su deber, para ser completamente leal a la materia prima, es decir al lenguaje, a la gramática y a la prosodia que engendra personajes, atmósfera e historia: texto.

Última obra. Hasta el momento
En sus novelas Demoníaca (2012, Eterno Femenino) y Una muerte inmejorable (2014, De Otro Tipo), el autor hace la radiografía amenísima y humanísima del cosmopolitismo y el provincianismo, respectivamente. Así, esta retórica convierte la miseria en literatura, introduce el socavado lenguaje local en el fundillo de lo global, no para ordeñar sociología prestigiosa ni masturbarse con una manida y falaz “identidad nacional”, sino para probar fuerzas con la realidad presente y comprobar que puede salir con vida, y con palabras.

jueves, 5 de febrero de 2015






Imágenes de Felipe

Desde la Creta minoica. Para Felipe Calderón:

Pterocles Arenarius

Te escribo, Felipe, para que tengas una idea de lo que suele pensarse de ti. Y lo hago porque fuiste presidente de México, tú lo sabes, contra la voluntad de la mayoría de los mexicanos, abusando de la indiferencia de muchos, su dejadez de la mayoría y la ignorancia de una gran parte. Y en contra de la valerosa lucha de miles que nunca te reconocimos. En primer lugar, ganaste las elecciones fraudulentamente, pero fue un fraude electoral monstruoso, inocultable, un robo brutal y de escándalo. Tú lo sabes. Y llegaste a la presidencia porque supiste ganarte la voluntad de gente poderosa de aquí pero también de Estados Unidos. La gente, los votantes —yo, mis amigos, millones de mexicanos—, la ciudadanía, te importamos un cacahuate. También por eso te escribo, porque perjudicaste a millones, les desgraciaste la vida. Hay más de cien mil familias —multiplica el número por cuatro o cinco de cada familia—, que te maldicen cada día y te recuerdan como un criminal. Con eso tendrás que vivir para siempre en este mundo.

Pero te voy a decir un pequeño detalle, puesto que te debes a ellos, a los archimillonarios mexicanos y a los gringos que, estratégicamente, te apoyaron, te digo esto, tú lo sabes, ellos te usaron. Tú lo sabes muy bien. La consigna era que no ganara la izquierda por ningún motivo. Y lo lograron ellos a través de ti. El precio a pagar fue alto, Felipe, tú bien lo sabes. Por lo pronto, es como si te hubieran embarrado de mierda todo el cuerpo. Haz de cuenta que apestas a mierda, pues no puedes pararte en tu país, ni siquiera en tu ciudad natal —de la que deberías ser un orgullo—. En todo el país te repudian, te maldicen como sí, en efecto, estuvieras totalmente cubierto de caca. Lo estás, aunque sea una clase de excremento que no se ve, pero es peor, porque éste y su olor nauseabundo no se quitan con nada. Y es que aunque no se vea, sí apestas. Y la pestilencia no se te quitará en lo que te resta de estancia en este mundo. Es más, ni siquiera después de que te mueras se quitará. La historia se encargará de que se te conozca como realmente eres, como fuiste siendo presidente. Lo más triste de todo es que ese hedor le será heredarlo a tus hijos. ¿Y ellos qué culpa tienen? Al final, fuiste buen negocio para los archimillonarios. Te pusieron como presidente, te sostuvieron contra viento y marea; te obligaron a todo lo que se les antojó, incluido el regreso del PRI —tu odiado PRI, contra el que luchaste durante tu adolescencia y toda tu juventud— te hicieron que entregaras la banda presidencial a un individuo tan vil como tú o quizá un poco peor que tú al que, sin duda, odiabas y todavía debes abominar. Yo estoy seguro de que si te hubieran exigido que les chuparas la verga lo habrías hecho. Eras capaz de lo que fuera, sin exagerar, de lo que fuera, con tal de que te pusieran como presidente. Pero, Felipe, tú sabías muy bien que no tenías tamaños para eso ni para mucho menos. Cuando yo era niño, pensábamos que para llegar a ser presidente tenías que ser dos cosas, alguien muy malo y, la otra era ser muy brillante, muy inteligente. Bueno, tu partido, el PAN, nos quitó esa idea. Fox y tú fueron los paradigmas de la gente vulgar, de los ignorantes, de los hombrecillos minúsculos con cargos grandes y sueldos todavía más grandes. Para desgracia de mi país. Fíjate que los priístas —de ninguna manera son mejores— pero al menos sabían simular el conocimiento, la cultura. Del actual analfabeta funcional no te digo eso, éste es un pobre hombre que, a veces, parece incluso menor que tú, lo cual es ya demasiado decir. Y tú lo apoyaste contra tu propio partido. Y no te pregunto si te da vergüenza, creo que es inútil hacerlo, sé lo que responderás.

