jueves, 10 de septiembre de 2015

Presentación de Los 43





Texto leído en la presentación del libro Los 43 en el Museo Casa de la Memoria Indómita, el 9 de septiembre de 2015.

El verdadero mito

Pterocles Arenarius

 Yo no soy un producto de mi tiempo, soy un producto contra mi tiempo
Josep Pla


Minos es un rey poderoso y sabio —estamos en la isla de Creta hace unos cuatro mil años—; el padre de los dioses, Zeus, y también padre de Minos, para premiarlo, le regala un toro prodigioso. El encargado de entregar el premio es Poseidón, hermano de Zeus y dios del mar. En efecto, el toro divino aparece saliendo del océano. Hay una salvedad, el admirable obsequio es, en efecto, para el sapientísimo soberano, pero no menos para su pueblo, al cual Minos tiene que sacrificar el animal maravilloso. Pero Minos se ve trastornado por el portento bovino y decide robar a su pueblo el homenaje y quedárselo sólo para él. Y oculta el toro divino y engaña y despoja a su pueblo. Su esposa, Pasifae, se ve también embelesada por la divina bestia y, mucho más práctica ella, se hace disfrazar de vaca y ayunta con el inefable astado. Y así queda preñada y da a luz a un monstruo abominable: el Minotauro. Este hecho es un oprobio espantoso para el rey Minos y él trata de ocultarlo, para eso ordena a su artífice supremo, Dédalo —el mismo que, clandestinamente, disfrazó a Pasifae de vaca—, a que construya el laberinto en donde el Minotauro es ocultado. Esta bestia es antropófaga y Minos, para la manutención de su monstruoso engendro, tiene que obligar a los cretenses y los griegos, vecinos, a que entreguen siete mancebos y siete doncellas mensualmente para que sean introducidos al laberinto y así, cuando los encuentre el Minotauro, sean devorados.
Resultado de imagen para minotauro
Minotauro, mito griego milenario
La historia es fantástica y horrenda, pero, mito al fin, nos da una grandiosa lección ética. El gobernante que por su ambición, su debilidad o su estupidez se convierte en tirano, con su acción terrible y cretina, labra la desgracia para todos, en primer lugar para sí mismo. Será un maldito para siempre, señalado como el imbécil que fue incapaz de que su propia esposa le fuera leal, como criminal que por ocultar su vergüenza y antes su robo y su engaño al pueblo, provocó que sus gobernados sufrieran, pagando con su sangre, su descomunal estolidez, ambición y deshonestidad. Aquí sólo quiero llamar la atención a las vidas de los ex presidentes mexicanos, examínese al que quieran, desde Manuel Ávila Camacho, digamos —ya ni mencionemos a Obregón y Calles—, hasta este momento. (Y, sin duda, hay que quitar a mi general Cárdenas, hasta la fecha bien amado por su pueblo). Excepto económica, lo demás ha sido para esos ex primeros mandatarios de la nación, pura miseria, degradación, estupidez, malignidad, vileza. Y todos pertenecen ahora a las cloacas, los pudrideros de la historia. Mientras tanto el pueblo sigue pagando con su sangre tan alta estupidez y tan inútil soberbia.
Resultado de imagen para misma mierda diferente pendejo
Personificación del tirano

En este momento, los jóvenes de México pagan con su sangre la traición, la maldad y la increíble estulticia de la bestia que no se atreve a mostrar su rostro.
El libro Los 43, es, antes que nada, un libro de literatura. Cuando la estupidez soberbia y la avarienta maldad cuestionan todo arte, sin exageraciones, en algún momento se dijo que después de Auschwitz, ya no era posible ni la literatura ni el arte. Así, en este momento nos preguntamos ¿qué literatura es viable? ¿Qué se debe o se puede escribir hoy en México? ¿Para qué da la circunstancia? ¿Es posible —por ejemplo— la literatura amorosa en un tiempo como este? Y mirando la situación de nuestro país llegas incluso a la pregunta ¿es posible la literatura en esta circunstancia?
Cuando, gracias al gobierno criminal, dejamos de saber de Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa y sus 42 compañeros de escuela, creemos que no nos queda más que decir con Sabines: “¡Maldito el que crea que esto es un poema!”.
Ante cierta muerte, maldijo


Frente a esta situación llegué a pensar que lo único asequible a la escritura ha de ser aquello que cimbre el espíritu y a la vez sirva para testificar ante la historia que este país vivió una época gobernado por sujetos que en el mejor de los casos eran delincuentes encubridores de los rateros del erario y de los criminales asesinos que exterminaban a los que debían servir.
En este momento el gobierno tiene tres motivos de existencia; uno, robar de tal manera que han convertido a su régimen en el sexenio de Hidalgo; dos, mentir como si fuera competencia para jactarse de quien proclama la farsa más delirante y, tres, asesinar a los que no estén de acuerdo con lo anterior. Ése es programa de gobierno, su plan global de desarrollo, su presupuesto de egresos y su ley de ingresos. El robo, la mentira y el asesinato.
El colmo de la podredumbre moral ocurre cuando aparecen miles de mensajes del llamado tuiter nombrados #desaparezcanotros43, sin mensaje, sólo con el nombre #desaparezcanotros43; ¿cómo llamamos a esto?: ¿miseria del espíritu?, ¿podredumbre humana? ¿estupidez y odio potenciados al infinito? Y lo más desalentador es que tales envíos no tienen texto, sólo el nombre #desaparezcanotros43; es decir, son mensajes pagados por el gobierno, con dinero de nuestros bolsillos a gente que tiene demasiada hambre, rebosa de ignorancia y estupidez y ninguna dignidad. El mencionado colmo se repite cuando aparece en público un redomado criminal de nombre Javier Duarte de Ochoa que dice gobernar Veracruz y asegura que él no mandó matar a los cinco muchachos ultimados en la Narvarte y, además, se queja de que los que hemos opinado en donde podemos, lo linchamos y que con ello hemos insultado a ocho millones de veracruzanos porque él, Javier Duarte de Ochoa, guango, repugnante, cínico, dice ser el gobernador representante y 
Habla como criminal,
amenaza como tal,
tiene cara de lo mismo.
¿Qué es?

personificación de todos los veracruzanos. Qué poca madre. Rubén Espinosa y Nadia Vera, antes de morir nos dijeron que si alguna agresión sufrían o un atentado se perpetraba en su contra, era responsabilidad de este criminal. Ahora Javier Duarte tiene que demostrar que él no fue el asesino. Sabemos que lo que dice es una más de las miles de mentiras que ha regurgitado en su pútrida existencia.
¿Qué literatura se puede escribir en este momento en que el gobierno mexicano prueba de manera más que fehaciente ser enemigo de los mexicanos? Aquí unos cuantos datos: 160 mil muertos, 30 mil desaparecidos, 2 millones de desplazamientos forzados y el mayor número de periodistas asesinados en el mundo. Una economía detenida desde hace más de 30 años, 70 millones de personas sumidas en la pobreza y de ellos 30 millones no alcanzan ni siquiera a alimentarse. Al mismo tiempo el uno por ciento de los más ricos se apropian del 40 por ciento de la riqueza que producimos todos.
En la mesa Carmen Nozal, Agustín Ramos, Jorge Arturo
Borja, Diana Solares y Pterocles.

