miércoles, 18 de agosto de 2021
México-Tenochtitlan 500 años
miércoles, 7 de julio de 2021
Carta a Ricardo Rocha
Carta a Ricardo Rocha:
Pterocles Arenarius
Te explico, Ricardo Rocha, si se hizo una sección de la mañanera que se llama Quién es quién en las mentiras de la semana, es porque los periodistas son brutalmente mentirosos. Se habían acostumbrado a decir mentiras impunemente, incluso a extorsionar ―como lo hizo López Dóriga con la señora Arámburu-Zavala, como ella denunció―. En el fondo eso era, extorsión. Los Krauze, los Aguilar Camín, al final no eran sino eso, extorsionadores que ponían sus plumas al servicio del poder. Por eso. Para que ya no digan mentiras. O, incluso, dice el presidente, que las sigan diciendo, pero ahora serán exhibidos. Aunque les arda. Aunque dejen de ser el segundo poder, por arriba de los demás, excepto del Ejecutivo, ante el cual se bajaban los pantalones y se empinaban cotidianamente a cambio de muchos millones. Dinerales que perdieron. Como tú comprenderás, Ricardo.
Y aunque te asombres.
Mira, Ricardo, Ventaneando, programa de Paty Chapoy, es un bodrio, una cochinada, una desvergüenza y una de las maneras que han usado desde ese pudridero que es la televisión mexicana (hasta narcotraficantes han sido y si no pregúntales a tus compañeros de Tv Azteca que fueron capturados en Nicaragua y que, si no mal informado estoy, allá siguen, en la cárcel) para prostituir y degradar el buen gusto que podría tener el pueblo mexicano dados los antecedentes de sus verdaderas artes. La televisión intentó apropiarse del gusto popular y, en vez de arte, le dio podredumbre al pueblo, con la finalidad confesa de degradarlo, prostituirlo, como prostíbulos son las televisoras. Pretendes comparar el bodrio llamado Ventaneando con La Mañanera. Bueno, esos son tus parámetros. Es como si un borracho quisiera medir el atole desde su embriaguez. Y todavía pretendes degradarlo más, hasta Laura Bozzo. Es como si un pederasta de esos del PRI, Emilio Gamboa, Mario Marín, gente así, fuera jurado de un concurso de declamación infantil. Qué bajito has llegado, Ricardo.
No, compadre, el presidente no quiere hacer juicios ―y menos sumarísimos― ni aplastamientos de libertades, ni comprar plumas que no le interesan ―como la tuya que vendiste bien―. Y “Quién es quién en las mentiras” ni siquiera es análisis desde ópticas que tú bien conoces. Sólo es señalar a los mentirosos. Si alguien miente se exhibe solo, excepto que oculte su mentira y tenga una cobertura de cómplices ocultándolo, parafraseo a Goebbels. ¿O qué, el presidente no tiene ni el derecho de señalar a los mentirosos? No mames, Ricardo.
Si lo que hace el presidente cada mañanera no es diálogo circular ¿entonces qué es, imbécil? Ahora sí estás mintiendo descaradamente, Ricardo Rocha. Si cualquier periodista chafa, mediocre, mentiroso, se le pone de tú a tú al presidente incluso faltándole al respeto como vemos casi diario, si el martes 6 de julio el mentiroso Jorge Ramos intentó llamar mentiroso al presidente (pero se fue con la cola entre las patas), ¿dónde está el ataque a la libertad de expresión?, ¡no seas mentiroso, R. Rocha!
Y el monopolio de la verdad se lo adjudicaron los medios llamados convencionales. Ustedes dictaban lo que era verdad y lo que no. Nadie se les podía poner en contra porque simplemente lo desaparecían. Todos los políticos les tenían miedo. Los medios pusieron en la presidencia a uno de los peores presidentes que hemos tenido, Enrique Peña Nieto y justificaron los fraudes del criminal Carlos Salinas y la entronización del peor de todos: FeCal, alias, Felipe Calderón.
Ahora bien, según tú la verdad absoluta no existe, pero las mentiras triviales, las noticias falsas que ustedes ―tú, en este artículo pútrido― esparcen no deben tener respuesta, concluyo: quieren libertad de expresar mentiras y además impunidad para que no sean contestadas. ¿Eso? Pues qué mal acostumbrados se quedaron. Es que todo el dinero que ganaban por mentir ya no lo tienen. Y eso es lo que realmente les arde hasta el fondo de su alma. Pero chillen, chilla, Ricardo, si quieres dinero vete a hacer negocios. Si eres informador informa, cabrón mentiroso.
