martes, 6 de marzo de 2012

Para qué escribir

Texto leído en el Pabellón Guanajuato el 4 de marzo de 2012, en la XXXIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

Para qué escribir

Pterocles Arenarius

En la década de los 70 conocí este edificio, diría ―si este palacio fuera una mujer― en el sentido bíblico. Desde sus partes más sórdidas, sus cloacas, sus más oscuros rinconcitos, hasta sus zonas preciosas como la capilla, el patio principal o la torre de la portada. Mi padre construyó toda la estructura de hierro que ha sostenido al Palacio de Minería desde hace ya algo menos de medio siglo. Aquí dejamos cinco años de nuestras vidas, porque yo era empleado de mi padre. Por eso este momento es precioso para mí. Llegué aquí como aprendiz de soldador, estudiaba tercero de secundaria, cuando salí ya era maestro soldador y ya estudiaba en la escuela de ingeniería del Poli. Ahora regreso como autor literario guanajuatense, aunque soy un chilango empedernido, pero me avalan los hechos de que soy hijo y padre de guanajuatenses y el otro es que pergeñé y publiqué textos en Guanajuato a lo largo de diez años. Soy padre de niños y textos guanajuatenses.

Hoy, puesto que me debo a la palabra, estoy obligado a decir, con José Emilio Pacheco, “Es extraño que nadie haya anotado que la degradación actual se debe a la pérdida que está ocurriendo en nuestro lenguaje”; y con el Octavio Paz de El arco y la lira: “Cuando el lenguaje se corrompe, las sociedades se pierden o se prostituyen”; y muy recientemente con Javier Sicilia quien, en su columna La casa sosegada, cita a William Carlos Williams: “Si el lenguaje se distorsiona es crimen prospera”. Son palabras que muy bien podrían constituir la radiografía de lo que hoy ocurren en México. Como nunca quizá, nuestro lenguaje está siendo distorsionado, prostituido, banalizado y, al fin, sometido a una destrucción que llamaría sistemática, si no fuera porque depende, en gran medida de la estulticia de quienes pueden usarlo pública y masivamente y la dejadez e ignorancia de quienes lo reciben y admiten sin reclamo ni exigencia.

Tengo que decir que la televisión ―salvando mínimas y honrosísimas excepciones― difunde masivamente la estupidez, la mentira y los intereses más o menos viles de sus dueños. El poder político, desde su sitial más alto, del que algunos llaman presidente de la República, se regodea declarando en los periódicos que ha exigido a sus secretarios de estado “que se pongan las pilas” o bien que él mismo “va a echarle los kilos”, usando un lenguaje que está muy bien para un maistro (sic) albañil, que apenas hubiera terminado la primaria, pero jamás para un primer mandatario ni siquiera de una república bananera. La corrección, elegancia y recursos de su lenguaje actual nos explican por qué, en su momento, fue rechazado de la UNAM. Sería demasiado prolijo anotar unos cuantos más del tumulto de atentados contra la palabra que perpetran en los medios y en el poder.

No es extraño que la situación de mi país sea una catástrofe en la educación, los niños de secundaria casi no saben leer ni entienden lo que a duras penas descifran; una debacle en la economía, el diez por ciento de los más ricos se apropia de casi el cuarenta por ciento de lo que producimos todos, mientras el veinte por ciento más pobre se conforma con el cuatro por ciento de la riqueza, nuestra economía se ha mantenido sin crecimiento durante treinta años, mientras la población se ha triplicado. El desempleo galopa compitiendo con el comercio informal y la delincuencia por desesperación y el crimen con organización, porque la gente de algo tiene que vivir. Y la mejor solución que para esto ha encontrado este gobierno es matar. Casi indiscriminadamente. Matar.

Hoy debo decir, todos lo sabemos, que en México ―a diferencia del crimen que paga muy bien― la literatura no paga. Los servidores de la Diosa Blanca que mitologizó Graves son una muchedumbre de desharrapados siempre al borde del colapso económico y, derivados de este, otros como el personal, el familiar, el social y hasta el profesional. Pocas naciones en el mundo se observan tan divididas de la peor manera posible, la económica. El diez por ciento más rico tiene ingresos superiores a los de la clase media gringa; mientras el veinte por ciento más pobre tiene un nivel de vida nigeriano. Ningún país puede ser viable si se empeña en conservar  semejante desigualdad. El estallido de violencia que vivimos es producto de ese monstruo.

El gobierno mexicano se porta como un enemigo de su pueblo y como un aliado de Estados Unidos y ahora, con el PAN, demuestran amar más a España que a la gran mayoría de los mexicanos. Bueno, quieren hasta vender Pemex, que entrega al gobierno 40 centavos de cada peso del erario. Ya casi terminaron de entregar la industria eléctrica a las compañías españolas sin importar el costo de toda índole al dejar a más de 16 mil trabajadores en el desempleo y convertirlos en recalcitrantes enemigos del gobierno. La Auditoría Superior de la Federación encontró miles de latrocinios que llama irregularidades. 889 mil millones de pesos han sido entregados a los bancos extranjeros en quince años a través de esa ratería monstruosa que llamaron Fobaproa.

Nada bueno nos espera si no hay educación, si no se deja de prostituir el espíritu del pueblo, si no se consigue que la poesía esté en el espacio público, porque “Sólo la poesía ―decían los antiguos poetas chinos― puede corregir el lenguaje”. En este momento urge. Ante la brutal dictadura  de los medios audiovisuales, que se escriba, que se lea, que se practiquen las artes, que se eduquen los mexicanos.

Es un inmenso trabajo el que tenemos que hacer para salvarnos. Tenemos que generar y entregar poesía. Aunque todo esté perdido, porque la televisión miente, engaña y prostituye; aunque la clase política haya vaciado de significado las palabras, aunque los más estúpidos pasquines se vendan por millones y los libros de poesía o las novelas que nos darán lustre cultural en el mundo, permanezcan cinco años en los anaqueles antes de vender el miserable tiraje de mil ejemplares. Cuando se prostituye el idioma aparece el caos, porque el idioma es orden o entendimiento, conocimiento y discernimiento. El idioma es pensamiento. Un idioma mutilado y prostituido, prosternado por la traición sólo nos puede traer automutilación, prostitución mental, caos y humillación. Estupidez. Guerra. Guerra es un vocablo del alemán “werra”, que significa desorden, caos.

El gobierno ha entregado más del 30 por ciento del territorio nacional a las mineras canadienses y gringas, les cobra cinco pesos por hectárea por año. Y mientras roban nuestra riqueza para entregarla el extranjero, a un pequeño café de Guanajuato, el gobierno lo obliga a pagar tres mil pesos por mes para dejarlo usar 15 metros cuadrados en unas de sus, ciertamente, bellas plazas. ¿Por ser mexicanos es el ensañamiento? Luego quieren vender Pemex, lo han prometido dos candidatos; Pemex que proporciona 40 centavos de cada peso del presupuesto del erario nacional. ¿Son estúpidos nuestros gobernantes? No lo creo. Todo esto apesta a ratería contra los mexicanos, incluyendo a los que no han nacido. Porque el país no pertenece sólo a los que vivimos en este momento. ¿Qué les dejaremos a los que vendrán después? ¿Nuestra vergüenza por no haber hecho nada?

El gobierno de Guanajuato ofrece a los artistas que ellos llaman “con trayectoria”, es decir, a los duchos, a los chingones, cuatro mil 200 pesos mensuales durante diez meses, a cambio los autores deben entregar su obra al gobierno. Les recuerdo que México no es autosuficiente en alimentos, que las pensiones de los trabajadores mexicanos fueron entregadas a los bancos extranjeros mediante las llamadas afores; que un grupo de los que dicen que nos gobiernan hacen negocios con compañías gringas con el descomunal pretexto de la guerra contra el crimen organizado; recién hemos sabido que las mismísimas autoridades gringas ayudan a los narcos mexicanos al trasiego de drogas y al lavado de las ganancias y al mismo tiempo venden armas a las bandas del narco en México ¿Entonces a qué está jugando el gobierno mexicano? ¿Entonces por qué 60 mil muertos, 15 mil desaparecidos y 300 mil desplazados? A este país se lo está llevando la mierda, pero estoy seguro de que hay mucha gente que quiere y puede salvarlo. Contra los que están haciendo de este país un infierno, tenemos que oponer la fuerza de la vida, contra la falsa religión de los pederastas que quiere más poder político y que para eso van a traer al Papa ex nazi, contra los fanáticos que desean implantar el reino de Dios en el mundo ―un dios, por cierto, bastante estúpido―, nos oponemos desde la creación, desde la literatura, desde el arte. Desde al amor por la gente humilde.

Al final, lo más importante, lo religioso (de religarse con lo divino, ¿pero hay algo divino o algo que no lo sea?), lo único religioso es ser obediente y disciplinado con madre natura, con los que nos pide y lo que nos indica nuestra naturaleza. Come bien, coge mejor, sé feliz de todo y para todo y haz felices a los que tienes a tu alrededor. Ama demasiado, goza de la vida, respeta a todo el mundo y no intentes imponer tus ideas a nadie, ni siquiera a tus hijos chiquitos. Mejor da ejemplo siendo como quisieras que fuera el mejor ser humano del mundo. Defiende tu libertad como dijo Don Quijote, con tu propia vida si es necesario. Haz de tu existencia una obra de arte, un paraíso. Y si te alcanza pues haz arte. Y que chingue a su madre el diablo y que ruede el mundo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Daniel Barrera

El extraño caso de Daniel Barrera

Pterocles Arenarius



La obra de Daniel Barrera podríamos clasificarla en dos grandes grupos. Es necesario establecer la diferencia esencial entre los cuadros netamente simbólicos, que, aunque figurativos, el ámbito consiste en una circunstancia simbólica. En otro grupo estarían los cuadros cuyas imágenes muestran “el mundo real” y dentro de ese contexto se expresa, rompiendo con el realismo, un símbolo que le da sentido al cuadro.