Desgracia para México
Te hicieron presidente estando demasiado lejos de merecerlo, Felipe. Por eso mismo eras perfecto para ellos. Un presidente débil, sin apoyo de su pueblo, dependiente de los que te pusieron ahí. Pues te usaron hasta el colmo. Te hicieron como sus calzones. Ahora andas por ahí medrando, dizque haciendo un partidillo y tratando de lanzar a tu esposa (¡Dios nos libre!) a la presidencia. Mira, Felipe, desde que estabas como presidente yo dudaba de que estuvieras —como dicen los periodistas— en posesión cabal de tus facultades mentales, pero esto de tu esposa ya es el colmo. Esa pobre mujer a la que tienes aterrorizada a golpes. Niégalo, Felipe, niega que, cuando se te antoja, o cuando ella te hace repelar le metes soberanas madrizas. Cuando has estado tapado de briago le has dado unas putizas que ella no olvidará jamás. Bueno, es más, por ahí del final de tu sexenio en Los Pinos le desprendiste la retina ¿de una patada en la cara?, porque déjame decirte que te veo muy débil como para que lo hayas hecho de un puñetazo. Pero pobre de Márgara —tú así le dices—, ni como ayudarle porque como dicen allá en tu tierra, Michoacán: el que por su gusto es buey hasta la coyunda lame. Pobrecita mujer. Y ella es la que quieres convertir en presidenta de México. Ya vas. Y ya que hablamos de cosas que no podrás negar: niégame que eres cocainómano. Que te bajas las tórridas pedas que agarras con tres o cuatro líneas de la más pura cocaína. Niégamelo. Y lo hacías casi cotidianamente cuando estabas en Los Pinos y te pasabas las tardes con tus cuates bebiendo por destajo, poniéndote hasta tu madre al grado de que te caíste de la bicicleta y te rompiste el brazo y no sé cuantas pendejadas más habrás hecho.
Tu leit motiv en tu vida, desde hace muchos años hasta acá, ha sido el perfeccionarte como un traicionero. Traicionaste a Carlos Castillo Peraza, tu mentor. Aunque un sujeto bastante detestable, intelectualmente era muy superior a ti, Felipe. En ese ámbito nunca le llegaste ni a las rodillas. Traicionaste a Fox, el chivo en cristalería, el ranchero tarugo que por el hastío del PRI llevaron a la presidencia. Pero México qué culpa tiene; y traicionaste a Diego Fernández de Cevallos, ese gigante de la corrupción, no menos que de la traición, bien pagado por ti. ¿Te acuerdas cuando dizque se iban a liar a golpes? Abusivo tú, Felipe, porque Diego es mucho más viejo que tú, pero es mucho más cabrón y tú, ya te lo dije, físicamente estás muy débil. Pero prosigamos. Traicionaste a tu partido, a Josefina Vázquez Mota, pobre mujer que te creyó; y traicionaste a tu larguísima militancia panista. Qué terrible volverte una especie de priísta vergonzante. Tú mismo debes darte asco por eso que hiciste: apoyar al PRI, el partido decano de los ladrones del erario y los crímenes políticos. Debes darte asco, eres igual que ellos, peor que ellos. El PRI, el partido contra el que tu padre empeñó su vida entera. Así que también traicionaste a tu padre. ¿Y todo para qué? Para que hoy no puedas ni salir a la calle en tu país porque estás embarrado de mierda hasta el hocico?

