miércoles, 18 de agosto de 2021

México-Tenochtitlan 500 años

13 de agosto
Pterocles Arenarius

El objetivo de toda sociedad humana bajo cualquier clase de gobierno ―incluidas las tribus, las dictaduras de uno o del otro extremo y los regímenes de cualquier índole― es, mínimamente, la sobrevivencia de esa sociedad en las mejores condiciones posibles. Si no cumple con eso que es requisito elemental para su viabilidad, significa que ese gobierno, ese régimen, ese sistema, no sirve, es un fracaso (o un fraude) y debe ser sustituido. Así le pasó al PRI y fue desechado por la gente.
Tal es, sin duda, la razón de que el presidente López Obrador designara al régimen, al sistema de de gobierno de la época colonial de la Nueva España como un rotundo fracaso. Los datos duros así lo demuestran. Cuando los españoles invadieron y sometieron a Mesoamérica, siglo XVI, se ha estudiado y concluido que había en estas tierras unos 20 millones de personas. Para el XVII se refiere que la población indígena llegó a ser de tan sólo 6 millones de personas. Esto constituye una hecatombe demográfica de dimensión planetaria. Un genocidio sin parangón en la historia de la humanidad. Bueno, ni los nazis alcanzaron estos números. Y la población de los aborígenes nunca se recuperó. Hasta la fecha, hay en nuestro país unos 10 millones de indígenas. Eso fue el régimen de la Nueva España para los indígenas. El exterminio, la destrucción de su cultura, la desaparición de sus dioses y con ellos de su religión. El sometimiento a todo lo que pareciera “indio” en el oprobio, la marginación y el racismo.

Epopeya del pueblo mexicano (Fragmento). Diego Rivera

El exterminio fue, por un lado, inconsciente, porque los españoles trajeron sin querer, las enfermedades que en sus países, si bien causaban mortandad, estaban más o menos controladas, había lo que hoy se llama la inmunidad de rebaño, como nos enseñó el doctor Hugo López Gatell. Los españoles, a fuerza de sufrir las oleadas de viruela, sarampión, incluso la sífilis y muchas más enfermedades habían desarrollado anticuerpos contra la mayoría de ellas. Los organismos de los aborígenes de lo que hoy llamamos América no tenían esas defensas y murieron por miles.

Ídem, Diego Rivera. (El poder eclesial y militar)


Otro motivo de la muerte fue el de los trabajos forzados a que fueron sometidos. Y también se practicó, por supuesto, el asesinato directo. No menos tuvieron que ver las violaciones sexuales sistemáticas de los peninsulares contra las indias. Así dejaron de nacer indígenas, los nuevos habitantes ya eran mestizos. Es decir, entre lo inconsciente y lo adrede, los españoles de los siglos XVI y XVII que llegaron por nuestras tierras hicieron la más eficiente limpieza étnica de la historia humana. El gran genocidio de la historia.
Las víctimas fueron nuestros pueblos originarios. Si el plan era exterminar a los indígenas, entonces fracasaron. Porque los indígenas sobreviven, todavía existen casi todos sus idiomas (que no son dialectos, son idiomas) y, aunque la alta cultura desapareció, los usos y costumbres, la alimentación y hasta gran parte de la cosmovisión pervivieron.

Ídem. Diego Rivera. (La circunstancia indígena en la Nueva España)


Si el plan era, como el de toda sociedad humana, la sobrevivencia, la mutua existencia como les ocurrió a los españoles con los invasores musulmanes, como se les permitió siglos antes, cuando los dominaron los romanos e incluso en las invasiones de bárbaros germánicos, ellos no sufrieron el exterminio sistemático y por varias vías que ellos, los españoles ―inconscientemente a veces, con toda su voluntad en otras― ejecutaron contra los mesoamericanos. Si tal era el objetivo también fracasaron, porque la población no se recuperó. Pero es claro que esta no fue su prioridad. Un total fracaso, como dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Ahora, si consideramos que ―como lo proclamaran reiteradamente―, la invasión fue para acumular riquezas monstruosamente, no olvidemos que no fueron pocas las expediciones españolas para buscar Eldorado, una ciudad construida con oro. ¡La más grande locura de avaricia! Pues las riquezas inimaginables las obtuvieron. Pero fracasaron escandalosa y dolorosamente cuando los piratas franceses, holandeses y más que nadie, los ingleses, se las arrebataron a lo largo de los tres siglos que los súbditos de la corona española saquearon estas tierras. España fracasó en todos los órdenes. Se convirtió en el imperio con el más grande territorio de la historia. Jamás rey alguno tuvo más súbditos que Carlos I de España. Nunca un régimen tuvo a su disposición tantas riquezas.