El Universal decidió convertirse en un instrumento de la derecha. Decidió publicar mentiras o verdades sesgadas o a medias para perjudicar sistemáticamente al opositor López Obrador y luego al presidente. Y cuando se le señala como un diario mentiroso chilla y dice que se ataca a la libertad de expresión. Y miente una vez más.
Y te digo quiénes son el hampa del periodismo, aunque no alcancen las líneas y sería más fácil decir quiénes no lo son: Televisa, Tv Azteca, El Universal, Reforma, La Crónica y todos los periódicos impresos, con la salvedad de La Jornada; todas las radiodifusoras quizás con alguna salvedad que no conozco; periodistas que son auténticos sicarios de la información como Joaquín López Dóriga, Carlos Marín, Ricardo Alemán, Ciro Gómez Leyva, Raymundo Rivapalacio, Pablo Hiriart, Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo, José Cárdenas, Adela Micha, las Denisses Maerker y Dresser y hay otros todavía menores si eso es posible: un Pascal, un Jorge Fernández, un Ruiz-Healy. Imposible tanto pudridero. Ésos. El ballet folclórico de la derecha. Todos haciendo nado sincronizado. Y tú, que perdiste la vergüenza, Ricardo, estás incluido.
Y, otra de tus mentiras: que el presidente espía a los periodistas. ¿Para qué, si son tan predecibles, si ya sabemos para dónde van y qué hacen? Ya sabemos que simplemente mienten y calumnian. Dices que el video de Pío López Obrador. A ver, ¿qué prueba ese video?, prueba que recibió dinero. ¿Recibir dinero es delito? Depende por qué se reciba... por ejemplo, vender la pluma no está tipificado como delito y tú lo has hecho y no se te ha perseguido. Si acusas a Pío, pues prueba que cometió un delito, imbécil. Si no lo haces entonces estás calumniando, mintiendo, es decir, estás haciendo lo contrario que un verdadero periodista. Si acusas a la prima del presidente, sigues mintiendo. Los contratos se le retiraron a pesar de que legalmente podía recibirlos, incluso la perjudicaron porque no violaba la ley. Y no te cansas de mentir, hablas de crímenes y corrupción en el círculo cercano del presidente. Pero ni siquiera dices quiénes o qué hechos. Mentiroso. Hablas de ¡50 mil mentiras! del presidente. Ya no sólo mientes, te estás volviendo loco, como Ricardo Alemán. Lo siento por ti.
Lo encaraste... y fracasaste, Ricardo. Recibiste contratos de Peña Nieto, eso ni tú lo puedes negar. Ese señor que todo lo que tocó lo convirtió en transas, en robos. ¿Contigo todo fue derecho? Híjole, pues permíteme dudarlo o aunque no me lo permitas. ¿Y para qué querría el presidente dialogar contigo en lo oscurito ―discreta, sinceramente de buena fe, dices―, eso suena a pretensión de contubernio a cochupo acá entre nos. Pues no, señor. Con mi presidente sí se vale decir “El rey va desnudo”, porque en las Mañaneras todos van desnudos. Y se chingan. Puedes seguir esperando... como Silvano...
¿El presidente furioso? Pues mientes, de nuevo. No he visto en los últimos años a un hombre más feliz, sereno y sonriente que Andrés Manuel. Tranquilo, hasta cuando un puercote del imperio llamado Jorge Ramos vino a ofenderlo. Con pasmosa serenidad, tranquilo, le dijo “Lamento que un periodista como tú estés mal informado”. O quizás seas un podrido que quiere calumniarnos, mentir en nuestra cara. Y el sujeto se fue con la cola entre las patas, como tú también, con todo tu ardor.
El presidente no quiso estrangular a nadie, simplemente les quitó el dinero que recibían en exceso a modo de extorsión encubierta: “Hablo bien del gobierno y éste me llena de billetes”.
El debate lo tienen perdido porque mienten. Desde el ardor del fundillo y sin fundamentos no pueden ganar ningún debate porque, además, “la victoria de la reacción es moralmente imposible”.
martes, 2 de marzo de 2021
Un viejo peleonero
Crónica en diálogo para
retratar a un pinche viejo peleonero
Pterocles Arenarius
―No es tiempo ya de que hagas eso, cabrón. Ese pendejo tiene, por lo menos, 30 años menos que tú. A ver, ¿qué tal si te rompe toda tu madre?
