jueves, 30 de octubre de 2008

El capitalismo en sus estertores

PIDO DISCULPAS


por Frei Betto, escritor, autor de “Cartas da Prisão” (Agir), entre otros libros(tomado del Servicio Informativo Alai-amlatina (http://alainet.org)


Estoy gravemente enfermo. Me gustaría manifestar públicamente mis excusas a todos los que confiaron ciegamente en mí. Creyeron en mi presunto poder de multiplicar fortunas. Depositaron en mis manos el fruto de años de trabajo, de economías familiares, el capital de sus emprendimientos.Pido disculpas a quien mira a sus economías evaporase por las chimeneas virtuales de las bolsas de valores, así como a aquellos que se encuentran asfixiados por la imposibilidad de pagar, los intereses altos, la escasez de crédito, la proximidad de la recesión.Sé que en las últimas décadas extrapolé mis propios límites. Me convertí en el rey Midas, creé alrededor mío una legión de devotos, como si yo tuviese poderes divinos. Mis apóstoles —los economistas neoliberales— salieron por el mundo a pregonar que la salud financiera de los países estaría tanto mejor cuanto más ellos se arrodillasen a mis pies.Hice que gobiernos y opinión pública crean que mi éxito sería proporcional a mi libertad. Me desaté de las amarras de la producción y del Estado, de las leyes y de la moralidad. Reduje todos los valores al casino global de las bolsas, transformé el crédito en producto de consumo, convencí a una parte significativa de la humanidad de que yo sería capaz de operar el milagro de hacer brotar dinero del propio dinero, sin el lastre de bienes y servicios.Abracé la fe de que, frente a las turbulencias, yo sería capaz de autorregularme, como ocurría con la naturaleza antes de que su equilibrio fuera afectado por la acción predatoria de la llamada civilización. Me volví omnipotente, me supuse omnisciente, me impuse al planeta como omnipresente. Me globalicé.Llegué a no dormir nunca. Si la Bolsa de Tokio callaba por la noche, allá estaba yo eufórico en la de São Paulo; si la de Nueva York cerraba a la baja, yo me recompensaba con el alza de Londres. Mi pregón en Wall Street hizo de su apertura una liturgia televisada para todo el orbe terrestre. Me transformé en la cornucopia de cuya boca muchos creían que habría siempre de chorrear riqueza fácil, inmediata, abundante.Pido disculpas por haber engañado a tantos en tan poco tiempo; en especial a los economistas que mucho se esforzaron para intentar inmunizarme de las influencias del Estado. Sé que, ahora, sus teorías se derriten como sus acciones, y el estado de depresión en que viven se compara al de los bancos y de las grandes empresas.Pido disculpas por inducir multitudes a acoger, como santificadas, las palabras de mi sumo pontífice Alan Greenspan, que ocupó la sede financiera durante 19 años. Admito haber incurrido en el pecado mortal de mantener los intereses bajos, inferiores al índice de la inflación, durante largo periodo. Así, se estimuló a millones de usamericanos a la búsqueda de realizar el sueño de la casa propia. Obtuvieron créditos, compraron inmuebles y, debido al aumento de la demanda, elevé los precios y presioné la inflación. Para contenerla, el gobierno subió los intereses... y el no pago se multiplicó como una peste, minando la supuesta solidez del sistema bancario.Sufrí un colapso. Los paradigmas que me sustentaban fueron engullidos por el imprevisible agujero negro de la falta de crédito. La fuente se secó. Con las sandalias de la humildad en los pies, ruego al Estado que me proteja de un deceso vergonzoso. No puedo soportar la idea de que yo, y no una revolución de izquierda, sea el único responsable por la progresiva estatización del sistema financiero. No puedo imaginarme tutelado por los gobiernos, como en los países socialistas. Justo ahora que los bancos centrales, una institución pública, ganaban autonomía en relación con los gobiernos que los crearon y tomaban asiento en la cena de mis cardenales, ¿qué es lo que veo? Se desmorona toda la cantaleta de que fuera de mí no hay salvación.Pido disculpas anticipadas por la quiebra que se desencadenará en este mundo globalizado. ¡Adiós al crédito consignado! Los intereses subirán en la proporción de la inseguridad generalizada. Cerrados los grifos del crédito, el consumidor se armará de cautela y las empresas padecerán la sed de capital; obligadas a reducir la producción, harán lo mismo con el número de trabajadores. Países exportadores, como Brasil, tendrán menos clientes del otro lado de la barra; por lo tanto, traerán menos dinero hacia sus arcas internas y necesitarán repensar sus políticas económicas.Pido disculpas a los contribuyentes de los países ricos que ven cómo sus impuestos sirven de boya de salvación de bancos y financieras, fortuna que debería ser invertida en derechos sociales, preservación ambiental y cultura.Yo, el mercado, pido disculpas por haber cometido tantos pecados y, ahora, transferir a ustedes el peso de la penitencia. Sé que soy cínico, perverso, ganancioso. Sólo me resta suplicar que el Estado tenga piedad de mí.No oso pedir perdón a Dios, cuyo lugar pretendí ocupar. Supongo que, a esta hora, Él me mira allá desde la cima con aquella misma sonrisa irónica con que presenció la caída de la Torre de Babel (traducción ALAI).