En los trabajos del segundo grupo mencionado existe un denominador común, en ellos se encuentra un contexto aparentemente cotidiano, incluso trivial, pero en primer plano aparece un elemento que trastoca la “normalidad” y otorga a la circunstancia un carácter perturbador o bien de insondable misterio a pesar, incluso, de un título que funciona como asidero o punto de referencia acerca del significado.

Características permanentes en estos trabajos son la originalidad que, sin duda es una tan permanente búsqueda como reiterado encuentro. Ciertamente la virtud de ser original llega a ser tan lograda que a veces sentimos que algunos cuadros parecieran de distintos pintores. Un formidable ejercicio de transfiguración, puesto que, como dijera Ernesto Sabato, “Toda obra artística es un retrato del alma del autor”. En otras palabras Daniel Barrera es muchos artistas.

Si fuera necesario definir en pocas palabras la obra del mencionado autor, tendríamos que decir extenso poderío expresivo; virtuosismo artesanal, quisquilloso, mejor, acucioso como un exquisito orfebre e imágenes profundamente simbólicas y/o (dado caso) enigmáticas.


Una cualidad más debo anotar y es la de que siempre hay un intenso simbolismo que conduce al artista a la polisemia poética. Los cuadros de Daniel Barrera pueden significar muchas cosas, lo único evidente es la pretensión de significados profundos como una constante.

En cuanto a la forma, parece imposible pedir más a un pintor (gran sentido del equilibrio en la composición, colorista variado y luminoso, formidable dibujante). La destreza de Daniel se encuentra, sin duda, en los territorios del virtuosismo. En este sentido podemos decir que este creador (en dado caso recreador dice él mismo puesto que “El Creador haría objetos de la nada”) viaja a contracorriente de las tendencias prevalecientes en las artes plásticas. Mientras que entre gran número de artistas ―o aspirantes o diletantes o, digámoslo con franqueza y valor, charlatanes del arte― se cultiva lo más fácil, se denuesta el virtuosismo, se “crea” arte abstracto y se desprecian los cánones (oh, el viejo mito de la ruptura de la tradición que nos trajo a la tradición de la ruptura), podemos decir que en este momento, las artes plásticas tendrían que recuperarse a sí mismas, renacer y procurarse una pizca de seriedad, de solemnidad, la ruptura ha imperado por demasiadas décadas y en este momento, ha habido tanta ruptura que ya todo está roto; todos los artistas o los aspirantes y cuantimás los charlatanes, han roto con la pintura tradicional y han roto con todo. Podemos decir que las artes plásticas son en este momento un tiradero, un caos. La rebeldía es una actitud muy sana, excepto cuando no hay contra que rebelarse y entonces aparecen los rebeldes sin causa. La rebeldía no es exactamente lo mismo que el afán de libertad; cuando se tiene la total libertad y se abusa de ella se llega al vacío. ¡Ni siquiera la libertad es un bien por sí misma! La libertad tiene sentido cuando, luego de luchar por ella con la vida en prenda si es necesario, se entrega, como diría G K Chesterton, “a la pasión más bella” y si bien las nuevas tendencias nos suelen sorprender, la sorpresa no es el fin último del arte. Las artes plásticas no pueden quedarse con la sorpresa y la ruptura per se. Hay muchos más valores estéticos, los viejos, auténticos, indoblegables y venerados valores estéticos del romanticismo, aun los del clasicismo. Y eso sin descartar, por supuesto, las nuevas tendencias, el arte abstracto, la instalación, el performance y tantas expresiones más que han surgido en las artes plásticas. Todo cabe en el arte, sin duda. Siempre y cuando haya poesía. Hasta la charlatanería que puede ―quién dice que no― sorprendernos como lo hicieran los franceses en su momento ―¡a principios del siglo XX!―, pero la sorpresa funciona sólo una vez: la primera (El primer poeta que dijo “tus labios son rubíes y tus dientes son de perlas, era un genio, el segundo, un imbécil); Marcel Duchamp sorprendió, pero sus malhadados epígonos llevaron esos conceptos hasta provocar pero sólo pena ajena y, aun antes, hartazgo. ¿Hasta qué punto las artes plásticas han entrado en un callejón sin salida? Esa es una discusión que hemos de dejar pendiente, porque estamos hablando de la obra de Daniel Barrera...




DB no ha roto con los valores tradicionales además de haber incorporado gran número de los hallazgos y la poética del arte moderno. Estamos ante un artista que trabaja el retrato, por más que éste ocurra en una atmósfera de irrealidad que además muestra un elemento simbólico que nos habla de la espiritualidad, de la metafísica, del otro mundo, de la inconsciencia, siempre de la libertad, del principio y del fin; en una palabra, de los misterios que, en las profundidades humanas, nos hacen entender que descendemos de lo instintivo y, ciertamente, nuestro origen, simiesco, es conmovedoramente humilde y, por eso, lo es también nuestro presente, y así, nuestro futuro ―dado tal origen― será glorioso o de espanto (toquemos madera), pero no banal. En ciertos trabajos de su obra, DB nos recuerda que nuestro origen es animal, pero que el soplo divino (¿o el afortunadísimo azar?) nos lanzaron a la inmensa aventura intelectual y del espíritu que es el arte (por no hablar de la ciencia y la supuesta “conquista” de la naturaleza). Sus símbolos le dan la vuelta a sus cuadros costumbristas y crean un profuso conjunto de significados en los alegóricos.

Finalmente, la obra de Daniel Barrera es la gran conjunción en varios sentidos, desde la reintegración de los cánones de la pintura clásica cuyo origen se remonta al XVI hasta llegar a un simbolismo personalísimo y de gran poderío al integrar los vastos recursos incorporados por escuelas más recientes como el surrealismo e incluso ciertas escuelas filosóficas o esotéricas.



En la creación barreriana sentimos que nos confiesa su regusto por lo figurativo que es, sin duda, la arcaica influencia del que fuera desde la infancia su maestro de pintura ―al que siempre llamó abuelo― Fidel Rubio. Tal ascendiente es más que notorio en la extrema acuciosidad, el afán de preciosismo artesanal que imprime a su trabajo, diríamos, como se hacía antes, cuando los pintores sí sabían dibujar. Pero a esa minuciosidad de orfebre Barrera le ha agregado su propia visión del mundo, su metafísica personal. Así, este artista es un creador a cuyo través se procesa el universo (undiverso: uno y diverso) y cuya pintura nos ofrece dos cosmos, uno, el que todos percibimos pero visto por los ojos privilegiados, agudos de un hombre que tiene una visión sin par de lo que nos rodea, lo que vemos en los cuadros de Daniel es su manera de sentir la existencia, su visión del estar aquí. Y de ahí deriva, dos, el cosmos interior, no menos rico, no menos ingente que el otro, el externo.

En los cuadros de DB encontramos, además, conceptos de la trascendencia metafísica como la más realista cotidianidad interpretadas bien en el marco del corriente contexto diario en el que, de pronto, aparece lo misterioso dando símbolo y significado a la obra o bien en el limbo de una serie de objetos simbólicos. Sin duda podemos decir que en toda esta obra se encuentra el toque profundo, esto es, un símbolo que nos remite al fondo de nosotros mismos. Porque el pintor ha volcado sobre el lienzo la imagen de algún objeto que es un poderoso símbolo por sí mismo o bien se constituye en él gracias al contexto.





Finalmente una veta más que bien podría explorar este pintor, es el realismo a ultranza que, para gusto de este tundeteclas es el más desconcertante. Entre la obra considerada artística por DB (porque nos confiesa sin fingido pudor que, para sobrevivir, realiza también retratos por encargo) encontramos un retrato del que fuera presidente de México ―el único presidente honesto que registra nuestra historia en el siglo XX― el general Lázaro Cárdenas (su título ―que incluye dos enigmáticas letras ¿iniciales, iniciáticas?― es V H Lázaro Cárdenas del Río). Un extraño retrato que, consultando se averiguó, contiene algunos de los indescifrables símbolos de la organización secreta conocida como la masonería (que adoran a satanás, me hicieron reír algunos, que se están haciendo del poder para dominar el mundo, me aseguraron otros). Resulta ciertamente inquietante la vista de un hombre público tan prestigiado en medio de tan extraños símbolos.

lunes, 30 de enero de 2012

Del odio a AMLO (Pero mejor del amor)

Pterocles Arenarius

Dicen que en el 2006 no quería debates y que hoy quiere 20.

Lo que hubiera hecho Andrés Manuel en el 2006 habría sido tachado de error. Si hubiera ido a los debates habrían dicho que fue un grave error: ¿para que se metió a debatir si ya la tenía ganada? Las encuestas de aquel tiempo eran una farsa, pero más lo son las de ahora. Simples armas para engañar a la gente haciéndole creer que el copete sin cerebro ya la tiene ganada, igual dirán ahora de todo lo que haga el descerebrado que está bien y lo ha hecho subir en las encuestas. Pero el señor del gel sobre el vacío no da manera de que lo ayuden.

Siguen obsesionados con los casos de Bejarano, Ponce, Ímaz, Sosamontes...

Los que cometieron delitos en la gestión de Andrés Manuel fueron a la cárcel y pagaron sus delitos. Fox hizo exactamente lo mismo que Bejarano y luego robó escandalosamente ya como presidente. ¿Y por qué no lo meten a la cárcel si sus delitos son cien veces superiores a los de los perredistas mencionados? El presidente borracho hizo no menos y, al igual que el primer presidente analfabeta, Fox, está impune, pero mucho más, ahora debe también 60 mil muertos.

Acusan que el narcomenudeo creció en el gobierno de AMLO.