La traición a Josefina

Bueno, te digo todo esto por las razones ya escritas y por otra más: tú me conoces bien, Felipe. Yo era de los reporteros que estuvimos cubriendo tu paupérrima campaña de uno o dos mítines por día en que, por media hora que hablabas, te tomabas más de un litro de agua, sin duda con su dosis de alcohol, tenías una chica a sueldo para que te estuviera dando, cada tres o cuatro fraseos, la botella de agua con vodka. Tomabas mucha agua, pues sí, ibas crudo casi diario.

Alcoholismo proverbial
Y te digo que me conoces bien porque una vez me diste la mano cuando llegabas al Poliforum Siqueiros saludando a todos los de la prensa. Yo me hice güey y te dejé con la mano extendida. Es un pequeño orgullo que guardo; menor que el de estrechar, ahí sí orgullosamente, la mano de Monsiváis o recibir una dedicatoria en un libro de Rius. Otra vez, cuando estuvimos en el Cañón del Sumidero, allá en Chiapas, cuando se canceló, por falta de asistentes, el mitin que ibas a hacer en la plaza de toros La Bien Pagá, ¿te acuerdas?, bueno esa vez, en el Cañón, todos los que cubrían tu campaña quisieron tomarse la foto contigo. Yo me hice güey y me aparté. Lo notaste. Tan lo notaste que poco después, esperando la nota, ahí en el edificio del PAN en avenida Coyoacán, me mandaste tú, o sería César Nava, un provocador que se sentó junto a mí y me dijo que iba a matar a López Obrador, que era un hijo de perra, un maldito, etcétera. Ahí estuve oyendo, quizá media hora, al pinche loco que me mandaron, deseándole suerte en su encargo: puro pájaro nalgón. Claro que me conoces. En fin.
Felipe, lo que hiciste fue monstruoso. Permitiste el tráfico de drogas hacia el país del norte, aunque sólo a tus socios y la entrada de armas de allá para acá, aunque sólo a los traficantes oficiales. Ambas cosas para que los mexicanos, delincuentes muchos, pero miles de ellos no, se mataran aquéllos y fueran asquerosamente asesinados los inocentes. Eso no tiene perdón. Mereces estar en la cárcel, Felipe. Pero hasta esos extremos han llegado los millonarios mexicanos y el gobierno gringo con tal de que no se haga la justicia en México o ni siquiera eso, que no vaya a llegar la izquierda al poder, ni siquiera la izquierda domesticada y corrupta. Es decir, con tal de que este país no deje de ser un país jodidísimo, no deje de tener 30 millones de personas a la orillita de la hambruna y otros 60 millones en la pobreza; que no deje de tener 10 millones —más de la población de toda Centroamérica— de analfabetas y otros 25 millones de analfabetas funcionales (incluyendo al que apoyaste para que fuera el nuevo presidente). Esa es, a grandes rasgos, Felipe, tu obra. Has repetido al pie de la letra el antiquísimo mito de Minos y el engendro de su corrupción. Te lo cuento, para que veas que fuiste paso a paso cumpliendo con la maldición.

