lunes, 11 de abril de 2016

Cruzar cierta zona del averno


Cruzar cierta zona del averno

Pterocles Arenarius

Son unos 20 kilómetros o quizá más, desde la colonia Moctezuma al centro de Tláhuac. El viaje puede hoy hacerse a punta de puro metro, lo cual no deja de ser muy ventajoso. Aunque llegando a Tláhuac se hace necesario trasladarse un par de kilómetros más. Han de ser unos 25 kilómetros si no es que más.

El centro de Tláhuac

Para moverse en la hoy llamada Ciudad de México hay que ser muy astuto. Nunca viajar con el flujo de hora pico. En las mañanas todos van al centro de la ciudad o sus más cercanos alrededores, nunca viajes con ellos. Y si se trata de ir a Tláhuac, pues bien vale la pena tomar hacia el oriente, en metro, porque temprano la hora pico es al revés, para afuera de la ciudad va vacío el transporte. El metro cumple su función. A la altura de Santa Martha hay que tomar un camión o una camioneta que por tan sólo siete pesos te traslada otros doce o quizá quince kilómetros hasta el centro de Tláhuac. Una chinga el puro transporte. Pero así es todo en esta ciudad.

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Línea Dorada, la 12, inhabilitada por meses, llega a Tláhuac

El aire está pesado como pocas veces, pero los chilangos estamos acostumbrados a tal situación. Nuestro gas respiratorio raramente está limpio. Pocos días del año tiene buena calidad y no nos extraña que arda un poco la garganta al respirar lo que se respira. Hasta dónde hemos llegado.
(En realidad por eso prohibieron fumar en todos los espacios cerrados de la ciudad, porque las enfermedades de vías respiratorias se han disparado y toda la culpa se la quisieron achacar a los fumadores. Ellos se convirtieron en el chivo expiatorio. La campaña contra los fumadores ha sido infame, los acusan del cáncer de los no fumadores y casi los llaman criminales o al menos suicidas. Pero dos cosas, una, con convertir en delito el que se fume en lugares cerrados no han bajado los índices de aquellas enfermedades y dos, los legisladores son incapaces de medidas de verdad radicales y realmente en favor de la gente. ¿Por qué no se han legalizado y construido masivamente los carros eléctricos si ya hay prototipos y la tecnología está al alcance? Porque los legisladores y los gobiernos obedecen a los dueños del dinero. Y aquéllos dicen: “Hay que hacer que toda esa gente se mueva usando nuestros carros. ¿Que se van a envenenar con tanta contaminación? Que se envenenen. ¿Que ya hay tecnología para evitar la contaminación por los motores de combustión interna? ¿Y, a mí, qué? Yo dispongo que usen esos carros y que a los de la plebe se los lleve la chingada. Y que si algo se va a prohibir que se prohíba el estúpido vicio de fumar. Los ricos desprecian a lo que ellos llaman el plebeyaje, el pobrerío, el infelizaje los he oído llamarnos.

Campaña antitabaquistas


(Los sedicentes legisladores, parásitos sociales sobrepagados, con sus honrosísimas excepciones, reconozcámoslo, son incapaces e impotentes para prohibir la producción de autos que obtienen energía de la combustión de fósiles. Por supuesto no es enchílame otra, sería un conflicto complejo, pero no hay uno solo que lo haya intentado. Están incapacitados para pensar desde lo alto, para ver los problemas con perspectiva de amplio visaje. Eso los enfrentaría con los poderosos, los de verdad muy poderosos. Y los diputadillos que viven medrando cada tres años para agarrar hueso, por lo general se venden, como las putas, al mejor postor. Por ahí no hay solución posible).

Diputados ineficientes

Luego hay que esperar un rato en Tláhuac. La gestión se lleva un par de horas que se han pasado casi por completo a la intemperie, sumergidos en la nata viscosa y saturada de gases venenosos que danzan en el aire convirtiéndolo en una maligna mezcla. El malestar por respirar aire tan contaminado no es mucho, estamos acostumbrados. ¿Pero tanto tiempo?
Por fin se desenreda el hilo de la gestión y se cumple el objetivo. Y ahora vamos de regreso. Lo mejor es el metro. En taxi un viaje desde Tláhuac hasta la Moctezuma costaría si uno es buen conocedor de las tarifas, porque si no lo eres los taxistas te chingan; además si eres no menos sabedor de las mejores rutas en cuanto a poco tráfico y velocidad de desplazamientomás de 200 pesos, quizá unos 300 (leí que en estos días de contingencia ambiental, luego de aplicado el doble hoy no circula, un taxi de la llamada Uber se alcanzó la lindeza de cobrar mil 400 pesos por una dejada, en la miseria, sería). 300 pesos que como máximo podría pagar, comparados con cinco pesitos de la camioneta y otros cinco del metro, diez en total, es justamente el cinco por ciento de los 200 y menos todavía de los 300. Además, en metro y, aun en camioneta, es posible viajar leyendo; un par de horas de lectura mientras viajas no está nada mal. Bendita sea la lectura, un placer en medio del monstruoso caos de la monstruosa ciudad. En taxi, en realidad, no se puede leer.