Los que nos gobiernan, los que nos informan, los que dicen dirigir el país, son nuestros peores enemigos. Aunque ahora se cuidan mucho, hace poco hemos oído sus expresiones para el pueblo “’Ora que saquemos de este lugar tan bonito a la indiada esto se verá por fin decente”; “El infelizaje que siga viajando en metro y que no te toquen, porque infectan”. Estoy seguro que en algún momento dijeron: “A punta de pura televisión vamos a convertir a esta sucia plebe en un hatajo de gordos hinchados de comida basura y estupidizados, enajenados con entretenimiento de inmundicia y como broche de oro esclavizados para que nos trabajen más barato que nadie en el mundo”.
¿Hay que decir ya casi lo han logrado?
Literatura y exigencia de justicia.
Estoy seguro que ni nuestros peores enemigos, el gobierno gringo, habría logrado dañar tanto al pueblo mexicano. Los sátrapas, es tradición, son peores con el pueblo sometido, que los mismos amos. Hoy México es un país mediocre en todos los ámbitos, fracasado en el renglón que se le busque, sin crecimiento, sin educación, desnutrido, pobre, dividido, inmerso en la confusión y muy triste.
Los gobernantes mexicanos están decididos a convertir a México en el campo de refugiados más grande del mundo con tal de servir a su amo, el gringo.
Tengo amigos que me han dicho que estoy muy enojado, que cómo puedo vivir así, que no soy feliz.
Les contesto que no se preocupen por mi felicidad. Ciertamente no soy feliz, me daría asco de mí mismo si lo fuera. ¿Alguien puede ser feliz cuando esa bestia que se hace llamar el gobierno asesina sin piedad a gente inocente (o quizá culpable, como en Tlatlaya, pero no lo sabemos, y lo hicieron violando la ley que ellos mismos promulgaron)? ¿Se puede vivir contento sabiendo que nuestro peor
Agustín Ramos, autor de Al cielo por asalto
 enemigo nos dirige hacia la desgracia? Pero aún así, les digo a mis amigos bien intencionados o algunos quizá no tanto. No se preocupen por mi felicidad. Soy borracho y eso me hace brutal, inmensamente dichoso, aunque sea por ratos breves. Siempre que puedo fumo mariguana y eso también me hace feliz de una manera sencilla. Leo mucho, cincuenta, cien o doscientas páginas cada día y con ello adquiero una languidez dulcísima y muchas cosas en qué pensar. Existen Mozart, Beethoven, Bach; puedo leer a Borges a Fernando del Paso a Arreola y Rulfo; tengo amigos como Jorge Borja y Agustín Ramos; tengo muchos hermanos que, no exagero, me aman. Puedo hacer esfuerzos hasta quedar exhausto y existe el baño de agua fría; disfruto la comida simple y humilde en abundancia porque no hay mejor banquete que un hambre bien trabajada. 
La belleza.
Comparto mi vida con una muchacha que no sé si es más bella que inteligente o al revés; una dulce mujer que está empeñada en abrumarme con actos de amor inverosímiles. Y eso me hace llorar tanto de felicidad como de tristeza he llorado las muertes que perpetran las bestias, me refiero al mito minoico mencionado. No puedo decir que sea feliz. Pero creo que poco más puede pedírsele a la vida, pero se lo pido y no estoy dispuesto a que me lo arrebate un gobierno de asesinos: que desaparezcamos este régimen criminal e instauremos un gobierno de verdad humano, sí se puede; que jamás lleguemos a ser como ellos de viles, porque entonces nos habrán derrotado; y, finalmente, que no permitamos que los criminales nos arrebaten el amor por la vida, por los que comparten nuestra existencia.

¿Quién es feliz?

Al final, vivo momentos muy dulces y procuro que quienes comparten mi vida, todos, gocen conmigo tan grato bienestar, tal placidez. Creo que mientras aquéllos hijos de su puta madre multimencionados se dedican a construir el infierno para todos, incluyéndose a sí mismos, nosotros construyamos el paraíso para los que tenemos cerca; a eso los invito. Y a los de las iglesias cristianas, musulmanas, judías y especialísimamente a los de la iglesia de los pederastas les digo que su Dios me la pela. Y decirlo me hace más feliz todavía.
Por último propongo:
“Juro solemnemente como soldado de la Nación, que jamás levantaré mi arma contra mi pueblo, las armas del Ejército Mexicano servirán sólo para defender a la patria, en primer lugar al Pueblo y después al Territorio Nacional pero nunca para asesinar al Pueblo Mexicano; porque lo más valioso 
Pterocles, Agustín Ramos y Borja.


de mi Patria y mi Nación es su gente. Juro que con mi propia vida habré de evitar que se perpetren atentados contra el Pueblo Mexicano. Antes, moralmente me autorizo a desobedecer cualquier orden de jerarquía superior castrense o civil aun del más alto mando político. Porque nunca más el Ejército Mexicano habrá de atentar contra su propio pueblo para proteger al poder político, porque el propio Ejército Mexicano es hijo del Pueblo Mexicano y porque la ley así lo establece ‘La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del Pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno’”.