lunes, 27 de octubre de 2008

Clausura del II Encuentro Latinoamericano de Escritores, Tulancingo 2008

Libertad de decisión de ser

Pterocles Arenarius

El primer día del año de 1994 que coincidía con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) nos dio un hecho histórico trascendental: el levantamiento zapatista y la pequeña pero no por eso menos terrible guerra civil de doce días que sacudió a México y comenzó el derrumbe político del imperio salinista. Cuando se iniciaron las negociaciones entre los zapatistas y el gobierno, éste necesariamente debió legalizar a los rebeldes, ya que el Estado no puede ni debe ni quiere negociar con transgresores de la ley. Así los zapatistas fueron reconocidos como una fuerza indígena legal beligerante que había decidido actuar políticamente con violencia, etc… Pero entonces era preciso definir qué es indígena. Tal definición rigurosa se volvió tan escurridiza que terminó por establecerse que “Indígena es todo aquel individuo que asuma pertenecer a una etnia indígena”. Fue una de las pocas cosas inteligentes que se hicieron en ese momento: definir que es indígena el que diga “Yo soy indígena”, independientemente de sus rasgos fisonómicos, su lenguaje, su hábitat e incluso su ADN. Eso es trascendental, porque implica que las razas puras no existen. O bien que las razas puras son las de aquellos que asuman para sí la correspondiente con todas sus consecuencias.
La definición fue sabia por muchas razones de toda índole y hubiera resuelto en otra época una polémica de alto nivel intelectual que duró incluso décadas y que fue la de la identidad de lo mexicano. Abundaron los ensayos desde Vasconcelos pasando por Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Samuel Ramos, Santiago Ramírez, Octavio Paz, entre los más famosos. Lo cierto es que los mexicanos somos una multitudinaria mezcla que implica las no menos multitudinarias mezclas de las dos etnias y las dos culturas que se encontraron hace 516 años, la española y la mesoamericana.
La gran mezcla de mezclas significó en un plazo relativamente breve en términos históricos, en una monstruosa catástrofe para los indígenas habitantes originarios de estas tierras. La historia documenta que la población indígena de Mesoamérica pasó de unos 30 millones que habitaban la vasta región así llamada, para finales del siglo XVI se había reducido hasta 8 millones. Lo cierto es que los indígenas fueron sometidos a una masiva como feroz limpieza étnica que no estuvo tan lejos de lograr su exterminio por más que no fuera del todo consciente. Así como la invasión e imposición de la cultura católica de España estuvo muy cerca de acabar con todo vestigio de la no menos rica cultura prehispánica mesoamericana. Los indígenas de nuestro país fueron exterminados por asesinato directo, por sobreexplotación en el trabajo –en realidad esclavo– de las encomiendas, por las enfermedades infectocontagiosas que eran desconocidas por los aparatos inmunológicos de los aborígenes y por la violación sexual sistemática de las indígenas. La soberbia de los conquistadores y sus actitudes despiadadas contra los vencidos durante siglos han provocado lo que hoy somos como país. Los vicios de la época de la colonia no han terminado por erradicarse.
Así, hoy que vivimos desde el 2006 una polarización política han regresado los calificativos racistas con pretensiones denigrantes. Los mexicanos fuimos divididos, por la circunstancia política y los poderes fácticos en la gente bonita y los nacos. Los güeritos y el plebeyaje.
El poder económico y político llevó al poder a la derecha contra la voluntad del pueblo de México, una derecha que se niega a aceptar su nombre. Aunque su llegada al poder lo hicieron desde el sexenio pasado cuando lograron despertar la esperanza de que un “populista” (en realidad falso) que beneficiara supuestamente a las mayorías hubiera llegado al máximo cargo de decisión política, Vicente Fox pronto nos mostró sus escasas virtudes: ser atrabancado y dicharachero. Pero en su momento enseñó el verdadero rostro de la derecha mexicana, probó que ésta se ha degradado tanto que no pudieron más que llevar a dirigir a México a un hombre asombrosamente ignorante e inhabilitado para los “procesos complejos de pensamiento”. Luego de eso, en alianza con lo peor de la política mexicana y de los EU, consiguieron el entronizamiento terriblemente dificultoso, cuestionado y por ello marcado por la ilegitimidad de Felipe Calderón.
Todo esto nos ha obligado a preguntarnos si somos ese engendro racista que se pretende representado en el poder económico y en el político, la gente bonita; o bien somos la masa más o menos inconsciente y manipulada por la televisión que permitió el refrendo aunque haya sido por el fragmento, el 0.56 por ciento de una nariz de la derecha en el poder. Hablamos de esta derecha que lo hizo tan mal en todos los ámbitos durante el foxato y que lo sigue haciendo no igual sino peor ahora en el calderonato y entre paréntesis digo aquí públicamente que el señor Calderón carece –por múltiples razones, tanto derivadas del 2006, como de los momentos que vivimos– de autoridad moral para convocarnos a la unidad en torno a su gobierno.
En este momento de la historia en que la derecha se encuentra en el poder y considerando su origen, bien vale la pena que reflexionemos sobre el pensamiento de ese grupo no menos que de la manera en que están encarando los problemas de México.
Es urgente que recordemos que la derecha a que me refiero ha proclamado con alguna torpeza y nula lucidez política que “Este país –se refieren a México– fue creado por la iglesia católica. Antes de la llegada de la civilización española esta tierra era habitada por tribus que practicaban la idolatría, los sacrificios humanos y la antropofagia”. La prueba del pensamiento que se resume en tal descalificación de Mesoamérica se encuentra manifestada con prístina inocencia en la decisión de Vicente Fox durante su mandato para eliminar de los programas de estudio la historia de México anterior al siglo XVI. La derecha mexicana es católica y pretende que nuestra historia empezó precisamente hace 416 años con la llegada del catolicismo, justificador ideológico de la desaparición y suplantación de la gran cultura Mesoamericana.
Ciertamente la iglesia católica se ha opuesto a todo lo rescatable que ha ocurrido en México, desde la independencia cuando excomulgaron a Hidalgo, a Morelos y a sus seguidores. La iglesia católica hizo alianza con los invasores norteamericanos en 1847. Pero los peores anatemas se los consiguió Benito Juárez incluso hasta la fecha y los revolucionarios cuyos actos e idearios han trascendido, fueron en su momento condenados por la iglesia. Pero en el presente, el debilitamiento de esa institución religiosa, luego de múltiples escándalos de pederastia, abusos de los jerarcas contra su propia grey o sus esculapios y una intensa y extensa corrupción sólo apuntan e indican su decadencia. El catolicismo que fue impuesto a costa de muerte y sangre mexicana, a pesar de todo, tiene un trasfondo de humanismo –en la práctica olvidado por la jerarquía y por casi todos sus creyentes– que igualmente debe aportar valores de importancia a la real identidad mexicana progresista y libremente creada, escogida y asimilada.
Todo lo anterior nos lleva una vez más a preguntarnos por nuestra identidad; a que revisemos nuestro origen y, como se estableció en la Ley de concordia y pacificación que legalizaba a los zapatistas, los mexicanos seamos lo que deseamos ser. Que tomemos lo mejor de cada cultura que nos formó.
Octavio Paz se atrevió a decir que los mexicanos –por ser el producto de una violación histórica– éramos “los hijos de la chingada”, es decir, de la madre violada. Creo, sin la menor duda, que es nuestra obligación cancelar identidades tan denigrantes e incluso peyorativas como la de “Hijos de la chingada” y que, como sabiamente concluyó la ley indígena, es indígena todo aquel que así lo decida. Lo que implica que es mestizo o mexicano, todo aquel que así lo decida. Pero ser mexicano, mestizo tiene que implicar que nos apropiemos de lo mejor que nos heredaron las culturas que nos forman. Gabriel García Márquez dijo en una ocasión que “Los españoles nos quitaron todo (en cuanto a identidad y bienes materiales), pero nos dejaron todo”, en cuanto a lenguaje. Finalmente el lenguaje es una manera de apropiarse del mundo, y por cierto, es mucho más sana que la material. He tenido la fortuna de conocer a personas cultas y sensibles de origen español que padecen un sentimiento de culpa histórico por el genocidio que, sin exagerar, alcanza dimensiones planetarias –desaparecer a más de 20 millones de indígenas en 80 años es una hazaña de exterminio que habrían envidiado los nazis del siglo XX– que perpetraron sus antepasados en nuestro país, aunque esos españoles sean minoría.
Finalmente la mexicana ha sido –aunque ahora por fortuna está cambiando aceleradamente– una cultura sin padre, porque el padre de la época colonial y hasta finales del siglo XIX era el brutal cacique personificado en el arquetipo de Pedro Páramo, el que practicaba el “derecho de pernada” y en las familias mexicanas de principios del siglo XX, el papá era un pequeño tirano, un minúsculo Pedro Páramo que exigía obediencia y sumisión.
Es indudable que la identidad de los mexicanos, puesto que es factible de ser diseñada, construida y asumida, necesariamente debe allegarse las mejores virtudes de las fuentes que la constituyen. Para ello debe tener en cuenta que en Mesoamérica se dio –2000 años antes de Cristo– una hazaña del género humano, la de crear civilización espontáneamente, como producto de la más avanzada evolución natural de las comunidades humanas, fenómeno que sólo ocurrió en seis sitios de este planeta. También de eso –y mucho más que de otras cosas– somos descendientes. Las civilizaciones de Mesoamérica no fueron fracasadas ni erróneas, mucho menos permanecieron como tribus salvajes según pretende el pensamiento católico retrógrada y la derecha. Todas las civilizaciones humanas han sido, en algún momento, antropófagas, todas han practicado los sacrificios humanos; de hecho los católicos continuaban practicándolo hasta bien entrado el siglo XVII sometiendo a combustión en leña verde a todos los que no pensaran y creyeran como ellos.
Finalmente los mexicanos somos los hijos de una descomunal tragedia, los vástagos que sobrevivieron a la hecatombe. Los herederos tanto de la astronomía maya, como de la flor y el canto azteca, del Tloque-Nahuaque, el señor del cerca y el junto; de la excelsa cultura del Quetzalcóatl tolteca de estas tierras de Tula y Tulancingo, de la ciudad donde los hombres se transfiguran en Dioses, la legendaria Teotihuacan, no menos que de la lengua española que acumula vocablos del antiquísimo griego, lenguaje de los fundadores de la civilización occidental; del árabe, pueblo depositario de la cultura clásica mientras ocurría en Europa la etapa del oscurantismo; de múltiples prodigios del oriente que llegaron a nuestro país por Acapulco en la nao de China y Cipango y de los negros que fueron traídos en un acto humanitario para que ellos fueran los esclavos en vez de los indios, puesto que, como descubrieron los frailes, los indios sí tenían alma.
Hoy en la víspera del 12 octubre, luego de 516 años del primer arribo español a América –un suspiro en el devenir de la humanidad y un parpadeo en la evolución planetaria–, apelamos a lo más rico de nuestras múltiples herencias para escoger y crear nuestra identidad. Y aclararnos que si bien somos descendientes de tribus primitivas como todos los humanos, conviene que recordemos que cuando en Mesoamérica ya había ciudades, religión, escritura, urbanismo, matemáticas y astronomía, mil años antes de Cristo, en Europa, la mayoría de los humanos formaban parte del gran número de tribus nómadas apenas poco más avanzadas que las civilizaciones de la prehistoria neolítica. Asimismo no admitamos ser “Hijos de la chingada” o al menos no debemos asumirnos como tales, puesto que ninguna culpa nos toca en ello, finalmente los ancestros de este país, en una de sus vertientes, nos han heredado 40 siglos de arte y cultura, desde los remotos olmecas de Veracruz y Tabasco hasta este momento, orgullo del que muy pocas naciones del mundo pueden jactarse.
A contracorriente del momento oscuro que en muchos ámbitos transcurre nuestra vida como nación en este momento, tenemos que estar conscientes de que México ha resistido la asfixiante vecindad cercanísima con el imperio del norte de América, el que ha logrado acumular un poder de destrucción que es el más grande en la historia de la humanidad y que no ha vacilado en usarlo contra sus enemigos –la humanidad jamás debe olvidar Hiroshima y Nagasaki–. El país que habitamos se ha salvado –durante ya casi 200 años– del desmembramiento gracias en gran medida a las profundas raíces de nuestra cultura milenaria que sigue vigente en el pueblo con algunas modificaciones que le ha impuesto el devenir de la historia. En este momento, mientras en los estratos sociales económicamente superiores se deja sentir la fuerte influencia del imperio a través de la publicidad para imponer su cultura desechable y creada para gusto del lucro de los mercaderes, por abajo, en los estratos de lo que Guillermo Bonfil Batalla bautizó como el México profundo, la influencia de nuestra riqueza cultural aparece en las mismas entrañas del imperio y a la vez resiste tanto el embate de la rancia y retardataria derecha autóctona como el avance del imperio depredador dentro de nuestro país.
Para finalizar reitero que nuestra más grande riqueza sigue siendo nuestra cultura, pues mientras la literatura, las artes plásticas, la música, el cine y todas nuestras auténticas artes son de primer mundo, nuestros gobiernos, los que administran la riqueza que nos pertenece a todos han logrado indicadores de tercero o cuarto mundo. Como lo demuestra el hecho de que el índice de desarrollo personal en México está por debajo de la mitad de la tabla de los países del mundo, al nivel de naciones como Ecuador o Túnez, la corrupción se encuentra a la par de Tanzania o Senegal y la economía ha descendido del séptimo al duodécimo lugar en el mundo, lo cual sólo demuestra que la economía de México es muy grande por el tamaño de país y la gran cantidad de riquezas naturales, pero tal economía está pésimamente administrada, a pesar de que la conducen gobernantes que son de los mejor pagados del mundo.
En este momento a pesar del enorme peso político que se deja sentir en México desde el poderoso imperio norteamericano sumido en una terrible crisis que nos afectará gravemente, las manifestaciones de la resistencia en pro de las libertades, la soberanía nacional y la igualdad entre los individuos son fuertes y son la evidencia de que México se mueve en dirección correcta, hacia la evolución y el progreso de la especie humana y a contracorriente de las fuerzas que se oponen, por sus intereses históricamente momentáneos o de coyuntura, al avance de la civilización.
Ahorita, ante el monumento al escritor latinoamericano, apropiados de algo de lo mejor que, a cambio de quitarnos todo, nos dejaron los españoles, es decir, totalmente apropiados de la lengua de Góngora, Quevedo y Cervantes, desde los tiempos de Juana de Asbaje, dueños del castellano, que hemos modificado para darle nuestro propio sello, carácter y modismos, reivindiquemos lo mejor de nuestros múltiples orígenes y conmemoremos el primer contacto de los españoles con esta nuestra tierra. Finalmente el karma histórico corresponde a los españoles. Y los mexicanos si bien ya no somos exactamente indios, podemos serlo, pues eso es voluntad de cada uno como hasta la mismísima ley lo estableció; pero tampoco somos españoles, aunque nuestros nombres y apellidos tengan ese origen y es que, me parece, nadie desearía ser español y cargar con el peso de un crimen monstruoso como el que cometieron los antiguos españoles en México durante el primer siglo de la Colonia.
Aunque los tiempos sean oscuros por el momento, el sustrato profundo existe y nos conduce a realizar a futuro los cambios en el mejor sentido para nosotros y nuestros descendientes. Salud.

