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Este blog está dedicado a difundir ideas políticas del suscribiente, además, obras literarias del mismo.

martes, 24 de septiembre de 2019

Jorge Arturo Borja, escritor


Doce razones para leer Cualquiera puede matar

Jorge Arturo Borja

Conocí a Pterocles Arenarius hace casi 35 años, en el taller de Edmundo Valadés, y desde entonces hemos mantenido una entrañable amistad, resistente a las diferencias y sinsabores de la vida. Tal vez por eso y porque realmente he ponderado el valor de su obra desde que empecé a leerlo, sea yo el menos indicado para hablar de sus libros de manera objetiva. Sin embargo en esta ocasión, el reconocimiento y la valoración que autores de la importancia del Maestro Agustín Ramos, el Historiador y poeta Sergio García Díaz o el Doctor en Sociología Fernando Beltrán, han hecho acerca de su más reciente novela, me incitan a sumarme al aprecio general que está obteniendo su literatura.
En principio quisiera mencionar que aunque los libros de Pterocles se hallan al margen de la gran industria editorial, este escritor se ha ido colocando como un autor de culto para quienes buscan en sus obras el realismo y las emociones fuertes, mezcladas con la serena experiencia de la sabiduría que caracteriza la narrativa de Arenarius, una especie de mensaje de pasión y sobrevivencia que un viejo desengañado deja a las nuevas generaciones llenas de escepticismo y desidia. 
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Eusebio Ruvalcaba, Jorge A. Borja
 
Cualquier puede matar, cuyo subtítulo El episodio Balandrán, la hace aún más sugestiva, es una novela de muy variados registros, por lo cual resulta difícil encasillarla dentro de un subgénero literario. Esta combinación que en otro autor hubiera resultado un desastre y una franca desorientación para sus seguidores, en el caso de Arenarius da como resultado una novela con cierta densidad filosófica pero ligera como un divertimento.
Podría hacer un análisis más detallado de esta narración o intentar ubicarla en su justa medida dentro de la obra de un polígrafo que lo mismo ha publicado ensayo, crónica, cuento que novela. Sin embargo, soslayando las intenciones críticas, en esta ocasión voy a ceder el espacio a las preferencias lectoras para enumerar las razones por las cuales recomiendo Cualquiera puede matar.

1.- Porque de primera impresión se puede decir que esta novela es un thriller, una novela negra, y de esta manera pueden disfrutarla los lectores afectos a este subgénero que se caracteriza porque en la búsqueda de castigar un delito individual se descubre la podredumbre social. Así en Cualquiera puede matar, las palabras de un asesino que hace del antihéroe perfecto se pueden interpretar como protesta y denuncia en contra de un sistema criminal, basado en la expoliación de los más débiles, una sociedad en que las grandes fortunas, como se afirma en el texto, se fundan en “(…) grandes crímenes o al menos descomunales latrocinios. Los más ricos del mundo saben bien que sus inmensas riquezas siempre son resultado del despojo”.
Jorge A. Borja, Pterocles Arenarius

2.- Porque en esta novela se asiste a la sólida construcción de un protagonista, Casimiro Rual, quien actualizando la ruta del héroe mítico, parte de ser un individuo mediocre, un contador de existencia poquitera que se casa con una empleadita de tienda, para convertirse sin proponérselo, en asesino, fugitivo, teporocho y taquero; y para culminar de manera decidida como chamán y filósofo, todo por el mismo boleto de matar a su cuñado. Este periplo evoca sin duda aquella antigua sentencia del terrible Nietzche: “Al final, todas tus pasiones se convirtieron en virtudes y tus demonios en ángeles.” (Federich Nietzche. Así habló Zarathustra, I,64).

3.- Porque entre sus capítulos también puede encontrarse una realidad aparte, en que la magia y las enseñanzas esotéricas son la puerta final hacia el cumplimiento del destino del protagonista, quien recibe el apoyo y las lecciones de un Juan Matus que ejerce de matancero en plena sierra.
Fernando Beltrán, Pterocles, Borja y esa novela

4.- Porque también se habla de los abismos a donde conduce el amor, no como un camino de redención, sino como un instinto, como un demonio de transformación que lleva muy lejos las intenciones de quien lo experimenta a fondo y que puede acabar convertido en un santo o una bestia. Casimiro Rual mata por Laura Adela y después vive por Camila.

5.- Porque la firme estructura del texto redondo, que lo mismo recurre a la prolepsis que a la analepsis (flash back o flash forward para los videófilos), permite encarrilar al narrador en una montaña rusa de emociones que, de acuerdo con las exigencias de cada episodio, va adaptándose a los distintos tonos y convenciones de los subgéneros que se presentan.
Portada, El hijo desobediente, técnica mixta, Iván Villaseñor

6.- Porque las personas, como es mi caso, que conocen de las delicias y desdichas de los excesos etílicos, pueden encontrar un magnífico reflejo y la sabiduría de un “maestro bebedor” que ha visitado las glorias del alcohol y el inframundo de las crudas para obtener de ese viaje un conocimiento inestimable formulado en certeros aforismos. Aquí van algunos…

  • “(…) los ojos de Dios observan al mundo a través de los ojos del borracho y le regalan a éste tal visión. La embriaguez consiste en que el espíritu divino te hace su posesión y te provoca el gozo que sólo los dioses viven.”
Seis escritores: Lailson, Román, Montelongo, Borja, Santoyo, Pterocles

  • “Sin duda el Supremo Hacedor vive pedísimo siempre, por eso no le aterra la eternidad. Y lo más maravilloso de todo es que Él no tiene crudas.”