Bueno, el narcomenudeo quizá haya aumentado en el DF, no lo sabemos, pero jamás como en el mártir norte de México. Los hechos prueban claramente que el DF no sufre como Ciudad Juárez, las ciudades de Tamaulipas, los estados de Coahuila, Chihuahua, Sinaloa, Sonora y las mismísima y próspera ciudad de Monterrey mantiene a sus habitantes en ascuas cuando no es un bloqueo de los narcos es un tiroteo de horas.

Que endeudó brutalmente a la ciudad.

La deuda del DF bajó el ritmo de su crecimiento durante la gestión de López Obrador.

Que es casi un terrorista cuando, dicen, "tomó los pozos petroleros en Tabasco" y organizó el plantón de Reforma.

Andrés Manuel López Obrador ha sido el único político honesto y valiente. Él, personalmente, ha desafiado a las fuerzas represivas de los amafiados en el poder, para la defensa de los intereses de los más jodidos. Quiero ver a un solo político que sea capaz de hacer eso. Ya no de ponerse al frente de sus seguidores como lo hizo en Tabasco, sino tan sólo de hacer los cientos o miles de mítines que ha hecho en los últimos años presentándose él solo prácticamente en lugares peligrosísimos y hasta ha atravesado retenes de criminales organizados sin custodia alguna.
Deberían de dar gracias al glorioso plantón de Zócalo-Juárez-Reforma que permitió desahogar la enorme rabia que provocó el fraude electoral más grande de nuestra historia. Si no hubiera sido por ese plantón quizá se hubieran soltado los balazos por el poder. De cualquier manera, el presidente borracho ya desató a los demonios con tal de legitimarse. Ahora habrá que "serenar a la nación" y curar tanto dolor provocado por el borracho. Sin el plantón de Reforma se hubieran perdido no sólo los empleos de las empresas afectadas, como se ha perdido todo para mucha gente en el norte del país, donde hay más de 300 mil desplazados por la violencia.

Lo acusan de alentar a "sus diputados" para detener las reformas necesarias para el crecimiento del país.

Los diputados obradoristas actuaron ejemplarmente para detener la traidora venta de Pemex al extranjero. Es increíble el grado de servilismo del gobierno, si ellos mismos admiten que el erario recibe 40 centavos de cada peso de Pemex. ¿Entonces por qué querían vender Pemex si es el que nos sostiene? Fue perfecto que hayan detenido ese acto de traición a la patria.

Quieren involucrar a López Obrador con Godoy Toscano.

Godoy Toscano es prófugo de la ley. Pero antes fue electo. Que sea perseguido y juzgado imparcialmente, como lo fueron Bejarano, Imaz, Sosamontes y los demás. Pero como no lo han sido Vicente Fox, Marta Sahagún, los hijos de ella y todos los raterazos panistas de los diferentes gobiernos que tienen las uñas más largas que los del PRI.

Mienten diciendo que el gobierno de AMLO el DF se volvió la ciudad más insegura.

Hoy el Distrito Federal es la ciudad grande más segura del país.

Llegan a afirmar que empobreció a los capitalinos.

Con Andrés Manuel se hizo ley la pensión alimentaria para adultos mayores, los apoyos a las madres solteras y discapacitados; se creó la Universidad de la Ciudad de México y 19 prepas. Con Marcelo Ebrard se creó la beca universal para estudiantes de bachillerato, los comedores populares gratuitos. Los pobres, hoy, son un poquito menos pobres. AMLO benefició a los pobres como nunca se había hecho antes en la ciudad, por eso la gente lo ama. Lo inexplicable es que haya gente que lo odia y que se devana los sesos para poner en negro todo lo blanco. Sin embargo, la popularidad de Andrés Manuel habla por sí sola. Quisiera ver a un solo político de cualquier época que haya sido postulado por gente del pueblo para ser canonizado, a un solo político de nuestra historia a quien las viejitas le besan la mano. Quisiera ver a un político de toda nuestra historia a cuyo mérito personas del pueblo hicieron escapularios que se vendían en el Zócalo. La explicación, sin embargo, es simple: lo odian los que le temen. Y los imbéciles que digieren toda la mierda que les avientan Televisa y Tv azteca.
Pero el pueblo ama, amamos, a Andrés Manuel López Obrador. Como él dice, amor con amor se paga.

¿Estará prohibido que Andrés Manuel recorra pacientemente todo el país como ningún otro político lo ha hecho jamás? ¿Estará prohibido que le depositemos dinero en su cuenta de HSBC a nombre de Honestidad Valiente y que lo hagamos con mucho orgullo?

Ya ni el guerrillero Marcos ha provocado tanto caos en el país como sí lo ha hecho el sedicente jefe supremo de las fuerzas armadas, para desgracia de todos, pero pronto le demostraremos que para mayor desgracia de él, pues ésta será histórica y empezará cuando lo llevemos a juicio ante la Corte Penal Internacional

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿Quién?

Caza de citas


Pterocles Arenarius



Amo de tu silencio.
Esclavo de tus palabras.



El poeta Javier Sicilia afirmó que ninguno de los aspirantes presidenciales garantiza la gobernabilidad del país y como van las cosas “nos enfilamos directos a la continuación del desastre”.

Aseguró que por ese motivo es necesario impulsar un candidato moral de unidad que construya una agenda nacional con la ciudadanía.

“(…) Tendríamos que buscar entre todos a una persona moral, con una agenda común para salvar la democracia. Pero parece que todo se ha reducido al voto, al cheque en blanco”, reclamó el poeta.

(…) expresó que la ruta que siguen todos los aspirantes de distintos partidos políticos está orientada hacia el desastre, porque nadie puede gobernar con mayoría relativa, con una población fracturada y dañada, con un crimen organizado cambiando por todos lados y un país pulverizado. Nota del El Universal. Justino Miranda, 22 de diciembre 2011.

¿Quién podría ser el personaje que propone Javier Sicilia? ¿Tendría que ser un político que no sea de izquierda ni de derecha? ¿Existe? Los priístas dicen no ser de derecha ni de izquierda, pero los priístas mienten hasta cuando saludan, en efecto, no son de izquierda ni de derecha, son de sus intereses personales por encima de toda ideología y de todo grupo humano. Yo creo que ningún priísta es un buen candidato. ¿Un político de derecha? ¿Quién? No hay uno que cumpla con lo que dice Sicilia. ¿Tendría que ser un ciudadano que no se dedique a la política? Sí. Bueno, ¿Quién? ¿Dónde está ese hombre inteligente, sensato, extraordinariamente informado, gran conocedor de nuestra historia, de nuestra gente, de nuestros recursos, de nuestro país, de nuestras artes y nuestra literatura y honesto?, pero además que sea un hombre bueno. ¿Existe? ¿Y si existe, los políticos lo van a dejar? Y si los políticos lo dejan, ¿quién lo va a postular? ¿El propio poeta Sicilia está haciendo un autorretrato para candidatearse? Me parece bien, aunque siento que es un cordero entre una horda de lobos no sólo hambrientos, sino rabiosos: todos los políticos. Pero si Sicilia se autopropusiera como candidato a la presidencia yo lo apoyaría y haría campaña por él Pero ni siquiera el mismo Sicilia suscita un consenso ciudadano. ¿Entonces qué hacemos?

Yo votaré por Andrés Manuel. No sólo eso, haré campaña por él. ¿Por qué? Porque no es un político ratero. Nadie ha podido probarle actos de corrupción, por más que lo han intentado desde políticos corruptos, presidentes de la República hasta periodistas esos sí raterazos, mentirosos y corruptísimos, pasando por diputadetes rastreros y parásitos. Nadie ha podido probarle nada y vaya que lo han acosado, espiado, vigilado, amenazado y presionado.

Votaré por AMLO y haré campaña por él porque en su gobierno en el DF logró crear un sistema de seguridad que no existe en ninguna otra ciudad de México. Todos los días vemos como hay matanzas, fosas clandestinas, asesinatos de periodistas, secuestros, crímenes contra defensores de derechos humanos… etcétera, en casi todas las ciudades del norte de México. En la Ciudad de México, alabado sea el cielo, no hemos vivido ese infierno. Es más, los índices de delincuencia contra transeúnte han bajado más que notablemente. Andrés Manuel, además, benefició a millones de personas al otorgar la pensión alimenticia universal para personas mayores de 70 años. Sí, porque los beneficios fueron no sólo para los ancianos, sino para sus familias. Pero además benefició a los jóvenes que ahora pueden estudiar en las 19 preparatorias que fundó bajo la égida de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México la que también fundó él. Ahora esos muchachos tienen, además, una beca del Gobierno del DF. Y ya no necesitan ingresar como sicarios a los grupos del crimen organizado, como sí ocurre en el norte. Además están los apoyos a las madres solteras, a los discapacitados; los útiles escolares y uniformes a los niños de primaria y secundaria. Eso es lo que necesita México. En cambio, las entregas de grandes cantidades de dinero para los ricos, los banqueros y los industriales, jamás se critican, las llaman “fomento”, como sí pegan el grito los periodistas corruptos cuando AMLO entregó tantos recursos a los pobres.

Hay enormes, preocupantes dosis de racismo y de clasismo en las críticas a López Obrador. Y eso ocurrirá con cualquiera que tome partido por los pobres. Incluyéndolo al poeta Sicilia. Y, creo, sin atención a los pobres, nada de lo que ocurre ahora se resolverá. Al revés, se volverá peor.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Caza de citas 05-12-11

Caza de citas

Amo de tu silencio.

Esclavo de tus palabras.


Pterocles Arenarius

Salú, Jelipe, en medio de la matanza de los 60 mil, más lo que se junte en tu último año y el desastre nacional, ahora pégale a estos rejegos que dizque te van a acusar en la Corte Penal Internacional. Duro con ellos y saaaalú…

La Presidencia de la República dice: "El gobierno de la República rechaza categóricamente las imputaciones falsas y calumniosas que un grupo de personas realizan ante la opinión pública y en instancias como la Corte Penal Internacional.