viernes, 24 de octubre de 2008

El imperio gringo agoniza

Ricardo Rocha


Noticias del imperio

Estados Unidos, la otrora superpotencia mundial, el todopoderoso, está enfermo. Y tal vez de muerte

También Roma se murió por dentro. Suele ser así cuando el dominio es tan absoluto y la hegemonía tan insensata. No hay modo de matar el monstruo si no es por sus propias tripas. Ya está sucediendo en Estados Unidos. La otrora superpotencia mundial. La eterna vencedora en sus guerras de película. Los dueños de la patente del american way of life. El país de las ilusiones. El dueño del destino de la raza humana. El único con capacidad para destruir este planeta hasta siete veces, por si una no fuera suficiente. El propietario del gran garrote. El todopoderoso está enfermo. Y tal vez de muerte. Y no se trata de virus ajenos; son sus propios demonios los que lo devoran: Vietnam, Granada, Panamá, Afganistán y más recientemente la carísima invasión a Irak para quitarle su petróleo. Diez décadas de atropellos so pretexto de ser los ganadores en las dos grandes guerras de la historia. También un siglo de codicia sin fin. El capitalismo en todas sus modalidades. Un neoliberalismo hipócrita y un monetarismo salvaje que se roban las cosechas, el sudor y la sangre de los más pobres en forma de créditos y otros mecanismos de control absoluto. Pues ahora resulta que todo ese inmenso y abusivo poderío está al borde del colapso. Y que Estados Unidos vive la peor crisis económica de su historia desde los días de la gran depresión. Tal vez el fin de sus tiempos. Y todo por la avaricia desatada y sin control en ese reino de la especulación, las transacciones tramposas, las riquezas ficticias y la economía ficción. Una gigantesca burbuja que finalmente reventó. Por eso e independientemente de lo que haya ocurrido ayer en el Senado estadounidense o lo que pueda pasar en los próximos días, hay costos gigantescos: en lo político, el derrumbe de George W. Bush como el peor de los mandatarios que ha habido jamás; la pérdida de la Presidencia para los republicanos y la consecuente llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. En lo económico, es inevitable una etapa recesiva de efectos globales; es probable que se acelere el proceso de potencias emergentes como China; y lo más importante es que es posible que estemos asistiendo al principio del fin de un sistema brutalmente injusto para las mayorías, en beneficio de unos cuantos. Lo hemos dicho siempre: el gran problema de nuestro tiempo es un modelo económico que provoca la concentración de la riqueza, el aumento incesante de la pobreza y la polarización social que genera tensiones crecientes e insoportables. Un modelo que con el añadido de la corrupción y la ineficiencia se hace todavía más cruel en países como México. Donde por cierto, la versión oficial es que no nos va a pasar nada porque estamos blindados y —como dice el secretario de Economía— "no vale la pena anticiparnos sobre algo que todavía no pasa". Falso, nos vienen años de vacas muy flacas: con una severa reducción en las exportaciones; una baja de muchos miles de millones de dólares en el envío de remesas; una reducción en el crecimiento y cada vez más desempleados. Y lo más grave es que no hay una estrategia definida para enfrentar esta gravísima crisis. Y menos aún un cambio en el totémico modelo económico. Otra vez, el país a la deriva. PD. Cuarenta años ya y el 2 de octubre que no se olvida. Y cómo, si la impunidad continúa. Y ahí está Echeverría, suelto, cuando debería estar en la cárcel. En cambio, el 68 —aunque no lo reconozcan sus escépticos— nos dejó una herencia enorme de libertad y democracia. Cuando éramos realistas y exigíamos lo imposible.

viernes, 17 de octubre de 2008

López Obrador propone congelación de precios

PROPONE LÓPEZ OBRADOR SUSCRIBIR UN PACTO EN APOYO A LA ECONOMÍA Y

CONGELAR LOS PRECIOS DE ARTÍCULOS DE CONSUMO GENERALIZADO

Conferencia de prensa del presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, para presentar una propuesta de suscripción de un pacto en apoyo a la economía popular

CARTA A LA OPINIÓN PÚBLICA

Hoy más que nunca se necesita utilizar todo el poder el Estado para proteger la economía popular y el bienestar de la población.
La crisis que está padeciendo la mayoría de los mexicanos y, desgraciadamente, el agravamiento futuro de la situación económica y social en nuestro país, exige la inmediata intervención de los gobiernos y de todas las instancias del Estado mexicano.
La gente está angustiada por la escasez de empleo, por los constantes aumentos de precios en bienes y servicios y por la falta de dinero para cubrir los gastos de alimentación, educación, salud y para pagar la luz, el agua, el gas y el pasaje.
En los 23 meses que lleva Calderón usurpando el gobierno, mientras el desempleo es el más alto de los últimos ocho años y el salario mínimo sólo se ha incrementado en 8 por ciento, el precio de la tortilla ha aumentado en 42 por ciento; el pan 60 por ciento; la leche 35 por ciento; el huevo 80 por ciento; el frijol 100 por ciento; la lenteja 130 por ciento; el arroz 130 por ciento; el aceite 113 por ciento; la carne de res 60 por ciento; la carne de cerdo 50 por ciento; el pollo 50 por ciento; el café 65 por ciento; el azúcar 40 por ciento; las pastas para sopa 62 por ciento; la gasolina 10 por ciento; el diesel 18 por ciento; el gas 20 por ciento; y la luz, sólo en lo que va del año, 100 por ciento.
Y tal parece que en el gobierno usurpador sólo están pensando en rescatar de la crisis a los potentados, sobre todo, a banqueros y grandes empresarios, como ha quedado de manifiesto al disponer, hasta ahora, de más de 11 mil millones de dólares de nuestras reservas internacionales para apoyar a especuladores y a quienes tienen grandes deudas contraídas en dólares.
Por eso, en el marco del plan anticrisis que hemos presentado al Congreso de la Unión, donde están representadas todas las fuerzas políticas del país, y en los momentos en que se está aprobando el presupuesto del año próximo, cuya facultad recae de manera exclusiva en la Cámara de Diputados, proponemos lo siguiente:
Que se convoque y persuada a los representantes de los sectores productivos y sociales, y se apliquen todos los instrumentos con que se dispone (presupuesto, leyes, decretos, subsidios, controles, regulación, entre otros) para suscribir y llevar a cabo un pacto en apoyo a la economía popular.
En una primera etapa, este pacto debe garantizar que no sigan aumentando, es decir, que se congelen los precios de los siguientes alimentos, productos y servicios:
1. Tortilla, 2. Pan, 3. Agua, 4. Leche, 5. Huevo, 6. Frijol, 7. Lenteja, 8. Arroz, 9. Aceite, 10. Carne de res y de cerdo, 11. Pollo, 12. Café, 13. Azúcar, 14. Pastas, 15. Gasolinas, 16. Diesel, 17. Energía eléctrica, 18. Gas, 19. Teléfono, 20. Transporte público, 21. Medicamentos, 22. Renta de vivienda, 23. Colegiaturas, 24. Predial, 25. Peajes de carreteras,
Este pacto debe mantenerse hasta que haya crecimiento económico, se generen empleos y se recupere el poder adquisitivo del salario, cuando menos, lo perdido en los últimos dos años.
Ya es tiempo de hacer a un lado el criterio neoliberal, la cantaleta de dejar al libre mercado y a la libre competencia, todo lo relacionado con la economía y que el Estado renuncie a su responsabilidad social. Lo cual además de carecer de sustento es una reverenda hipocresía porque siempre se ha utilizado el presupuesto público para rescatar a las instituciones financieras en quiebra y a las grandes corporaciones.
No es jugar limpio utilizar al Estado para defender intereses particulares y procurar desvanecerlo cuando se trata del beneficio de las mayorías.
Es el momento de destinar el presupuesto para proteger al pueblo y no seguirlo empleando sólo en beneficio de unos cuantos. Si de rescates se trata, rescatemos a los pobres y a las clases medias.

martes, 14 de octubre de 2008

La soledad de América Latina


[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982 -Texto completo]


Gabriel García Márquez


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.
Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.
Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretació n de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.
América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.
No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.
Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Discurso de Andrés Manuel López Obrador

Mensaje íntegro de AMLO durante la asamblea del 28 de septiembre

La Jornada On Line Publicado: 28/09/2008 14:27

México, DF. Discurso íntegro de Andrés Manuel López Obrador, durante la asamblea informativa del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, efectuado este domingo en el Zócalo de la ciudad de México