Alegoría de la historia en la colonia española


Pero el territorio lo convirtieron ―por decreto real― en tierra casi baldía, los súbditos fueron exterminados como jamás se ha visto aniquilación semejante en la historia y la riqueza de cientos de toneladas de metales preciosos no supieron conservarlos pues los piratas de las futuras potencias los robaron impunemente.
El fracaso español fue completo, monstruoso, en todos los órdenes. Para el siglo XIX España era una nación vulnerable, indefensa y, finalmente, víctima de sus vecinos. Lo perdieron todo. Fracasaron históricamente. Y no se han recuperado. Hoy son parte de lo que los neoliberales europeos, chovinistas y/o fascistoides, llaman PIGS: Portugal, Ireland, Greece & Spain. Por ser un lastre para la próspera Comunidad Económica Europea.
La gran Tenochtitlan


¡Y hace apenas un par de siglos de que eran el imperio más grande de la historia! Por nuestra parte, también pagamos las deficiencias españolas. Las consecuencias de que nuestras naciones originarias fueran convertidas en colonias españolas las seguimos padeciendo a través del racismo, la corrupción, la desigualdad.
América Latina llegó tarde a todo: a la revolución industrial, incluso al renacimiento, a la cultura, a los regímenes republicanos. La decadencia de siglos de los inútiles imperialistas españoles dejó a los mesoamericanos en su propio atraso, en su decadencia.
Mientras tanto todo el mundo progresaba. La hipocresía católica jamás aceptó que en nuestro país se practicaba un racismo repugnante y brutal. Siempre nos hemos escandalizado de que los gringos, hace apenas 70 u 80 años tenían leyes que prohibían la aproximación de lo que se daba en llamar distintas razas humanas. Los negros no podían ingresar en los lugares exclusivos para blancos. Era ley. Acá no había ley, pero la costumbre era peor que en EU. Allá por lo menos se podía luchar contra la bárbara ley. Acá no, porque no era código legal, simplemente se practicaba como algo normal. Todavía, entre la “gente de bien” de México se habla de los nacos, de los indios, de la indiada, del plebeyaje y del infelizaje; así es como los güeritos, los privilegiados, los ricos que son cada vez menos y peores, aunque también entre una clase media que se fue haciendo cada vez más raquítica en número durante los últimos 30 años discriminan a los que sienten diferentes a ellos. E inferiores por alguna razón imposible de encontrar si excluimos al dinero.
La destrucción de la gran cultura aborigen es uno más de los inmensos crímenes de los españoles de los siglos ―ya está anotado―: XVI-XVII. Conceptos como Tloque-Nahuaque, el señor del cerca y el junto: que nos recuerda a “la esfera con centro en todas partes y circunferencia en ninguna”, de que habla Pascal. Ipal-Nemouani, el señor por el que se vive o el dador de la vida, o el principio de la existencia; Moyocoyani: el señor que se crea a sí mismo. Nombres que son facultades del Ometéotl, el padre-madre de cuanto existe; es decir, Ometéotl podía ser Ometecuhtli y Omecíhuatl, o dios dual, hombre-mujer; padre-madre. Denominaciones que tan sólo por sí mismas satisfacen, de pura entrada, en el ámbito intelectual de muy superior manera a Yahvé (o, si quieren, Jehová), su hijo y su palomita.

La gran ciudad, capital del imperio azteca.


Los españoles masacraron al grupo azteca, prácticamente lo exterminaron de manera despiadada aunque en alianza con tlaxcaltecas, totonacas y cholultecas entre otros, quienes se aliaron al poder de un pequeño ejército ibérico con tal de vengarse de sus opresores, los mexicas.
En el mediano plazo, los españoles que exterminaron a los aztecas, simplemente traicionaron a todos sus aliados ―aunque a ellos les debieran su victoria― y los esclavizaron y sometieron y explotaron y expoliaron no menos que a los vencidos y ya para entonces casi inexistentes aztecas.