Es de esta manera como en el futuro habrán de jurar los soldados mexicanos. Porque nunca más se verán usados por un poder político en los últimos tiempos espurio y, en la práctica, enemigo de los mexicanos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Adrián Román y Una muerte inmejorable

Para Una muerte inmejorable

Adrián Román

La muerte es el inicio de la vida. Uno debe morir para transformarse. La transgresión constante de nuestras creencias y costumbres nos llevarán a la muerte continua, que es la mejor forma de vida. Uno debe entregarse a la muerte para poder entregarse a la vida.
La novela es una forma de autobiografía, es inevitable no hablar de nuestra vida a la hora de escribir, algo de nosotros les heredamos a los personajes. ¿Cuántas veces Pterocles habrá muerto para transformarse en el iracundo e irreverente escritor que hoy es?
Adrián Román, el grandioso poeta, a la izquierda. En medio,
el actor, director, promotor cultural de nombre
maravillosamente literario: Everardo Pillado Pacheco. Y
Pterocles. Bar Buenos Aires.
Yo lo conocí varias veces. Una vez estábamos asaltando una chinampa cargada de pulque en una de las lagunas de la antigua Ciudad de México, uno de nosotros murió esa noche, no recuerdo quién. Otra vez nos subimos al ring, y decir ring, es un decir, en aquel puerto de las islas británicas, el campo de batalla no era otra cosa que unas cuantas cuerdas amarradas, alrededor había una muchedumbre hambrienta de sangre, no había límite de rounds ni reglas específicas, nuestro tamaño y peso era disparejo, eso no evitó que nos diéramos con todo, aquello fue una masacre mutua. Otro día les digo quién ganó.
Nos morimos y nacemos. De eso va esta novela, es una invitación a transformarnos, porque no importa que el personaje se encuentre condenado a muerte. Todos estamos encaminados a dejar esta tierra. La cosa es comenzar a vivir de otro modo. Aquí hay un autor vivo, que invita al lector a ser rebelde. ¿Por qué obedecer los aburridos preceptos de las buenas costumbres?
Pterocles en uso de la voz.
Cantina Buenos Aires.

Pterocles es un escritor de versos fuertes, es un hombre de mirada fina que sabe interpretar bien lo que ve, y sabe transmitirlo. Lo demuestran sus cuentos, en donde hace un alarde del lenguaje callejero a veces, pero también escudriña en el alma humana y reconoce esos momentos en los que un hombre se quiebra. La potencia de su pluma o de sus manos sobre el teclado se deja ver en su otra novela, Demoníaca, en donde Pterocles se disfraza de travesti, e indaga en las más oscuras costumbres y sentimientos, anhelos y perversiones de un personaje. No hay otro modo de hacer algo memorable que dejando todo sobre el ring.
Adrián Román, formidable
autor en su lectura.

Los samuráis deben tener siempre presente la muerte. Esa presencia constante es lo que nos mantiene amarrados a la humildad. Una muerte inmejorable sólo puede darse a través de una vida llena de rupturas.

Celebro la novela, porque su aparición obedece al sueño sincero de un hombre por contar, un hombre que fue soldador, que estudió ingeniería, que fue boxeador y no que no se hallaba, no lo hacía hasta que descubrió que estaba bendecido por las letras, que mediante ellas le daría salida a todas sus frustraciones y sueños. Pterocles es un hombre que asumió la responsabilidad de ser artista, puso su talento al servicio de nosotros para que nos animemos a transformarnos, a morir. Salud, compadre. Que vengan muchas novelas más.

martes, 1 de septiembre de 2015

Una muerte... en la Rosario Castellanos

En la Rosario Castellanos, Una muerte...

Pterocles Arenarius
El 1 de junio, se presentó la novela Una muerte inmejorable en la librería Rosario Castellanos de la colonia Condesa. Previamente el autor tuvo una pequeña odisea. Sale con el tiempo medidito. Hay que imprimir en un negocio de internet, porque su impresora no está muy bien. Por diversas razones en un establecimiento tienen problemas con la impresora y, este desprevenido pierde quince preciosos minutos esperando.


Pterocles, Borja.

Luego, en chinga en el metro hasta la estación Centro Médico del metro, pero antes hay que transbordar en Guerrero. Y el señorito se pasa de esa estación hasta Buenavista. Puta madre. Y ahí viene de regreso el viejo pendejo. Va tarde y todavía pierde otros diez minutos. Por fortuna el metro corre y llega a Centro Médico en donde el viejo iracundo, bufando de ira contra sí mismo, toma un taxi que, otra vez por fortuna en menos de diez minutos, lo deposita en la puerta de la librería Rosario Castellanos en donde el querido Jorge Borja ha empezado el acto charlando con la gente, cuenta anécdotas del autor ocurridas hace la friolera de treinta años. La charla es muy amena, Borja es un tipo de enorme simpatía, muy grata sencillez y un descomunal bagaje de conocimientos y unas tablas de muchos años en los asuntos de la literatura y la cultura en general. Media hora tarde. Qué desvergüenza, qué descuido. Llega el viejo escritor sin mayores aspavientos, sin agitarse, como si hubiera estado en tiempo y forma. Cínico. Se incorpora al presídium como si nada. Para acabarla de chingar, sabe Dios cómo empezó Borjita sin ser presentado, porque el viejo este trae su semblanza:
Jorge Arturo Borja López.

Borja es pantagruélico.

México DF, 1962. Licenciado en comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana. Guionista de televisión, trabajó al lado de Juan José Arreola y Antonio Alatorre en el programa Libros, autores y lectores, entre otros. Autor de los libros Campo de batalla, cuentos y De El Azteca a Madero, crónicas. Compilador de las colecciones de cuentos Que el tiempo lo decida y Sangre enamorada. Periodista, narrador, catedrático, cronista, erudito, bailarín prodigioso, Jorge Borja, que suele decir de sí mismo “Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo/ que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo”, es autor de una novela titulada A media noche en ninguna parte que se mantiene inédita para desgracia de la literatura mexicana. Es sin duda, además, pantagruélico, esto significa que si usted lo invita a comer y beber resulta desaconsejable, porque le sale más barato vestirlo de charro.
Ocurre un estallido de risa, cuando la presentadora de la Editorial De Otro Tipo lee el texto, además de las carcajadas que ya había provocado Borja. Hay unas cincuenta personas. El autor de Una muerte inmejorable, ofrece una encarecida disculpa por el retardo y se justifica diciendo con gesto de gran seriedad, que hubo un complot organizado por el mal gobierno en su contra para hacerlo llegar tarde. Las risas no se dejan esperar, el señor este de barbas indudablemente marxistas debe estar loco, o se trata de un chiste; lee su texto: una diatriba contra el mal gobierno que puede leerse aparte de este reporte. Es un buen pretexto el hecho de que el telón de fondo de la novela es la circunstancia del momento en México. Hay unos diez amigos del viejo Pterocles.


Dos autores.