Leer en el metro

Al final ha sido un día, si bien productivo, también peligroso, expuesto a gases venenosos que se encuentran en nuestra atmósfera impunemente. Es una locura, con tal de transportarse con comodidad, los chilangos prefieren matarse. Bueno.
La exposición de tantas horas a tanto gas dañoso, deletéreo, lo pagaré muy caro.
Al siguiente día empecé con tos. Al tercero la ronquera se volvió patológica. Lo peor del caso es que la “contingencia ambiental”, como la llama el gobierno, no disminuía. Para la noche de este segundo día, a pesar de que no salí más a respirar podredumbre, ya no pude dormir. La tos se volvió implacable, tan fuerte que parecía sin duda capaz de destrozar mi garganta, y el esfuerzo tusivo, de romper las delicadas arterias cerebrales; además los síntomas de una aguda infección de las vías respiratorias estaban más que visibles.
Y entonces vino el infierno.
A pesar de mi renuencia permanente a tomar antibióticos, esa carrera enloquecida de matar a los bichos que me hacen daño para que luego se vuelvan resistentes pero luego matarlos con una droga más fuerte que la anterior para que en la nueva generación se vuelvan más resistentes y luego matarlos con otra droga más fuerte que la anterior para que… De locos, de nunca acabar. No, mejor tomar antibióticos sólo hasta que de plano el puerquecito no soporte más. Porque generalmente ―al menos en el caso de mi puerquecito― él tiene sus medios para defenderse y lo hace, lo ha venido haciendo maravillosamente bien durante décadas, por más que a estas alturas, ya soy un viejo, ya no sea tan efectivo como hace treinta años. Pero la situación de mi garganta se sentía de focos rojos. Y luego empezó, ya había empezado el catarro, pero con inquina, sañudo. La nariz fluía como si no hubiera control, los ojos lloraban, el malestar se agudizó agregándose la moquera asfixiante, el lagrimeo molesto en los ojos y los estornudos en accesos de cinco o seis.
De pronto apareció un síntoma que me resultó extremadamente extraño. Un dolor en lo que la gente del pueblo llama con gracia el cuadril, es decir, la cadera, el hueso sacro y se extendía por la parte anterior de las piernas. El síntoma es extraño, el dolor es bien conocido. Es ese dolor que da cuando te estiras, cuando te inclinas y tratas de tocar con la punta de los dedos la punta de los pies. Ese dolor lo he sentido toda mi vida, afortunadamente he hecho ejercicio la mayor parte de mi existencia. Pero ¿por qué este dolor si no hay estiramento?, pero el dolor ahí está. Y no se quita acostado ni sentado ni de pie, aunque en esta última postura es menos agudo. No hay postura en la cama en la que mengüe. Pues no hay que estar acostado, me levanto y me siento a ver el feisbuc; un rato después ya estoy hasta la madre del puto dolor, entonces me levanto un rato. Siempre tosiendo y estornudando. La tos viene por accesos cada dos o tres minutos, los estornudos se agregan o atacan cuando parece venir la calma. Mi mujer se ha ido a dormir luego de hacerme un té que me salva un buen rato. La tos es como un grupo guerrillero que ataca y se retira dejando sus daños y poco después vuelve a hacerlo y no es posible detenerla con nada. La moquera es un río como desangrándome. Un par de horas después estaré, además, deshidratado. Después de un rato, ya estamos a media noche, interviene la fatiga, el sueño. Pero la tos no cede y el dolor del estiramiento sin estiramiento se vuelve una especie de daga clavada en el centro trasero del cuadril y en la parte posterior de los muslos. Con la falta de sueño llega un dolor de cabeza que vuelve temible cada ataque de tos o cada estornudo. Parece que me va a estallar la cabeza cada que toso. Pero no puedo evitar la puta tos ni el sanguinario estornudo que, por cierto, me hace sangrar un poco la nariz. Me agarro la cabeza cada vez que aparece la convulsión tosedora, como si con ello pudiera asegurar que no se reventarán las venas o las arterias cerebrales.
Los ciclos

 El dolor del estiramiento llega ahora hasta las mismísimas nalgas y también aparece un poco en las pantorrillas. Tengo que cambiar de posición cada cinco minutos para que los dolores se repartan y la tos me permita una tregua, pero no hay tregua. Empiezo a elucubrar a qué se debe el dolor de estiramiento sin estiramiento. ¿No tendré cáncer en la médula ósea? ¿Por qué me duele así? ¿No estaré descalcificado? Se reúnen la tos convulsa y el estornudo, a veces los dos al mismo tiempo, con el amenazante dolor de cabeza, el misterioso dolor como si me estuvieran estirando sin que ocurra, el sueño, imposible de conciliar por los dolores, por la tos, por los estornudos, por la asfixia en moco; ya me pongo de pie y camino, ya me canso y me siento y no soporto el dolor, entonces me acuesto y se vuelve casi insoportable el dolor, ¡por qué si no me estoy estirando, puta madre! No hay tregua. El dolor viene y no se va y te ataca y te tortura y no te deja descansar para que, al agregarse la fatiga, te duela más. Pienso que quizá en otra vida morí atormentado en el potro, esa máquina infernal que estiraba a los herejes hasta hacerlos morir. Por verdugos de la Santa Inquisición. Es posible. Mi alma está recordando ese momento que tiene grabado por el sufrimiento del que fuera mi cuerpo en aquella época. ¿Por qué no? Eso explica que ahora sea un enemigo tan feroz de la iglesia, que sí lo soy. Por eso he publicado un libro que se llama Apostatario (Tres ejercicios de blasfemia). No, eso es ridículo, la reencarnación no existe. Pero este puto dolor tan raro. He repetido varias veces ¿Dios mío, qué es esto?, dolor, tos, catarro, tortura. Y ahora que me siento libre del dolor, me doy cuenta que era automático eso de referirme o incluso dirigirme a Dios, porque me doy cuenta que nunca pensé en Dios al menos de manera racional. Me di cuenta que eso es la agonía. Un camino de dolor que sólo termina con la muerte como descanso. ¿Será posible que me muera? Pienso que si esto se prolongara, digamos, unos diez días sí, me muero. No soportaría tanto. Tan poquito. Y yo que siempre he pensado tener un umbral grande al dolor. Es tan endeble el cuerpo. Tan delicado. Tan milagroso el estado de salud. Véanme ahorita escribiendo casi con sentido del humor de que me sentía de la regran chingada y hasta pensaba, en serio, en la muerte. En mi muerte. El dolor sostiene un duelo con la fatiga. El misericordioso cansancio vence al despiadado dolor de estiramiento. Me quedo despatarrado, como si hubiese estado borracho (¡ojalá lo hubiera estado!), sobre el sillón, piadosamente doblegado por el sueño y el cansancio.
Pero un rato después la incomodidad y también el dolor vuelven a despertarme al infierno. Son las tres de la mañana y, por si fuera poco, suena la alarma sísmica. El poste que tiene una camarita negra en su brazo dice ¡alerta sísmica!, con su voz que, sin duda, es la de Big Brother, el de Orwel, claro, no la mierda de Televisa; y hay un zumbido desagradable, claro, alarmante. Mi mujer trabaja en el centro de monitoreo de las cámaras de vigilancia, conoce bien el sonido. Se levanta y me dice que salgamos que temblará en menos de un minuto. Salimos a la calle. El vecino del departamento 3 está a un tercio porque no está a un mediode la calle. Él y su esposa demuestran encontrarse en un estado de peda escandalosa. Intoxicados etílicamente hasta la coronilla. Más allá de la felicidad y también próximos al infierno. De esas veces que ya rebasaste con mucho los momentos felices de la peda. Se meten, no tiembla. Fue falsa alarma. Ahí vamos para adentro. Mi mujer me ofrece un té. Va, se lo acepto. Un masaje, gracias. Su compañía. No, gracias, tú qué culpa tienes. “Vete a dormir, mi vida. Aquí me quedo tomándome el tecito, gracias” y, hace bien, se va, luego de que le explico que acostado me duele más el cuadril. Putamadre. Putamadre. Este cuerpo es un despojo doliente que no deja de estornudar ni toser. Me miro en el espejo pensando que, en una de ésas, esta vista de rostro sea una de las últimas. Veo el cuadro que me hizo mi carnalito, el pintor Enrique Ramírez, me dan ganas de llorar. Pues llora, cabrón, total, qué. Pues ahí estoy llorando. Pero no era del dolor, sino del acto del Quique. Cómo se pone uno de vulnerable con apenas un poco de dolor. ¿Por qué me pintó? ¿Qué se imaginará de mí? ¿Merezco tal homenaje? ¿O no es homenaje? Me puso las barbas más blancas de lo que las tengo. ¿Me ve más viejo de lo que soy? 
 