Monarca mítico
Minos es el monarca de Creta. Estamos algo así como dos mil años antes de Cristo, por lo cual Minos, personaje histórico terminó convirtiéndose en mito para los griegos mil años, o más, posteriores al mencionado rey cretense. Bueno, el padre de los dioses, Zeus, padre —faltaba más— del propio Minos con la ninfa Europa (sí, Felipe, de ahí tomaron el nombre) encarga a su hermano Poseidón, dios del mar, que haga un regalo a Minos por ser un gran monarca. Poseidón hace salir del mar un toro prodigioso, blanco, deslumbrante y singularmente hermoso. Pero la condición es que Minos tiene que sacrificarlo en honor de su pueblo que es, finalmente, el que le da su gran valía como monarca. Pero el animal es tan bello que Minos se niega a sacrificarlo y se lo roba. Lo convierte en parte de su rebaño. La esposa de Minos, Pasifae, hija también de un dios, Helios, el sol y la ninfa Creta, pues ella, Pasifae se ve seducida por el maravilloso toro. Ordena a Dédalo, el arquitecto y, en general, artífice de Minos, que le haga un disfraz de vaca. Aquél cumple los deseos de Pasifae y ella logra ayuntarse con el toro. Pero en la mitología se vale que quede anulada la incongruencia por el número de cromosomas (pregúntale a míster Google qué significa esa frase misteriosa); así que Pasifae pare un monstruo espantoso, el minotauro, mitad toro y mitad hombre, el cual es un baldón para Minos (búscate en un diccionario, o en Google que es baldón, Felipe). Entonces Minos ordena, nuevamente a Dédalo, que le construya un laberinto para que ahí quede encerrada su vergonzosa deshonra. Pero el monstruo se alimenta de carne humana. Entonces, los pueblos dominados por Creta se ven obligados a enviar a siete mancebos y siete doncellas cada cierto tiempo, para que sean introducidos en el laberinto y, una vez perdidos en él, en algún momento, sean encontrados por la bestia para que los devore.
El monstruo engendrado por la traición
Así se cumple la maldición de los dioses contra el tirano que engaña y roba a su pueblo. La rapacidad de Minos provoca la desgracia de sus súbditos quienes tienen que pagar con sangre su estupidez, su soberbia, su avaricia, su egoísmo. Pero es el juego de todos pierden, porque Minos es maldecido, odiado, repudiado y considerado un hijo de su reputísima madre. Y además carga con la vergüenza de lo que pasó con Pasifae. Hasta que llega el héroe, Teseo, que mata al minotauro y destrona a Minos, pero esa es otra historia.

Casi igualito que tu historia, ¿no, Felipe? Minos también terminó como si estuviera de por vida embarrado de mierda. Igual que tú. Pero no abdicó. Bueno, tú tampoco has renunciado a los dineros que te da el gobierno. Dinero de nuestros bolsillos. Según la nota de Proceso nos cuestas más de un millón de pesos mensuales. Por eso, porque no tienes madre de cinismo, me autorizo a decirte esto de lo que quizá algún día llegues a tener noticias, no espero que lo leas. Me conformo con que lo lean algunas personas, para que sepan el deplorable ser humano que eres y que todavía tenemos que mantenerte después de tantas asquerosas chingaderas que nos hiciste.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Demoníaca en Xalapa, Veracruz





Publicada por Eterno Femenino
en 2012

Presentación de la novela Demoníaca (Historia de una maldita perra) de Pterocles Arenarius. Editorial Eterno Femenino, 2012.

Andrés Hasler*

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La novela Demoniaca, historia de una maldita perra, tiene un fino humor satírico que el lector sabrá disfrutar. Me hizo reír en más de una ocasión; me agradó su estilo ligero y, sobre todo, el ritmo en que transcurre la narración.
Pero más allá de estos rasgos formales o estrictamente literarios, la obra nos transmite un contenido que nos invita a reflexionar acerca de los valores y antivalores que, en el terreno de la moral sexual, están en pugna en la sociedad contemporánea. Los dos personajes centrales de la novela son una mujer "vestida", nacida en un cuerpo biológicamente masculino (la etiqueta apropiada para su identidad sexual es lo de menos, pues también se puede decir que es un hombre vestido de mujer) y un sacerdote católico perteneciente a las altas jerarquías de la Iglesia. Todos los demás personajes son secundarios y giran alrededor de los dos principales. Éstos se muestran a sí mismos a partir de sus propias palabras y acciones.
La "ingenuidad"o supuesta ingenuidad del sacerdote es, a todas luces, una caricaturización exagerada del personaje machista y heterosexualista, pero cabe perfectamente dentro de la intención de la obra. En el extremo opuesto, la mujer "vestida" tiene una aguda percepción de la realidad que, dependiendo del punto de vista, podría calificarse de cínica. Ahora bien, lo que se entiende por "valores" y "antivalores" sexuales, es decir, lo que se entiende (o no se entiende) por femenino y lo que se entiende (o no se entiende) por masculino, también dependen del punto de vista en la estructura de la obra. Cada visión está respaldada por una práctica social distinta. Lo que de un lado se entiende como malo se convierte en bueno en el otro bando y viceversa.