  • “El peso de la embriaguez es monstruoso, pero sólo cuando no está en su esplendor, porque cuando el alcohol recién ha hecho estallar la gloria, la alegría, dentro de uno, el niño que siempre se ha llevado dentro y que el chínguere deja salir, viene a divertirse.”
(Pterocles Arenarius. Cualquiera puede matar. Página 88).

  • “Casi todo lo que es nuestra vida es la cruda de Dios. ¡Chínguese cabrón!”

  • “(…) después de la peda viene el peso, el aplastamiento, el precio a pagar por el goce divino, el negro desquite del trago. Es en la cruda donde se ve de qué está hecho un hombre.”

  • “El que tiene los tamaños para crear la alegría en medio de la agonía que es la cruda, ese es un verdadero gran hombre.”
Max Rojas, Pterocles, Borja

7.- Porque retrata con singular realismo, con esa nítida verdad que componen las mentiras de la literatura, los laberintos del albañal en que repta la mayor parte de la policía mexicana y los abogados y jueces que “administran la justicia”, quienes siempre se han dedicado a defender los derechos de los privilegiados y a extorsionar a los ciudadanos que no cuentan con recursos ni influencias; además de reprimir, matar y desaparecer a quienes protestan por esta infame situación.

8.- Porque la lectura apasionada de esta novela puede justificar ese oscuro atavismo que impele al buen salvaje, al antihéroe, al enemigo de la modernidad que habita en cada uno de nosotros, a destruir las instituciones o exterminar a los seres que las representan cuando ya se hallan totalmente corrompidas.
Pterocles, por Zurbaran

9.- Porque desenmascara esa búsqueda de “La Felicidad” que los libros de autoayuda y los cursos de coaching han convertido en mercancía. Y afirma con conocimiento de causa que una sociedad enferma, como la que vivimos, jamás dará felicidad a sus ciudadanos, y que por el contrario, su naturaleza despiadada e individualista acabará destruyéndolos si no logran adecuarse a sus brutales injusticias.

10.- Porque detrás de las desdichas y desvaríos de Casimiro Rual siempre se halla la misma pregunta que se hace cada conciencia: “¿para qué se viene a esta vida tan absurda y llena de dolor?” Y el protagonista la responde de diversas maneras.

11.- Porque Pterocles Arenarius demuestra en su escritura oficio en las letras y experiencia en la vida. Demuestra oficio para contar una historia de principio a fin, entreteniendo y combinando de manera muy solvente varios subgéneros. Y porque entre la sucesión de escenarios sórdidos va dosificando reflexiones que sirven para generar la anagnórisis (toma de conciencia) del personaje, pero también las claves con las que se puede interpretar la realidad del mundo circundante.

12.- Y al final, vale la pena leer Cualquiera puede matar, simplemente porque es una buena novela, de esas que aun cuando el autor desaparezca de esta tierra, sus palabras quedarán crepitando en la memoria con el fuego frío que solo alcanza el arte verdadero.

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viernes, 20 de septiembre de 2019

Texto de Fernando Beltrán, doctor

Fernando Beltrán Nieves 


Algunas coordenadas mínimas para entrarle a la nueva novela de Pterocles Arenarius


Fanático de las ciencias matemáticas, Edgar Allan Poe trasladó el espíritu geométrico a la narración en 1841 con “Los crímenes de la rue Morgue” y, con ello, Poe fundó un nuevo género literario: el policial, también conocido como clásico policial o novela policial de enigma. Tanto en francés como en español la palabra morgue alude a la muerte. Si lo observamos más de cerca, no es ocioso preguntarse por las conexiones que existen entre los que estudian matemáticas y los que se interesan por el crimen. Ya ven aquí, entre nosotros y en la Venus. Pterocles Arenarius estudió ingeniería en el Politécnico y ahora resulta que escribió otra novela sobre crímenes.
Autor de Cualquiera puede matar
 