Amigas y amigos: La crisis del México actual es producto del agravamiento de dos males endémicos: la corrupción y la desigualdad. Es indudable que siempre se ha padecido de estas calamidades. Pero de 1983 a la fecha, la corrupción y la desigualdad se han fomentado desde el poder público; es decir, se han institucionalizado. Durante el periodo llamado neoliberal lo que realmente ha predominado es una política excluyente y de pillaje. Aquí insisto: desde 1983, un grupo muy selecto de traficantes de influencias, especuladores, banqueros, grandes empresarios y políticos corruptos se apoderaron del gobierno, se han venido apropiando de los bienes del pueblo y de la Nación y han utilizado el presupuesto público para su exclusivo beneficio. Todo este proceso ha sido operado por tecnócratas formados en escuelas del extranjero, donde se elaboran los sofismas o falsedades para justificar el predominio del interés económico de una minoría y la apropiación de los recursos naturales de las naciones por encima del bienestar de los pueblos. Incluso, como borregos, muchos intelectuales y comunicadores al servicio de la derecha repetían y consideraban válida la seudo teoría del goteo, según la cual, si le iba muy bien a los de arriba les iría bien a los de abajo. Si llovía fuerte arriba, goteaba abajo; como si la riqueza en sí misma fuese permeable o contagiosa. Veamos con precisión y objetividad cuál es el saldo de esta política de pillaje llamada neoliberal: De 1983 a la fecha, se han privatizado más de mil empresas públicas (entre ellas bancos, teléfonos, acero, minas, puertos, aeropuertos, líneas aéreas, ferrocarriles, electricidad). En los últimos veintiséis años se ha extraído tres veces más petróleo que todo lo producido en 81 años (de 1901, cuando inició la explotación petrolera, hasta 1982). De 1983 a la fecha, la deuda pública creció de 80 mil a 300 mil millones de dólares. En el periodo neoliberal se ha construido menos infraestructura y obras públicas (carreteras, hospitales, escuelas, presas, sistemas de riego), se abandonó el campo; se suprimió toda la política de fomento económico; se arruinó al pequeño y al mediano comercio; se ha desmantelado la industria nacional, y estas actividades pasaron casi por completo a manos de extranjeros. De 1982 a la actualidad, el salario mínimo ha perdido el 85 por ciento de su poder adquisitivo. En aquel entonces, el salario mínimo alcanzaba para comprar 56 kilos de tortilla, hoy sólo permite comprar 5 kilos; en 1982, del total de la población económicamente activa, 35 por ciento tenía empleo en la economía formal. Hoy sólo tiene ocupación formal 22 por ciento y, según cifras oficiales, 12 millones trabajan en la economía informal. En 1982, salieron del país a buscar trabajo al extranjero 210 mil mexicanos; en 2007 tuvieron la necesidad de emigrar 582 mil. En este periodo, mientras las universidades privadas aumentaron seis veces el número de sus estudiantes, las universidades públicas apenas duplicaron su matrícula. Este ha sido el periodo de mayor concentración de la riqueza en toda la historia de México. Un dato: en 2006, según Forbes y cifras del INEGI, el patrimonio de los 10 mexicanos más ricos era equivalente al ingreso de un año de la mitad de la población de nuestro país. Así mismo, en ese año, el 70 por ciento de las familias mexicanas vivía con ingresos menores a 8 mil pesos. Uno de los resultados más lamentables de esta política discriminatoria, es que de 1982 a la fecha, el número de pobres pasó de 32 millones a más de 60 millones; es decir, se duplicó. Aunque cruda, esta es la realidad. La espeluznante verdad: en México la riqueza de unos (pocos) se ha edificado con la miseria de otros (muchos). Por eso sostenemos que para enfrentar la crisis actual, lo primero que tiene que hacerse es cambiar esta política injusta y excluyente, que es la causa principal del empobrecimiento, de la inseguridad y de la violencia. En otras palabras, debe aplicarse una nueva política que tenga como objetivo central la atención a las necesidades del pueblo y no el lucro y los privilegios de una minoría. Este debe ser el gran tema del debate nacional. Sobre esta base es que estamos dispuestos a dialogar y a llegar a un acuerdo con otras fuerzas políticas y sectores sociales. Desde esta plaza pública defino con toda claridad lo siguiente: primero, rechazamos la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, nuestro movimiento ha sido, es y seguirá siendo pacífico. Aquí abro un paréntesis para condenar una vez más, el acto terrorista de Morelia, que causó la muerte de 8 seres humanos y lesionó a más de 100 personas inocentes. Segundo, es necesario aclarar que no estamos en contra quienes, con esfuerzo, trabajo y de conformidad con la ley, crean riquezas y generan empleos, sino de aquellos que de la noche a la mañana amasan grandes fortunas en la ilegalidad o al amparo del poder público. Estamos a favor de una iniciativa privada con cultura productiva, con responsabilidad cívica y dimensión social. Tercero, siempre por encima de nuestros legítimos intereses personales o de grupo, estará el bienestar del pueblo y de la Nación. Cuarto, para rescatar al país de la crisis actual, estamos dispuestos a construir un acuerdo con todas las fuerzas políticas y con los representantes de todos los sectores sociales de México, siempre y cuando se convenga cambiar la política económica para apoyar a la mayoría de los mexicanos, y en especial a los pobres y desposeídos de nuestro país. Y todos nos comprometamos a no permitir la privatización de la industria petrolera en ninguna de sus modalidades. Quiero explicar a ustedes con mayor detalle por qué es indispensable cambiar la actual política y qué proponemos de manera concreta. Es innegable que la situación económica del país está en franco deterioro y si no se corrige el rumbo, la situación va a empeorar y será el pueblo pobre el que resulte más afectado. Aunque todos lo padeceremos porque en una sociedad siempre el destino de unos, está atado al de otros. Este año, el crecimiento económico de México es el más bajo de todos los países de América Latina y el Caribe. En los últimos tiempos ha sido mayor la pérdida de empleos. El salario y los ingresos están resultando insuficientes ante la carestía. Está creciendo la cartera vencida. Los bancos han reducido sus créditos. Las tiendas departamentales están bajando sus ventas. En estos días, la industria de la construcción no está creciendo. Por los efectos de la recesión en Estados Unidos, se está reduciendo el monto de las remesas de los trabajadores mexicanos en el extranjero; está cayendo la producción y las exportaciones mexicanas son menores; están bajando los niveles de ocupación en los destinos turísticos; hay falta de crédito internacional para proyectos de inversión. No quisiéramos que ocurriera, pero lo más lógico es que con el deterioro de la economía mundial habrá menores flujos de divisas hacia México por concepto de inversión, de crédito y de exportaciones. Adicionalmente, la caída en la producción de Pemex, ocasionada por su mal manejo, y una probable baja en los precios del petróleo, automáticamente plantea el riesgo del déficit creciente en la balanza de pagos. Sin considerar las exportaciones de petróleo, el déficit comercial, (es decir, cuando se compra en el extranjero más de lo que vendemos afuera) en el 2000, fue de 14 mil 149 millones de dólares; en 2007, de 53 mil 92 millones de dólares, y en 2008, según proyecciones, será de 68 mil 374 millones de dólares; es decir, crecerá 15 mil millones de dólares en un año. Y es importante señalar que el 86 por ciento de este incremento, se debe a la creciente compra en el extranjero de alimentos y petrolíferos, principalmente gasolinas. Y todavía así, el gobierno usurpador se ha negado a construir nuevas refinerías y no ha apoyado a los productores del campo mexicano para lograr la autosuficiencia alimentaria. Pareciera como si estuviera esperando una gran crisis de balanza de pagos para actuar. No es ningún secreto que un ambiente de turbulencia financiera internacional y de crédito restringido, un déficit de gran magnitud podría llevar a que la crisis económica pasara a crisis financiera, con consecuencias negativas para las tasas de interés o el tipo de cambio.
Añadir una crisis cambiaria a la crisis que hoy padecemos por falta de crecimiento, empleo y falta de seguridad tendría efectos muy graves para el bienestar de los mexicanos.
Por esta razón, desde esta plaza pública, proponemos al Congreso la aplicación de un plan anticrisis, bajo los siguientes lineamientos:
Consideramos que en materia económica, para enfrentar la crisis y evitar un mayor agravamiento, se debe fortalecer nuestra producción interna para, cuando menos, evitar un mayor desempleo y disminuir el déficit comercial.
Esto lo podemos lograr aumentando la producción para depender menos de las importaciones de gasolinas, diesel, gas natural, alimentos y toda la gama de productos manufacturados que no son competitivos por los altos costos de los energéticos y del crédito.
Los fondos para este plan anticrisis pueden obtenerse si se reduce en 200 mil millones de pesos el gasto superfluo del gobierno y se utilizan los 200 mil millones de pesos de excedentes que se recibirán este año por precios altos de petróleo.
Con esta bolsa de 400 mil millones de pesos, se deben financiar proyectos de alto impacto económico para mejorar el nivel de empleo, la competitividad y atemperar la crisis social y el clima de inseguridad.
El día 15, por la noche, propuse que se llevaran a cabo las siguientes medidas que ahora repito:
1. Que se cancelen los aumentos de precios de la gasolina, el diesel, el gas y la electricidad. Aquí añado que con esto lograremos mejorar la competitividad de la industria; dar alivio a los consumidores y reducir la presión inflacionaria.
2. Que se otorguen becas a todos los estudiantes de preparatoria del país como se hace en el Distrito Federal. Es necesario ver el gasto destinado a la juventud como una inversión social.
3. Que se aumente el presupuesto de las universidades públicas para resolver el problema de miles de jóvenes que son rechazados, con el pretexto de que no pasan el examen de admisión, cuando en realidad lo que sucede es que las universidades no tienen cupo o espacio por falta de presupuesto. Debe repararse el daño que se ha hecho con la política neoliberal, que ha dejado a los jóvenes sin oportunidad de trabajo y de estudio, y los ha orillado a emigrar o a tomar el camino de las conductas antisociales.
4. Que se otorgue una pensión alimentaria a todos los adultos mayores del país, equivalente a medio salario mínimo, como se lleva a cabo en el Distrito Federal. Este apoyo debe otorgarse desde los 65 años, cuando menos, en regiones indígenas y en las zonas de mayor pobreza del campo y la ciudad.
5. Que se entreguen de inmediato los ahorros de los exbraceros.
6. Que se aumente el presupuesto destinado al campo; se establezcan precios de garantía y subsidios al fertilizante y a otros insumos. Con ello se pueden reducir las importaciones de alimentos; evitar más aumentos en los precios de los alimentos básicos; mejorar la economía de campesinos y productores, y atemperar el fenómeno migratorio.
7. Que se construyan las tres refinerías que se necesitan en el país para dejar de comprar gasolinas en el extranjero. Con esta decisión se reducirían las importaciones de gasolina que ya se acercan al 50 por ciento de lo que consumimos, se daría valor agregado al petróleo crudo, se generarían empleos y se ahorrarían divisas.
8. Que se cancele la llamada Alianza Educativa, y en particular, que no se permita el cierre de las escuelas normales y se otorguen plazas a todos sus egresados.
9. Que se lleve a cabo un programa de construcción de obras públicas para reactivar la economía y generar empleos; de manera particular, que se atienda la falta de servicios públicos y de vivienda, en beneficio de la gente pobre de los centros urbanos y de las ciudades fronterizas.
10. Que renuncien de inmediato los secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública y el procurador General de la República, por carecer de integridad y ser ineficaces en el combate a la inseguridad y la violencia.
Adicionalmente, nosotros estaríamos dispuestos a llegar a un acuerdo con nuestros adversarios, si además, repito, se hace el compromiso de retirar en definitiva las iniciativas de privatización de Pemex y a cambio de ello, se apoya el Programa de Acción Inmediata para el Fortalecimiento de Pemex, que ha sido elaborado por un grupo muy diverso de personas de diferentes ideologías, militantes de varios partidos, y otros que no militan en ninguno. Este programa, según ellos mismos, atiende la urgencia de rescatar a Pemex de la postración en que lo han sumido las políticas de los últimos gobiernos. Con este programa se asignarán mayores recursos a Pemex para que los destine a actividades que se han rezagado: exploración, refinación, conservación y mantenimiento de equipos y plantas, petroquímica, ductos, almacenamiento, e investigación y desarrollo.
Con este programa, sin ninguna reforma legal y mucho menos violando el espíritu y la letra de la Constitución, se demuestra que existen recursos suficientes para garantizar el sano crecimiento y diversificación de las actividades de Pemex y para comenzar a fortalecer su infraestructura e iniciar nuevas plantas de refinación e instalaciones de transporte y almacenamiento. Se demuestra, también, que no se requiere invitar a inversionistas del exterior para fortalecer a Pemex.
Amigas y amigos:
Si se aplica todo lo aquí expresado, se puede frenar la crisis, enfrentar la incertidumbre y crear un ambiente de seguridad, de aliento y de esperanza al pueblo de México.
Si aceptan estas propuestas, vamos al acuerdo para salvar al país y proteger a nuestro pueblo.
Este acuerdo podría llevarse a cabo en el Poder Legislativo, donde están representadas todas las fuerzas políticas del país y desde el Congreso, podría convocarse al resto de la sociedad. Además, la Cámara de Diputados tiene la facultad exclusiva de aprobar el presupuesto y la mayor parte de nuestras propuestas, dependen de una nueva orientación del gasto público. En pocas palabras, se necesita que el destinatario del presupuesto sea el pueblo y no los potentados y la alta burocracia. En consecuencia, voy a solicitar respetuosamente a los legisladores del Frente Amplio Progresista que presenten a sus homólogos de otros partidos este plan anticrisis.
Claro está, se trata de algo serio, que exige voluntad, compromisos y responsabilidad de todos. También es obvio que no aceptaremos la simulación ni el engaño.
Si nuestros adversarios optan por seguir haciendo la política de siempre, esa donde sólo cuentan los intereses de una minoría y no las demandas y aspiraciones del pueblo. De una vez les decimos, que sigan su camino, que nosotros vamos a continuar ejerciendo el legítimo derecho de hacer una nueva política para construir una República más justa, más humana y más igualitaria.
Por eso también aprovecho esta reunión para convocarlos a seguir trabajando en defensa del pueblo, de los bienes nacionales y de la transformación del país. De manera particular, les pido que estemos atentos a cualquier llamado, porque si Calderón y las cúpulas del PRI y del PAN insisten en aprobar un dictamen que privatice la industria petrolera, vamos a movilizarnos, habrá resistencia civil pacífica. Y no habrá multa o sanción que nos impida ejercer el derecho constitucional de manifestación. Además, la libertad y la justicia no se imploran, se conquistan.
Amigas y amigos: Desde esta plaza pública exigimos que se atienda el grave problema de contaminación del Río Santiago que afecta a los habitantes de los municipios de Juanacatlán y El Salto en Jalisco, donde está en peligro la salud de la gente, e inclusive, perdió la vida recientemente un niño por la terrible contaminación de las aguas.
Reiteramos nuestro rechazo al basurero de residuos tóxicos de una empresa española en Zimapán, Hidalgo. A la destrucción del cerro de San Pedro por la minera canadiense San Xavier, en San Luis Potosí, y a la devastación de Huizopa, Chihuahua, por otra minera canadiense.
También expresamos nuestro apoyo a las luchas en defensa del agua, los bosques y el medio ambiente. Nuestra solidaridad con los trabajadores y maestros que luchan en contra de las reformas a la Ley del ISSSTE y de la llamada Alianza Educativa.
Exigimos la libertad de los presos políticos de Atenco y a todos los luchadores sociales que se encuentran privados de su libertad por la defensa de causas populares.
En cuatro días se cumplen cuarenta años del movimiento estudiantil y popular de 1968. Desde esta plaza queremos rendir un sincero homenaje a esos jóvenes que abrieron los cauces democráticos en nuestro país. Cuarenta años después, como ellos, seguimos luchando por la justicia, la democracia y la libertad.
También nuestra solidaridad con los mexicanos que están siendo maltratados y deportados de Estados Unidos por las medidas injustas del gobierno de ese país.
Amigas y amigos:
Aquí repito lo fundamental: mantengamos la convicción de que en el camino hacia la construcción de una nueva República tenemos que ir creando, y eso es lo que estimo más importante, una nueva corriente de pensamiento que se arraigue y permanezca en la conciencia del pueblo. Una nueva corriente de pensamiento que reconozca y exalte la cultura y la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo. Una nueva corriente de pensamiento que haga surgir una voluntad colectiva para impedir que en la política y en la vida pública predominen el engaño, la intolerancia, la corrupción y el afán de lucro, en vez de la verdad, la diversidad, los valores morales y el amor al prójimo. Una nueva corriente de pensamiento para evitar que el dinero triunfe sobre la dignidad y el ser humano valga por su trabajo, rectitud y generosidad.
Sigamos luchando con la moral en alto, sabedores que la verdadera felicidad se alcanza cuando se está bien con uno mismo, con nuestras conciencias y con nuestros semejantes. ¡Viva el movimiento estudiantil y popular de 1968! ¡Viva el Movimiento en Defensa del Petróleo! ¡Vivan los hombres y mujeres libres y conscientes! ¡Viva nuestro movimiento! ¡Viva México!