―No, mi hermano. No he dejado de entrenar, estoy bien cabrón, en serio.
―Pues sí, estás cabrón, pero a tus 70 años ni sueñes que puedes ser el mismo de hace 40 años.
―Pues no sueño. Ya sé que soy un pinche viejito. Pero sé meter las las manos y lo último que se pierde es el pegue. Doy buenos putazos, aunque no lo creas. Es más, vamos a subirnos al ring para que veas.
―No, gracias, déjalo de ese tamaño, yo sí te creo. Pero de todos modos. A esa edad no puedes ni debes ni debías querer pleitos a golpes y menos con un cabrón que podría ser tu nieto, no me chingues.
―Lo que pasa es que ese hijo de su puta madre me agandalló una vez, hace muchos años. Pero tú viste, ¿me la saqué sí o no?, dime la neta.
―Sí, la neta sí te rifaste.
―Y te voy a decir una cosa. Ese día del pleito no había comido en todo el día. En la mañanita nomás me tomé un café y un pan. Precisamente había ido por comida, venía con lo que iba a comer ya casi a las siete de la noche cuando me lo encontré al hijo de su chingada madre. Y, otra, estaba bien cansado, entrené como hora y media y sí me sentía fatigado, pero más todavía, traía la carga de entrenamiento de unos siete días de trabajar bien duro. Y, para acabarla de chingar estaba todo superhambriento. Antes no me dio mis chingadazos el pendejo.
―Pues te diré, yo vi todo el tiro y no te fuiste limpio. Te dio una patada en los güevos. Te alcanzó a dar dos que tres chingadazos en la cara. Te dio una patada en el pecho cuando te agarró de los cabellos y al final, te tiró al suelo, aunque sea a empujones, pero te tiró dos veces.
―Me aventó un patadón, pero no me pegó en los güevitos, sino apenas de refilón. Aguanté bien derechito. El chingadazo fuerte me lo dio en una pierna, se me puso no morado sino negro. Fue un buen chingadazo, pero no me hizo nada. Los golpes en la cara, sí, me dio uno en la mandíbula izquierda y otro en la sien derecha. Pero tampoco me hicieron nada ni se me inflamaron y apenas me dolieron un par de días. Nada de cuidado. En cambio él, con su jeta, me puso los dos puños morados. Le metí dos santos vergazos que me lastimé las dos manos. Nomás que uno se lo di en la sien, igual que él a mí; y el otro se lo di en el hocico, bueno, en la mandíbula. Si no se cayó el pendejo es porque pesa más de cien kilos. Pero te apuesto que diez días después de la madriza todavía le han de doler. ¿Por qué?, porque a mí todavía me duelen los nudillos y los dedos con que le pegué. El dedo medio de la izquierda todavía lo tengo inflamado. Te digo que le metí un par de chingadazos de su tamaño, o más bien de su peso, porque está bien chaparro el cabrón, pero pesa más de cien kilos. Y que le dé gracias al cielo de que yo estaba cansado y sin comer, porque si no, de un chingadazo de esos lo hubiera tumbado con todo y sus cien kilos.
―Pero no mames, ¿qué tal si quiere desquitarse?
―No creo. Ya probó lo que es candela. Ya vio que le puedo dar unos chingadazos espantosos y no tiene idea de que le puedo pegar más fuerte todavía, pero con lo que probó ya es para que no se arriesgue otra vez. Además él fue el que pidió tregua. Ya no podía ni con su alma y yo, con todo mi cansancio acumulado, pero sí podía seguir peleando. Si voy descansadito le parto su madre y ni cuenta se hubiera dado.
―Ya no le busques, cabrón. Si el güey ya no quiere pelear pues mejor áhi que muera y todos en santa paz.
―Puede ser...
“Pero déjame decirte una cosa que me pasó ese día. Algo bien extraño. Primero, que el güey tuvo mucha suerte, porque te digo, si me agarra descansado y sin hambre (es que, la neta, no exagero, estaba yo hipoglucémico, en los hechos llevaba casi 24 horas sin probar alimento), si me agarra medio entero le parto su madre pero fácil y rápido. O sea que tuvo mucha suerte el pendejo. Y la otra, que se acumula con la anterior, es que te juro que cuando le tiré el descontón, tú lo viste, me lo esquivó el hijo de su puta madre, bueno, cuando le tiré el vergazo sentí que había más gente con él. Que estaban al menos una, si no es que dos gentes más con él. Estaba peleando también contra ellos.