El corazón del clásico policial se concentra en las lecturas, frecuentemente inesperadas o heterodoxas, que hace el detective sobre indicios desperdigados, a menudo ocultos, en aras de dar con los culpables. El policial cree por encima de todo en la reflexión y en la investigación, muestra cómo un detective hace uso privado de la razón para resolver un enigma.
Walter Benjamin, por otra parte, observó que el crecimiento de las urbes y el anonimato que favorecía ese crecimiento no sólo impulsó el desarrollo de la fotografía y la numeración de las calles, el fichaje y la tecnología que hacía posible la identificación de las huellas dactilares, sino que fue la atmósfera social para la producción de los relatos policiales.
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Poe, fundador del subgénero policíaco
Poe inventó el género en Estados Unidos cuando Estados Unidos era una periferia cultural, pero fructiferó en Inglaterra. La legalidad y las aventuras, aspectos medulares de la tradición cultural de la isla, cobijaron al género y lo potenció. Sin embargo, los límites eran claros: para redoblar los efectos del enigma, las motivaciones al crimen eran gratuitas o estaban sublimadas y el género no cuestionó jamás las instancias de la procuración de la justicia, creyó ciegamente en la policía y los tribunales.
El género, sin embargo, no pudo neutralizar la parodia porque tiempo después hubo relatos, manufacturados por la mancuerna Borges y Bioy Casares escondidos bajo el autor ficcional de Bustos Domecq, que inventaron al personaje Isidro Parodi quien resolvía las charradas desde una fatigosa habitación de una penitenciaría. Borges difundió con gran eficacia el género policial y quizá fue el mejor exponente del género escrito en español. “La muerte y la brújula”, publicado en 1942, en el libro Ficciones me parece, es quizá un monumento al género policial.
Fue en los Estados Unidos de los años de 1920, particularmente alrededor de la crisis mundial del 29, unos años tenebrosos y en ascenso de las mafias, la prohibición del alcohol y los gánsteres, que los escritores estadounidenses del género lo modificaron sustantivamente hasta el grado tal de crear otro, conocido ampliamente después de la segunda guerra mundial, como el género negro. Las motivaciones al crimen eran claramente explícitas. El dinero y el poder siempre despiertan las bajas pasiones, que muy a menudo concluyen en sangre y muerte.
La portada, obra de Iván Villaseñor Castañeda

Este género postula que sobre el crimen es posible comprender lo que realmente está en juego en sociedades como las nuestras: desiguales, polarizadas, capitalistas. Bajos las exigencias del realismo más puro y denso, los antiguos límites del género policial fueron trastocados, tanto más si el escritor se proponía trabajar con los nodos de la sociedad capitalista.
Bajo la óptica del género negro, uno fácilmente puede contrastar el abismo que existe entre lo que la sociedad dice sobre sí misma (todos somos libres, todos tenemos las mismas oportunidades, etcétera) y lo que el crimen desnuda sobre ella: nadie está a salvo, el peligro nos ronda a todos, dude de todo y de todos, particularmente de los más cercanos.
A diferencia del género clásico policial, el género negro sufre tensiones. Petros Markaris, escritor griego de policiales, observa que la novela policial suele rondar más bien la pregunta por el quién y la novela negra se cuestiona por el por qué. ¿Por qué sería un crimen, digamos, el asalto violento a un banco? Muy cerca de lo que había dicho Bertolt Brecht: “Robar un banco es un delito, pero más delito es fundarlo”. ¿Quién se convierte en criminal desde los ojos del Estado? Juan Sasturáin, autor argentino del género, ha hecho notar que hay muchas novelas negras en las que el detective está ausente, pues no se desarrolla ninguna investigación. La identificación del lector no se produce con un detective sino con las víctimas. Es el caso del escritor David Goodis. Y hay otras ficciones del estilo de Jim Thompson, en las que están contadas desde el asesino, que suele ser un policía.
La imagen puede contener: Fernando Beltrán, sonriendo, barba y primer plano
Dr. Fernando Beltrán
En resumen, el género negro sabe que el sistema no castiga a sus hombres, sino que los premia. El negro sabe que los encargados de hacer guardar la ley son los que muy a menudo la impugnan. Sabe que los que deben aplicarla, son potenciales asesinos.
Si el género negro ha funcionado siempre como una llave maestra en la narrativa para entrarle a los núcleos fundamentales de las sociedades capitalistas, ya se imaginarán lo que los escritores contemporáneos postulan o encuentran en sociedades subdesarrolladas y pobres, latinoamericanas en suma, la mexicana en particular.
Estas son algunas coordenadas mínimas para entrarle a esta nueva novela de Pterocles Arenarius. Nos ofrece un nuevo pretexto para seguir interesados en la literatura, para agudizar nuestros sentidos y problematizar y conversar del hoyo negro donde nos encontrábamos y quizá de dónde hemos salido.
Autor y su producto
 
No me resta decir que siempre es un triunfo la publicación de un nuevo libro. Un libro es una réplica de la eterna disputa entre la civilización y la barbarie.