sábado, 20 de septiembre de 2008

La caída del ciclista

Víctor M. Toledo vtoledo@oikos.unam.mx

La caída del ciclista

¿Juega Dios con los ciclistas? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no sólo hay dioses; también hay demonios de las pequeñas cosas, duendes diminutos, juguetones chaneques, gnomos, pequeños seres bromistas, dedicados todos ellos a promover sorpresas, hechos inesperados, sucesos imprevistos. Para la ciencia, estos eventos impredecibles han dado lugar a la llamada “teoría del caos”, dedicada a atender situaciones en las que “un pequeñísimo cambio en las condiciones iniciales puede modificar drásticamente el comportamiento general de un sistema en el largo plazo”: El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán, un tornillo mal colocado la caída de un avión, un microbio el colapso de un imperio, y… una caída en bicicleta el inicio de la ingobernabilidad de un país.
Todo indica que la mayoría de los accidentes no son hechos fortuitos o derivados del azar, sino el resultado de eventos consciente o inconscientemente inducidos o facilitados por el accidentado. Dicho de otra forma, cada quien promueve sus propios accidentes. Quien anda en bicicleta sabe que ya posee la habilidad de mantener un equilibrio, por ello el ciclista es, en cierto modo, un maestro en el arte de balancear. El ciclista que cae debido a una pérdida aunque sea temporal de su pericia, ha perdido su capacidad de mantener su balance, de sostenerse en movimiento por medio de dos ciclos y mediante el justo medio entre dos fuerzas opuestas: una que viene de la izquierda, la otra desde la derecha.
Probablemente no hay mayor desgracia para un gobernante que sufrir un accidente en bicicleta, porque el evento devela, como metáfora y suceso, una situación personal de pérdida de control (interno y/o externo), de ingobernabilidad sobre el instrumento que conduce. Como un contrapunteo invisible pero efectivo, se pierde doblemente el equilibrio: en la conducción bicicletera y en la dirección gubernamental. El colmo: el ciclista se cae, y por el diccionario de sinónimos sabemos que caída significa declinación, descenso, decadencia, desplome, derrumbamiento, desmoronamiento, hundimiento, ocaso. Y todo hecho inusual, por diminuto o personal que parezca, encierra la posibilidad de convertirse en símbolo, en icono, en parteaguas de la historia de los individuos, las comunidades y las sociedades.
Cuando el ciclista que cae es además un presidente acorralado, acotado, debilitado por los acontecimientos y las fuerzas que estaría obligado a gobernar, la probabilidad de que le ocurra un accidente es muy alta. Creo que nunca ha habido, en la historia reciente del país, un presidente con tan poca capacidad de maniobra como el que actualmente nos (des) gobierna. Investido mediante un mecanismo fraudulento (ahí siguen, amordazadas pero vivas, las urnas de la elección de 2006 a la espera de ser interrogadas), su “debilidad de origen” lo ha llevado a obligadas alianzas con las poderosas elites económicas, los líderes más corruptos del sindicalismo, las televisoras, los gobernadores prepotentes y mafiosos, las corporaciones trasnacionales (¿alguien se imaginaba a un presidente mexicano llevándole un pastel al gigante Wal-Mart?), los bancos extranjeros, y un grupo de funcionarios públicos leales pero ineficaces y corruptos. Ello lo deja sin autoridad moral y, en consecuencia, sin capacidad para la acción, frente a las dos grandes fuerzas que lo amenazan de manera permanente: el crimen organizado ya empoderado social y militarmente, y la oposición política, social y ciudadana de un país cada vez más injusto e inseguro.
La caída del ciclista tiene un último y peculiar significado. No se pueden hacer análisis políticos acertados en un país tan lleno de magia colectiva como México sin tomar en cuenta la fecha cabalística de la ruptura histórica. El 2010 está tan presente en el inconsciente social de los mexicanos como el maíz, el águila y la serpiente, la Virgen de Guadalupe o el mole poblano. Conforme nos acercamos a esa fecha, a ese “accidente societario” soñado, columbrado, intuido y deseado por millones de ciudadanos, nos aproximamos a un momento en el que el anhelo por un cambio induce y condiciona una esperanza que marea. En la intimidad, la gente, los ciudadanos, bien pueden otorgar un significado premonitorio a la caída de la bicicleta.
Es en este contexto que las propuestas de Porfirio Muñoz Ledo, aparentemente inoportunas, excesivas o descabelladas, son de una enorme trascendencia. Solamente una reforma profunda del Estado, de sus formas y reglas, incluida la posibilidad de revocar los mandatos de quienes gobiernan, puede ofrecer una salida democrática y evitar la opción autoritaria y violenta. La caída del ciclista no es solamente una alegoría, una broma de los demonios de las pequeñas cosas o una nueva demostración de la teoría del caos. También es una señal, diáfana y oportuna, de la llegada de un límite y de la debilidad de un régimen, y de un “estado de cosas”. En algún lugar de algún momento futuro los mexicanos hablarán, con nostalgia o con coraje, con placer o con amargura, de aquel hecho extraño y absurdo que desencadenó el cambio que el país necesitaba. En la memoria colectiva se grabó con letras de oro como la “parábola de los ciclistas que caen”. Roguemos por ellos.
“Dicen que queremos derrocarlo, pero él se cae solo”: A.M. López Obrador

martes, 16 de septiembre de 2008

Zoe, La irremediablemente bella









El pequeño Pteroclitos o León Davidovich Bronstein, es decir, el vivo diablo en persona









Discurso del Grito de Independencia de Andrés Manuel López Obrador

Ciudad de México, 16 de septiembre de 2008Servicio informativo núm.