Pterocles Arenarius. Óleo. Enrique Ramírez

 Cuando me consuelo un poco me pongo a navegar por internet. La idea de la muerte no se va. Me encuentro el homenaje a Mario Santiago Papasquiaro, el infrarrealista. Lo mató un camión. Putamadre. Me encuentro a Ramoncito Méndez, otro infrarrealista, personaje de Los detectives salvajes del famosísimo Roberto Bolaño, no menos infra; Ramón se mató él solo bebiendo a lo bestia. Miro sus últimas fotos, ultramadreadísimo, como me siento ahorita. Sé lo que viviste, carnal, está igual de barbón que yo, pero sin canas, murió más joven de lo que yo soy. 
La muerte

En ese momento veo a mi muerte ahí en la puerta de mi casa. Sonríe según ella tranquilizadoramente. Me tiemblan las corvas, me cago de miedo, se me quitan todos los dolores. Le tengo miedo, cómo no, a la señora del gran poder. Ahí está esperándome, pero me tranquiliza, no es ahorita, es…, después, Pterocles, todavía no, no tengas miedo. Es más, no tengas miedo ni aunque fuera éste el momento.  
Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro

De cualquier manera ella está (casi) siempre esperando, hay un momento en que ya no espera, porque ella te toma y deja de esperar y te vas con ella al lugar de donde viniste, de donde ella te trajo. La muerte es una madre. 

Pero putamadre, a mí me está llevando la chingada de dolores, aunque Ella me haya tranquilizado. La tos no cesa. Nunca ha cesado. Tengo la garganta destrozada y el cerebro a punto de romperse por el esfuerzo de la convulsión tusiva. Es una tos muy dura. Millones de fragmentos de mierda, residuos de la mala combustión de los putos automóviles malditos que por millones y millones andan ahí afuera a lo pendejo me pusieron así. ¿Hasta qué punto esto se debe a la corrupción? No debe ser poco. Sé que en los llamados “Verificentros” los empleados le dicen a quienes llevan a probar sus carros “¿Que pase o que no pase?”. Ni uno hay que no responda, obviamente, “Que pase”. “Bueno, mire usted, caballero, para que pase su auto le sale, nada más en tres mil pesitos”. El automovilista ni le mueve, sabe que si no da los 2 mil 500 y algo de más (la verificación cuesta 472 pesos) su puto carro jamás pasará. Se mocha y todos felices. Este es un negociazo. Pero el resultado es que nos está llevando la chingada. ¿Quién putas tiene la culpa de que el aire de mi ciudad sea una mierda? ¿La tiene Miguel Ángel Mancera? Hay que decir que este mal sujeto ha permitido que los policías vuelvan a robar, como ya no lo habían hecho desde hace más de una década. ¡Los policías del DF ya no robaban! Raramente extorsionaban, porque no se acabó con eso, pero se llegó, lo sé bien, a niveles mínimos. 
Ícono provocado por la acción policiaca real. Vale (incluso más) a pesar de las faltas de ortografia.

Hasta empezaban a caerme bien. Pero con Mancera regresaron a las malas mañas. Como muchos chilangos, me siento traicionado por Miguel Ángel Mancera y procuraré por todos los medios que no vuelva a gobernar nada el hijo de su chingada madre. Si pudiera influiría hasta en su propia casa, para que ni ahí volviera a malgobernar el cabrón. Si los policías roban casi a su antojo a los automovilistas (a mí me robaron en un retén, ah, porque además hay retenes, en los que ilegalmente revisan los carros que se les antoja) ¿qué no pasará en los llamados Verificentros? Pues lo que pasa es que tenemos la puta ciudad convertida en una cámara de gases. Qué poca madre, de veras.
Descontento contra Mancera

A mí hasta me hicieron ver a La Catrina en la puerta de mi casa. Mi mujer me dirá, cuando haya concluido el paso por el infierno, que la vista de La Catrina fue por la temperatura, que el dolor del cuadril también se debe a lo mismo. Que los antibióticos no actúan instantáneamente. En fin.
A las cuatro de la mañana, convertido en un guiñapo doliente, macerado por Mancera y los millones de partículas contaminantes suspendidas en el aire gracias a sus raterías, sin esperanza y con dolores múltiples, con sentimientos agónicos, derrotado, misericordiosamente, otra vez, acude la fatiga a salvarme y me derrumba en una colchoneta vieja y sucia de mi biblioteca. Entre tres mil libros míos y un número indeterminado del poetazo Adrián Román que me los dejó en custodia, me quedo dormido profunda, inconmensurablemente, como muerto.
En la mañana me despierta mi mujer con un cariño que siento no merecer. Como si hubiera despertado en la gloria por ser un buen hombre y un buen escritor, que es, para mí, lo mismo, lo único. Con caricias, ella, me trae de nuevo al mundo.
 