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domingo, 1 de septiembre de 2019

Tomar la palabra, Agustín Ramos (Cualquiera puede matar)

Cualquiera puede matar

Agustín Ramos
(La Jornada Semanal 1 septiembre 2019)

Nuestra historia, como todos saben, la hacen los vendedores, el bien y el mal lo escriben y describen los dantescos pedantescos transnacionales, el arte y el pensamiento vencedor y exportador lo ejecuta una élite, los valores todavía soplan en una bolsa financiera volátil y bursátil, más enferma ridícula y más momia global que los linajes de sangre azul... Sin embargo: ¡Alerta sísmica, en la República Bananera de las Letras, acaba de aparecer Cualquiera puede matar en el sello de Eterno Femenino Ediciones (efe)! Al margen de los diseñadores de la moda, la complacencia histórica y el canon literario, Pterocles Arenarius cuenta vidas con materiales reales, con conocimiento-de-causa. Estamos de nuevo ante la estética de la humildad, que no consiste en hacer apología de la pobreza, sacar agua potable del subsuelo de la miseria y tampoco en usufructuar la derrota, la sordidez ni el tremendismo. La estética de la humildad no ensalza al pendejo bueno y recontra jodido, tampoco contrasta o le hace el juego a los valores del mercado, este ajedrez de Arenarius es de otra clase. En Demoníaca (Historia de una maldita perra) (EFE), le pasa el espejo inmisericorde a la lujuria de las jerarquías altas. En Una muerte inmejorable (De Otro Tipo, Editorial), ilustra la victoria posible, redonda, sobre la provincia moral. Y en sus cuentos y crónicas saca brillo al calumniado, a esa santa nobleza que aparece como rata en fiesta fresa, a la ternura amiga y residual que ocupa el vacío del amor desfigurado.
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La novela de marras en la Feria del Poli

Cualquiera puede matar comienza con el diálogo filosófico (todo filosofar es monólogo) de un matancero a mitad de su vida con un cerdo en plenitud. Esta novela fantástica se pudo titular “Tribulaciones de un mexicano en México”, porque al infierno se llega a pie y en transporte colectivo. El protagonista no es el norteño sácale punta y sentimentaloide, ni el bibliófilo impostado que “fatiga” los lugares comunes de la erudición y la intriga, no es el James Bond simpaticón y atractivo que sale un poco (sólo un poco) de los anuncios de desodorante y ropa de marca, sino un simple mexicano. Como piedra en el zapato, este mexicano se cuela a la Historia, no para cometer magnicidio ni mucho menos para estropear la maquinaria del Estado, sino para algo peor, ejecutar minimicidios (decir hominicidios sería más exacto) y revelar con ello el funcionamiento de Leviatán. Sólo por enamorarse, este oficinista desafía no a la muerte –eso es lo de menos, cualquiera puede–, sino a la célula primordial de la sociedad, la familia. Su heroísmo es fortuito y nace de una valentía término medio, de la inexperiencia juvenil, de la fe en salir indemne de donde se ha metido: una madriguera de policías de tercera y última generación; judiciales de abolengo, pues. Desde ahí, como indigente y matancero, padecerá al agente del Ministerio Público traga tortas, al juez incalificable subastador de amparos, al cortejillo de magistrados sin vergüenza igual de ruines que los ensotanados de la otra Ley.
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Cualquiera puede matar es la radiografía completa del aparato estatal de seguridad (la garante de la inseguridad ciudadana), desde donde se instrumenta hasta donde se le da carpetazo a la barbarie planificada. Y lo que mueve a este mexicano en su recorrido es el amor, un amor cada vez más deteriorado. Novela fantástica, sí, pero también de aventuras, no la típica de policías y ladrones, sino de policías y alguien sin más pretensiones, que no requiere de metamorfosis para encarnar material, puntual, insólitamente en nuestra literatura, al individuo social y corriente capaz de hacer lo que cualquiera en sus circunstancias, en una atmósfera de violencia, crímenes y demás vías hacia el progreso económico, político y social. Así que sin quererlo, sin decidirlo, sin pensarlo, reducido al anonimato extremo, el matancero la hará de vengador en un país lesionado por guerras ajenas en las que cualquiera puede matar.

Agustín Ramos, Pterocles Arenarius

Publicado por Pterocles Arenarius en 21:23 No hay comentarios:

lunes, 26 de agosto de 2019

Presentación de Cualquiera puede matar

Texto leído en la presentación de Cualquiera puede matar el domingo 18 de agosto en el Museo del Pulque y las Pulquerías.

Cruzar el negro Tártaro
(Pero también atisbar el paraíso)


Pterocles Arenarius

La poesía es un báculo. Me sirve para caminar, para soportarme, para guiarme en este mundo. Pero también es un arma, para defenderme, para golpear a los que quieren hacerme daño.
Aforismo nunca escrito por Juan José Arreola. Entregado por el poeta de boca a oído a Jorge Arturo Borja.

Sólo vengo a invitarlos a leer una novela. Se llama Cualquiera puede matar y fue inspirada por el caso real de un hombre que se convirtió en asesino serial con la particularidad de que sólo mataba policías. El asunto lo leí hace muchos años, quizá en los años ochenta, en el diario La Prensa. Y me asombró y conmovió tanto la historia de aquel hombre insignificante que fue convertido por circunstancias del más inusitado asombro, el destino y la maldad de sus parientes, en lo que decía el periódico, el asesino de, al menos, tres policías con el agregado perverso de que todos eran de la misma familia. Un caso realmente insólito. Pero no menos un terrible drama.
Portada