―¿En serio? Qué raro.
―Ahora lo pienso y estoy seguro de que hay alguien que lo protege al pendejo.
―Bueno, te diré algo. Todos tenemos alguien que nos cuida. Bueno, casi todos. Pobre de aquel cabrón al que nadie de este mundo ni del otro lo protege. Mira, todo aquel que es amado en este mundo tiene una protección. Y si hay alguien que ya no está en este mundo y lo quiso, ese lo cuida más todavía y, ¿sabes una cosa?, ¿te acuerdas de su madre, una pinche vieja chaparra, gordota como él, argüendera peor que el puto diablo, más chismosa que Satanás y chillona la cabrona. Una pinche vieja que hasta lo que no se comía le hacía daño. Esa mujer murió hace unos dos o tres años. Pues esa cabrona lo estaba cuidando. Cuando peleas con alguien estás luchando contra todos los que aman a tu enemigo. Está cabrón.
―Pero también te enfrentas a su fuerza vital, a su instinto de supervivencia. Hubieras visto cómo peleaba el perro maldito, bueno, viste, pero no, hubieras sentido su desesperación, la fuerza de animal que le ponía a su defensa. Era como si quisieras exterminar a una rata. Se defendía como si yo lo hubiera querido matar. Con la fuerza monstruosa de la vida. Y yo cometí un error grave. Yo he sido peleador. Un peleador nunca debe perder la calma. Yo la perdí. Entré a su juego. Entre los griegos se enseñaba a sus soldados que, para el combate, se encomendaran a Atenea, diosa de la guerra y de la sabiduría, del orden. Lo más importante era que no debían perder el orden. Luchar ordenadamente les garantizaba la victoria. En cambio, sus enemigos eran encargados a Ares (Marte, para los romanos), el dios de la guerra y el desorden. Si los griegos lograban que sus enemigos cayeran en desorden, era casi seguro derrotarlos. No supe conservar la serenidad. Es más, no debí acercármele. Cuando empezó el tiro debí boxear de lejos, amagarlo, hacerle fintas, tirarle el yab, etcétera, todo lo que sé. Pero don pendejo, ahí voy a romperle la madre a lo bestia. Por eso me dio la patada. Por eso me agarró de la camisa y me tiró al suelo con sólo empujar con sus cien kilos, eso sí, desesperadamente, porque se dio cuenta que a los chingadazos ya lo había derrotado. Si le hago eso, le peleo como yo sé, ordenadito, tranquilo, aun así bien cansado y hambriento, mira, en menos de cinco minutos ya no hubiera podido ni con su alma. Entonces hubiera sido el momento de romperle su madre. Pero cometí el error de entrar en su juego y él aprovechó mucho mejor sus ventajas, su peso. Yo, en cambio, no pude explotar las mías, mi rapidez, porque estaba bien cansado; mi mejor boxeo, excepto por momentos, ¿viste que le esquivé dos ganchazos que me tiró y a cambio le di un derechazo que lo hizo brincar? En fin. Se llevó dos recuerditos el hijo de su puta madre. Para que aprenda.
―Bueno, ¿ya estás satisfecho? ¿Ya no le vas a buscar pleito otra vez?
―No, ya no. Creo que se llevó una buena lección. Ya se dio cuenta de que no es lo mismo pegarle a un borracho ―porque aquella vez me agarró ahogado de borracho― que pelear con un pinche viejito. Pero si quiere más ahora sí le voy a dar una putiza pero al doble de su tonelaje.
―Cabrón, a los 70 años no debes pelear ni con tus nietecitos, nadie pelea a esa edad.
―Pues no, mi carnal. Pero, para empezar, no tengo nietos y, en ese pedo de ya no pelear, vas a ver... ¿Qué te diré? Dos tiros más y ya me retiro, ahora sí, para siempre, de la violencia.
―Ay, cabrón, no entiendes.
miércoles, 30 de diciembre de 2020
El sueño (de El) Dorado
El sueño (de El) Dorado
PteroclesArenarius
Respire profundamente… ¡y pague!