¡Salú Jelipe!, sí, es un grupo, un grupillo de apenas 23 mil ardidos, Jelipe.

"Ante el clamor de ayuda expresado por los ciudadanos que sufren esta situación en algunas regiones y la petición expresa de sus autoridades estatales, el gobierno de la República ordenó que se apoyara a tales autoridades y se combatiera a la delincuencia organizada con estricto apego a la ley.

¡Ya no nos ayudes, Jelipe, mejor déjanos chupando tranquilos…! ¡Es más, salú!

"En los casos en los que desafortunadamente se ha tenido conocimiento de actos violatorios a los derechos humanos, el Gobierno mexicano no sólo los ha condenado enérgicamente, sino que ha procedido legalmente en contra de los responsables ante los tribunales competentes.

¿La neta, Jelipe, cuántos militares y policías asesinos por error o por voluntad están en la cárcel?

"Es absurdo siquiera tratar de equiparar lo que un gobierno democrático hace para preservar la ley y defender a las familias de los criminales (a ver, a ver, ¿el que redactó esta basura dice que el gobierno va a defender a las familias de los criminales?, ¿por qué no mejor defiende a las familias de los inocentes? O mejor todavía, ¿por qué no se consigue un manualito de redacción de nivel secundaria?), con delitos de lesa humanidad que son cometidos por Estados autoritarios, orientados al exterminio de una población por razones étnicas, religiosas o políticas. Ese no es el caso de México que tiene una democracia vibrante (Sí, vibra como a unos 20 grados Richter: ya mató a 60 mil; expulsó a 150 mil y desapareció a 30 mil. Catastrófica tu democracia, Jelipillo), con poderes independientes y equilibrados entre sí, con instituciones de derechos humanos autónomas y un sistema de libertades y garantías y vigencia de derechos humanos como pocas naciones en desarrollo. Diría ja ja ja si no hubiera tantos muertos. Ah, que Jelipillo.

No, Jelipillo, si no te acusamos de genocidio, ni de autoritarismo, tú no puedes ser autoritario más que en tu casa, nunca has gobernado entre los ricos, porque eres su empleado y tampoco entre los pobres, porque no te quieren. Te acusamos de estupidez criminal por empezar una guerra sin tener ni autorización (todo poder dimana del pueblo, etc, etc) ni el control de la situación ni siquiera el conocimiento y la información necesarios para vencer con el mínimo derramamiento de sangre y de desgaste de las famosas instituciones; te acusamos de terquedad criminal por no reconocer tus errores y no cambiar la estrategia que sigues y que ha venido fracasando por cinco años seguidos. ¿Qué empresa permitiría que su gerente general fracasara tan estruendosamente tanto tiempo? Mejor salú, Jelipillo.

"Las imputaciones al gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes (Las imputaciones contra el gobierno de México es el último recurso, porque ningún gobierno se manda solo y los ciudadanos no podemos ni debemos ni queremos resignarnos a que se nos haya conducido a una guerra estúpida, sin otros resultados que el baño de sangre y los miles de muertos, desaparecidos y desplazados) … Sin embargo, constituyen en sí mismas verdaderas calumnias, acusaciones temerarias que dañan no sólo a personas e instituciones, sino que afectan terriblemente el buen nombre de México, (…) (El buen nombre de México fue dañado sí, y de manera irreparable por la matanza como forma de gobierno que tú has desatado, Jelipe; y han dañado más las permanentes violaciones a los derechos humanos contra pueblo en general por parte del ejército y la policía).

…por lo cual, el gobierno de la República explora todas las alternativas para proceder legalmente en contra de quienes las realizan (las acusaciones) en distintos foros e instancias nacionales e internacionales."

Jelipito… no-maaaaasss te’stoy mirando…, o séase que esa gente no tiene derecho ya ni siquiera al pataleo si no está de acuerdo contigo. Chale, Jelipín. Mejor Salú…



Y ahora, deslumbrémonos con la inmensa cultura del que, dicen, es el más popular de los presidenciables, con ustedes el erudito: Enrique Pelos necios Peña Nieto.

“He leído varios (libros). Desde novelas. En lo particular, difícilmente me acuerdo del título de los libros. La Biblia es uno. En algún momento de mi vida. Algunos pasajes bíblicos. No me leí toda, pero sí algunas partes. Sin duda en una etapa de mi vida fue importante, sobre todo en la adolescencia”. Bueno, si no recuerda ni los títulos de los libros que lo marcaron ¿qué significa?

He aquí (a confesión ―involuntaria― de parte, relevo de pruebas) a un sujeto que nada tiene que ver con los libros, pero que desea hacernos creer lo contrario.

La silla del águila, de (Enrique) Krauze. Luego otro libro de él, que quiero recordar el nombre, sobre caudillos. No recuerdo el título exacto. Estamos hablando de la descripción que hace de México y cómo transitamos del México de los caudillos al institucional. Creo que además, eh, con gran sustento histórico. Fue un libro que me gustó”.

¡Ayuda, ayuda! ¡Se ahoga, se hunde, ya nada más se le ve el copete!

Las risas comenzaron a escucharse y Peña Nieto intentó reponer la figura: “Leí incluso el otro, la antítesis de ese libro, las mentiras sobre… era… quisiera recordar el título del libro. Era de Krauze, La silla del águila. Aquí hay unos que leen más. Tú debes acordarte más cuál es. Hay uno que después salió, que eran las mentiras sobre este libro.

“¿Pinocho?” Dijo una reportera en voz alta, lo que de plano hizo que Peña Nieto se pusiera colorado. (…) (Luego de que el candidato priísta no fue capaz de recordar los tres libros más importantes de su vida, trató de justificarse): “… pues más o menos. Digo, la verdad es que cuando leo me pasa que luego no registro del todo el título (oh sí, claro, no registra el título, ni la introducción ni el cuerpo ni el final), nada más te metes a la lectura (¿y empiezas a roncar?), pero más o menos da la idea de algunos libros que he leído”.

Este señor, si de algo da la idea, es la de alguien que nada tiene que ver con los libros ni con la cultura, pero de que nos quiere ver la cara de tarugos haciéndonos creer lo contrario. En otras palabras es un mentiroso, aparte de ser ignorante. Y un ignorante que es mentiroso es un ser despreciable. ¿Y así quiere ser presidente de todos los mexicanos?

jueves, 17 de noviembre de 2011

La bella Eréndira

La Bella Eréndira


Fue muy duro. Me costó mucho trabajo asimilar que ya nunca volveré a verla. Fue una mujer que creció enormemente desde ser una niña terriblemente acomplejada y, sinceramente, tonta, hasta volverse un mujerón. Una madre que supo conducir a su hijo de una manera admirable y hacer de él un tipo muy exitoso y tremendamente seguro de sí mismo, muy inteligente y emprendedor. Eréndira se volvió una mujer muy bondadosa, siempre estaba buscando en que ayudar a todos, se desvivía por dar algo. Luego, cuando se enteró que estaba muy enferma (nadie sabe donde y cuando se contagió de una hepatitis que le duró quizá treinta o más años y le provocó cirrosis hepática) mostró una valentía asombrosa. Se sometió a un tratamiento que podía haberle causado la muerte. Y, aunque no lo terminó porque ya la había dañado mucho, logró mejorar de manera increíble y mantenerse muchos años más con buena calidad de vida. Recuerdo que, hará unos diez años, una médica le dijo que le quedaba un año o a lo más año y medio de vida. Fue cuando ella se sometió al durísimo tratamiento. Y se salvó. Nadie sospechaba que ella padecía una enfermedad mortal de necesidad, jamás se quejaba de malestares o dolores. De hecho por eso nos confiamos, porque sentíamos que ella podía con todo lo que le llegara. Hace más de cinco años se inscribió en la lista de pacientes en espera de trasplante. El 10 de noviembre le avisaron que había un niño donador de hígado y que ella estaba en primer lugar de la lista. Ella de inmediato se lanzó. Lo malo es que no nos avisó a nadie más que a Bertha. Dice ella que estaba de excelente ánimo y que incluso cuando ya la llevaban en la camilla al quirófano, Ere le mostró el dedo pulgar y una gran sonrisa de seguridad y le dijo "Nos vemos luego".

El cirujano nos dijo que, nada más para retirar su hígado, tomaron ocho horas. Luego le implantaron el nuevo. Pero mientras el hígado nuevo tenía que adaptarse durante ocho horas al cuerpo de Ere, el hígado viejo tenía que seguir filtrando la sangre de Ere durante esas ocho horas cruciales. Pero su higadito estaba demasiado dañado. El médico dijo que no se explicaba cómo podía seguir viva con ese hígado. Su hígado entró en coagulopatía, es decir, no coaguló la sangre y Ere perdió sangre durante ocho horas. Le transfundieron tanta sangre como era necesario, pero la hemorragia no paró jamás. Su hígado no pudo coagular. Hasta que entró en paro cardiorrespiratorio. Y se murió.