Pero ya en la novela, la anécdota se vuelve más cosas, o quizá tal historia ya era esas cosas, pero la literatura le da sentido a lo que parece monstruoso azar o sencillamente “Es un cuento / relatado por un idiota, lleno de ruido y furia / sin significado alguno”. Es el viaje del héroe de que habla Joseph Campbell. Una historia de amor cercenada por el crimen. La crónica de varios homicidios a cual más siniestro. Un apunte sobre la historia de la policía mexicana. El paso del héroe por el inframundo. Las memorias alcohólicas de un gran borracho. Una denuncia contra el poder corrupto que creó el más tremendo horror en México, y que, esperamos, no regrese jamás a gobernar nuestro país. La demostración de la existencia del infierno en este mundo. Pero también la posibilidad de la construcción del paraíso... en este mundo, por supuesto. Y hablando de paraísos y de infiernos, vale la pena anotar que en Cualquiera puede matar, se establece que un hombre bueno es sólo eso, un hombre bueno e inocuo, intrascendente e inconsciente, sometido a las fuerzas externas de los que someten a la sociedad. No es un ángel y no es nada. Pero el mencionado viaje del héroe le exige que se convierta en un demonio. Y casi sin saberlo, casi sin quererlo, se atreve... y se convierte en un demonio. Y sólo de esa manera puede aspirar a ser un ángel. Porque todo ángel es un demonio, tiene que serlo, si no, no sería divino. Ser divino es ser demoniaco. “Todo ángel es terrible”. el Diablo es Dios... interpretado por los malvados.
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Presentación en pleno


Nadie es totalmente perverso. Nadie es absolutamente bueno. Todos tenemos el lado oscuro y el luminoso. Pero aquí de lo que se trata es de que sobrevivamos todos. ¿Para qué? Bueno, eso es otro asunto, a la mejor ni tiene caso. Pero si estamos aquí puede haber algo incluso mucho: el arte, el conocimiento, la sabiduría, el amor, si es que todo eso vale algo. Pero si no hay vida no hay nada.
Para la edificación de los mencionados paraísos se requieren los placeres. Clasifiqué los supremos placeres de este mundo. El primero es la oración y la contemplación divina, por supuesto, ¿no es cierto?... ¡No!, los simples mortales, estos animales que hemos creado la ciencia para entender las leyes con que Dios hace operar a este universo o quizá para discernir que no hay Dios; el arte para demostrar que no se requiere de Dios para realizar creaciones divinas, nosotros, simios refinados, no tenemos gran dificultad para descubrir que el placer más grande en esta vida es el sexo. El segundo es la comida. Placeres que, entre paréntesis, son los premios que la naturaleza ―apelando a nuestra ineludible condición animal― inventó para que la humanidad no se fuera a extinguir. La embriaguez no es menos maravilloso placer, pero éste no es instintivo, éste exige un componente intelectual ―que bien puede ser una disfunción―, para acceder a él; aunque cuando la embriaguez se vuelve vicio no hay intelectualidad que se le resista. En mi caso tengo que decir que luego de más de medio siglo de embriaguez no se me ha hecho vicio. Bueno, a lo que quiero llegar es al asunto de que los grandes deleites convierten a este mundo en algo muy próximo al paraíso. El amor, el sexo, la buena comida, una ligera ―o intensa― embriaguez, según el caso, la conversación con gente querida, con personas inteligentes. Pues escribir es uno de los más grandes placeres. Borges dijo que la lectura era un gozo supremo, aunque anotó que era un placer lánguido. Pues sin duda la escritura ―con todas sus dificultades, con sus esfuerzos a veces tremendos, con la gran concentración que exige, incluso con los dolores hasta físicos que pudiera provocar― es uno de los grandes placeres y, en el ámbito intelectual, es el supremo.
Siento mucho tener que contar cosas espantosas. De veras, lo siento. Pero con frecuencia hay que hacerlo, imprescriptiblemente, con toda la furia. Hace unos quince años mataron a Popeye. Era un muchacho muy bueno, decente, trabajador, emprendedor, etcétera. Una de las personas que más amaban a Popeye era su prima, que a la vez era mi esposa. Al muchacho lo mataron de una manera horrenda y despiadada, lo golpearon hasta dejarlo agonizante tirado en una calle. Los asesinos eran ex policías coludidos con policías en activo. Mi esposa de aquel tiempo me dijo que no podía vivir con aquello. Popeye era como su hermano, habían compartido la infancia, la adolescencia. Recordé que una vez leí a Carl Gustav Jung que dijo que para vivir, para soportar este mundo se requerían de manera imprescindible cinco condiciones: 1. Tener salud. 2. Lograr una manera de ganarse la vida que no nos haga odiar la vida. 3. Encontrar la belleza en este mundo, en la naturaleza y en las personas. 4. Amar y ser amado. Y 5. Crearse una metafísica personal para cuando la vida nos da esos golpes de que habló César Vallejo: “Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡yo no sé! / golpes como el odio de Dios;...”
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Agustín Ramos, Pterocles Arenarius