Han creado una terrible fama.
La presión de la moral sexual dominante sobre los grupos disidentes (que es el motivo central de la novela) y la resistencia que éstos oponen a dicha dominación moral, constituyen un motivo legítimo de reflexión ética, filosófica y política y, a través del recurso liteario, el autor así nos lo hace saber.
Por un lado la visión heterosexualista, machista y judeocristiana dominante, que en Occidente tiene dos mil años de antigüedad y varios milenios más en el Medio oriente hebreo se refleja, también, desde hace mil quinientos años en el mundo islámico. Aunque tantos siglos de opresión heterosexaualista nos dan la imagen de una antigüedad bastante respetable, esto oculta el hecho, antropológicamente comprobado, de que la moral sexual judeocristiana nunca ha sido realmente compartida por la inmensa mayoría de los pueblos sobre la faz de la tierra. La moral heterosexualista (en sus distintas modalidades) se ha extendido por los cinco continentes hasta envolver el planeta entero, superponiéndose a los sustratos de otras culturas, mismos que nunca se extinguieron. La rígida moral sexual promovida por determinadas religiones, no ha sido natural para todos los pueblos. Las otras formas de concebir la sexualidad humana sobreviven hasta nuestros días y son parte de la diversidad cultural que, en la era de la globalización, se actualiza y refuncionaliza constantemente.
En la novela que aquí estamos presentando, un clérigo de la alta jerarquía católica mexicana se vanagloria de defender a ultranza un concepto rígido de los roles femenino y masculino que, según su punto de vista, gozan del aval divino. Defiende una concepción del sexo como instrumento de la reproducción biológica. El placer sexual, fuera de esta función, es sucio y pecaminoso.
Por su parte, la mujer "vestida" afirma: "Pobre de aquel (o aquella) que considere que sus instintos son suciedad (...) Prefiero pensar que mis nalgas son divinas (...) mis pechitos un portento y en conjunto una bendición (...) los orgasmos tanto míos como los que causo en otros, un premio de Dios para sus hijos".
Ya se podrá imaginar el lector cuán grande es el choque, cultural, ideológico y moral que la sola existencia de la mujer transexual o "vestida" implica para el clérigo exageradamente caricaturizado en la novela. A fin de evitar este choque, el personaje pone en marcha un mecanismo de defensa (demasiado "ingenuo", desde mi punto de vista) que consiste en negar la realidad, es decir, en negarse a aceptar que la mujer que está frente a él, es una mujer fálica, nacida con un pene. Él se aferra a pensar que ella es, necesariamente, una mujer nacida biológicamente. Veamos lo que dice el sacerdote:
"No pude ocultar mi estupor ante la soberbia belleza de mujercita, casi rubia, de ojos de un verde agua que aturdía, color inverosímil; delicada que parecía urgirnos a disputar por protegerla, blanca como una flor intocada. ¡Dios Santo! Vestía un traje de noche que dejaba ver gran parte de su cuerpo divino, sus senos tiernísimos, casi pequeños, casi irreales (...) como he dicho, era una belleza de otro mundo, me fascinó, me sedujo, me derrotó, disolviendo toda modestia por su osada manera de exhibir el cuerpo" (p. 16).