520http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com



CONVOCA AMLO A NUEVA MOVILIZACIÓN PARA EL 28 DE SEPTIEMBRE. PRESENTA PLAN PARA FRENAR EL EMPOBRECIMIENTO Y LA INSEGURIDAD EN MÉXICO

Discurso de Andrés Manuel López Obrador, presidente legítimo de México, durante la ceremonia conmemorativa del 198 aniversario del inicio de la Independencia Nacional, en el Zócalo de la Ciudad de México, el 15 de septiembre de 2008. Amigas y amigos: Nos reunimos para conmemorar el 198 Aniversario de nuestra Independencia nacional, en uno de los momentos más aciagos de nuestra patria. Hoy nuestro país está inmerso en una profunda crisis económica, política, educativa, cultural y de bienestar social. A demasiados mexicanos los agobian problemas económicos y de toda índole. Domina el temor y la incertidumbre. Es frecuente escuchar las preguntas ¿Qué va a pasar? ¿En qué va a parar todo esto? Para estas interrogantes no hay respuestas aisladas y lo primero es conocer las causas de la crisis, saber cómo se ha llegado a estos extremos de decadencia. Como es lógico, esta descomposición social no es producto del destino o de la fatalidad; es, en una medida esencial, el resultado del mal gobierno y de las políticas que se han venido imponiendo para favorecer a una minoría, a costa de la opresión y el sufrimiento de la mayoría de los mexicanos. Toda esta crisis comenzó a gestarse desde que un grupo de tecnócratas, comandados por Carlos Salinas, convirtió de plano al gobierno en un comité al servicio de una minoría de banqueros, de hombres de negocios vinculados al poder, de especuladores, de traficantes de influencias y de políticos corruptos. A partir de la creación de esta red de intereses y complicidades, todas las acciones del gobierno se orientaron a mantener y acrecentar los privilegios de unos cuantos, sin importar el destino del país y la suerte de la mayoría de los mexicanos. En este marco de complicidades y componendas entre el poder económico y el poder político, se llevaron a cabo las privatizaciones de las empresas públicas. También en este contexto debe verse el asunto del Fobaproa, cuando en el gobierno de Zedillo, con el apoyo del PRI y del PAN, las deudas privadas de unos cuantos se convirtieron en deuda pública. Ese “rescate” de los bancos costó cien mil millones de dólares y desde 1995, cada año, se han destinado del presupuesto público alrededor de 30 mil millones de pesos, sólo para pagar intereses de esta enorme deuda pública. Al grado que en el proyecto de presupuesto que acaba de presentar la Secretaría de Hacienda del gobierno usurpador al Congreso para el año próximo, mientras a la Universidad Nacional Autónoma de México se le asigna un presupuesto de 22 mil millones de pesos, para el pago de intereses del Fobaproa se destinarán 35 mil millones de pesos. A la llegada de Vicente Fox siguió la política del pillaje. Inclusive se fortaleció y se hizo más vulgar la red de complicidades. Con el apoyo de esta mafia, se consumó la operación fraudulenta en las elecciones del 2006, para seguir imponiendo una política económica contraria al interés popular y a la soberanía nacional. El fraude causó un daño inmenso: se impidió la renovación de la vida pública, se perdió tiempo y, en vez de avanzar, hemos retrocedido; se lastimaron los sentimientos de millones de mexicanos; se socavó a las instituciones; se envileció por entero a la llamada sociedad política, y quien actualmente se ostenta como presidente de la República carece de autoridad moral y de autoridad política. La incapacidad de Calderón, su sometimiento, su pago en especie a quienes lo ayudaron en el fraude electoral, sus compromisos con grupos de intereses creados nacionales y extranjeros, su falta de voluntad de cambio, su conservadurismo y el desmantelamiento de los avances sociales y culturales de la sociedad mexicana, han agravado la situación del país. Hoy, no sólo hay más pobreza, desempleo, carestía, inseguridad y violencia, sino una sensación de frustración que empieza a dominar en amplios sectores de la sociedad mexicana. Todo esto, mientras el país está a la deriva y el gobierno usurpador está totalmente desprestigiado y carece de poder real, porque nadie lo respeta ni obedece. Ante esta crisis qué podemos hacer como movimiento. Como mexicanos libres y conscientes, comprometidos con el pueblo y comprometidos con México. Yo les propongo un plan para salvar a México, inspirado en lo que hemos venido enarbolando. Este plan busca cumplir tres objetivos fundamentales: frenar el empobrecimiento y la inseguridad del pueblo; defender el petróleo; y seguir trabajando por la transformación de la vida pública de México. En primer término, para frenar el empobrecimiento y la inseguridad del pueblo les planteo que luchemos, con carácter de urgente, por las siguientes medidas: 1. Que se cancelen los aumentos de precios de la gasolina, el diesel, el gas y la electricidad. 2. Que se otorguen becas a todos los estudiantes de preparatoria del país como se hace en el Distrito Federal. 3. Que se aumente el presupuesto de las universidades públicas para resolver el problema a miles de jóvenes que son rechazados, con el pretexto de que no pasan el examen de admisión. 4. Que se otorgue una pensión alimentaria a todos los adultos mayores del país, equivalente a medio salario mínimo, como se lleva a cabo en el Distrito Federal. 5. Que se entreguen de inmediato los ahorros de los ex braceros. 6. Que se aumente el presupuesto destinado al campo; se establezcan precios de garantía y subsidios al fertilizante y a otros insumos. 7. Que se construyan las tres refinerías que se necesitan en el país para dejar de comprar gasolinas en el extranjero. 8. Que se cancele la llamada alianza educativa y, en particular, que no se permita el cierre de las escuelas normales y que se otorguen plazas a todos sus egresados. 9. Que se lleve a cabo un programa de construcción de obras públicas para reactivar la economía y generar empleos; de manera particular, que se atienda la falta de servicios públicos y de vivienda, en beneficio de la gente pobre de los centros urbanos y de las ciudades fronterizas. 10. Que renuncien de inmediato los secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública y el procurador General de la República, por carecer de integridad y ser ineficaces en el combate a la inseguridad y la violencia. Estas acciones pueden llevarse a cabo si hay voluntad política y se logra una nueva orientación del presupuesto público. Por eso, voy a pedir respetuosamente a los legisladores del Frente Amplio Progresista, del PRD, PT y de Convergencia, que hagan todo lo que puedan para apoyar estas medidas y frenar el empobrecimiento del pueblo y el deterioro de la vida nacional. Recordemos que es facultad exclusiva de la Cámara de Diputados aprobar el presupuesto público, y aunque sabemos que siempre se da la práctica del mayoriteo entre el PRI y el PAN, nuestros diputados tienen el poder cualitativo, la autoridad moral que otorga el defender realmente al pueblo y a la Nación. Además pueden argumentar que el gobierno de facto no ha hecho nada por reducir su enorme gasto burocrático. Por el contrario, en 2007, lo aumentó en 154 mil millones de pesos. Y hasta ahora su gasto corriente en 2008, se proyecta en 250 mil millones más. Es decir, en sólo dos años sumará 404 mil millones de pesos. A su vez, en 2007, los excedentes por precios altos del petróleo de exportación fueron de 12 mil millones de dólares y en 2008 serán 20 mil millones de dólares más. Por eso, debe reducirse el gasto burocrático en por lo menos 200 mil millones de pesos y que esos recursos, junto con los excedentes petroleros, se destinen como una inversión social a la juventud, a garantizar la soberanía alimentaria, a la construcción de obras públicas, para reactivar la economía, a crear empleos, al desarrollo social y al fortalecimiento de Pemex. En segundo lugar, en el marco de este plan, en cuanto a la defensa del petróleo, les propongo que sigamos luchando para evitar la privatización, abierta o disfrazada, de la industria petrolera nacional. Debemos estar conscientes que sólo con la movilización ciudadana podemos impedir que se cometa este atraco al pueblo y a la Nación. Por eso les convoco a estar atentos ante cualquier albazo o madruguete, y les propongo que el domingo 28 de septiembre, desde las 10 de la mañana, llevemos a cabo una marcha mitin del Ángel de la Independencia a este Zócalo de la Ciudad de México. Amigas y amigos. Es indispensable también que sigamos luchando para transformar la vida pública de México. El cambio que necesita el país no vendrá de arriba, de los potentados o de la podrida sociedad política. La historia nos enseña que cuando se viven momentos aciagos, la salida siempre viene de abajo, de la gente y de soluciones colectivas. En la lucha de Independencia, Hidalgo decía que el pueblo que quiere ser libre lo será y enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando se gobierna contra la voluntad de los pueblos; durante la Reforma, Juárez sostenía que con el pueblo todo, sin el pueblo nada; y en la Revolución, los magonistas repetían una y otra vez que sólo el pueblo puede salvar al pueblo, que sólo el pueblo puede salvar a la Nación. Amigas y amigos. Mexicanas y mexicanos. Sí podemos rescatar a México, todo depende de que sigamos trabajando en la organización del pueblo, convenciendo a más gente y haciendo conciencia. Debemos seguir insistiendo, con perseverancia, tercamente hasta lograr una renovación tajante de la vida pública. La crisis de México no se resolverá mientras se mantenga este régimen de injusticia, de opresión, de corrupción y de privilegios. Y no es exagerado decir que de este movimiento, integrado por millones de hombres y mujeres libres y concientes, de este movimiento de ustedes y de millones más, depende en mucho el destino del país y de nuestro pueblo. Todos tenemos derecho a vivir; todos tenemos derecho a ser libres y felices. ¡Patria para todos! ¡Patria para el pobre! ¡Patria para el humillado! No desmayemos, no perdamos la fe, sigamos adelante.
¡Viva la soberanía popular! ¡Arriba los de abajo! ¡Arriba los pobres! ¡Abajo los privilegios! ¡No al gobierno usurpador! ¡No a la reconquista! ¡No al intervencionismo! ¡No a la corrupción y a la impunidad! ¡Sí a la justicia! ¡Sí a la democracia! ¡Sí a la soberanía nacional! ¡Vivan los indígenas! ¡Vivan los campesinos! ¡Vivan los obreros! ¡Vivan los migrantes! ¡Vivan los artistas! ¡Vivan los maestros! ¡Vivan los profesionistas!¡Vivan los sectores productivos! ¡Vivan los medios informativos libres! ¡Vivan los estudiantes! ¡Vivan las mujeres! ¡Vivan los niños y los ancianos! ¡Vivan las minorías legales y legítimas! ¡Viva la cultura! ¡Vivan los héroes que lucharon por nuestra Independencia! ¡Vivan los padres de la Patria! ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez! ¡Viva Morelos! ¡Viva Juárez! ¡Vivan los hermanos Flores Magón! ¡Viva Francisco I. Madero! ¡Viva Francisco Villa! ¡Viva Emiliano Zapata! ¡Viva el general Lázaro Cárdenas! ¡Vivan los dirigentes sociales y políticos asesinados por defender las causas populares! ¡Vivan los héroes anónimos! ¡Libertad a los presos políticos! ¡Viva la Nueva República! ¡Viva la dignidad! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!