Ere estaba estudiando enfermería porque le faltaban dos o tres años para jubilarse y quería hacerlo como enfermera para tener una pensión un poquito más decente. Trabajaba sus ocho horas normales, atendía a su marido y cuidaba de su hijo. Aparte se daba tiempo para estar al tanto de mi madre y departir con mis hermanos.
Eréndira estuvo a punto de morir cuando era bebé. Nació muy chiquita y fue creciendo muy enfermiza. Como a los siete meses de edad tuvo una grave infección estomacal y se enfermó de tal manera que el médico le dijo a mi mamá que posiblemente se muriera su niña. Recuerdo que estaba tan bonita --tenía el pelo amarillo, de un rubio solar-- que un par de veces la gente le preguntó si era una muñeca, porque la chiquita estaba tan hermosa, pero tan débil por la deshidratación que no se movía y ni siquiera parpadeaba por larguísimos ratos.
Luego se recuperó maravillosamente y creció como lo hacemos todos, como animalitos, como Dios nos da a entender. No era posible de otra manera en una familia de ocho hermanos. Ere fue a la escuela y no llegó a ser brillante en los estudios, pero ya a sus doce o trece años, deslumbraba por su belleza. Cuando llegó a los dieciocho, que me parta un rayo si exagero, era una muchacha tan bella que no parecía pertenecer a la realidad de este mundo. Era una belleza de concurso. Juro que llegué a pensar y, peor, a sentir, que era una espantosa lástima que fuera mi hermana, porque si no lo hubiera sido, al menos hubiera podido desearla furiosa y desesperadamente y no sentir culpa de ello. Eréndira nunca se dio cuenta de la extremada belleza que se cargaba. Muchos hombres sí lo hicieron. Ere lo padeció y también lo gozó, como todas las mujeres muy bellas.
Nunca tuvo la intención de obtener ventajas de lo hermosa que era. Lo hubiera logrado muy fácilmente.
De unos diez años para acá, cuando se dio cuenta de lo que era la vida y de lo que había sido la vida de mi madre, tomó partido por nuestra progenitora. Estaba muy bien. Lo malo fue que no entendiera que eso no tenía que implicar que tomara partido contra nuestro padre.

Ere logró convertirse en una madre realmente extraordinaria y no menos en una mujer fuera de serie. Tampoco exagero cuando digo que ella era la que encabezaba su hogar. Su marido, con todo respeto sea dicho, en términos prácticos, siempre le iba a la zaga en todo.

Hoy se nos fue Ere, la bella. Su muerte nos hace cuestionarnos todo. ¿Para que existimos? ¿Por qué ella que tanta falta hacía a tanta gente? ¿Por qué se va la gente buena? ¿Qué es la muerte? ¿No quedará nada de ella en este mundo más que su recuerdo en nosotros? ¿Hay algo más detrás de esa puerta negra y temible que es la muerte? ¿Volveremos a percibirnos de alguna manera en esta vida o en la otra?
Si pudiera comunicarme con ella no me daría miedo. Al revés, lo haría gustoso. Ya te alcanzaremos, Ere. Por lo pronto sigues viviendo en nuestra imaginación y nuestros afectos.

jueves, 25 de agosto de 2011

Sobre Cuentos y relatos de Fiestas


Se publica Cuentos y relatos de Fiestas, de Pterocles Arenarius. La editorial El Eterno Femenino edita este libro "hecho a mano (...) por lo que cada ejemplar será único y se imprimirá tanto como el público lector lo requiera. / Por ello cada una de las ediciones será numerada".

Cuentos y relatos de Fiestas es el tercer libro de Pterocles Arenarius. Consta de once narraciones, algunas difícilmente clasificables por género pues pudieran considerarse dentro del cuento ortodoxo algunas, del relato más o menos accidentado y sinuoso por sus divertidísimas digresiones, otras y hay hasta textos que se pueden considerar alegorías, como Papas, amor mío o aquel (Ese conecte) en que el verdadero protagonista es el lenguaje.

El fondo de estas narraciones es la fiesta en múltiples variantes. En el trasfondo están el humor y el amor. Por más que suelan encubrirse o disfrazarse con las máscaras del salvajismo, el abigarramiento y la vorágine.

Tres virtudes de este libro son, una, su intensidad vital incontenible; dos, su descomunal fuerza verbal y tres, la característica a la vez insólita y variada de sus anécdotas. Sus riesgos son la iconoclastia o el afán de lucha contra la hipocresía y la estupidez; su orgulloso y feroz localismo-nacionalismo lingüístico y finalmente una intensa actitud vital libérrima ante todo tabú.

Dos cosas reconoce el autor de Fiestas, una, como anota (tomando prestado de Walt Whitman) en el prólogo "Esto que tienes en tus manos, lector, no es un libro, es un hombre", es decir, la flagrante, a veces descarnada honestidad que se siente ya desde el prólogo. Además el hecho de que este libro se fraguó muy lentamente, durante unos treinta años, de tal manera que es algo así como una antología personal del llamado Pterocles Arenarius.

JOR

PS.: Además, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), publicó una plaquette con el cuento La fiesta (o cuando bajaron los ratones), uno de los cuentos que forman parte del libro arriba mencionado.



sábado, 13 de agosto de 2011

Vuelve la caza de citas


Caza de citas

Pterocles Arenarius

El procurador del Estado de México, Alfredo Castillo, al intentar una justificación de la bestialidad que cometieron sus chicos contra el poeta Efraín Bartolomé, dijo que “En este tipo de acciones se maneja (sic) mucha adrenalina…”

En primer lugar, esos primates no manejan nada, sólo destruyen, atacan, patean y humillan a las personas. ¿Con adrenalina quiere justificar este sujeto la brutalidad de sus policías, esos micos dotados de armas de muerte? ¿Se ponen nerviosos para asaltar un domicilio de personas (que la ley presume) inocentes?, o que digan si ya cambiaron las reglas del juego y antes que nada y sin motivo o con él nos consideremos todos culpables. Si ese sedicente procurador de justicia no es capaz de hacer bien su trabajo que renuncie. Así como lo hizo está demasiado mal hecho, entonces, que renuncie.



Si pensamos con la lógica policiaca (¿serán capaces de pensar esos ejemplares de antecedentes del Cromañón? ¿Valdrá la pena mencionarles el vocablo lógica?), ¿es adecuado llegar al domicilio de unos criminales derribando las puertas a golpes, haciendo escándalo y ostentación en un gran grupo y mostrándose previamente en un vehículo automotor ostensiblemente policiaco? ¿No es una soberana pendejada hacer eso? Digo, porque si los habitantes de una casa fueran criminales y esperablemente estuvieran armados, en cuanto se dieran cuenta de que 20 cromañones enmascarados y disfrazados de policías llegan cerca de su refugio, antes de que se pongan a patear puertas, romper menaje y robarse objetos de valor, los criminales se hubieran defendido o bien hubiesen escapado. ¿O es que los cromañones, quiero decir, los policías creen que los criminales son tan imbéciles que se van a quedar esperando a que los atrapen? Esto más bien parece un estúpido pretexto para humillar, para hacer sentir su poder, el poder de las bestias, el poder físico, el inhumano poder del exterminio y también parece pretexto para robar como los más vulgares ladronzuelos (por un reloj y otros cuantos objetos que se robaron de la casa de Efraín, se dieron a conocer como rateros).

Y que me perdonen los cromañones, una subespecie de homínidos prehistóricos, nuestros antecesores que muy dignamente satisficieron su papel histórico en el devenir de esto que somos y que llamamos humanidad aunque muchos lo denigren con actos como los que aquí se narran.



Y ahora, otro comañoncito, sólo que éste sí estudió y en el ITAM.

Lo grandioso del asunto es que este sublime funcionario tiene contaditos a los 150 mil güevones y, es más, los ha entrevistado a todos, por eso sabe lo que sabe…

En México hay por lo menos 150 mil jóvenes que “no quieren hacer nada”, incluso teniendo la oportunidad de estudiar o trabajar (y más de estudiar. Sobran lugares que están vacíos en las escuelas y los trabajos ―tenemos miles de plazas sin ocupar― se pagan al salario mínimo de Noruega 75 pesos la hora), afirma Miguel Angel Carreón Sánchez, director del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) en una nota de Laura Poy Solano en La Jornada del 11 de agosto.



Tras identificarlos como un sector juvenil “totalmente apático, peleado consigo mismo, con su entorno, su familia y su comunidad” (…) “¿Qué haces con estos jóvenes que no quieren nada?”. Ay, pues meterlos al PAN y darles un hueso de director en el Imjuve.



¡Oye, Miguel, siete millones de ninis te contemplan!

 “A lo mejor hay chavos que no entraron a la UNAM o al Poli, pero hay otras universidades estatales y centros tecnológicos. A lo mejor puedes pedir un crédito educativo e inscribirte a una escuela privada o becado”. Sí, es cierto, como que sí hay unos cuantos cientos de miles de chavos que no entraron a la UNAM ni al Poli, ni a las universidades estatales ni encuentran chamba. Oiga, don Miguel Angel, pues unos créditos educativos para todos, ¿no?



Bueno, nadie premia más la inutilez que el gobierno federal al poner como director del Instituto Mexicano de la Juventud a un funcionario como este Miguelito, tan inútil, que se sopla semejantes neologismos ¿para demostrarnos con el ejemplo lo que es eso de la inutilez?

“(…) la ley protege en demasía al trabajador, incluso premia la inutilez, …



Benevolencia, amigos, si la inutilez no perdona al lenguaje, que el lenguaje perdone a un funcionario tan pendejo que en el ITAM no aprendió ni tantito así de gramática:

“Si un joven es flojo, no le interesa salir adelante y empezó a trabajar en una empresa donde tiene una productividad específica, pero de pronto por cuestión de flojera dejó de capacitarse y ser productivo, en justicia ¿esa persona qué merece? Pues debería estar desempleado.

A ver, si un funcionario es director del Imjuve estudió en el ITAM, pero no aprendió a hablar y mucho menos a respetar la gramática, ¿ese funcionario qué se merece? Pues debería de irse a enchinchar a otra parte y no estar mamando la ubre del erario.

sábado, 23 de julio de 2011

El Churchilito michoacano

El Churchilito michoacano

Pterocles Arenarius


A quien los dioses deciden destruir, antes lo vuelven loco, dice la antiquísima conseja griega. Una de las maneras en que se hace evidente la circunstancia de que una persona está perdiendo el contacto con la realidad es la megalomanía. Es proverbial que quien se vuelve loco se sienta Napoleón o algún otro personaje prominente de la historia como Jesucristo. O esa especie de Napoleón del siglo XX que fue Winston Churchill, vencedor ―junto con sus aliados― del poder militar más grande que se hubiera creado en toda la historia de la humanidad hasta ese momento: el ejército nazi.