Toda la demás gente es desconocida. Se venden unos diez ejemplares y el autor recibe el cariño de la gente, los familiares y los amigos. Le toman fotos, le piden tomárselas con él. La gente le hace preguntas que le permiten buscarse más simpatías, más cariño de la gente. ¿El nombre Pterocles Arenarius es seudónimo o es verdadero? El viejo responde que es verdadero porque es seudónimo. Una jovencita pregunta cuánto tiempo le llevó escribir la novela. Entonces el viejo se suelta el pelo hablando de que empezó a escribir su novela en el año 2002, que la novela participó en un concurso en Guanajuato, y fracasó. Luego en otro, nacional, y fracasó. Luego en uno más, en España, y fracasó, se quedó en la orillita, como finalista. Hasta que por fin ganó el concurso convocado por la Editorial De Otro Tipo. Mucha terquedad y, finalmente, no menos amor a la literatura.
Es muy hermoso recibir el afecto, la consideración de la gente por hacer lo que uno ama, por sentirse querido como lo dijera García Márquez. Esto es un inmenso aliento para continuar, para refrendar la vieja idea de ser instrumento de la palabra.
Las presentaciones son como una fiesta de cumpleaños para un autor. Si salen bien, es decir, cuando se logra despertar el buen humor, desencadenar la risa y aflorar emociones, aquello se convierte en el paraíso. Es como enamorar a alguien. Es un acto de seducción. En el ambiente flota una dulce energía de sentimientos gratos. Ha cumplido el viejo escritor. Hay que escribir. Es una forma de dar amor.

jueves, 20 de agosto de 2015

El maestro. La bondad personificada.

Brega

Pterocles Arenarius

En enero de 1985 encontré una convocatoria (en realidad, si no mal recuerdo vi esa invitación en 1984) para participar en el taller de Edmundo Valadés. Me apersoné ávido de encontrar gente con quien hablar de literatura y que, igual que yo, escribiera lo que yo llamaba cuentos. En realidad no eran cuentos, o lo eran de chiripa, porque me empeciné en no “contaminarme” con academicismos. 

Era muy soberbio. El tiempo se encargó de desmontarme (a chingadazos) del inútil, endeble, corcel de la egomanía. Sin embargo, a punta de chiripazos, conseguí textos que no dejaban de ser, al menos, divertidos e interesantes. Al concluir el primer año de taller con el maestro Valadés (un hombre de inmensa estatura moral, un gran lector de cuentos, un maestro nacional del 

Una época de oro, La Canija Lagartija.


cuento, una institución) hicimos una selección de los cuentos que descollaron en el taller.


Ese conecte. Debut.



 Y ahí me publicaron por primera vez en libro.
Piedra de fundación. Cantos de la colmena.
Títulos poéticos.

Era el año 1987. Las instituciones que impulsaban la iniciativa eran INBA, Tierra Adentro; UNAM, Punto de Partida; ISSSTE, República de Poetas. Un poco antes, en 1985 había publicado un cuento breve en la revista El Cuento, del mismo don Edmundo Valadés. El cuento que tuvo la fortuna de aparecer en esta antología fue Ese conecte. Luego, el mismo cuento, se publicó en La Canija Lagartija, una revista que creamos Jorge Arturo Borja, Gregorio Martínez (Paulo G Cruz), Marco Tulio Lailson, Magdiel Pérez, Alfonso Montelongo y Silvia Lazcano (qepd). Éramos un equipazo: dionisiacos, enjundiosos y más o menos bárbaros. Había mucho talento.

miércoles, 8 de julio de 2015

Sobre el neoliberalismo



Sobre el neoliberalismo y las elecciones

Pterocles Arenarius

A mediados de la década de los años 70, yo trabajaba como obrero, era oficial de soldador. Ganaba más del sueldo mínimo, creo que no llegaba a multiplicarlo por dos. Conmigo trabajaba un colombiano que un día me preguntó por qué no me compraba un coche, un volkswaguen, absolutamente de moda en aquellos tiempos. No supe qué contestarle. Pero para mí dije “Por pendejo, porque no tengo licencia, porque no sé manejar, porque nunca he tenido carro y porque no se me había ocurrido”. Hice cuentas y sí me alcanzaba. Estaba soltero, vivía con mis padres y no tenía obligaciones ni mayores gastos que ayudar a la economía familiar. Hoy, 40 años después, es imposible ya no digamos comprar un carro, ni siquiera alcanza para comer bien una sola persona que perciba dos salarios mínimos. Así ha sido degradado el nivel de vida de los mexicanos.

Pterocles en los 70

Pero si bien las clases medias se han depauperado, los más pobres —aproximadamente un treinta por ciento de la población— se encuentran en las proximidades de la hambruna. Desde hace unos treinta años, México vive una pesadilla fraguada para beneficiar a los más ricos al costo que sea. La economía no crece desde entonces. El país no produce lo que consume en materia de alimentos. La educación es un desastre. Miles de empresas que administraba el gobierno, muchas que trabajaban con números negros, se han regalado a empresarios voraces e inhumanos. La corrupción gubernamental parece un pozo sin fondo. La ciencia mexicana, aunque con grandiosas e inexplicables excepciones, pero más la tecnología tienen más de medio siglo de atraso con respecto de los países avanzados. Los asesinatos y el crimen prosperan como nunca antes. Y, desde el 2012, se agregan los crímenes desde el propio gobierno en contra de la población a la que dice gobernar. Y simultáneamente con el agravamiento de los ámbitos anteriores, llegan a la presidencia sujetos cada vez más pendejos —no ineptos, no impreparados, no novatos: simplemente pendejos (magníficos ejemplares del pendejismo son Fox, Calderón y Peña Nieto)—. Las condiciones de vida de los mexicanos se han degradado como pocas veces en la historia. Esa es la pésima noticia. El PRI, el Panal y el Verde forman una camarilla que puede clasificarse claramente en dos actividades: una, servir a los empresarios que no conocen llenadera para explotar a límites de atraco a sus trabajadores y, dos, la de simples delincuentes. En efecto, los gobernantes mexicanos del momento actúan saqueando el erario con un descaro que no se había visto nunca. Y luego tienen la cara dura de crear comisiones subordinadas a ellos mismos para que investiguen sus propias raterías. La pésima noticia se complementa con el hecho de que teniendo mayoría en el Congreso, la alianza de los saqueadores irá por todo en todos los ámbitos, entiéndase: robar al máximo, reprimir sin límites y entregar lo muy poco que queda de México a los empresarios tanto mexicanos como extranjeros. El panorama se observa negro. Pero…
Fundadora de otra alianza
Hay una circunstancia alentadora. Por primera vez en nuestra historia un partido político de auténtica oposición y con una fuerte tendencia de izquierda llega hasta importantes posiciones de poder en su primera actuación en elecciones. Sin duda alguna, si las elecciones hubieran incluido la lucha por el cargo de jefe de Gobierno, en este momento estaríamos celebrando que Morena gobernaría desde dos de los poderes a la capital del país: el legislativo y el ejecutivo.
Si Morena tiene la capacidad de salvarse de la gran estrategia priísta histórica que consiste en corromper —como ya corrompió al PAN, al PRD con todo y sus héroes asesinados, torturados y desparecidos—, entonces, Morena es, en efecto, la única esperanza de México.
Creo que la gran misión de Morena se encuentra en dos vertientes. Una, destruir el poder priísta cambiando, como ha dicho AMLO, la manera de hacer política. La política no es el robo del erario ni el cochupo ni la tranza ni los moches ni la prepotencia ni los privilegios sobre el ciudadano. Los paradigmas de los políticos mentirosos, prepotentes, rateros, semianalfabetas y criminales tiene que ser erradicada de nuestra historia para siempre como si hubiera sido una pesadilla a la que jamás debemos regresar. Y, dos, lograr que los cambios que ocurran en México sean por la vía pacífica y provoquen lo menos posible de destrucción, violencia y muertes. El sostener la situación como se encuentra ya ha costado demasiada sangre y dolor. ¿Será posible evitar la catástrofe? ¿O tendremos que cumplir con el fatídico destino cíclico y secular (1810-1910-2010) de matarnos por miles —entre el borracho Calderón y el analfabeta Peña ya rebasaron con mucho los cien mil muertos— como en la independencia o por millones como en la revolución?
Resultado de imagen para morena
Morena, ¿se salvará?