PP Servicios Respiracionales SA de CSC
Cada mañana los esclavos modernos se levantan para hacer millonarios a otros.
Alain Garret
El adminículo fue públicamente considerado (por su poseedor, el señor P.*) una obra de arte en muy variados campos: en la tecnología, el arte de apropiarnos de la naturaleza para beneficio de…, bueno, de la humanidad aunque indirectamente, a través de un empresario, pues, como ya el mundo entero sabe, el maravilloso ingenio —de alguna u otra manera— consiguió la apropiación de la más preciosa sustancia en este mundo; pero el artefacto mencionado también es obra de arte en el ámbito de la economía, el arte de administrar (es decir, hacer escasos, agregar valor a) los recursos en bruto de índoles múltiples (naturales, humanos, tecnológicos, extraplanetarios, que la plebe cree que son posesión de la humanidad), claro, dijo su dueño, esa administración se da a partir de la sabiduría de un empresario y en el ámbito tan complejo como eficaz del sistema de libre mercado y libre competencia. Eso es el mecanismo mencionado, un elemento que introduce en el libre mercado el bien más preciado para la existencia.
Con el maravilloso aparato —por cierto simplísimo— le ha sido posible, al feliz y ya para el momento todopoderoso usufructuario, realizar el sueño supremo de todo empresario: convertirse en el dueño absoluto de un recurso imprescindible de manera perenne para todo aquel que existe. Con una simple señal electrónica a cierto satélite, la empresa del señor P. puede omitir la dotación de aire para los pulmones o aparato respiratorio de cualquier sujeto u objeto viviente que él decida en este planeta. El proceso es simple y opera como cualquier compañía de servicios.
Un mensaje llega a su teléfono celular. En él se le avisa que en diez minutos se interrumpirá la asignación de aire a sus pulmones. Si no quiere usted sufrir disnea o franco ahogamiento por asfixia, debe depositar, en la cuenta bancaria que en el propio mensaje se le proporciona, cierta cantidad de dinero antes de los diez minutos.** En cuanto usted hace el requerido depósito u otorga el consentimiento para retirar el recurso de su cuenta, se le otorga el acceso a la anhelada mezcla de gases que se encuentra en la atmósfera y de la cual, de alguna manera secreta*** y por medio del archimencionado adminículo, se ha apropiado el empresario P. Se ha apropiado de ella puesto que ha logrado la capacidad de interrumpir el suministro del preciado gas elemento a quien él decida, vegetal, animal o humano en este planeta.
El origen y la composición del admirable artificio es, por supuesto, secreto. Tal negocio lo hace la Compañía PP por la única e incontestable razón de que (gracias a su avanzadísima tecnología) puede hacerlo y, hay una razón más, ésta legal, ha obtenido una concesión gubernamental para el uso y/o restricción de los gases atmosféricos (a cambio de ciertos favores y una ventajosa negociación para ambas partes).
El más exitoso empresario de esta década se ha convertido, obviamente, en el hombre más rico del orbe**** en un tiempo récord. Ha encontrado una estrategia de mercado que lo vuelve invencible: cobra mucho más caro a los grandes potentados del mundo por no asfixiarlos (en realidad ese es su gran poder) que a la gente humilde. Incluso a algunos —por ejemplo a los que son tan pobres que no poseen ni siquiera un teléfono celular— suele no cobrarles. A los gobiernos los provee de dotaciones masivas, con las cuales éstos a su vez se ganan los votos de la gran mayoría de sus electores. A los animales y vegetales, asimismo, se les impone una cuota, siempre y cuando haya quien responda por ellos en el caso de las mascotas. A las especies en peligro de extinción de igual manera se les aplica un costo por otorgarles el aire. Éste corre a cargo de la Secretaría Federal de Ecología, obviamente. A los animales salvajes o a los perros callejeros que son tan comunes en nuestro país, es imposible aplicarles la cuota respiracional, pues nadie responde por ellos.
Ha habido algunos descontentos, como siempre, pero, como nunca, es fácil doblegarlos con el apoyo del gobierno legalmente constituido y el uso del prodigio tecnológico ya tan comentado. Cuando una turba pretende manifestar su descontento, simplemente se les retira el servicio de dotación respiracional y de inmediato se dispersan, salvo algunos tercos que, bajo su propia responsabilidad, han llegado a fallecer por asfixia al negarse a terminar su protesta de descontento a pesar de la dotación gratuita que se otorga a todo aquél que prescinda de la manifestación de reprobación contra PP.