sábado, 13 de septiembre de 2008

El comandante Tomás Borge se dirige a Vicente Fox


Fox podría empedrar con ladrillos de oro una carretera
Se sumó al coro. ¿Quién tiene dudas de que al final de todo se trata de un coro? Ayer fue Mario Vargas Llosa, el cual, al menos, está respaldado por su grandeza literaria, y ahora se trata de otro grande, pero tan sólo de estatura, garañón de la hacienda San Cristóbal, también conocido como Vicente Fox. Este espécimen inventor de catedrales destruidas, plañidero a lágrima viva de los niños pobres de Nicaragua, se construyó una casa hacienda, en algún lugar de México que, según se dice, podría ser considerada por su suntuosidad como una de las 100 maravillas del mundo.
Mi amigo Jaime Morales Carazo, un hombre equitativo y justo, y al mismo tiempo prudente, conoce con detalles las tropelías de Fox y de su familia.
Vicente Fox podría empedrar una carretera mexicana con ladrillos de oro y por ese camino ha tratado sin acertar en una sola dirección correcta. Le mintió, en forma irresistiblemente cínica, a Fidel Castro, insultó a Hugo Chávez y, de seguro, con devoción racista odia a Evo Morales. Este hombre también es alto, blanco y hermoso, y de seguro considera a los latinoamericanos, incluyendo a los de su país, chaparros, feos, indios, negros y sin el uso del desodorante.
Mr. Fox llega a la tierra de Sandino recomendando honestidad cuando todo mundo sabe que si no saqueó las alcancías de la Basílica de Guadalupe fue por la estricta vigilancia religiosa. Llega a Nicaragua a respaldar a un bellísimo arquetipo, blanco como él, para que se robe la joya de Nicaragua, oscuro como él en concepciones ideológicas. Vicente Fox es uno de los hombres más ricos del mundo pero él no vale ni un billete partido en dos de baja denominación en México. Cualquier cosa que diga de alguien hay que agradecerlo si es en mal y hay que avergonzarse si es en bien.
Tomás Borge

domingo, 7 de septiembre de 2008

Flavio Sosa Villavicencio habla de Almoloya


Flavio Sosa Villavicencio *

Almoloya: ecos de Guantánamo

Almoloya es una cárcel guantanamera, los derechos humanos en ese inframundo son asunto secundario, el tiempo transcurre lento, gris...
Sabe a tierra de panteón el tiempo en Almoloya... Isla fría, gigantesca mole de concreto que se lleva cotidianamente sobre la cabeza, más los dolores, más los delitos prefabricados, más los jueces de consigna, más la persecución a la familia, más el olvido... Los gritos, sí los pinches gritos.
En dos ocasiones, mi madre viajó a ese lugar e intentó visitarme, pero ni siquiera con la intervención de la CNDH se le autorizó la visita y no pudo mirar ni conversar con ninguno de sus hijos, anticonstitucionalmente presos.
“De la que no sabemos nada es de la madre del gobierno...” dice un personaje rulfiano; cómo no evocar a Rulfo cuando el imperio del silencio es ruido y música, cuando el frío nos carcome y traga en las celdas y corredores, cuando el paisaje está poblado de muertos. Almoloya: La calavera.
Héctor Galindo e Ignacio del Valle, presos políticos, son objeto de la saña vengadora de una plutocracia que con sonrisas y millones derrochados en propaganda televisiva buscan la silla para continuar en la gerencia de los bisnes.
En Oaxaca en el año 2006, decimos, el magnetismo de la palabra justicia nos convocó; todos gritamos que se vaya, que se largue... Fuera. El grito de todas y todos se escuchó alrededor del mundo. Sin embargo la clase política y los poderes no escucharon. Violaron los derechos humanos, asesinaron, desaparecieron a personas, usaron “todo el poder del estado”, pisotearon la Constitución y las leyes, URO (Ulises Ruiz) acuñó una frase que quedará para la posteridad: “En Oaxaca no pasa nada”.
A dos años de 2006 seguimos exigiendo justicia. Más de 20 los muertos, más de 300 los presos políticos; ante los torturados, los desaparecidos y las exiliadas, la respuesta es el silencio, escandaloso, ofensivo silencio. “En Oaxaca no pasa nada”. Terrorismo de Estado, corrupción galopante, criminal impunidad. “En Oaxaca no pasa nada...”
Héctor Galindo, Ignacio del Valle, los presos políticos del Molino de las Flores, son víctimas de la injusticia, víctimas de una casta poderosa y rapaz. No son delincuentes, son luchadores sociales; se les exhibe como ejemplo de lo que puede suceder a cualquiera que se atreva a desafiar al Estado, sus megaproyectos, sus meganegocios, su modernización.
En Atenco y Oaxaca, ¿cuál justicia? Impunidad, criminal impunidad.

* Flavio Sosa, vocero de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, fue detenido en diciembre de 2006 cuando negociaba con el gobierno federal. Estuvo preso en el penal de máxima seguridad del Altiplano y después en la cárcel regional de San Juan Bautista, Cuicatlán, en Oaxaca. Fue liberado el 20 de abril de 2008.