La mujer fálica.
El concepto de mujer fálica fue acuñado por Sigmund Freud y constituye un arquetipo reprimido en el inconsciente colectivo de toda la humanidad. Al igual que el unicornio y que el dragón, también la mujer fálica es un símbolo que la mente consciente reconoce como fantasiosa o inexistente, pero que es completamente "real" y vida propia en la mente inconsciente. El sacerdote caricaturizado en la novela pretende "autoengañase" con la imagen de una mujer biológicamente hembra, pero su mente inconsciente busca, sin lugar a dudas, a la mujer fálica encarnada en el personaje travesti. Freud afirmó que los personajes de ficción de las obras novelísticas bien escritas, son tan psicoanalizables como las personas de carne y hueso, debido a que los artistas (entre ellos, los escritores) tienen el don intuitivo de captar la esencia del alma humana.
La osada manera en que la mujer fálica exhibe su cuerpo, cautivó al sacerdote. Pero más osada es su filosofía de la vida. Veamos como piensa el angelito:
"Imagínate, te tienen acostumbrada desde niña a vestirte de hombre, creen haberte educado como hombre, porque creían que eras macho, pero tú siempre supiste que eras niña (...) Lo único que tengo en mi cuerpo que no es de niña, es un pequeño pene. Pero todo lo demás es femenino. Y hasta mis diez años de edad, nadie lo entendía" (p. 35).
Para el judeocristianismo ser mujer es algo tan natural como el reverdecimiento de las plantas en primavera. La menstruación, por ejemplo, no se fabrica, sino simplemente ocurre cuando tiene que ocurrir. El instinto maternal debe ser igualmente "natural", y así sucede con las emociones y con todo lo demás específicamente femenino.

"Lo femenino es natura, lo masculino, cultura", Andrés Hasler.
Por el contrario, lo masculino es un constructo cultural que requiere ritos de iniciación a la masculinidad. El varón es cultura, y la mujer es natura. Pero tal esquema que equipara a la mujer con la naturaleza y al varón con la civilización, no es compartido por la mujer transexual, quien se considera a sí misma como un producto "de avanzada" tanto de la evolución como de la civilización:
"Somos animales civilizados, tanto que somos tecnología de punta biológica en el asunto de los placeres no menos que en el de la inteligencia. En asuntos de la evolución, ¡somos el último grito de la moda!".
Ella conceptualiza lo femenino como algo que se construye día a día. Sabe que le corresponde elegir construirse a sí misma y construir su feminidad. A fin de cuentas, la feminidad resulta tan artificial como la masculinidad machista y, por tanto, también requiere de una iniciación o aprendizaje. Para construirse a sí misma como mujer, elige a Esmeralda (otra mujer travesti o "vestida") que la iniciará en el arte de ser mujer:

Sonia Ceylán. Belleza que aturde.