De lo que hagamos los mexicanos depende que un nuevo régimen surja para nuestro bien, o que sigan gobernándonos los que tienen por tradición el robo del erario, la mentira sistemática y el asesinato político de sus opositores. A pesar de lo negro que pareciera el panorama, esto último, que gobiernen los peores se ve imposible; somos otros los mexicanos a pesar del atraso de varios millones de compatriotas, hay mucha gente muy valiosa, hay grandes científicos, artistas de nivel mundial, intelectuales, ¿por qué sólo los políticos tienen que ser escoria? Somos otro país y el régimen del PRI se quedó con las malas mañas de hace medio siglo. México no puede seguir así. Pero ¿quién lo sabe?

domingo, 22 de marzo de 2015

Agustín Ramos

De las manifestaciones al manifiesto

Agustín Ramos Blancas, novelista.


EN “EL NOPAL GENEALÓGICO de Tepito”, Alfonso Hernández Hernández afirma que “el barrio es un espacio estructurado funcionalmente para aprender ética y estética, para procesar el progreso con la misma lentitud con la que el pasado se deshace”. Ya mencioné, a propósito de ello, “Ese conecte”. Ahora reproduzco parte de ese cuento: …chale, no es pa tanto; si andas en el palpe de una labia más acá, no hay por qué clavarse tan gruesote…, porque además el verbo del ratón es muy oscuro. Ese bato nomás gira su caliche entre sus vales, acá quemando o en la trova, tons ps es muy negro. Te despepito este toquín pero es leve… No hay cuete, mira, con que llegues: –¿Qué mené, mi padrino?, va un vidrio, ¿le pasa? La destinataria de este rollo es una estudiante de lingüística, el protagonista es el lenguaje y el narrador es un dispositivo. Con eso basta para un cuento contemporáneo técnicamente impecable y hasta con incontrovertible justificación interna, siempre que el autor tenga lectores y domine a plenitud sus recursos para expresar viejos conflictos en formas nuevas. Hay quienes ven en esta oscuridad indicios delincuenciales y manifestaciones de odio y rechazo radical, porque el desciframiento del “léxico argótico” –ya no digamos su apreciación– requiere de buena voluntad –no “buena” de bondad sino “buena” en calidad– para detectar algo muy mal visto en estos tiempos: la lucha de clases. ¡Peor tantito si esa voluntad es la de convertirse en literatura! Jorge Aguilar Mora decía, a propósito de la aparición del EZLN, que “no sólo hay lucha de clases (…), también hay lucha étnica, lucha de regiones, lucha de poderes, lucha de culturas, lucha nacionalista. La ciudad de México, por su parte, agrega a esa fragmentación muchos otros conflictos.”
Portada de Fiestas.

Una técnica aún más alarmante que la de “Ese conecte” sale a orearse en “Dos miradas/ Sangre nueva”, donde el informe del puntilloso agente de la PGR Ananías Peláez se entreteje con el diario de un escritor lleno de dudas existenciales e irónicamente distante. Así, ambos puntos de vista contrapuestos enfocan un mismo congreso de escritores abundante de relaciones públicas y escaso de literatura, donde una provocación deriva en gresca. Sobre ésta, el agente Ananías informa: insidente; grabe ha las 6 de la tarde en punto pasadas aprotsimadamente 34 minutos se pre sentaron de pie dos sujetos zos pechosos de cer rateros y far farmasi fármaco o seaze bisiosos droga diptos por: el pelo largo y de barbas y; la ropa con la compañía de una zeñorita zos pechoza de prostituzion por notarsele no traer la ropa que uza la mujer en; los pechos los indibidos y la zeñorita declararonse ser: congresistas del congr. Al eccijir su gafete ecsplicaron: no avercelos mandado el congreso por lo cual: esta Bigilansia desidio; que nomás pasaba la zeñorita y no: los sujetos… pero, de repente y con apollo de cerian 30 indibidos se metieron todos porla juerza y dando: portaso por evitarlo bijilansi de tubo a muchos ciendo: golpiados bairos y uno de los zos pechosos de al prinsipio resivio un macanazo… se de tubo a 8 dellos que se zoltaron a orden es del Ceñor Cecretario de culturas punto.” El escritor (d)escribe: “Parecían comandados por una muchacha de acaso veinte años… Vestía pantalón vaquero de mezclilla luida; chaleco blanco bordado… Lo perturbador era la belleza que se insinuaba, se traslucía gracias a la ausencia de cualquier prenda, bajo la camiseta… Entonces empezó lo emocionante. Como para celebrar la intervención del Liceo Cínico se desató el caos. La audiencia de intelectuales huyó despavorida. Gente del público peleaba contra policías. Habían entrado los bárbaros y tras ellos los servicios de “inteligencia” del poder a expulsarlos… El secretario de cultura… contuvo a los vigilantes…”
Fiestas, treinta años de cuentos.