viernes, 29 de agosto de 2008

Mapas de la ciudad de Guanajuato en 1750


















La columna de Pterocles La Atenas de por aquí

In Naturalibus


La Atenas de por aquí


Pterocles Arenarius

Guanajuato es una de las más hermosas ciudades de nuestro país. Sin embargo, su historia está hecha por periodos de grave decaimiento –incluso en varios momentos se consideró que estaba a punto de convertirse en un “pueblo fantasma” como muchas otras ciudades mineras de México– y su salvación de semejante circunstancia se debió, en la última ocasión, a que los guanajuatenses tuvieron los alcances propios (y la suerte externa) de que fuera instituido el Festival Internacional Cervantino (FIC); gracias a este festival, Guanajuato salvó su decadencia y logró volverse una ciudad turística debido a que numerosos visitantes –tanto mexicanos como extranjeros– se vieron fascinados por la incontestable belleza de la ciudad.
Otro logro singular que permitió el resurgimiento de Guanajuato fue su declaración como patrimonio de la humanidad por parte de la Organización de las Naciones Unidas, a través de la UNESCO. Esto se logró gracias a que 1) Guanajuato fue un centro de gran importancia en diversos momentos de nuestra historia; a que 2) gran parte de sus edificios de otras épocas han sido conservados, no se construyó en Guanajuato por la misma decadencia de la ciudad y 3) que hubo guanajuatenses que se propusieron lograr la mencionada categorización por parte del mencionado organismo mundial.
Hoy la ciudad vive más bien del turismo, de su bien apreciada belleza y de su protagónico pasado histórico. Pero Guanajuato, a pesar de ser la capital del estado, es en realidad un pueblo, ni siquiera un pueblo grande, apenas mediano.
Sin embargo, Guanajuato tiene los problemas de toda ciudad mexicana: desempleo –agravado aquí por la carencia de industria y en general de negocios que den empleo a la gente–; derivados del la falta de fuentes de trabajo y a la vez paralelos con ello: marginación social que empieza a producir los problemas de delincuencia y miseria de grandes núcleos de la población.
En esta ciudad la población humilde ha padecido a una elite conservadora, rastacuera, mojigata y ensoberbecida que se han estado prestando el poder municipal durante un medio siglo o más entre las mismas familias. Tradicionalmente el PRI era el que imponía al edil, en algún momento lo hizo aquel partido de efímera existencia que se llamó Partido Demócrata Mexicano, que era “el del gallito colorado” que incluía a cristeros y sinarquistas; pero también llegó a ganar el PRD y en las elecciones del 2006, por fin, el PAN, que ha conducido al que parece el peor momento político de la ciudad. Pero todos los presidentes municipales son de las mismas familias.
En el estado hay al menos cinco ciudades más grandes, con mayor población y economías de mayor volumen y movilidad que Guanajuato: León, Salamanca, Celaya, Silao e Irapuato. En los hechos la verdadera capital económica es León.
Guanajuato capital en varias ocasiones en su historia ha estado a punto de volverse inviable. Paradójicamente eso mismo la salvó de volverse una ciudad monstruosa y mal remedo del Distrito Federal, como, en alguna medida, ya lo son las cinco ciudades mencionadas.
Guanajuato se ha salvado de tan nefasto destino por su desorden urbanístico premoderno, por sus insuficientes, estrechas y torcidas vialidades pesadilla del automóvil, por sus construcciones antiquísimas y disfuncionales, muchas de ellas, hermosas, ciertamente. Las desventajas también se han anotado, no hay (casi) nada que hacer en el pueblo a menos que se cuente con un negocio propio, se trabaje en la universidad (copada por El Yunque) o en el gobierno copado por el mismo El Yunque y el PAN que han superado al PRI hasta hacerlos ver como aprendices en patrimonialismo, corrupción, compadrazgos, amiguismo y recomendacionitis.
Recién, el presidente del PAN, el inefable político de los carrillos tan fuera de proporción como sus declaraciones, Germán Martínez Cázares habló –en una convención de ese partido en León– de “guanajuatizar” a México. Los que vivimos en Guanajuato decimos a todos los mexicanos que sálvese quien pueda si lo logran. Basten unos datos para demostrar la aberración: Guanajuato es el tercer estado en expulsar mano de obra (exiliados económicos) a Estados Unidos, por falta de empleo, de escuela y en general de oportunidades. En tal renglón el estado sólo está debajo de Michoacán y Jalisco, que lo superan por mucho en términos demográficos. Pero por arriba de Zacatecas, Estado de México y Puebla, por ejemplo. Este estado ocupa el lugar 28 en alfabetización entre los estados y tiene el deshonor de sufrir en su territorio, en el municipio de Salamanca, el lugar presuntamente más contaminado del país, con índices de polución superiores al DF.
Jorge Ibargüengoitia dijo una vez que Guanajuato era “La Atenas de por aquí”, con alguna ironía, por supuesto. Porque se dice que en Guanajuato se localiza el más efervescente centro cultural del estado. Pero Ibargüengoitia ironizaba porque desde entonces, cuando él vivía, eso era falso.
Se cree que Guanajuato es una ciudad cultural, lo cual se debe al Festival Internacional Cervantino. Ciertamente la ciudad se vuelve un centro cultural por tres semanas. El resto del año es un erial. Por ejemplo, en este momento, durante 2008, no ha funcionado ni un solo taller de literatura en toda la ciudad. Otro botón de muestra es el hecho de que –lo leímos en el diario AM de Guanajuato, en la columna Cácaro, del excelente cuentista y reseñista de cine Ricardo García Muñoz– tres joyas de la cinematografía guanajuatense: Amat Escalante, Arturo Chango Pons y Rolando Briseño, jóvenes creadores que han merecido premios internacionales por sus trabajos cinematográficos, están ninguneados, desconocidos, aquí en su propio estado. Briseño acosado por los funcionaretes yunquistas dedicados a detener, acallar, censurar y destruir todo trabajo de arte y cultura que surja en el estado de Guanajuato, como hicieran con el propio García Muñoz cuando fuera director de Radio Universidad.
Una más: se pretendió hacer una antología de narradores radicados en Guanajuato capital y, oh sorprais, no hay. Ricardo García Muñoz es quizá el único y dignísimo representante, ¿pero será el único? Sí hay escritores jóvenes, claro, estudiantes de la Facultad de Letras que prometen, sí hay viejos, como el que esto escribe, pero no hay un narrador antologable y que a la vez sea de la generación de los años 70. Lo cual es una monstruosa carencia. ¿Quién está registrando el espíritu de la ciudad? ¿Dónde están los que plasman el lenguaje del momento y los sueños de siempre, las aventuras y los deseos, las fobias, las locuras, las humoradas y los desencantos, los amores y las nuevas leyendas de Guanajuato, tierra de leyendas? Las civilizaciones humanas perduran por su arte, por su literatura; las lenguas trascienden en la historia por sus autores literarios, por sus grandes obras. Dios santo, ¿qué está pasando en Guanajuato en donde no hay ya no digamos grandes obras, ni siquiera obras porque no hay quien las escriba? Eso es monstruoso. Si Guanajuato fuera una persona es como si se hubiera quedado idiota, sin historia, sin sueños, sin testimonios ni de sí mismo, sin chiste, pues. ¿A eso se referiría aquel político cuando hablaba de guanajuatizar a México?
Guanajuato debería tener veinte casas de la cultura. Cinco escritores de primer nivel nacional. Diez grupos de teatro con estatura de profesionales. Veinte grupos de danza clásica y/o moderna de primera línea. Cinco artistas plásticos de primer nivel en el ámbito nacional. Dos orquestas sinfónicas o filarmónicas más.
Las casas de la cultura atenderían a cinco mil aspirantes a artistas, de todas las edades y en todas las disciplinas del arte, desde el nivel de diletante hasta el de artista. Los escritores, bailarines, cineastas, actores, artistas plásticos, atenderían a los jóvenes y niños en los diversos niveles; también a los adultos y a los viejos. Así los chavos que se la pasan en las esquinas del Cerro de los Leones y del Cuarto echando caguama y dándose un chubi o peor, un pericazo, es decir, preparándose para entrar en las filas de la delincuencia vulgar para después pasar al crimen organizado mucho mejor estarían tramando un poema o pergeñando un cuento para presentar en su taller, meditando, memorizando su parlamento teatral, practicando sus pasos de baile, imaginando una escultura, mirando al mundo para sacarle una foto única, discutiendo un guión para una producción en video. Y los artistas tendrían una chambita con la cual subsidiar al arte de una manera menos onerosa, dando su taller.
Todas las plazas se usarían para presentar a los grupos de bailarines y teatreros como se hace esporádicamente con la plaza de San Roque. El teatro Cervantes usado sólo en el Festival Cervantino, la biblioteca Emilio Uranga, hoy permanentemente desierta bien podría servir para presentar plaquetas que antologaran a decenas de poetas y narradores noveles; el teatro Principal que se usa una vez a la semana pero sólo en la temporada anual de la orquesta o en los fugaces festivales de cine; el teatro Juárez, la joya de la ciudad, que presenta algo una vez al mes. Todos serían foro de los artistas que habitaran en tan hermosa ciudad, quienes la harían realmente un centro cultural y artístico. Se harían publicaciones económicas pero dignas de los integrantes de todos los talleres de literatura, unos treinta al menos. Eso sería un centro cultural. Eso es como el paraíso terrenal. Eso es perfectamente viable y también eso es la salvación de Guanajuato, la sexta o séptima ciudad del estado en potencial económico, el pueblote en el que no hay nada que hacer si no es irse “al otro lado”, poner un negocio, o si no tienes dinero, a robar; si los gobernantes tuvieran un mínimo de amor al arte y fueran menos insaciables para saquear el erario. Eso sería un verdadero emporio cultural que atraería un turismo selecto, como se cansan en pedir los empresaurios guanajuatenses cuando se quejan de que al FIC viene sólo plebe a embriagarse.
Pero ¿qué hay en Guanajuato? Alguno que otro café que presenta a un grupito de estudiantes de música; uno que otro de los integrantes de la orquesta universitaria que han formado su grupo de jazz para divertirse porque para ganar dinero jamás. ¿Teatro? Dos veces al año en San Roque. ¿Música?, sólo durante el FIC. Danza, jamás. Literatura, de repente se presenta algún libro ante diez personas. Se hacen los coloquios Cervantino y otro en honor a Ibargüengoitia, asisten los ponentes y unos cuantos estudiantes de letras porque tienen que hacer la tarea sobre el simposio. Publicaciones de escritores autóctonos, nada. ¿Cine?, algunas de las películas, no todas, de la Muestra Internacional. Por cierto, aquí sólo hay dos cines comerciales y, curiosamente, no pasan las películas de arte, ni siquiera las películas con clasificación C que vemos en los carteles del DF. En sendas ocasiones se anunciaron dos presentaciones, Los monólogos de la vagina y Sólo para mujeres. Ninguna se presentó, ¿fueron censurados? Ni siquiera supimos. Simplemente fueron canceladas sin explicación.
Ah, pero eso sí, las autoridades municipales han destruido el piso del centro de la ciudad dos veces en cinco años, para ponerlo nuevo sin que sea necesario. Lo que apesta a corruptela millonaria.
La ciudad, por ser patrimonio de la humanidad, recibe un subsidio de la UNESCO, dinero que nadie sabe en qué diablos se usa.
Esta es la realidad de La Atenas de por aquí.
Por último, para que se note “de qué lado masca la iguana” en Guanajuato o qué entienden por cultura los pan-yunquistas que quieren guanajuatizar el mundo. En la hermosa plaza de San Fernando colocaron la exposición de fotos antiguas de la iglesia de Mellado, un centro religioso, hoy en ruinas, como se puede ver en la foto. La muestra se acompañó por una conferencia que trató sobre algunos de estos inmuebles. Un documento exhibido es un mapa de la ciudad, con sus templos como ejes de la vida de la ciudad en aquellos tiempos, estamos en 1750, en plena etapa colonial. Otro documento revelador es un edicto de la autoridad en el que se cede a la orden de los mercedarios un terreno para que construyan su templo, que después sería el que hoy está en ruinas. Está bien, eso es (también) cultura, los templos católicos de otros siglos. Pero la cultura no sólo es eso. Y es que el 27 de agosto se publicó una nota en La Jornada, firmada por el corresponsal de ese diario en Guanajuato, mi amigo Carlos García, en la que denuncia que el municipio de León destruyó una escuela para donar 600 metros cuadrados que se destinarán a la ampliación de un templo de aquella ciudad. ¿De qué religión? Adivinaron, católico. ¿Sería por eso que en la exposición de San Fernando mostraron el edicto de 1750? ¿Para que nos reacostumbremos a los usos y costumbres de la Colonia? Eso es lo que ellos entienden –y quisieran que todos lo avaláramos– por cultura. Los gobernantes de Guanajuato estado y capital viven en otro siglo, en la Colonia. Sin embargo, gobiernan peor que el PRI, porque a los peores vicios del viejo priísmo ultracorrupto, los yunquepanistas le agregan la mochería y la certeza de que ellos hacen lo correcto, como “Soldados de Dios” que dicen ser.