PP cuenta con las más ventajosas ofertas para todo público según su nivel de ingresos. Asimismo, contamos con los planes más convenientes para su seguridad respiracional. Si usted desea un plan anual, podemos recomendarle las mejores opciones que le permiten ahorrar hasta el 20 por ciento, con lo cual usted asegura su alto nivel respiracional. También contamos con las dotaciones magnas para atletas de alto rendimiento y elevado consumo de aire y en especial de oxígeno.
Por otra parte, si el nivel de ingresos es mediano, contamos con paquetes que, aunque le causen un esfuerzo económico, le aseguran por mes o por semana la dotación respiracional para toda la familia.
Tenemos también el servicio especial para personas cuya actividad sexual es intensa por diversos motivos —incluso profesionales—, ya que, es bien sabido, en el trance de la relación amorosa es imprescindible una abundante aireación para garantizar (y garantizarse) una satisfacción completa. Para estos casos contamos con dotaciones especiales.
Nuestro más grande orgullo es que le ganamos a los grandes consorcios que intentaron apropiarse de los alimentos mediante la ingeniería genética, buen intento, pero tuvieron una gran oposición política; también derrotamos a los que intentaron apropiarse del agua mediante las grandes obras hidráulicas. Igual que las compañías anteriores, no supieron sortear las presiones políticas ni las movilizaciones sociales.
En estos momentos estamos en conversaciones con tales empresas para llevar a efecto la implementación de una alianza estratégica mediante la cual —sin que perdamos nuestra natural preponderancia— estaremos en condiciones de convertir en una gran empresa absolutamente exitosa que nos provea, administre, controle, distribuya y aun produzca, todos los alimentos, toda el agua y —nosotros ya realizamos casi todas aquellas actividades con el aire—, en fin, en coadyuvancia con el estado, estemos en posibilidades de administrar lo más importante de todo: la vida en el planeta Tierra.
Todo lo anterior, para que se lleve a efecto el mandato natural de la existencia. Las jerarquías existen. Nadie es igual a otro, ergo, unos dirigen, otros siguen, es decir, unos mandan, otros obedecen. Para eso estamos nosotros, los empresarios y, por supuesto, como auxiliares, el estado, el gobierno, los políticos. Ellos deben controlar, vigilar, registrar a todos los ciudadanos. Nosotros nos encargamos de todo lo demás.
* Por múltiples razones de seguridad se conserva en el anonimato la identidad del exitoso, del más brillante empresario en la historia de la humanidad y sólo se le identifica como el señor P.
**Es posible realizar el pago de inmediato a través del servicio de internet simplemente entregando el número de su tarjeta bancaria a la compañía.
*** Resulta imprescindible la secrecía del famoso instrumento (ni siquiera mencionaremos si es mecánico, eléctrico, electrónico o de otra clase de tecnología), puesto que la Compañía PP de Servicios Respiracionales está consciente de la existencia de una red de espionaje industrial que pretende apropiarse de los secretos tecnológicos de nuestro invento para establecer la competencia. Hasta el momento hemos logrado evitar el robo de nuestro secreto dispositivo gracias a haber hecho uso del mismo contra los —hasta este momento— fracasados espías.
**** El famosísimo señor P. terminó dejando en ridículo a cierto empresario que se había apropiado —no tan limpiamente— de los servicios de comunicación de todo nuestro país (más de cien millones de habitantes), un tal Carlitos, que ahora está sometido a muy altas cuotas porque —como él mismo hacía con sus empresas— aplicaba tarifas diferenciadas según sus amistades o sus preferencias en diversos ámbitos. Hoy PP Servicios Respiracionales, SA de CSC (Capital Siempre Creciente) le aplica la tarifa más alta a don Carlitos que ha dejado de ser el más rico del mundo. Y PP Servicios Respiracionales, SA de CSC lo hace así, porque puede hacerlo así. Legalmente, es decir, con la ley que nuestros diputados han aprobado en el congreso nacional y no como lo hacía él, violando la ley.
domingo, 29 de noviembre de 2020
Como se escribió Querido Pancho Villa, la novela
Así se escribió Querido Pancho Villa
Pterocles Arenarius
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| El cartel, el libro, el autor |
La pandemia provocada por el llamado Covid 19 ha perturbado una gran cantidad de actividades. Las más afectadas han sido las culturales. Así que mi Querido Pancho Villa no ha tenido la difusión que se merece.