El informante de la PGR informa y el escritor escribe; es decir, la ficción funda en sí misma su pertinencia y, mediante dos miradas, elabora una verdad tan ilusoria como convincente según la cual la sangre nueva no radica necesaria ni exclusivamente en los herederos ilustrados en edad de merecer becas y premios sino, además –y quizá más– en “bárbaros asintácticos” como Ananías Peláez, quien reaparece páginas adelante convertido en poeta y, ya como crítico, en la cuarta de forros del libro Fiestas (de Pterocles Arenarius, sí). Con epígrafe de Tolstoi (“Preferiría ser bárbaro”), el ruido de fondo toma forma de manifiesto literario.

martes, 24 de febrero de 2015

Ruido de fondo, Agustín Ramos

Agustín Ramos
Ruido de fondo
Novela que hizo historia
La fase inicial de la obra narrativa de Pterocles Arenarius se nutre de expresiones intensivamente habituales, de voces rescatadas de la pobreza: es fondo que se eleva a formas y forma que alcanza el fondo: lenguaje diferente, otras palabras.

Pterocles Arenarius
En Ensayos latinoamericanos Lezama Lima define las expresiones populares como “súbitas maneras de llegar, animismo transformable, resolución suspensiva pero total, traslado de un descalabro con sonreída sordina, diminutivos querenciosos agravados por la yesca de la protesta castellana [expresiones que] derivan de ese lote de ejemplificaciones, lecciones memorables de hallazgos verbales. El memorialista las anota; el pasmo del escritor las arranca y les fabrica un camino…”
El otro lado de la soberbia, la parte humillada y acallada que nadie habita por gusto, es la más auténtica de la realidad, agregaría Borges. Porque en una realidad de privilegios, oficiales u oficiosos, la humildad nutre de vida, identidad y riqueza a un mundo en donde la miseria cala todos los estratos con el excipiente de la corrupción: el autoritarismo.
Lezama Lima
Para mostrar tal mundo, Pterocles Arenarius primero se usa a sí mismo  ganando autenticidad, convenciendo sin extravagancias ni personajes estrambóticos. Y así como el teatro pobre desecha lo superfluo y afronta el acto estético con el cuerpo y el aliento, la narrativa de Pterocles Arenarius únicamente selecciona lo imprescindible y se vale de la distancia crítica para potenciar la humildad como valor ético y estético.
El viejo iracundo
Partiendo de ello, Arenarius ilustra mediante relatos diversas citas de autores como Lautréamont, Sade, Cardoza y Aragón, Rilke, Hans Ruesch, Caillois, Joseph Campbell, Stendhal, Tolstoi, Bukowski, a.s. Neill, Chesterton, Jung, Kayyam, e imita a Cervantes en las cuartas de forro de sus dos primeros libros, Fiestas. Cuentos y relatos, (2011, Eterno Femenino) y Apostatario, tres ejercicios de blasfemia (2005, Arengador).
¿Podría calificarse como retórica de la humildad esta actitud narrativa, este estilo que no se sirve de más artificios que la literatura y la lengua viva: esta clase de literatura sin héroes ni antihéroes, que excava sin trucos –con uñas y saliva– desde basureros hasta palacios episcopales?
Esa retórica de la humildad, que Lezama Lima suscribiría perfeccionándola conceptualmente como verba criolla o, tal vez mejor aún, como verba mestiza, se resume en el texto titulado “Ese conecte”, elaborado exclusivamente en caló o jerga, esa clase de habla que los diccionarios definen más o menos como lenguaje del hampa y de los bajos fondos. Una clase de código –y un código de clase– que con trabajos se coloca un escalón por encima de los “dialectos indígenas”, y muchos escalones atrás del idioma que los actuales dueños de la palabra asignan a los vencidos: el fondo, lo bajo.
Agustín Ramos
En dicho texto el protagonista es el lenguaje. Quien narra representa el vehículo y la destinataria del mensaje funciona como dispositivo que dispara el relato. Un relato que a pesar de su forma transgresora cumple con los principios preceptivos que pueden extraerse de cualquier cuento clásico. Así, el léxico de la gente humillada, éste en particular, como muestra representativa pero jamás única, comunica a plenitud porque es un lenguaje cabal que se piensa a sí mismo a través de sus emisores y se refleja con nitidez merced a quien lo escucha o lo lee, a quien lo quiera atestiguar, a quien lo sepa leer.

Historia de una maldita perra
Esta codificación de clase, sin embargo, es sólo uno de los recursos retóricos del autor. Y se diferencia de aquella expresión silvestre que no se cuidaba de ortografías ni de reglas sintácticas. Por el contrario, aquí hay un tejido muy consciente de su procedencia, de su poder y su deber, para ser completamente leal a la materia prima, es decir al lenguaje, a la gramática y a la prosodia que engendra personajes, atmósfera e historia: texto.

Última obra. Hasta el momento
En sus novelas Demoníaca (2012, Eterno Femenino) y Una muerte inmejorable (2014, De Otro Tipo), el autor hace la radiografía amenísima y humanísima del cosmopolitismo y el provincianismo, respectivamente. Así, esta retórica convierte la miseria en literatura, introduce el socavado lenguaje local en el fundillo de lo global, no para ordeñar sociología prestigiosa ni masturbarse con una manida y falaz “identidad nacional”, sino para probar fuerzas con la realidad presente y comprobar que puede salir con vida, y con palabras.

jueves, 5 de febrero de 2015






Imágenes de Felipe

Desde la Creta minoica. Para Felipe Calderón:

Pterocles Arenarius

Te escribo, Felipe, para que tengas una idea de lo que suele pensarse de ti. Y lo hago porque fuiste presidente de México, tú lo sabes, contra la voluntad de la mayoría de los mexicanos, abusando de la indiferencia de muchos, su dejadez de la mayoría y la ignorancia de una gran parte. Y en contra de la valerosa lucha de miles que nunca te reconocimos. En primer lugar, ganaste las elecciones fraudulentamente, pero fue un fraude electoral monstruoso, inocultable, un robo brutal y de escándalo. Tú lo sabes. Y llegaste a la presidencia porque supiste ganarte la voluntad de gente poderosa de aquí pero también de Estados Unidos. La gente, los votantes —yo, mis amigos, millones de mexicanos—, la ciudadanía, te importamos un cacahuate. También por eso te escribo, porque perjudicaste a millones, les desgraciaste la vida. Hay más de cien mil familias —multiplica el número por cuatro o cinco de cada familia—, que te maldicen cada día y te recuerdan como un criminal. Con eso tendrás que vivir para siempre en este mundo.