Ella

 No es el paraíso por cierto, pero ella sabe hacerlo parecerse no tan poquito. De manera milagrosa desapareció el dolor del estiramiento y, en la garganta, aunque sigue cosquilleando traicionera, ya no hay dolor, ni la cabeza se siente a punto de reventar, la tos se muestra muy moderada y los estornudos. Pero lo mejor es que una linda muchacha te tome entre sus brazos y te mime. El infierno ha pasado.

domingo, 20 de marzo de 2016

Benito Juárez García


Benito Juárez García

Pterocles Arenarius

Pocas veces en la historia México ha estado cerca del desmembramiento como a mediados del siglo XIX. Al concluir la independencia, prácticamente no existía la idea de país, mucho menos de nación. Nuestra patria, siempre saqueada, después de sacudirse la inicua colonización española se encontraba al borde de su desaparición.
Fue en este contexto, después de la vergonzosa guerra de rapiña de Estados Unidos, potencia en ciernes, en 1847, cuando surge un grupo de hombres que habrían de construir, aun a despecho de muchos, lo que de grande y de sólido todavía perdura en este país. Los verdaderos unificadores y constructores de México son los liberales que vivieron en el siglo XIX mexicano.

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Guerra de rapiña del imperio para arrebatar territorio

Cuando parecía que la catástrofe no tendría fin, cuando, después de la bárbara destrucción sistemática que durante trescientos años hicieron los españoles de la grandiosa cultura milenaria que crearon los originales habitantes de México y después de la independencia, México se encontraba en medio del caos en múltiples ámbitos; cuando, pocos años después de la independencia la patria se vio cercenada en más de la mitad de su territorio por la voraz ambición imperialista norteamericana, aparece ese grupo que, no es exageración, debemos llamarlos superhombres, que realizan la verdadera fundación de este país, los liberales.

imagenes de benito juarez y los liberales
Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Mariano Escobedo, Porfirio Díaz, Ignacio Zaragoza, Francisco Zarco, Santos Degollado, Sebastián Lerdo de Tejada, Jesús González Ortega, entre otros, el equipo de Juárez

Son ellos, entre mestizos e indígenas, quienes, actuando como políticos, legisladores, dirigentes sociales, diplomáticos, poetas, novelistas, intelectuales, cronistas, historiadores, militares, pero lo asombroso es que el talento en todas esas disciplinas, con estatura de, al menos, profesional, si no es que de estadista o de genio, suelen darse en un solo individuo. Agreguemos, entre paréntesis, que los liberales hacen una refundación de lo que después ha sido la gran literatura mexicana. Después de que Sor Juana y Juan Ruiz de Alarcón nos incluyeran en el siglo de oro español, cuando aún era la Nueva España, los escritores-políticos-dirigentes-militares-legisladores-diplomáticos y hombres que como pocos merecen el adjetivo de libres y el de conscientes, los liberales, crean una literatura, que es fundar un espíritu, el espíritu de este país; una más de las muchas hazañas que les debemos.
Los liberales que llegan al poder entre un conglomerado pues no era un país sumido en la más absoluta ignorancia, con más del 95 por ciento de población analfabeta, con una enorme masa de la gente en condiciones de extrema pobreza y sin consciencia de pertenecer a un país, con casi la mitad de los habitantes que ni siquiera hablaban el idioma español y bajo la acechanza de las grandes potencias mundiales.

Los conservadores que ofrecieron el imperio mexicano a Maximiliano de Habsburgo. Juan Nepomuceno Almonte (hijo de José María Morelos y Pavón), José Manuel Hidalgo -amigo cercano de la emperatriz Eugenia-, el padre Francisco Javier Miranda, don Antonio Escandón -socio de la Casa Jecker-, el ingeniero Joaquín Velázquez de León y Esnaurrízar, el general de origen francés Adrián Woll, el General don Miguel Miramón y Tarelo, el Doctor don José Pablo Martínez del Río, Tomás Murphy, Ignacio Aguilar y Marocho. La fecha del ofrecimiento oficial fue el 2 de octubre (de nefasta memoria) de 1863.

Por otra parte, en el país existía una clase criolla ultraconservadora y adinerada muy minoritaria que mantenía una fuerte alianza con la iglesia católica. Este grupo privilegiado, poderoso económicamente, ensoberbecido de manera fanática y convencido de su superioridad racista sobre los indios, pretendió hacer de este país una monarquía católica absolutista.
Juárez tuvo la visión de entender la circunstancia mexicana con una amplitud histórica. “En un discurso pronunciado el 16 de septiembre de 1840 en el que Juárez criticaba acremente la huella del régimen virreinal en México, manifestaba que el régimen colonial “descuidó la educación”, “crió clases con intereses distintos”, aisló, intimidó, corrompió, dividió, provocó “nuestra miseria, nuestro embrutecimiento, nuestra degradación y nuestra esclavitud”. “Pero hay más. La estúpida pobreza en que yacen los indios, nuestros hermanos. Las pesadas contribuciones que gravitan sobre ellos todavía (...) el abandono lamentable a que se halla reducida su educación primaria”. Son palabras que en este momento son vigentes.
Juárez, un hombre con una fe tan poderosa como la inmensa misión que se echó sobre las espaldas, dijo en otro discurso: “Dios y la sociedad nos han colocado en estos puestos para hacer la felicidad de los pueblos y evitar el mal que les pueda sobrevenir (...) Hijo del pueblo, yo no lo olvidaré; sostendré sus derechos, cuidaré de que se ilustre, se engrandezca y se cree un porvenir”.
“Siempre religioso, Juárez veía a través de la Constitución y la Reforma la redención de la república indígena” nos dice Justo Sierra.

El temple. La mirada.

En los momentos de terrible asedio, de inminente peligro, Juárez mostró su grandeza; “con sólo un acompañante, Juárez salió de la Ciudad de México, y al mes proclama su gobierno en Guanajuato. Se iniciaba la guerra de Reforma. Los conservadores disponían de un ejército regular, del dinero de la Iglesia Católica y de los hacendados. Los liberales, dispersos, tienen tropas mal armadas y peor preparadas. Al iniciarse la campaña, un regimiento sublevado los arresta en Guadalajara. El escritor Guillermo Prieto narra la escena en una de sus crónicas: en dos pequeñas piezas, ochenta liberales detenidos, unos escriben sus disposiciones testamentarias, Juárez se pasea silencioso, con inverosímil tranquilidad. Una voz grita: “¡Vienen a fusilarnos!” Y Prieto, memorablemente, actúa:

"Los valientes no asesinan. (...) ¿Quieren sangre?, bébanse la mía..." Guillermo Prieto.

Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, le puse a mi espalda, le cubrí de mi cuerpo, abrí los brazos y ahogando la voz de fuego que tomaba en esos momentos, grité: “¡Levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan!” Y hablé, hablé yo no sé qué... A medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba. Un viejo de barbas canas que tenía enfrente y con quien me encaré diciéndole: “¿Quieren sangre? ¡Bébanse la mía!”, bajó el fusil. Los otros lo mismo. Entonces volteé a Jalisco. Los soldados lloraban, protestando que no nos matarían, y así se retiraron como por encanto. Mis compañeros me rodeaban llamándome su salvador y salvador de la Reforma¸ mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas”.
Juárez, acerca del episodio, escribe: “El día 13 se sublevó la guardia del Palacio y fui hecho prisionero por orden de Landa, que encabezó el motín. El día 15 salí en libertad”.
“No sin cierta razón se dirá que el tratado McLane-Ocampo implicaba lo mismo (contra lo que luchaba Juárez, la dominación por una potencia extranjera, en este caso) con respecto a los Estados Unidos, pero Ocampo y Juárez eran demasiado astutos para no haber ponderado los riesgos de su posición frente a las ventajas diplomáticas, económicas y militares que obtuvieron. Su victoria inmediata sobre el bando conservador (que paralelamente firmaba el tratado Mon-Almonte) es la prueba mejor de que ese cálculo existió y funcionó”. La aprobación del tratado McLane-Ocampo, como sabemos, no fue aprobado en el congreso norteamericano; un permanente ataque a Juárez consiste en decir que si se hubiera aprobado el dicho acuerdo, etc., el hubiera no existe. Lo que sí padeció la nación fue la pérdida de su soberanía y su viabilidad como país cuando fue invadido por la que fuera la primera potencia mundial en aquellos tiempos, Francia, cuyo emperador, Napoleón el Pequeño, en acuerdo con los apátridas conservadores nacionales impusieran en México, como emperador, a Maximiliano de Habsburgo. Pero una vez más, el grupo de los liberales, al frente de un sufrido y heroico pueblo, expulsaron a los invasores para recuperar nuestra soberanía.
Como estadista vemos “(...) en el caso de don Benito, tres características: 1) Con él se origina el proyecto de nación que, diga lo que diga el PAN, aún no termina. 2) No es un mártir ni un precursor. Es una rareza: el héroe que triunfa al cabo de todas las peripecias. Venció al racismo ancestral, a las dificultades de un país atrasado y en una región todavía más atrasada, a su carácter tímido y cerrado, a las divisiones entre los liberales, al odio cerrado de los conservadores, a la intervención francesa, al imperio de Maximiliano, a la oposición interna, a la prensa que lo odiaba. Juárez es perseguido, encarcelado, desterrado, obligado a gobernar en la huida, calumniado, vejado, ridiculizado. Y es un triunfador. Y 3) Juárez es la raíz del laicismo en México, el gran símbolo de la tolerancia y la libertad de pensamiento y de cultos, lo que le ha valido el odio histórico de la derecha y de la ultraderecha.
“Vaya que ha sido intenso el linchamiento histórico. La educación privada de carácter confesional lo ha calificado, literalmente, de Bestia Apocalíptica y en sus libros de texto se le ha difamado llamándolo “esbirro de los norteamericanos”. Hasta hace unos años se le acusó de “enemigo de Dios”, y todavía en las primeras décadas del siglo XX las Señoras Decentes, al extremar su pudor, en vez de decir: “Voy al baño”, musitaban: “Voy a ver a Juárez”. Durante un largo tiempo en los colegios particulares se cantaron las injuriosas letrillas: “Muera Juárez que fue sinvergüenza”. Antes de la Revolución de 1910, en los pueblos controlados por sacerdotes se le exigía a los presidentes municipales o tirar el retrato de Juárez a la basura o ponerlo de cabeza. Y todavía en 1948, la Unión Nacional Sinarquista, organismo inspirado en la Falange franquista, convoca a un mitin en el Hemiciclo a Juárez, sustentado en la prolongada cauda de insultos a don Benito. En el paroxismo, un orador lo afrenta: “No eres digno de ver las caras de hombres honrados”, y le escupe a la estatua, vendada de inmediato para librar a los asistentes de la procaz mirada del “Gorgona de Guelatao”. (1)

Cronología aproximada del expansionismo gringo. Tiempos de Antonio López de Santa Anna.

(Antonio López de Santa Anna) “El dictador que lo odió y lo desterró lo recuerda con desprecio escénico: “Nunca me perdonó (Juárez) haberme servido la mesa en Oaxaca, en diciembre de 1829, con su pie en el suelo, camisa y calzón de manta, en la casa del licenciado Manuel Embides... Asombraba que un indígena de tan baja esfera hubiera figurado en México como todos saben”. (2)
A los que han perpetrado el escarnio contra hombre tan grande y a los que siguen haciéndolo, digámosles que quien de tal manera ofende, sólo está mostrando su real dimensión humana, pero además es bueno que sepan que “No hay mejor ni más grande alabanza que la injuria venida del hipócrita”.
En Nueva Orleans, en 1853, Juárez trabaja en un taller de imprenta y en una fábrica de tabaco. Escribe en sus Memorias: “Yo me resigné a mi suerte, sin exhalar una queja, sin cometer una acción humillante”. Otros de sus compañeros, que participaron en sus gobiernos, son meseros o venden ollas.
Cuando se inicia la guerra (...) “en tres años intensos, (...) los liberales, paulatinamente, se apoderan del país o, por lo menos, de sus plazas estratégicas, y promulgan victoriosamente las Leyes de Reforma del 12 de julio al 11 de agosto de 1859. Se nacionalizan los bienes del clero, hay separación de la Iglesia y el Estado, se exclaustra a monjas y frailes, se extinguen las corporaciones eclesiásticas, se concede el registro civil para los actos de nacimiento, matrimonio y defunción, se dicta la secularización de los cementerios y de las fiestas públicas y, algo esencial, se promulga la libertad de cultos.
Caricatura juarista.