¿Quién que es humano no ha recibido por lo menos uno de esos golpes? A eso se refiere Jung. No podríamos vivir luego de uno de esos golpes. Por eso necesitamos una metafísica, una creencia en algo, en la Santa Muerte, las energías del Universo, la virgencita de Guadalupe, el Santo Niño de Atocha.... lo que sea... Una existencia después de esta existencia. De otra manera no encontraríamos consuelo. No importa que no sea verdad ni que la creencia parezca un absurdo, una aberración de la lógica. Sólo de esa manera, con un truco metafísico, logré consolar a la mamá de mis hijos.
Eso es lo que ha causado la policía en muchos mexicanos. Hace muchos años, cuando me enteraba de que despedían a policías por corrupción me sentía convencido de que ésos serían los nuevos delincuentes y que iban a ser peores de lo que eran los de antes. Por desgracia así ocurrió.
Nuestro país se fue descomponiendo bestialmente por la corrupción hasta llegar a ser la tierra de las bestias: el infierno. Los gobiernos toleraron y hasta impulsaron la corrupción en la policía, aquí fueron jefes de la policía grandes criminales, quizá el más bárbaro de todos, un gran delincuente, fue Arturo, El Negro, Durazo, gran amigo del presidente y amante de la hermana de éste. Así hemos llegado a momentos que nunca hubiéramos imaginado. En los últimos años se entronizó la ganancia, se olvidó la solidaridad, la bondad, la sencillez. Y el bien supremo fue el triunfo económico a costa de cualquier atropello, la lucha por los bienes y el dinero. El dios dinero desplazó al ser humano. Pero si bien una metafísica, como la que propone Jung, nos da el consuelo ante las tragedias, no nos resuelve la degradación que fue sufriendo eso que llaman el tejido social, las relaciones entre la gente. Y la policía tuvo un gran papel en esa degradación. El coctel explosivo se preparó de manera inconsciente pero permanente: la maldad policíaca con el paradigma de la ganancia a como dé lugar más la corrupción. En su momento, las policías se aliaron al crimen organizado, faltaba más. Y esto se ha venido convirtiendo en un infierno.
Bueno, la gran Anabel Hernández ha dicho que la Policía Federal Preventiva, todos, así lo dice ella, todos eran delincuentes y sus jefes lo eran de alta peligrosidad. Más todavía, ella dijo que la Policía Federal Preventiva se convirtió en un cártel más del crimen organizado.
En fin, la policía mexicana ha sido siempre el demonio. Sin duda hay sus salvedades. No lo dudo. Pero no me ha sido dado conocerlas.
Tengo que reconocer algo irracional, contradictorio y hasta estúpido: odio tener que haber escrito esta novela. Así como les dije líneas arriba que siento mucho, detesto contar cosas horribles. Pero había que escribirla. Me era imprescindible escribirla. Por varias razones. La primera es para que jamás se vaya a repetir en la historia esta larguísima sarta de brutalidades. Dos, para que se sepa y quede testimonio de hasta donde puede llegar el poder corrupto, la soberbia imbécil y eso nunca más regrese a dirigir a México. Tres, para curarme a mí mismo, aunque digan ¿cómo puedes cargar tanta prodredumbre en tu miserable existencia?, y Cuatro. Porque si hay infiernos y los han creado quienes lo hayan hecho, también hay paraísos y ésos hemos de construirlos quienes no deseamos aquellos infiernos para nadie. Para que, como lo dijo Revueltas: si los humanos han de ser desgraciados, que lo sean por su incapacidad para soportar este mundo, para transitarlo, pero no porque el poder aplastante y soberbio y estúpido o la miseria que el propio poder provoca, los orille a ser infelices. Y así, si en Cualquiera puede matar se cronican variados infiernos y se retratan algunos de sus demonios, también están los paraísos de este mundo y los atisbos de algún edén de otro.
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Momento sonriente

La novela Cualquiera puede matar es la historia de un hombre que se topó brutalmente con su destino. Un tipo que procuró ser bueno, decente, disciplinado y obediente pero el destino le otorgó una ruta de crimen. Esta novela es también una visita a los extremos: la maldad y su banalidad, el crimen ―aunque no sólo y no siempre cometido por parte de los malvados― y el otro extremo: un estado de santidad, o la búsqueda del paraíso, la creación de él en este mundo. Quizá la pregunta fundamental que se encuentra detrás de toda la trama sea una de las esenciales: ¿para qué existimos, qué vinimos a hacer en esta vida?
La novela empieza en el paraíso. Visita los infiernos, diversos infiernos. Y termina otra vez en el paraíso. Y siempre tiene presente a la muerte. Generalmente por asesinato, pero siempre con la muerte presente, incluso como una conveniente salida ―que además es ineludible― de este mundo. Irse de esta vida es nuestro destino. En medio, desde que nacemos hasta nuestro final, está un vacío ―relativamente vacío porque está lleno de todo lo que han hecho los que nos antecedieron― y eso lo debemos llenar con hechos, esa es nuestra misión en este mundo.
Les agradezco infinitamente su atención y todas las molestias que se tomaron para estar aquí. Les doy un gran abrazo a todos.
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lunes, 29 de julio de 2019

Cualquiera puede matar (El episodio Balandrán)

Cualquiera puede matar
(El episodio Balandrán)


Se publica esta novela bajo el sello de Eterno Femenino Ediciones.
Portada* y promoción