En algún momento, hablando con el maestro Agustín Ramos ―en el ínterin desesperante de no publicar Querido Pancho Villa, escribí otra novela que tenía en plan desde muchos años atrás, esa fue Cualquiera puede matar. Agustín Ramos tuvo la enorme gentileza, junto con el maestro Jorge Arturo Borja y mi amigo Juan Carlos Castrillón, de presentar Cualquiera puede matar en el Museo del Pulque, ahí a un ladito de la iglesia llamada de los sanjuderos―, me preguntó Ramos que si estaba escribiendo algo y le hablé de Querido Pancho Villa. Agustín es un hombre extraordinario y brutalmente generoso, me dijo que se la hiciera llegar, que le interesaba leerla. Se la mandé y, aprovechando el viaje (aprovechado que soy), le pedí que si me pudiera hacer un prólogo para Querido Pancho Villa. Agustín Ramos leyó las 336 cuartillas de computadora que tiene la novela y me hizo un prólogo que, lo confieso, me hizo llorar (me lo hace cada vez que lo leo). Me obligó a reconsiderarme. Me puso pensar. La lectura de Agustín fue tan certera, tan profunda, tan lúcida, que debiera sonrojarme cada vez que él me viera. Penetró hasta lo más profundo de la novela. Y, por supuesto, de mí. Pancho Villa, dice Agustín:
(...) se mantuvo siempre a suficiente distancia de la civilización para volar a la altura de la intuición, sobre la inteligencia y el instinto, con la libertad propia del arte y la limitación humana que encierra desde la santidad espontánea hasta el más valioso de los lujos, la lujuria.
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| Tres libros de narraciones sobre mi general Villa |
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| Martín Luis Guzmán, Paco Ignacio Taibo II y Friedrich Katz, los fundamentos |
El lenguaje de las Memorias de Pancho Villa, es mágico. Ciertamente está cargado de un candor que es necesariamente fascinante. El libro está habitado por un poderío verbal que ―en el mejor sentido de la expresión― enajena.
Yo empecé a leer este volumen quizá en el 2014. Son casi mil páginas, así que lo leí en unos tres meses (siempre leo tres o cuatro libros simultáneamente), pero el lenguaje de Villa me enajenó. Es tan exacto, envolvente, tan candoroso que llega a volverse deslumbrante. Termina uno encantado. ¿Es Pancho Villa o es Martín Luis Guzmán? ¿O son los dos? El caso es que cuando iba a medio libro o antes incluso, me puse a intentar escribir algo y me di cuenta que estaba escribiendo como (dice Martín Luis Guzmán) hablaba Pancho Villa. Me di cuenta, ¿o será falso?, que el espíritu de Villa habita en su lenguaje y que el autor de las Memorias... lo capturó de manera magistral. Y si yo no podía escribir si no era como hablaba Villa, su espíritu, concluí que había una posesión. ¡El lenguaje de mi general ―es decir, su espíritu― habían hecho posesión de mí! Eso es muy grave. El padre Gabriele Amorth (el exorcista oficial de El Vaticano que en su vida se enfrentó 70 mil veces con el diablo, el que decía que el aborto, la homosexualidad, el divorcio, todos los males de la humanidad los carga el demonio en los humanos) se hubiera apresurado, sin duda, a practicarme una de sus ceremonias para expulsar al maligno de mis profundidades. Para la iglesia, no podía ser de otra manera, Pancho Villa era un demonio. Es más, hay una versión de que mi general tenía pacto con el diablo, como se reporta en la novela Querido Pancho Villa. Pero yo no me angustié ni mucho menos, era bonito estar tomado por ese lenguaje. Pero era un problema, porque si no podía escribir más que con tales modismos, con ese estilo, me pregunté “¿y ahora qué hago?”. Pues escribir algo sobre mi general Villa. Y como estaba escribiendo como él hablaba (o intentándolo según mis entendederas o mis posibilidades y mis circunstancias de chilango del siglo XX-XXI frente a un campesino, aunque haya sido un genio, del XIX-XX), pues me puse a escribir algo sobre el general.