En suma, se declara concluida la etapa feudal del país, y se sientan las bases del pensamiento moderno. Se necesitarán más tiempo y numerosas batallas políticas, militares y culturales para implantar efectivamente la sociedad laica, pero es enorme el avance de las Leyes de Reforma”. (3) Es decir, se han dado los pasos para hacer de México una nación más humana, más justa, más igualitaria. Y esto cuando aún no era una nación.
Andrés Molina Enríquez dice al mirar un retrato de Juárez: “Se ve por ese retrato que Juárez era un hombre muy notable por sus cualidades de carácter, por su imperturbabilidad para recibir los acontecimientos, por su pasividad para sufrir los reveses, por su entereza para luchar con las dificultades, por su calma para esperar los triunfos, por su persistencia para alcanzar sus propósitos, por su firmeza para seguir sus convicciones, hasta por su aspecto severo, frío, impasible, de divinidad de teocalli”. (4)
Una declaración de su esposa Margarita Maza lo pinta de cuerpo entero: “Está muy feo, pero es muy bueno”, escribió ella a su padre acerca de su marido el que hoy llamamos Benemérito de las Américas.
Aunque Benito Juárez García fue un hombre de grandes ideas y de expresión, aunque muy concisa, de rotunda contundencia; él se valoró más por sus acciones: “Quisiera que se me juzgara no por mis dichos sino por mis hechos. Mis dichos son hechos”. (5) Pues finalmente, cuando todo termina, lo que queda, en lo inmediato, son los hechos, ya que “Por sus hechos los conoceréis”. Pero la inmortalidad, a pesar del bárbaro ludibrio, del odio gratuito, está en las superiores ideas de nuestro muy respetable hermano mayor Benito Juárez García. En las letras iniciales de su nombre llevó el estigma de lo que fue para México, la B de lo Bueno, la J de la Justicia y la G de un Gigante espiritual.


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(1) Carlos Monsiváis (CM), revista Letras Libres No 14, 21 de marzo de 2003.
(2) Enrique Serna, El seductor de la patria, Joaquín Mortiz, 1995.
(3) CM, ibid.
(4) Guillermo Prieto, Mis tiempos, Ediciones La Prensa, 1983.
(5) Andrés Henestrosa, revista Letras Libres No. 14.

viernes, 11 de marzo de 2016

Segundo escrito para Una muerte inmejorable

Segundo escrito para la presentación del libro Una muerte inmejorable de Pterocles Arenarius


Charlie Monttana


Nunca has pensado en el hecho de la impresión de tu encuentro con algo que te impacte y modifique tu forma de vivir, quizá después de andar por ahí arrastrándote encuentras una señal, un hálito de vida, de esperanza, de fe, quizá nunca has pensado en ello…
Es difícil creer que una novela podría cambiar el curso de tu destino y tal vez hasta te ayude a rectificar un poco en tu desesperanzado y rutinario proceder, en tu diario acontecer.
Despertar, lavarte los dientes y huir de prisa entre el asfalto y la banqueta hasta llegar a subirte al microbús, luego el metro y a zancadas y 



Los tumultos cotidianos, el martirio

 corriendo llegar a checar una tarjeta, acomodarte la corbata y el gafete o ponerte un uniforme u overol grasiento y empezar el puto día lleno de puros sueños muertos, retejiendo en tu mente proyectos que cayeron, que se van o que nunca llegaron; a veces nos sentimos como verdaderos gusanos sobre la carne podrida de algún animal muerto bajo el ardiente sol de mediodía calle abajo.
Y sentimos que la vida no vale una mierda; tienes que hacerle buena cara a quien odias, sonreírle a tu peor enemigo. Pelear con 40 pesos en el bolsillo del pantalón sin saber qué necesidad cubrir con ellos, y siempre esperando la bonanza, el cambio y mascullando por qué a fulano y a perengano les va en la vida mejor que a mí, si yo soy mejor que ellos; y anochece y amanece y al otro día chingada madre, otra vez lo mismo…


Autor de Una muerte inmejorable.

Aquí es donde Pterocles Arenarius nuestro caudillo personal nos pone el recetario de “cómo alivianarse sin maestro”; aquí es donde Tranquilino Vallehermoso nos da una verdadera razón de vida, algo que algunos tercos ni aun así comprenderán jamás, a veces les llega la mierda al cuello y aun así siguen saltando como focas de circo, hay cabrones que no se quieren ni echar un pedo para no hacer ruido y, sin embargo, están tan podridos por dentro y no se han dado cuenta de ello, vaya es tan irónico todo esto.
Así nuestro querido amigo Pterocles, nuestro abad del barrio, nuestro ícono de suburbio donde las chicas no tienen nombre por aquello de que luego agarran novios y maridos muy celosos, él aquí nos determina y explica qué es exactamente la vida, la vida en el cenit; con su riquísima intención barriobajera describe tan bien las cosas que hasta cuando habla de la comida me cae que se te antoja y esa exquisitez pornográfica donde dice cosas como ¡¡“le bajé los calzones y qué chula se veía en pelotas, toda espesa del vello púbico, sudorosa, jadeante, llena de pelos”!! Vaya, sí que provoca erecciones esa procaz e indecente lectura. Nuestro querido amigo ha tomado un curso sobre cómo patinar con la pluma, el pulgar, el índice y el dedo medio que da envidia ver qué figuras va haciendo en esa danza, ese ritmo sensible, cadencioso, vigoroso y lúbrico de la tinta mojando el papel con sus palabras está empapado de humanidad, de respeto y dignidad, de pasión y alegría y de igual manera incluye en sus escritos compasión, comunidad y una gran responsabilidad de autenticidad en cada letra que escribe.
Novela tanática, ergo, erótica
 