Pero te voy a decir un pequeño detalle, puesto que te debes a ellos, a los archimillonarios mexicanos y a los gringos que, estratégicamente, te apoyaron, te digo esto, tú lo sabes, ellos te usaron. Tú lo sabes muy bien. La consigna era que no ganara la izquierda por ningún motivo. Y lo lograron ellos a través de ti. El precio a pagar fue alto, Felipe, tú bien lo sabes. Por lo pronto, es como si te hubieran embarrado de mierda todo el cuerpo. Haz de cuenta que apestas a mierda, pues no puedes pararte en tu país, ni siquiera en tu ciudad natal —de la que deberías ser un orgullo—. En todo el país te repudian, te maldicen como sí, en efecto, estuvieras totalmente cubierto de caca. Lo estás, aunque sea una clase de excremento que no se ve, pero es peor, porque éste y su olor nauseabundo no se quitan con nada. Y es que aunque no se vea, sí apestas. Y la pestilencia no se te quitará en lo que te resta de estancia en este mundo. Es más, ni siquiera después de que te mueras se quitará. La historia se encargará de que se te conozca como realmente eres, como fuiste siendo presidente. Lo más triste de todo es que ese hedor le será heredarlo a tus hijos. ¿Y ellos qué culpa tienen? Al final, fuiste buen negocio para los archimillonarios. Te pusieron como presidente, te sostuvieron contra viento y marea; te obligaron a todo lo que se les antojó, incluido el regreso del PRI —tu odiado PRI, contra el que luchaste durante tu adolescencia y toda tu juventud— te hicieron que entregaras la banda presidencial a un individuo tan vil como tú o quizá un poco peor que tú al que, sin duda, odiabas y todavía debes abominar. Yo estoy seguro de que si te hubieran exigido que les chuparas la verga lo habrías hecho. Eras capaz de lo que fuera, sin exagerar, de lo que fuera, con tal de que te pusieran como presidente. Pero, Felipe, tú sabías muy bien que no tenías tamaños para eso ni para mucho menos. Cuando yo era niño, pensábamos que para llegar a ser presidente tenías que ser dos cosas, alguien muy malo y, la otra era ser muy brillante, muy inteligente. Bueno, tu partido, el PAN, nos quitó esa idea. Fox y tú fueron los paradigmas de la gente vulgar, de los ignorantes, de los hombrecillos minúsculos con cargos grandes y sueldos todavía más grandes. Para desgracia de mi país. Fíjate que los priístas —de ninguna manera son mejores— pero al menos sabían simular el conocimiento, la cultura. Del actual analfabeta funcional no te digo eso, éste es un pobre hombre que, a veces, parece incluso menor que tú, lo cual es ya demasiado decir. Y tú lo apoyaste contra tu propio partido. Y no te pregunto si te da vergüenza, creo que es inútil hacerlo, sé lo que responderás.

Desgracia para México
Te hicieron presidente estando demasiado lejos de merecerlo, Felipe. Por eso mismo eras perfecto para ellos. Un presidente débil, sin apoyo de su pueblo, dependiente de los que te pusieron ahí. Pues te usaron hasta el colmo. Te hicieron como sus calzones. Ahora andas por ahí medrando, dizque haciendo un partidillo y tratando de lanzar a tu esposa (¡Dios nos libre!) a la presidencia. Mira, Felipe, desde que estabas como presidente yo dudaba de que estuvieras —como dicen los periodistas— en posesión cabal de tus facultades mentales, pero esto de tu esposa ya es el colmo. Esa pobre mujer a la que tienes aterrorizada a golpes. Niégalo, Felipe, niega que, cuando se te antoja, o cuando ella te hace repelar le metes soberanas madrizas. Cuando has estado tapado de briago le has dado unas putizas que ella no olvidará jamás. Bueno, es más, por ahí del final de tu sexenio en Los Pinos le desprendiste la retina ¿de una patada en la cara?, porque déjame decirte que te veo muy débil como para que lo hayas hecho de un puñetazo. Pero pobre de Márgara —tú así le dices—, ni como ayudarle porque como dicen allá en tu tierra, Michoacán: el que por su gusto es buey hasta la coyunda lame. Pobrecita mujer. Y ella es la que quieres convertir en presidenta de México. Ya vas. Y ya que hablamos de cosas que no podrás negar: niégame que eres cocainómano. Que te bajas las tórridas pedas que agarras con tres o cuatro líneas de la más pura cocaína. Niégamelo. Y lo hacías casi cotidianamente cuando estabas en Los Pinos y te pasabas las tardes con tus cuates bebiendo por destajo, poniéndote hasta tu madre al grado de que te caíste de la bicicleta y te rompiste el brazo y no sé cuantas pendejadas más habrás hecho.
Tu leit motiv en tu vida, desde hace muchos años hasta acá, ha sido el perfeccionarte como un traicionero. Traicionaste a Carlos Castillo Peraza, tu mentor. Aunque un sujeto bastante detestable, intelectualmente era muy superior a ti, Felipe. En ese ámbito nunca le llegaste ni a las rodillas. Traicionaste a Fox, el chivo en cristalería, el ranchero tarugo que por el hastío del PRI llevaron a la presidencia. Pero México qué culpa tiene; y traicionaste a Diego Fernández de Cevallos, ese gigante de la corrupción, no menos que de la traición, bien pagado por ti. ¿Te acuerdas cuando dizque se iban a liar a golpes? Abusivo tú, Felipe, porque Diego es mucho más viejo que tú, pero es mucho más cabrón y tú, ya te lo dije, físicamente estás muy débil. Pero prosigamos. Traicionaste a tu partido, a Josefina Vázquez Mota, pobre mujer que te creyó; y traicionaste a tu larguísima militancia panista. Qué terrible volverte una especie de priísta vergonzante. Tú mismo debes darte asco por eso que hiciste: apoyar al PRI, el partido decano de los ladrones del erario y los crímenes políticos. Debes darte asco, eres igual que ellos, peor que ellos. El PRI, el partido contra el que tu padre empeñó su vida entera. Así que también traicionaste a tu padre. ¿Y todo para qué? Para que hoy no puedas ni salir a la calle en tu país porque estás embarrado de mierda hasta el hocico?