Si alguien se compara con Winston Churchill sería porque en su actividad (la que sea) ha alcanzado una estatura más que notable. Un ejemplo medio sesgado de ello sería Blood, sweet & tears, la extraordinaria banda rocanrolera gringa, hoy legendaria que se autonombró con la famosa frase churchiliana. Y si quien se compara con Churchill está, al igual que el estadista británico, dedicado a la actividad política, debe ser un político incomparable, único.

Todo lo anterior porque el ilegítimo primer mandatario mexicano Felipe Calderón tuvo la modesta ocurrencia de compararse con Winston Churchill. Si no fuera porque México sufre una etapa trágica y dolorosa, la afirmación muy bien podría considerarse una simple vacilada. Y, ante una vacilada, pues otra. Felipe Calderón, el que al menos un tercio de los mexicanos considera espurio, ante su disparate de compararse con Winston Churchill (y considerando su estatura moral, política, de inteligencia; Churchill obtuvo el permio Nobel de literatura en 1953, Calderón desconoce notoriamente la sintaxis del español) bien podríamos llamarlo El Churchilito michoacano.

Quizá haya un ámbito en el cual fueran comparables Churchill y Calderón. Es fama que el primer ministro de la Gran Bretaña consumía diariamente algo así como un litro del más fuerte whiskey escocés. Pero no podemos saber si son comparables como grandes alcohólicos, porque el señor Calderón se mostró ofendido sobremanera cuando la periodista Carmen Aristegui preguntó públicamente si Calderón era alcohólico y se negó de manera tajante a responder al cuestionamiento. Es evidente que en ningún otro terreno podrían ser comparables.

En efecto, Calderón ha hecho su trabajo extraordinariamente mal. En campaña se promovió como “el presidente del empleo”. Y pocas veces ha estado la población mexicana más desempleada que en su “gobierno”, pero lo inexplicable es el ataque fascista que con armas en la mano y bajo el mando de su decreto se materializó con el ejército (vestido de policía federal) contra la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, al extinguirla y provocar que más de 40 mil trabajadores quedaran en el desamparo del desempleo. Asimismo, causa asombro la saña que ha mostrado el gobierno federal contra el Sindicato Mexicano de Electricistas. Calderón por sí mismo (pero más a través de su secretario del trabajo, Javier Lozano) se han exhibido como los más feroces enemigos de los trabajadores.

Recordamos que en su campaña y a inicios de su mandado habló pertinazmente de “la fuerza de los pacíficos” para oponerla a los “rijosos de la izquierda” y su gobierno, como ningún otro ha sumido en la violencia a la nación. Para este momento contamos 40 mil muertos por algo que más bien parece un capricho, pues la estrategia de la guerra que hizo emprender al Ejército Mexicano parece no tener pies ni cabeza. Las fuerzas armadas de México están haciendo el triste papel de aplicar palos de ciego en medio de un baño de sangre que ya abarca todo el país.

Aseguró que promovería el trabajo para los jóvenes y hoy como nunca el país cuenta nueve millones de muchachos llamados ninis. Lamentabilísima situación de chicos que están viendo su futuro cancelado y que sin duda son víctimas de la tentación del dinero fácil que ofrece a manos llenas el crimen organizado. Así, el propio gobierno ha propiciado que exista carne de cañón en abundancia al servicio de la delincuencia para la lucha en contra del propio gobierno.

Felipe ofreció democratización y se alió con lo peor de los priístas: los líderes vitalicios, como Elba Esther Gordillo, Carlos Romero Deschamps y Víctor Flores. Se hizo pato frente a pederastas como el llamado góber precioso, Mario Marín y el criminal de Oaxaca Ulises Ruiz a quienes había condenado acremente cuando era candidato.

En su delirio Felipe ha buscado rebasar todos los límites e intentó censurar a una periodista extraordinaria y muy valiente como Carmen Aristegui. El “pecado” de la gran comunicadora fue haber preguntado si el señor presidente tiene problemas de salud con su manera de beber. Esto no es nuevo, aunque el pueblo no lo sabía, entre la clase política y los círculos cercanos a ésta, siempre se ha sabido que Calderón tiene una acendrada afición por la embriaguez alcohólica. El señor presidente, se sabe, montó en cólera por la mesurada pregunta de Aristegui.

Pero andar en tales extremos es peligrosísimo y la única manera de intentar una salida es mentir. Así Calderón ha mentido u omitido la verdad cuando ésta no le conviene. Pregonó a los cuatro vientos que la presidencia de la república jamás pidió que Carmen Aristegui suplicara ser disculpada por el presidente. Por fortuna la periodista, en conferencia de prensa, aclaró todo y evidenció, una vez más, al señor de las botellas que dice gobernar nuestro país.

El sistema político mexicano ha venido declinando en una continua degradación desde hace, al menos, medio siglo. Recordemos que en los regímenes priístas, el presidente saliente designaba a su sucesor y ponía como candidato al que destacaba por ser el más torpe y el más rastrero de sus colaboradores. No era suficiente la lealtad total, se requería al más tonto, porque cada presidente estaba cierto de que tenía que irse del cargo con las espaldas cubiertas, pero además, todos intentaron siempre imponer un maximato al estilo de Plutarco Elías Calles sobre sus sucesores.

Así, cada presidente escogía al más escaso de luces y que a la vez demostrara serle leal hasta la ignominia. Así fue la sucesión de GDO a LEA (aunque la torpeza del primero no le permitió ver que el segundo era mucho más astuto de lo que se imaginara); de LEA a JLP y de éste a MMH y al fin del delamadriato la serpiente se mordió la cola, porque se llegó a la ineptitud total. CSG terminó gobernando en el sexenio de MMH y se impuso a sí mismo como el candidato natural. En un lógico cierre, un astuto le dio la vuelta al más torpe de los torpes. Luego Salinas eliminó a su propio delfín (todo el mundo sabe quien mandó matar a Colosio, menos la justicia mexicana). El emergente fue Zedillo, con el cual creímos haber tocado fondo. Al final de su mandato EZPL se quitó de problemas y ―obedeciendo a Washington― entregó el poder a la derecha, al PAN, partido que nos demostró que tocar fondo con el PRI era un juego de niños y nos proveyó del primer presidente descerebrado de la historia humana y de un presunto alcohólico después.

Las declaraciones (incluso sus maneras de reaccionar y hasta el comportamiento) de Calderón son cada vez más preocupantes. ¿Qué otra cosa puede pensarse de un hombre a quien para mostrarle un avión militar lo hacen entrar en la cabina de mando (sin despegar de tierra, por supuesto) y en cuanto se encuentra en ese lugar le dice al piloto “Lancen misiles”. O bien cuando en una entrevista televisada afirmó que el refugio secreto (que por cierto prestaron a Televisa para que el famoso búnker sirviera de escenografía a una de sus telenovelas) era el último juguete que le faltaba y que “quería todos los juguetes”. Como si estuviera jugando a la guerra.

Otra declaración disparatada ocurrió cuando se permitió afirmar que él cuenta con “la razón, la ley y la fuerza” en la lucha contra los narcos. Es necesario que este señor sepa que la ley él la ha violado repetidamente; la razón pocas veces la tuvo y la ha venido perdiendo de manera sistemática, no otra cosa significan sus irracionales declaraciones y actitudes y la fuerza no es de él, sino del Estado al que tan mal representa.

Es bien sabido que Calderón se enfurece cuando le llevan la contra. Continuamente ha estado convocando “a todos los mexicanos” para que lo apoyemos en su lucha contra el crimen organizado. Pero quién va a apoyar a un señor que hace declaraciones como las que se han anotado en las líneas anteriores. Da la impresión de que nada de lo que hace y dice lo está tomando en serio. O bien, lo más grave, el señor no se da cuenta de la gravedad de sus palabras y hechos, lo cual es un notorio síntoma de un ya más que notable divorcio de la realidad. FCH ha desatado una catástrofe en nuestro país y el final no lo imaginamos. Él es el responsable principal de este caos y los signos que vemos al futuro inmediato son más que ominosos. Como el aprendiz de brujo ha desatado fuerzas que desde un principio se le mostraron incontrolables. Su comportamiento y sus declaraciones no corresponden con la gravedad de lo que ocurre. Todo indica que lo más sensato para él y para los mexicanos es que renuncie.

El señor Felipe Calderón será recordado siempre como el peor presidente que ha tenido México (que ya es demasiado decir) y el más obstinado al aferrarse a su dramática e interminable serie de monstruosos errores y perversos caprichos. Finalmente, por todo lo anterior y por el enorme y sangriento caos que ha provocado en todo el país es el momento para exigir al señor Felipe de Jesús Calderón Hinojosa que renuncie, antes de que cause más daño y dolor del que ya provocó a miles de mexicanos. Por el bien de todos, que renuncie Felipe Calderón a la presidencia de la República.