Sinopsis. Un joven bueno y disciplinado, Casimiro Rual, al enamorarse de una chica, Laura Balandrán, y casarse con ella, va a dar con una familia de policías, en donde Andrés Balandrán, el patriarca familiar ha puesto nombres de Papas a todos sus hijos: Clemente, Benigno, Salvador y Urbano; se negó a mandarlos a la escuela porque "Ahí los chamacos se vuelven padrotes o putos" y él quería que fueran hombrecitos y... policías como el propio Andrés. En el ejercicio policiaco, los jóvenes Balandrán, naturalmente, ingresan de lleno en el crimen organizado y se dedican a llevar a la realidad un amplio género de horrores. Ahí fue a caer Casimiro Rual. Ante los intentos (fallidos) de sus cuñados por volverlo policía, el apocado, insulso y tímido Casimiro termina convertido en un asesino serial.
La presentación de lanzamiento será el domingo 18 de agosto a las 13:00 horas en el Museo del Pulque que está en Puente de Alvarado casi esquina con Paseo de la Reforma, Centro Histórico.

*El hijo desobediente (técnica mixta), autor Iván Villaseñor Castañeda.

La imagen puede contener: Pterocles Arenarius, sentado
El autor (Foto Arturo Zurbaran)



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miércoles, 3 de julio de 2019

De dónde vienes y a dónde vas...

De dónde vienes y a dónde vas...

Pterocles Arenarius

El día primero de julio cumplimos un año de la gran victoria electoral. Es una fecha histórica, sin la menor exageración. Es la parte de la llegada al poder de la Cuarta Revolución en la historia del país. Y tiene una virtud incomparable, histórica: que los revolucionarios no hemos derramado sangre de los contrincantes. Tengo, acerca de lo anterior, dos consideraciones, como suele decirse, una buena y una mala.
Primero la mala. Anotemos que lo que muy genéricamente llamamos izquierda, hablando globalmentee, casi ha desaparecido. La poderosísima Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se pulverizó en una grupo de pequeños estados. La gran mayoría de los pasíses que eran gobernados por regímenes socialistas o que al menos así se autonombraban terminaron en circunstancias más bien deplorables y algunos de ellos, descubrimos (teníamos que haberlo sabido), eran auténticas tiranías. ¿Cómo podían, a nombre de la justicia para el pueblo oprimir al pueblo? En no pocos casos así ocurría. Llegamos al extremo de admitir que aquellos estados que se autonombraban socialistas, en realidad no lo eran. Terminamos incluso por aceptar que el socialismo no ha existido en la historia moderna.

Tundiendo tecla

En México, la izquierda fue destruida, aterrorizada, asesinada, prostituida. Hubo una guerra sucia en la que, selectivamente, pero sin freno ni pausa, asesinaron a luchadores sociales de las peores maneras imaginadas. A muchos otros los compraron y los prostituyeron. Cuando las fuerzas progresistas estuvieron en condiciones de ganar el poder a través de elecciones, el régimen se robó descaradamente la presidencia en 1988, en 2006 y en 2012. En los hechos parecía que jamás llegaría la justicia al poder. La gran decepción fue la victoria del PAN, con Vicente Fox: el trabajo de resistencia y de oposición firme contra el mal gobierno lo hizo la izquierda y lo capitalizó la derecha. Pero ellos no podían, no quisieron crear la democracia. Luego, Calderón fue peor.
Podemos decir abiertamente que la izquierda no fue derrotada, fue masacrada, asesinada, desaparecida, encarcelada, despojada del poder con todo descaro y, vale la pena tomarlo así: convertida en algo casi inexistente. Pero llegó el gran líder ―con muchos cuestionamientos dentro de las propias fuerzas afines― el que, siempre se dijo, no lo había en la izquierda, estaba entre nosotros y es ya saben quién. Pero nos dicen siempre que nuestro líder es un priísta y hasta se atreven a decir que de los peores. Hay que decir que de ese partido, en sus tres etapas: PNR, PRM, PRI, dio políticos de todas las características habidas y por haber. Desde los malandrines que se enriquecían cínicamente robando al erario hasta los que demostraron su real compromiso con el pueblo mexicano; aunque estos últimos hayan sido notables por su escaso número. Entre ellos es imposible olvidar al general Lázaro Cárdenas. Y esta es la mala consideración: la mejor izquierda, o al menos la más eficaz, terminó siendo dirigida por un político de origen priísta. Andrés Manuel López Obrador. Los propios conocedores de la izquierda afirman que el presidente ni siquiera es de izquierda. Hay quien llega a afirmar que es de centroderecha. Esta es la mala consideración. Pero es todo lo que tenemos, luego de las terribles derrotas del 68, del 71, 88, 94, 2006, 2012. Algunos hasta se dicen avergonzados de esta situación: que las fuerzas progresistas hayan llegado al poder dirigidas por un ex miembro del PRI.