Los críticos se regodean con su arrogancia, nos desprecian, el escrutinio de los medios, siempre impredecible continúa siendo elitista y selectivo, preferencial con los advenedizos apadrinados y socios del “Club de los amigos buena ondita” y nosotros estaremos ignorados por ellos siempre o dirán que nuestro trabajo siempre serán obras mediocres, así que lo diré desde esta barra informativa si me lo permiten: ¡Que chinguen a su madre, putos racistas literarios!
Pterocles con su escritura sobria, sabia y seca nos hace creer, aunque sea poquito, que hay muchas cosas que vale la pena vivir; con el nacer de cada uno de sus libros hemos ido descubriendo que es cada vez mejor escritor de lo que él mismo piensa, él sigue creciendo sin importarle lo que los demás digan de él. Hay demasiada sicología en su obra, hay en ello la teoría más fundamental: vivir, vivir de manera abierta, sin cortapisas, ni prejuicios o tabúes, cabalgar sin silla, a pelo, sin brújula mediática, sólo a seguimiento del instinto, así ejecuta mediante el concepto de ello la idea más grandilocuente de la conciencia en la sangre… ¡coger!, ¡beber!, y ¡vivir!
Pobrediableando en esta desangelada travesía nuestro caudillo cada que puede exclama “¡Cuando muera iré al Cielo, pues he vivido en el Infierno!”; esperemos que no caiga nunca, que jamás se resbale del filo del cuello de una botella de tequila y desbarranque al abismo cual Rufo el Coyote en el intento de apañar al correcaminos ¡bip-bip!
De esa magia alquímica que lo vitamina no sabemos el origen, cómo es posible que alguien que golpeado y sumido en las crueles olas del infortunio tenga tal capacidad para escribir Iliadas y Odiseas urbanas tan perfectamente estructuradas y convincentes. Comentaré de manera más que atrevida e imaginaria que este escritor ha degustado de todos los excesos para arribar al conocimiento profundo de la existencia donde fluye sin estancarse, varía y nunca define y argumentaré categóricamente que su progreso se ha logrado a través de su desobediencia social y a través de su rebelión espiritual, en él no habita la lógica, la lógica es el último recurso de la gente que carece de imaginación. Su virtud es describir esos ritos de apareamientos, esos viajes etílicos y hierbáticos de forma magistral, sin tregua, que nunca terminan en “… y fueron felices por siempre”.

El diseño de la portada es autoría de Mauricio Gómez Morín

Esto es emocionalmente perturbador y les diré qué complejo es describir “La difícil vida de un creativo fácil”.
Quizá estamos solos cada uno de nosotros y la mayoría vivimos vidas solitarias, aterradoras, incompletas, existencias que tal vez sólo tengan espacio para la demencia, el resentimiento, la neurosis, el miedo, la duda y esa gran inseguridad espiritual que nos impide amarnos a nosotros mismos; vivimos consumiendo esa sustancia química que trastorna nuestro proceso de razonamiento llamada ansiedad, intentemos borrar esa visión catastrófica del mundo donde parece que sólo reina el mal…
Nuestro querido amiguito Pterocles nos ilustra de esta manera: ¡¡“Se sacó la blusa de un rápido movimiento, dejó caer la falda y baló los tirantes del brasier, desenfundó sus tetas de las copas y yo creí que tendría un orgasmo ante aquellos senos un poco grandes, de pezón color de rosa, senos que temblaban a sus movimientos de una manera que parecía insoportable, yo no podía quitar la vista de su cuerpo, de su pubis y su sexo resguardado por un triángulo diminuto y castaño, ella caminó como una aparición de los cielos hasta la recámara y yo tenía ganas de besar las huellas de sus pies, como sonámbulo me puse de pie y no dejé de ver la manera en que Laura movía sus nalgas”!!
La hermosa se dejaba mirar, mi madre observaba al pintor y a la modelo (…) Cerré los ojos y me imaginé a la muchacha desnuda caminando por mi casa, acostada en mi cama, olí el lugar que ocupara; había dejado, ¡cómo no!, el hálito de su perfume y como perro me puse a olfatear la mínima deformación que quedara marcada con su leve huella sobre mi cama.
Sentía gran confusión, hasta el fondo de mí seguía la angustia. ¡Me va a llevar la chingada!, y no hay cosa que pueda hacer.
Para morir nacimos, es demasiado fácil pretender que lograse eludir a la muerte, sería un acto egoísta y hasta mezquino, qué importancia podía tener yo entre cientos de millones que mueren cada día; era sólo una muerte más en el proceso natural de la humanidad.

Vida y muerte, las dos caras de la misma moneda

Morir no es importante, creo haber descubierto que la vida no tiene sentido y si lo tiene es sólo para construirnos a nosotros mismos. La naturaleza haciendo experimentos ha logrado ordenar de manera perfecta y prodigiosa a esas partículas que les ha dado vida y en los casos más avanzados les ha dado conciencia. Entonces si buscamos aventuras en la vida, lo único que lograremos es construirnos a nosotros mismos en algún sentido.”
Celebro la increíble brillantez e inspiración de Pterocles Arenarius a quien consideramos un profesional excelente y un hombre maravilloso quien se sabe apreciado por la gran hermandad; siempre equilibrado, con la humildad necesaria, la seguridad personal y la capacidad de corregirse.
Esperemos que la competencia nunca lo defina, pues su obra no es una mera transacción comercial dentro de la lectura desechable y al final esperemos que su obra hable por sí sola, es posible que él no necesite ser tan popular ni que le den voto de aprobación, su necesidad es que permanezca siempre con el corazón en llamas… ¡¡en éxtasis!!

Marzo 2016, Ciudad Nezahualcóyotl



viernes, 4 de marzo de 2016

Charlie Monttana es un rockanrolero mexicano de notable popularidad en este país. Se trata de un artista que ha logrado llevar tanto a públicos de toda la geografía nacional y no pocas partes del extranjero el lenguaje popular nacional, las actitudes, ciertas maneras de ser de los jóvenes desde hace 30 años, por lo menos. Monttana junto con unos cuantos artistas más ha colocado en el ideario mexicano aquel lenguaje, las costumbres (que algunos llamarán extrañas los moralinos dirán “vulgares” o al menos pintorescas, pontificarán los intelectualoides), las maneras y, repito, el lenguaje plebeyo.