"Esmeralda tenía veintiséis años y era reina: de hecho, yo creí que era mujer y ella de inmediato se dio cuenta de que yo era un pobre jotito con tres millones de conflictos en mi cráneo minúsculo. Y ella me enseñó todos los secretos de las vestidas. Me enamoré de Esmeralda, pero no sexualmente, sino como mi gran ejemplo, como el ideal de lo que yo quería ser, como la más pendeja súbdita de una reina esplendorosa. Yo tenía catorce años y me robé la ropa de mi mamá para que Esmeralda me vistiera, me maquillara, me hiciera conocedora de los secretos, para que no se dieran cuenta de que era una vestida" (p. 36).
Hay estudios antropológicos y sociológicos acerca de las estrategias de mujeres que conquistaron su autonomía económica ejerciendo la prostitución. Los casos son reales. En la novela que estamos presentando la mujer "vestida" también conquista su autosuficiencia económica mediante el ejercicio de la prostitución. Veamos:
"Las mujeres queremos que nos den y hay muchas que con ello y por ello exigen ser alimentadas, mantenidas, tratadas como princesas; pues ¡ay no!, pobres pendejas que se entregan a un imbécil para que las sobaje, porque el dinero es poder. Si eres mujer estás vulnerable en un sentido; los hombres son más fuertes, más activos. Pero si eres bella, tu debilidad es tu fuerza y los hombres se vuelven tus bestias esclavas"(p. 27).
Desde a perspectiva ideológica judeocristiana, la condición masculina es intrínsecamente aventajada, privilegiada, superior y empoderada. Pero el personaje travesti de la novela expresa una visión desde la cual la condición femenina posee su propio poder y superioridad. La mujer es perfectamente capaz de humillar y acobardar a los varones. Si tan empoderada puede llegar a ser la condición femenina, en la guerra de los sexos el personaje travesti milita decididamente del lado femenino. Veamos:
"... nos fuimos caminando a la Zona Rosa (...) con nuestras minifaldas deteníamos el tráfico. Los hombres hacían alto para plantarnos el ojo (...) 'Madre mía, qué nalgas' (...) pero cuando Esmeralda oyó barbaridades (...) encaró al atrevido (...) Los hombres se quedaron pasmados (...) ante tan hermosa mujer agresivamente atractiva encarándolos (...) Uno se retiró (...) Pero el otro (...) se aproximó haciendo el ademán de atacar a Esmeralda. Entonces ella enseñó las uñas y le gritó: 'Atrévete a tocarme, pedazo de inmundicia, y con estas uñas te marco la jeta para el resto de tu puta y rastrera vida". El tipo (...) se mostró cobarde (...) huyó con la más perfecta actitud de del perro con la cola entre las patas"(p. 145).
"Decente" significa "de centavos". Sólo la gente adinerada puede ser decente, en el sentido etimológico de la palabra. Un buen día Esmeralda le muestra a la protagonista la conveniencia de abandonar la vida arrabalera y empezar a volar a las grandes alturas, ganándose decentemente al vida al ofrecer sus servicios sexuales exclusivamente a clientes de muy alto poder adquisitivo.
Ello incluye, precisamente, servir a algunos clérigos de muy alta jerarquía que predican en público la heterosexualidad y la estricta delimitación de las identidades de género, pero que en privado dan desahogo a sus impulsos homosexuales:
"Llegamos al lujoso putero de la Zona Rosa. Eran unas oficinas muy sobrias y elegantes (putería disfrazada, pero de alta categoría) (...) Un lujoso bar con alfombras rojas, paredes de mármol y potente pero sabia iluminación te abrumaba con sus meseros de librea, corbata y moño y capitanes de frac" (p. 149).
Pterocles Arenarius
Como lector, me quedé gratamente sorprendido cuando la novela dio un giro aparentemente inesperado, pero perfectamente coherente con la estructura de la obra. La mujer travesti no sólo se ha construido como un cuerpo físico, un producto de mercado, sino también ha desarrollado un agudo intelecto para interpretar la estructura de la realidad circundante. Ha conquistado un espacio de confort y lujos materiales en la sociedad de consumo; pero también se revela como un ser pensante que retira el velo ideológico que cubre y oculta las incongruencias de la moral judeocristiana, poniendo en evidencia la farsa y podredumbre de la moral sexual convencional.
El clérigo de esta narrativa se había aferrado a ver en ella a una mujer biológicamente hembra, prostituta y extraviada del camino de Dios, muy necesitada de salvar su alma con ayuda de los servicios de la Iglesia. Entonces la mujer travesti se dirige a él en los siguientes términos:
"Nunca pensé que hubiera alguien tan idiota. Perdóname, no es un insulto, es un diagnóstico (...) ¿Tú de verdad crees en lo que dices que crees? (...) Hay dos cosas que me asombran de la gente que se dedica a engañar en las iglesias (...) Una es la enorme velocidad con que se deterioran sus facultades mentales. La otra es que (...) viven hasta que son absolutamente inútiles aún para sí mismos. Inútiles para la misma vida, han sido siempre parásitos, siempre desde que eligieron ese modo enfermo y pútrido de vivir a costa de los demás" (p. 181-186).
Al llegar a esta página, el lector se percata de que la pugna ideológica entre los personajes representantes de las dos moralidades sexuales incompatibles, llega a su clímax. Pero no es mi propósito narrar aquí la novela, ni mucho menos su desenlace. Mejor invito al público a que lea la novela por sí mismo. Muchas gracias por haberme invitado a este evento y muchas gracias por tu atención.

Texto leído el 6 de diciembre de 2014 en Xalapa, Veracruz, en el evento Feria de la Diversidad Sexual, organizado por Vía Lúdica Cafebrería y Eterno Femenino Ediciones Ediciones.


*Doctor, investigador, sociólogo y docente en la universidad de Veracruz.