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| Los malquerientes: Krauze, Marte R. Gómez y Rafael F. Muñoz |
Pero a raíz de tales sueños, me di cuenta que iba a ser, como dice Agustín, “(...) un diálogo de poseídos”. Inmediatamente sostiene que es “imposible de describir sin emplear palabras chocolateras como magia, erotismo, misticismo, barbarie, cultura, sentimentalismo y drama. Porque no hay otras o al menos el prologuista no conoce otras palabras suficientemente fieles para intentar decir de qué se trata y cómo se trata este libro, no sobre Francisco Villa sino de Francisco Villa y de sus partes menos conocidas: la niñez huérfana de padre, el apego a la madre y la obligación de amparar con el amor y por la fuerza de la astucia, sus estrenos en el sexo y la muerte, el bandolerismo y la genialidad guerrera, los motivos de un lobo muy andado como para morir en la madriguera de la inocencia”.
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| Los libros consultados y el resultado Querido Pancho Villa |
“Porque Villa es todos los pueblos en sus momentos heroicos, lo es por la veneración que convoca en todo el mundo y lo es por sus tantos nombres que pasan del anonimato al nombramiento de todos: todos somos Pancho Villa. Entonces, nosotros también nos meteremos en la plática y no solamente como si escucháramos una conversación ajena sino como si formáramos, como formamos, parte de una misma historia y pasáramos, como pasamos, a formar parte del mismo hecho revolucionario junto con el muchachito narrador y ese ser que es muchos: “Pancho Villa es tantísima gente”, dice con toda la razón el título del capítulo 17”.
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| Agustín Ramos, prologuista |
Finalmente, Agustín Ramos concluye su prólogo con frases que este autor simplemente mira con pasmo, por más que le indican que esta vida, este viaje de la escritura ha valido la pena.
“(...) esta obra ofrece la suculencia de un diálogo que lleva directamente, por obra de la ficción, al alma del general Villa.
(...)
“En suma, Querido Pancho Villa es el fruto más logrado hasta hoy de la vitalidad y la actitud de Pterocles Arenarius: escritor digno y capaz de la hazaña artística que los lectores atentos van a disfrutar, un diálogo de héroes”.
Por último, para dar una idea de quién era Francisco Villa voy a transcribir dos fragmentos, primero del autor italiano Ettore Pierri que escribió La Verdadera Historia de Pancho Villa. Éste autor hizo más de 300 entrevistas a personas que conocieron a Villa.
―¿La gente lo quería?
―¡Claro que sí! ¿Esto se va a publicar en algún lado?
―En un libro, ¿por qué?
―Porque quiero que diga una cosa. Diga que no había nadie tan querido en México como Villa. ¿Lo dejarán decir eso?
―Por supuesto.
―Diga que lo dije yo, Tomás López Flores.
―¿Qué es lo que más recuerda de Villa?
―Se va a reír...
―No. Dígalo...
―El puño.
―¿El puño?
―Sí. Lo cerraba cuando hablaba de la tierra y lo apretaba. Se le hinchaban las venas.
―¿Qué decía de la tierra?
―Que tenía que ser de todos. Decía eso y apretaba el pño. Era capaz de matar con aquel puño enorme.
―¿Y usted estaba de acuerdo?
―¿Con qué?
―Con lo que Villa decía.
―Todos estábamos de acuerdo. Por la tierra se hizo la Revolución. Lástima que él... ―se interrumpió.
―¿Qué iba a decir?
―Que es una lástima que él haya muerto.
| Jorge Arturo Borja, autor del texto de cuarta de forros |
El siguiente fragmento es de John Reed:
“Era un gigante macizo como una pirámide, que en ocasiones se enternecía hasta las lágrimas por cuaquier hecho sencillo.
Cierto día entró con sus hombres a un pueblo y un niño se le acercó y le entregó un ramo de flores.
―Para usted, mi general. ―Dijo el niño. Villa lo miró confundido.
―¿Para mí? ¿Flores para Villa ―murmuró.
―Sí, mi general ―repitió el niño―. Para usted.
―¿Por qué? ¿Por qué flores? ―preguntó Villa con los ojos brillantes.
―Porque todos lo queremos aquí ―contestó el niño.
Villa desmontó, tomó al niño en sus brazos, lo miró a los ojos y lo besó. Después se apartó de nosotros. Cuando fui a buscarlo estaba solo. Llorando.
―Flores ―dijo con el rostro cubierto de lágrimas― Flores para Villa...
| Bajo la égida de mi general |
