La traición a Josefina

Bueno, te digo todo esto por las razones ya escritas y por otra más: tú me conoces bien, Felipe. Yo era de los reporteros que estuvimos cubriendo tu paupérrima campaña de uno o dos mítines por día en que, por media hora que hablabas, te tomabas más de un litro de agua, sin duda con su dosis de alcohol, tenías una chica a sueldo para que te estuviera dando, cada tres o cuatro fraseos, la botella de agua con vodka. Tomabas mucha agua, pues sí, ibas crudo casi diario.

Alcoholismo proverbial
Y te digo que me conoces bien porque una vez me diste la mano cuando llegabas al Poliforum Siqueiros saludando a todos los de la prensa. Yo me hice güey y te dejé con la mano extendida. Es un pequeño orgullo que guardo; menor que el de estrechar, ahí sí orgullosamente, la mano de Monsiváis o recibir una dedicatoria en un libro de Rius. Otra vez, cuando estuvimos en el Cañón del Sumidero, allá en Chiapas, cuando se canceló, por falta de asistentes, el mitin que ibas a hacer en la plaza de toros La Bien Pagá, ¿te acuerdas?, bueno esa vez, en el Cañón, todos los que cubrían tu campaña quisieron tomarse la foto contigo. Yo me hice güey y me aparté. Lo notaste. Tan lo notaste que poco después, esperando la nota, ahí en el edificio del PAN en avenida Coyoacán, me mandaste tú, o sería César Nava, un provocador que se sentó junto a mí y me dijo que iba a matar a López Obrador, que era un hijo de perra, un maldito, etcétera. Ahí estuve oyendo, quizá media hora, al pinche loco que me mandaron, deseándole suerte en su encargo: puro pájaro nalgón. Claro que me conoces. En fin.
Felipe, lo que hiciste fue monstruoso. Permitiste el tráfico de drogas hacia el país del norte, aunque sólo a tus socios y la entrada de armas de allá para acá, aunque sólo a los traficantes oficiales. Ambas cosas para que los mexicanos, delincuentes muchos, pero miles de ellos no, se mataran aquéllos y fueran asquerosamente asesinados los inocentes. Eso no tiene perdón. Mereces estar en la cárcel, Felipe. Pero hasta esos extremos han llegado los millonarios mexicanos y el gobierno gringo con tal de que no se haga la justicia en México o ni siquiera eso, que no vaya a llegar la izquierda al poder, ni siquiera la izquierda domesticada y corrupta. Es decir, con tal de que este país no deje de ser un país jodidísimo, no deje de tener 30 millones de personas a la orillita de la hambruna y otros 60 millones en la pobreza; que no deje de tener 10 millones —más de la población de toda Centroamérica— de analfabetas y otros 25 millones de analfabetas funcionales (incluyendo al que apoyaste para que fuera el nuevo presidente). Esa es, a grandes rasgos, Felipe, tu obra. Has repetido al pie de la letra el antiquísimo mito de Minos y el engendro de su corrupción. Te lo cuento, para que veas que fuiste paso a paso cumpliendo con la maldición.

Monarca mítico
Minos es el monarca de Creta. Estamos algo así como dos mil años antes de Cristo, por lo cual Minos, personaje histórico terminó convirtiéndose en mito para los griegos mil años, o más, posteriores al mencionado rey cretense. Bueno, el padre de los dioses, Zeus, padre —faltaba más— del propio Minos con la ninfa Europa (sí, Felipe, de ahí tomaron el nombre) encarga a su hermano Poseidón, dios del mar, que haga un regalo a Minos por ser un gran monarca. Poseidón hace salir del mar un toro prodigioso, blanco, deslumbrante y singularmente hermoso. Pero la condición es que Minos tiene que sacrificarlo en honor de su pueblo que es, finalmente, el que le da su gran valía como monarca. Pero el animal es tan bello que Minos se niega a sacrificarlo y se lo roba. Lo convierte en parte de su rebaño. La esposa de Minos, Pasifae, hija también de un dios, Helios, el sol y la ninfa Creta, pues ella, Pasifae se ve seducida por el maravilloso toro. Ordena a Dédalo, el arquitecto y, en general, artífice de Minos, que le haga un disfraz de vaca. Aquél cumple los deseos de Pasifae y ella logra ayuntarse con el toro. Pero en la mitología se vale que quede anulada la incongruencia por el número de cromosomas (pregúntale a míster Google qué significa esa frase misteriosa); así que Pasifae pare un monstruo espantoso, el minotauro, mitad toro y mitad hombre, el cual es un baldón para Minos (búscate en un diccionario, o en Google que es baldón, Felipe). Entonces Minos ordena, nuevamente a Dédalo, que le construya un laberinto para que ahí quede encerrada su vergonzosa deshonra. Pero el monstruo se alimenta de carne humana. Entonces, los pueblos dominados por Creta se ven obligados a enviar a siete mancebos y siete doncellas cada cierto tiempo, para que sean introducidos en el laberinto y, una vez perdidos en él, en algún momento, sean encontrados por la bestia para que los devore.
El monstruo engendrado por la traición
Así se cumple la maldición de los dioses contra el tirano que engaña y roba a su pueblo. La rapacidad de Minos provoca la desgracia de sus súbditos quienes tienen que pagar con sangre su estupidez, su soberbia, su avaricia, su egoísmo. Pero es el juego de todos pierden, porque Minos es maldecido, odiado, repudiado y considerado un hijo de su reputísima madre. Y además carga con la vergüenza de lo que pasó con Pasifae. Hasta que llega el héroe, Teseo, que mata al minotauro y destrona a Minos, pero esa es otra historia.

Casi igualito que tu historia, ¿no, Felipe? Minos también terminó como si estuviera de por vida embarrado de mierda. Igual que tú. Pero no abdicó. Bueno, tú tampoco has renunciado a los dineros que te da el gobierno. Dinero de nuestros bolsillos. Según la nota de Proceso nos cuestas más de un millón de pesos mensuales. Por eso, porque no tienes madre de cinismo, me autorizo a decirte esto de lo que quizá algún día llegues a tener noticias, no espero que lo leas. Me conformo con que lo lean algunas personas, para que sepan el deplorable ser humano que eres y que todavía tenemos que mantenerte después de tantas asquerosas chingaderas que nos hiciste.