viernes, 20 de mayo de 2011

El metro de la ciudad de México

Un rostro de México


Pterocles Arenarius

Mover a más de 5 millones de personas es una indecible hazaña de la que casi nadie tiene idea ni siquiera porque ocurre todos los días hábiles en la ciudad de México. Semejante desmesura la realiza el metro o bien, con todas sus palabras, el Sistema de Transporte Colectivo Metro (STC) de la Ciudad de México.
No es exagerado afirmar que el metro es una ciudad, incluso un mundo en el subsuelo de la Ciudad de México. En ningún otro sitio de la metrópolis se encuentra tanto y tan variado pueblo. Sin embargo, ante las colosales dimensiones de la multitud que se traslada en el metro, son en realidad muy escasos los incidentes graves que ocurren en las instalaciones del STC. Por supuesto, es imposible olvidar que al menos en cinco ocasiones ha habido balaceras, ya sea por intentos de robo o por asesinos que, con arma de fuego, han atentado contra la vida de los “usuarios”. En la última de éstas tuvimos ocasión de enterarnos de la acción heroica del obrero michoacano Esteban Cervantes, quien ofreció su vida intentando capturar al asesino del metro, al que sí logró detener y aislar para que la policía lo capturase. Aunque fuera con el costo de su vida.
A pesar de lo anterior, es justo decir que el metro es muy seguro, puesto que se transportan más de mil quinientos millones de seres humanos por año y desde 1995 hasta 2011, sólo se han registrado cinco balaceras por intentos de robo o bien por sujetos desquiciados que han disparado contra los llamados usuarios.
Algún día dijo el ilustre escritor Carlos Monsiváis, algo así como que en el metro, más que en cualquier otro sitio, se encuentra el verdadero rostro de la inmensa metrópolis que se constituye por la Ciudad de México y los múltiples municipios conurbados en donde habitan unos 20 millones de personas.
En efecto, en el metro va de todo. En el metro viaja el pueblo. Y a pesar de que es uno de los medios de transporte que mayor cantidad de personas transporta en el mundo, a pesar de que con frecuencia nos hemos percatado de que su capacidad ha sido rebasada, es también justo decir que el metro es el más eficiente y el más barato medio de transporte con que cuenta la ciudad y quizá sea el más barato del mundo.
Sin duda el metro es el retrato de la megalópolis y en buena medida del país, puesto que la monstruosa ciudad es prolijo muestrario del país entero. Y tan es reflejo del país que en pocos lugares puede verse la pobreza tan desnuda —así como la desesperada lucha contra ella y por la sobrevivencia— como en el metro.
Ya los pasajeros están acostumbrados a que en el trayecto de una estación a otra, siempre habrá un vendedor o un pordiosero. Siempre. En los vagones del metro se venden desde alimentos, golosinas, herramientas, instrumentos de oficina, hasta múltiples accesorios para diversas actividades, como hacer maniquiur o pediquiur, trabajos electrónicos o eléctricos, artículos de papelería, juegos de mesa, juguetes, pomadas, medicinas contra enfermedades sencillas como la gripe, artículos escolares, discos de música y de video (pirateados) y decenas de objetos más que suelen cambiar según la época, el clima, la moda o quizá hasta la sobreproducción de algún artículo por parte de los chinos. Lo asombroso son los precios, risible, increíble, grotescamente baratos.
Los pedigüeños son asimismo abundantísimos. Desde los invidentes que cantan acompañándose con un aparato de sonido que reproduce la pista musical para interpretar, hasta tristísimos cantantes enojosamente desafinados, descuadrados y sin el menor sentido musical. Pero también hay músicos jóvenes (raramente viejos) que son verdaderos artistas en ciernes si no es que virtuosos ejecutantes e intérpretes, aunque son los menos y también es cierto que desaparecen rápido del metro porque sin duda consiguen mejores opciones que recibir donaciones voluntarias a cambio de su arte.
No es menos proverbial la vergonzosa costumbre de que muchos hombres hostigan sexualmente a las mujeres. Es difícil no encontrar una mujer capitalina que no haya tenido una desagradable experiencia de tocamientos o fricciones sexuales en el metro. También hay que decir que no son tan escasas las mujeres que permiten y toleran (¿será que también las desean?) esas aproximaciones. Es verdaderamente aborrecible que una mujer sea ultrajada por manoseos o friccionamientos sexuales contra su consentimiento. He visto, una vez, a un hombre —sin duda perturbado sexualmente— entrar al vagón del metro y (lo juro) con ojos desorbitados, boca casi babeante y respiración fuertemente agitada, colocarse (a punta de codazos y empujones para hacerse un lugar) detrás de una muchacha —que por cierto ni siquiera deslumbraba de belleza— para tocar con alguna parte de su cuerpo el trasero de la chica.
Sé por los periódicos de aquel descabellado sujeto que hundió su existencia en la peor miseria (era un hombre casado, tenía dos hijos, trabajaba como ingeniero) pues incluso llegó a caer a la cárcel cuando fue descubierto por una mujer a la que manoseó y ultrajó sexualmente al ir vestido de mujer y así entrar en los vagones destinados para mujeres en horas pico). No es posible evitar la reflexión acerca de la inmensa miseria sexual de ese hombre para llegar a semejantes extremos y sortear, al final sin éxito, riesgos tan severos.
Los tentadores de mujeres, finalmente, son pobres hombres que padecen una atroz inopia sexual. Son hambrientos sexuales. El apetito, el antojo por el cuerpo femenino es sin duda descomunal, instintivo en la mayoría de los hombres. Pero de ahí a intentar de manera falsamente subrepticia —porque la mujer sin duda siempre se dará cuenta— una palpación, es un acto de indudable miseria aunque no menos audacia. Es como un mendigo que se atreviera a robar un mendrugo a sabiendas de que muy seguramente deberá sufrir un despiadado castigo. Esto ocurre con frecuencia: una mujer grita furibunda y abofetea a un pobre imbécil que perdió los límites y manoseó a la dama o quizá la haya friccionado de una manera que logró hacerla sentir terriblemente ofendida. En el trasfondo de la actitud del palpador está una muda súplica de que la mujer se haga de la vista gorda y lo deje gozar del tocamiento (“Tocar el cuerpo de una mujer es tocar cielo”, dice el gran poeta romántico alemán Novalis). También pudiera estar una actitud autoritaria, impositiva, intimidatoria. Ante lo cual las mujeres deben tener el valor de, en efecto, abofetear al abusivo. En el caso del miserable que desea tocar buscando la complicidad de la mujer me hace recordar que la gran escritora francesa Margarite Duras confiesa en un texto que en cierta ocasión, cuando ella era joven (y ciertamente bella), en una conferencia que ella apreciaba de pie en un auditorio repleto, un sujeto se le colocó detrás, repegando su pene contra las que sin duda serían lindas nalgas de la escritora, exactamente como ocurre en el metro de la Ciudad de México. La Duras cuenta que volvió su vista por un instante al rostro del atrevido y encontró un doloroso gesto de súplica, de insoportable vergüenza, de miseria sin duda que, ella, misericordiosa, confiesa haber pensado para sí, “Pobre hombre. Debe ser un desesperado incapaz de ganarse el afecto de una mujer que lo deje acariciarla. También tiene derecho a disfrutar”. Y nos cuenta que se hizo la loca y permitió durante toda la conferencia que aquel anónimo hambriento sexual se solazara, se consolara con las formas del que suponemos, habrá sido un hermoso derriere de la gran escritora.
Ante tanto hostigamiento sexual que repetidamente han denunciado las mujeres, en la actualidad hay ministerios públicos en varias estaciones del metro, en donde las féminas pueden asistir a denunciar a los abusivos en las mejores condiciones para ellas, sin confrontar a los abusadores, sin preguntas incómodas ni hostigamientos de otros tipos por parte de las autoridades, circunstancias de las que solían quejarse siempre las ofendidas. En la Ciudad de México se han aprobado leyes que defienden amplia y consistentemente a las mujeres contra esta clase de agresiones. Pero también es imprescindible cuidar los excesos. Sé que pretendió aprobarse una cláusula de una de las leyes de protección contra el hostigamiento sexual a las mujeres, en la que se punía las miradas lascivas. Creo que es difícil clasificar una mirada. E igualmente ignoro si mirar de cierta manera, por más lascivia que pudiera imprimirse en la mirada, llegara a dañar a una mujer.
Recientemente se ha hecho costumbre evitar la ocupación de los tres últimos vagones de los convoyes del metro después de las diez de la noche. ¿La razón? El hecho de que se comprobó que parejas de jóvenes (homosexuales, pero también heterosexuales) realizaban diversos actos lúbrico-sexuales —si bien de común acuerdo y entre adultos—: palpaciones y caricias en desnudez parcial e incluso placeres orales aprovechando la soledad, el vacío de pasajeros en estos vagones en las horas finales de servicio del Sistema.
También agreguemos que —en el metro como muestrario de la realidad mexicana— es posible notar que la gente está triste, terriblemente triste y desesperanzada. En las mañanas, en medio de los tumultos, sorprende la cantidad de personas que van durmiendo (hay quien incluso ronca) o al menos dormitando. Lo que asombra es que el número de los que dormitan de pie es apenas menor que el de los que lo hacen sentados. Las imágenes suelen ser un tanto desoladoras cuando duermen desamparados, cabecean de pie; pero no lo son menos cuando van despiertos, sumidos en pensamientos que parecieran ser sumamente tristes. En el metro no hay gestos faciales relajados o vagamente risueños, lo común son los ceños endurecidos, las miradas desoladoras, las posiciones rígidas y los rictus de fatiga. Pues ocurre que no es necesario ser un analista sociopolítico para estar al tanto de que los salarios son bajos como nunca en la historia reciente de México y la gente tiene que trabajar duramente al menos dos turnos u horarios al antojo de los patrones, quienes están viviendo la gran revolución empresarial a costillas de los salarios de hambre para los trabajadores. Las razones para la desesperanza, el enojo, la tensión y el descontento están más que a la vista.
Los pedigüeños, los cientos de vendedores llamados vagoneros, los músicos, el gran número de comerciantes que se colocan en los sitios próximos a las instalaciones del metro corroboran lo anterior, México está sufriendo una grave crisis de empleo, pero más, de gran pobreza económica, de educación (no es menos indicativo observar lo que la gente lee en el metro: los periódicos más baratos (y peores) del mercado, pues a duras penas incluyen noticias, pero abundan en anuncios comerciales, muchos de éstos anuncian productos milagro o bien ofrecen servicios de brujos, sujetos autonombrados chamanes, hechiceros más un enorme número de mujeres más algunos hombres que brindan servicios sexuales a cambio de dinero).