Charlie Monttana y coristas


Hoy la televisión y los “artistas” que ahí negocian (puesto que no crean nada, ya no digamos arte) obedecen a los artistas reales, a los que han salvado la identidad, el lenguaje, las maneras de ser del barrio: vean si no, ya en la televisión hablan igual que en el barrio (exceptuando unos cuantos vocablos que ellos llaman “groserías”), en otras palabras, los ricos saquean a los pobres hasta en esto. Estos artistas del pueblo que con sus canciones colocan en otro estado de consciencia a sus fans, los hacen gritar hasta el delirio y repetir sus rolas a gritos, son, de no pocas maneras, profetas. Son los que llevan la voz de la tribu. La verdadera palabra de la tribu. Y uno de los más grandes méritos de artistas como Monttana es que lo han hecho por décadas y sin el apoyo de los grandes medios de comunicación o, más aún, a contracorriente de esos miserables comerciantes.
Artista del pueblo.
Es muy sencillo; imaginemos la descomunal popularidad de Charlie Monttana si apareciera en televisión digamos una vez al mes. Si el afán es sólo hacer negocios lo están desperdiciando. Entonces no es eso. Las letras rebeldes, la actitud contestataria, mucho más allá del desenfado y muy próximo al humor saturado de desfachatez de las letras de este rubio rockanrolero le han granjeado, por una parte, un importante número de seguidores que lo han mantenido vigente por décadas y por otro, el empeñosamente estúpido boicot de la televisión comercial, la más hipócrita, la más mentirosa, falsaria y aliada a las peores causas, las de la tan siniestra como pestilente como ignara (y buenaparanada) oligarquía que padece este país.
Durante la presentación de Una muerte inmejorable.
Pues bien, este profeta de la banda se ha dignado otorgarme un precioso privilegio, gastarse un buen rato de su vida para pergeñar un texto sobre mi novela Una muerte inmejorable. Se lo agradezco con el corazón en la mano y diría (pero no lo hago porque él es muy heterosexual) que tengo ganas de ir y plantarle un beso en donde él me indicara, pero como ya he dicho, eso es imposible, simplemente le mando un castísimo ósculo de paz, un abrazo fraternal y mis más rendidas gracias, querido Charlie Monttana.

viernes, 5 de febrero de 2016

Don Bergoglio, al haber gatos...

Don Bergo-glio, al haber gatos... se acaban los ratones

Pterocles Arenarius

¿Entonces el santo padre viene a limpiarle la mierda al gobierno mexicano? Porque declarar, como lo hizo Bergoglio ante cámaras de Televisa, que el gobierno no es el culpable de la desaparición de los 43 es eso. Un gobierno

Un juego con la foto del papa.


cuyos representantes roban miles de millones de pesos como Humberto Moreira, Granier Melo, Fidel Herrera y cualquier gobernador priísta o panista o

Elba Esther, Romero Deschamps, Salinas de Gortari, García Luna, Granier Melo, Tomás Yarrington, Moreira Valdés, Fidel Herrera, Raturo Montiel, Alejandra Sota. Pero faltan cientos de ladrones.

perredista; un gobierno cuyos gobernantes o legisladores abusan sexualmente de menores de edad como Mario Marín y Emilio Gamboa Patrón ¿no es culpable? Un gobierno cuyo ejército monitoreó, esperó, detuvo a los muchachos de Ayotzinapa y luego los desapareció ¿no es culpable? Un gobierno que mintió de manera flagrante tratando de ocultar el crimen de su ejército ¿no es culpable? Un gobierno cuyo máximo representante, EPN, ha hecho fraudes millonarios en contubernio con empresas depredadoras que le regalan casas de 7 millones de dólares ¿no es culpable? El señor Bergoglio viene a sentarse a dialogar con criminales, ¿no lo sabe? Y viene a legitimarlos con su presencia, ¿no se da cuenta?

El símbolo es más que evidente. ¿Qué significa?






¿No sabe el señor Bergoglio que Norberto Rivera Carrera es un protector de curas pederastas? Por último, unas preguntas que no responderá el santo padre: la primera: a mi juicio la madre de Dios, ¿es la Virgen de Guadalupe, no es cierto?, bien, ella, que trajo al mundo al hijo de Dios, el creador del Universo (el universo de 400 mil millones de galaxias y 90 millones de años luz de extensión),

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Clarito que se ve a Juan Diego en el ojito de la Virgen.


decía, a mi juicio, estaba un tanto débil de su autoestima porque me parece un poco extraño que haya pedido a un indio (dicen que había un indio llamado Juan Diego que vivía en un planeta perdido en una galaxia, la Vía Láctea, sin mayor importancia y el planeta de aquel indio es uno que depende de una estrella que no tiene mayores notoriedades, sino al revés, es una estrella vulgar entre las 400 mil millones de estrellas en la susodicha galaxia, digo esto porque la Madre de Dios bien podía haber pedido lo mismo pero en un gran planeta de un sistema solar de enorme importancia, en el centro de alguna de las mayores galaxias y próximo al grandioso esplendor de un cuasar o al menos una estrella pulsante o ya de perdis un escalofriante hoyo negro, pero lo pidió en este pinche planetilla extraviado en un extremo de un brazo de la vulgar galaxia llamada la Vía Láctea.
Preguntas elementales.

Para el creador de todo el Universo, pienso, los humanos no debemos ser mucho más que microbios, menos aún, bacterias o virus, ¿la madre de Dios anhela que la adoren unos virus?, en fin; no se lo creo, es una mentira bastante tonta, un mito de los más chafas.

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De la múltiple iconografía de la Virgen.


Pero hablaba de un indio que apenas unos años antes de que se apareciera la Virgen, él sobrevivió a una matanza monstruosa de miles y miles de aztecas a manos de los tlaxcaltecas y de los españoles. Pues a ese indio jodidérrimo, miserable, sin duda espantadísimo, sometido bajo amenaza de muerte a los españoles, la madre de Dios le pidió que le construyese una capillita en el cerro donde los indios veneraban a Tonantzin, ¿eso es lo que quiere que creamos el santo padre? La iglesia católica es una gran farsa. La Virgen de Guadalupe es un invento para los moros o musulmanes conversos en España y que, como era morena, como los indios de acá, la trajeron para engañarlos, en realidad para que se conformaran en su sometimiento mortal en que estaban sujetos. El papa Bergoglio es un político que trata de salvar a una institución podrida por la corrupción y el asombroso fenómeno de la pederastia (la organización norteamericana de Sobrevivientes a los Ataques Sexuales de los Sacerdotes habla de 100 mil violaciones a niños en los países católicos, y dicen que sólo el 10 por ciento denuncia, eso significa que serían como un millón de niños violados).
Marcial Maciel, Norberto Rivera y Nicolás Aguilar.         
 

Violadores de infantes. Rivera encubridor.

La religión católica es un grandioso pudridero y un gran aliado de los peores gobiernos del mundo, como el mexicano. Y luego se hace entrevistar, faltaba más, por Televisa, el nuevo gran cártel de la droga, remember Nicaragua. Y además, la gran prostituta prostitutora: es decir, Televisa (y Tv Azteca también) todo lo que tocan lo prostituyen. Provecho.