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El presidente

Pero ahora va la buena. Ciertamente, en la práctica, casi todo han sido derrotas para la izquierda. Paradójicamente, a largo plazo, las más amargas derrotas se han convertido en victorias. A estas alturas ya nadie discute que Díaz Ordaz fue un criminal y un pésimo gobernante, igual ocurre con Echeverría, y al mismo tiempo Heberto Castillo es poco menos que un héroe nacional. De la misma manera, nadie discute que los héroes de la izquierda son grandes hombres, como Demetrio Vallejo, Valentín Campa, todos los participantes del movimiento del 68. Es decir, a largo plazo, la victoria política fue de la izquierda. Aunque la gran mayoría de los movimientos hayan sido, en su momento, derrotados por la fuerza, la represión, la cárcel o incluso el asesinato y la desaparición forzada. Pero ninguna derrota es para siempre.
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Heberto Castillo y Demetrio Vallejo


Eso es lo que cosechó Andrés Manuel. Y la buena consideración es que, si bien es un ex priísta, también es cierto que ha sido mucho más congruente que todos los marxistas-leninistas que actuaron en la misma época. Y si bien ya dijimos que en medio de la derrota histórica incluso mundial de la izquierda, tenemos un presidente formidable.
Es curioso que los de la izquierda extrema atacan al presidente casi con igual furia que lo hacen los de la ultraderecha. El presidente López Obrador es el centro de andanadas furibundas y cargadas de odio. Lo acusan, irracionalmente, de que trata de convertir a los niños en homosexuales, de que les quiere enseñar a masturbarse en la primaria, de que tiene un pacto secreto con los comunistas de Cuba y Venezuela, de que es masón y que trabaja para la destrucción de México por eso les da, dicen ellos, más a los centroamericanos que a los mismos mexicanos. Y muchas más monstruosidades similares.
AMLO logró lo que nadie ni siquiera se imaginaba: la derrota total del PRI y, en la práctica, su destrucción, además de poner al PAN en su verdadera dimensión. Andrés supo leer las necesidades de la gente y, a la vez, convertirse en la personificación de ellas. Nada excécrábamos más que los políticos ladrones y mentirosos. AMLO se volvió el más honesto y el más sincero. Y a las pruebas se remitió. La gente odiaba a los que se enriquecieron robando del erario. Andrés se hizo ver como un hombre pobre a pesar de vivir por décadas entre políticos millonarios y corruptos de todos los partidos, incluyendo de la izquierda. Luego se echó en hombros la construcción de un partido político nacional en acaso tres años. Y con eso derrotó al partido de estado más longevo de la historia de la humanidad. Ni siquiera el Partido Comunista de la Unión Soviética llegó a gobernar tanto tiempo como el PRI. Lo que logró Andrés es enorme sin duda. Y, además, es casi lo único que tiene el movimiento progresista.

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Crímenes desde el gobierno

En eso estamos. ¿Qué sigue? Sin duda lo que tiene que venir es la consolidación del poder popular. Sin duda lo que tenemos que hacer es jalar a Morena hacia la izquierda, más hacia la izquierda y plantar las raíces de un poder de la gente que sea invencible para los siguientes procesos electorales. La pauta está hecha. El presidente está tomando las medidas para seguir en el imaginario del pueblo como el benefactor, el líder, el incorruptible, el amigo del pueblo. Él lo ha dicho “Amor con amor se paga”. ¿Habrá, dentro de lo que llamamos la izquierda, algún dirigente que sepa y pueda estar a la altura de AMLO? Pero la continuidad de la victoria depende de lo que hagamos las fuerzas políticas de la base. Sabemos que la derecha es perversa, mentirosa, insaciable y no tiene piedad. El 30 de junio un grupillo hizo una minúscula movilización para pedir la renuncia o la destitución del presidente. Cuando haya los grandes conflictos, lo sabemos, irán con todo, incluso la violencia contra nuestro gobierno. Creo que ni siquiera vale la pena desgastarse en estos momentos en que los enfrentamientos son apenas escaramuzas. Un día no tan lejando se soltarán los chingadazos muy duros, incluso con violencia. Nosotros hemos hecho una verdadera revolución en la que no hemos derramado sangre de los rivales. Mientras que ellos, ya está anotado, asesinaron por décadas a nuestros compañeros. Lo han dicho los más lúcidos de nuestros dirigentes: “No podemos, no debemos ser iguales que ellos, porque cuando lo seamos, nos habrán derrotado”, Pablo Gómez. La gran revolución pacífica que hoy se llama la 4T puede ser la gran salvación de México en los ámbitos más importantes. Falta mucho que hacer, pero Andrés va a requerir nuestro apoyo extremo.

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A un año de la insólita victoria

Eso habremos de verlo en los próximos años. Por lo pronto, la popularidad del presidente es innegable y al parecer sigue asombrosamente in crescendo. Es el momento de celebrar un año de la victoria, pero también el de estar muy atentos, organizados y sentar las bases de lo que será en el futuro muy próximo el poder popular. Si no creamos poder popular ellos nos derrotarán con sus trampas y sus fraudes, como lo han hecho aquí por décadas, como lo han hecho en Brasil, en Ecuador. Y entonces sí, que Changó nos agarre confesados.
Publicado por Pterocles Arenarius en 16:25 No hay comentarios:
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