No es tan raro encontrar personas que leen libros, en especial en la línea 3, que circula hacia la Universidad Nacional Autónoma de México. Pero la gran mayoría de la gente que lee en el metro trae pasquines que muestran historias de sexo que si no fuera por el fondo serían en realidad cuentos infantiles. No es tan escaso también el número de personas que se “informan” leyendo revistas de chismes entre “artistas” de televisión, como TV y Novelas y otras. Lo asombroso de esas publicaciones es su espectacular diseño, la formidable calidad del papel y la impresión en rotundos colores y más que nada, la monstruosa cantidad de basura informativa que ofrecen. Lo que lee la gente en el metro es un doloroso indicador de que el promedio de nuestra educación es paupérrima y de que la cultura se encuentra en situación aterradora, por más que México sea un grandioso productor de arte y de cultura, además de tener una tradición de creadores artísticos de más de tres mil años.
Desde hace muchos años los sucesivos gobiernos han castigado la promoción de la cultura, dejándola sin recursos económicos; los programas masivos de lectura de nivel literario no existen, el apoyo a los artistas es notorio por su ausencia y muchos intelectuales y artistas, si no están uncidos al poder, vendidos a éste, se encuentran en lamentables circunstancias económicas y tienen que trabajar en otras actividades que les quitan el tiempo, a veces todo el tiempo que podrían dedicar a la creación de arte o al oficio de inteligir sobre nuestra realidad.
El ambiente del metro cambia mucho cuando el horario no es de los trabajadores sino de los estudiantes. Los chicos viajan en grupos alharaquientos, alegres, risueños y juguetones. Son las horas felices del metro. Otro ámbito peculiar en algunas estaciones, como Hidalgo, Revolución e Insurgentes es el hecho de que suelen abundar grupos de jóvenes parejas homosexuales, ya sean femeninas o bien masculinas que, libres por fin de prejuicios y miradas de reprobación, se dedican al sano deporte del faje, entiéndase apasionadas sesiones de abrazo-beso y arrumaco a la vista del mundo. Aunque también proliferan un poco los sexoservidores, chicos atrevida y exhibicionistamente vestidos de chicas.
Ciertamente, en el metro es notable el individualismo, la escasez de solidaridad, pero esto tiene sus límites. Es común que los hombres jóvenes o maduros no cedan el asiento a las mujeres de sus mismas edades. Aunque hay que reconocer que es igualmente difícil que no lo cedan a ancianas o mujeres que llevan niños pequeños. De igual manera, cuando los vagones están casi llenos de gente, los hombres que quedan al límite de las puertas se ponen tiesos para que los que tratan de entrar se desanimen con la resistencia a pesar de que los de afuera ven que en el interior del vagón haya claros en donde pudieran caber unas cuantas personas más. Pero en las horas pico y en las estaciones donde cruzan líneas, los tumultos por entrar al metro —todo el mundo tiene prisa por llegar a su trabajo— venzan más o menos brutalmente la resistencia de los que no dejan entrar. No es raro que ocurran circunstancias muy similares a los choques que forman parte de las jugadas de futbol americano cuando hacen contacto las líneas de golpeo. También es común que cuando una “infame turba” se abalanza a ingresar en un vagón, no dejen salir a un solitario que es arrastrado por el tumulto hasta el fondo del vagón.
En el metro como en ninguna parte de la ciudad —ya se ha dicho— se encuentra el más amplio muestrario del pueblo raso. Es ahí donde mejor que en cualquier sitio, se palpa el sentimiento de la gente. E igualmente, es en el metro donde se nota el sufrimiento, la pobreza y el gran esfuerzo que realiza el pueblo mexicano. Es visible que la gente lucha con inmenso denuedo que es tolerante que tiene un sentido, diríamos instintivo o quizá más bien intuitivo de la organización, pues sin ella sería absolutamente imposible mover a cinco millones de almas cada día en medio de cientos de pequeños o medianos tumultos y cuando casi todas ellas tienen urgencia por desplazarse con buena velocidad.
Es innegable que el metro es miles de veces más eficiente que, por ejemplo, los automóviles, los cuales, apenas con un pequeño disturbio callejero, un breve chubasco, una mediana manifestación o un choque entre ellos mismos, dislocan por completo su tráfico que ya de por sí es siempre lento, tedioso, contaminante, pesado y dañino para la salud tanto para los conductores como para todos los ciudadanos por muchos motivos, entre otros lo estresante, pero más que nadie se ve afectado en la salud que los niños y los ancianos. Los automóviles constituyen uno de los más graves problemas para la ciudad. Han hecho venenoso su aire, ocupan demasiado espacio para trasladar a muy pocos pasajeros, consumen enormes cantidades de combustible y participan en una notable cantidad de accidentes que provocan muertes y lesiones perdurables. En el metro ha habido una cantidad mínima de accidentes en sus más de cuarenta años de existencia. No deja de ser admirable el hecho de que las instalaciones del metro se encuentren en tan buen estado y hasta excelente presentación después de tantos años de trabajo y de servir con cifras cuyos números son tan estratosféricos. El metro es admirable por muchas razones, entre otras porque es —según sus propios datos— el tercero en trasladar a más pasajeros en el mundo y casi seguramente sea el más barato de todo el orbe.
La delincuencia en el metro está muy acotada. Es imposible, por supuesto, eliminarla totalmente si cada día pueden contarse cinco millones de “usuarios”. El robo es muy difícil y se restringe a los famosos “dos de bastos” que atracan sin que la víctima se dé cuenta de que la están bolseando, aunque cierto día, en una hora pico pude observar el siguiente modus operandi de una pequeña banda de mujeres ladronas en el metro:
Dos señoras cuarentonas de esas matronas regordetas, morenazas y bravas que suelen encontrarse en los mercados, como lideresas de algunas organizaciones sociales o en la calle como simples vendedoras ambulantes, se dedicaban a hacer el trabajo más importante: extraer el dinero o los bienes, sin duda su lema era “lo que caiga es bueno”. Les daba un imprescindible apoyo una más que se hacía la loca para armar escándalo y con él sembrar la confusión entre los “usuarios” (como suelen llamar en el STC a los pasajeros) del metro. De tal manera que mientras la una le gritaba a un compungidísimo y desconcertado usuario que no la hostigara sexualmente, que se fuera a manosear a su madre, al tiempo que lo empujaba para así provocar un tremendo tumulto (o un pequeño infierno) en el vagón que iba atestado de gente hasta los entresijos. Mientras los sufridos viajantes se distraían tratando de entender el conflicto y se cuidaban de que la violencia no les llegara, las otras dos mujeres bolseaban a quienes podían del resto de desconcertados pasajeros.
Claramente sentí cuando, en su momento, una de ellas metió su mano en mi mochila y se dio el lujo de rebuscar, paseando diestra, velozmente su mano en los interiores de mi talega buscando que robar. Trasculcarían a unas ocho, quizá diez personas y sin verificar ganancias se salieron del vagón. Se reunieron afuera del andén. Hicieron cuentas de lo ganado, esperaron el siguiente convoy y pusieron de nuevo en práctica su artegio, palabra propia del caló de los ladrones que significa plan preconcebido para atracar.
No me quedó duda de que su actividad era demasiado arriesgada y, casi de seguro, no les reportaría dividendos jugosos. En el metro no suele viajar gente que lleve encima arriba de cien o difícilmente doscientos pesos, a menos que sea quincena. Lo cual indicaba que esas mujeres eran muy arriesgadas, pues lo más fácil para alguien que se diera cuenta de que lo habían asaltado era denunciarlas con los policías del metro. Pero eso también era indicador de que sin duda eran gente desesperada.
No dudo que en cualquier momento hayan caído en manos de la policía. Cuando me bolsearon noté que todos los que sufrieron el intento de atraco se habían dado cuenta de ello y si no las denunciaron fue porque, al parecer, ninguno se vio despojado de valores.
En el metro es posible descubrir una buena parte del alma de lo mexicano, incluso, como se ha visto, una parte no despreciable de sus costumbres sexuales. Mas afinando la mirada, abriéndose al máximo para “sentir” a los pasajeros del metro es posible captar una terrible calma que recubre algo enorme y tremebundo. Algo grandioso o quizás aterrador que se encuentra debajo de esos gestos impertérritos, serios, algo tristes. Eso profundo que está en los sustratos abisales del alma colectiva constituye la inmensa fuerza que surgió esplendente e impetuosa, incluso brutal para tomar el mando de las acciones y subsanar los daños en la gran catástrofe del año 85 del siglo pasado. Esa fuerza fue, individualizada, la que impulsó al trabajador Esteban Cervantes para enfrentarse con un hombre armado que disparaba contra los pasajeros. Cervantes, con su acto logró salvar, con el sacrificio de su vida, a muchos más.
De alguna manera es esa la misma energía que ha hecho que desde el año 88 del siglo XX hasta el momento, no haya vuelto a ganar aquel perverso, tiránico partido político, el Revolucionario Institucional ni, más recientemente, el persignado y retrógrada Partido Acción Nacional. La gente que viaja en el metro es la que ha dado las (hasta ahora) permanentes victorias a la izquierda, por más que ésta jamás esté de acuerdo consigo misma, la que ha empujado las leyes de avanzada (de primer mundo) que permiten los matrimonios homosexuales, el aborto antes de los tres meses de embarazo, las pensiones del gobierno para los adultos mayores y muchos más privilegios sociales que, hay que decirlo, gozan los capitalinos y de los cuales carece la población de los estados.
La tristeza y la desesperanza de los viajantes en metro quizá sean incurables con un cambio radical de gobierno que permita algunos detalles que eleven el nivel material de vida de la gente, como la inopia salarial, como la urgentísima mejoría de la educación, como la desesperante necesidad de mucha más cultura y muchos menos bodrios televisivos e impresos. Como lo dijo el gran escritor mexicano José Revueltas, que la gente sea infeliz dado caso porque sea incapaz de resolver sus problemas sentimentales o existenciales, pero que no lo sea (como lo es en este momento) porque no tiene lo suficiente para comer y subsistir con la mínima comodidad.