Tenochtitlan, asombro de la soldadesca invasora


La historia refiere el descubrimiento de la magnífica escultura monumental de Coatlicue que se conserva en el Museo de Antropología e Historia de Chapultepec. Lo leí en un libro de Octavio Paz, no creo equivocarme pero es el que se llama Árbol adentro. Ahí dice que cuando vino a México Alexander Von Humboldt, pidió al virrey, en aquel momento José de Iturrigaray, que le permitiera buscar mediante una excavación ―y que además, por supuesto, le proporcionara la mano de obra― un monumento que cierto fraile español que venía con la tropa en la invasión a Mesoamérica, a su vez, había escrito en sus memorias. El fraile de marras sostenía que en el momento en que los españoles estaban dedicados a la destrucción total de Tenochtitlan, luego del asesinato masivo de sus habitantes, dos soldados fueron a buscarlo y aterrorizados le dijeron que habían encontrado la escultura de Satanás. Y su pasmo, su horror fue tal que no se atrevieron a destruirla. Le pedían que él, como religioso, fuera a mirar la demoniaca obra. Y fue. La miró. Y tampoco se atrevió a decirles que la destruyeran. Como los soldados preguntaran qué hacer, el fraile les dijo entiérrenla. Y así lo hicieron. Humboldt, que había leído todo en su siglo, contó esto al virrey y éste accedió y proporcionó cuanto necesitase el sabio. Y Coatlicue apareció en toda su insoportable majestad. Su belleza monstruosa, su exquisitez infernal estuvo ante los ojos del erudito alemán quien refirió el hecho que luego fue examinado por alguno de los nuevos antropólogos. La portentosa Coatlicue fue hecha extraer y rescatada para nuestra historia. He leído otra versión que dice que, antes de Humboldt, quien vio la gran escultura en 1803, la habían encontrado en 1790. Exactamente, ¡así está registrado!, el 13 de agosto de 1790.

Coatlicue: la belleza espantosa: "Todo ángel es terrible"


Por ahí un oscuro sujeto, gachupín de mierda (gachupín significa, en náhuatl: sujeto que golpea el rostro a patadas con sus botas), militante de las abundantes ultraderechas españolas regurgitó que Hernán Cortés vino a liberar a millones de indígenas de la tiranía antropófaga de los aztecas. Y celebra el genocidio diciendo que es equivalente a celebrar la derrota de los nazis. Y uno lee semejante y monstruoso disparate y, bueno, se lo explica porque así son las gentes de las derechas. Un españolete derechoso y enfermo mental compara a los aztecas con los nazis. Bueno, si a esas vamos, los españoles ―otra vez, me refiero a los del siglo XVI-XVII― superaron y con mucho a los nazis en el exterminio de una “raza”. Por lo menos los nazis expresaron sus razones de manera muy evidente y explícita. Los españoles del XVI-XVII sólo exhibieron su avaricia, su ignorancia, su ineptitud hasta para defender las grandes riquezas que se robaran y su tremenda, inigualable crueldad y despotismo contra los pueblos que traicionaron y sometieron.

Tenochtitlan. El esplendor. Diego Rivera


Si de bárbaros hablamos los españoles (XVI-XVII) le ganan incluso a los nazis, ya no digas a los aztecas. Ahora bien. Para este españolete malparido todo parece justificarse con el hecho ―y así viene ocurriendo desde hace 500 años― de que, dicen los españoles y lo refiere el delirante gritón del partido Vox: la azteca era una tiranía antropófaga que practicaba sacrificios humanos.
Remito a quien desee documentarse al estudio de Peter Hassler, de nacionalidad suiza, doctor en historia cuya tesis para obtener este grado demuestra que no existe evidencia histórica de que los aztecas hayan cometido sacrificios humanos. Todos los argumentos están destruidos en esa tesis. Hace pocos días sostuve esta idea en un intercambio feisbuquero. El mismísimo Pedro Miguel me refutó enviándome un artículo de estudiosos de la ENAH en donde sostenían que los aztecas asaban a sus víctimas para masticarlas mejor y deglutirlas más fácilmente. Bueno, yo le creo más a Hassler. Dice que los indios, los auténticos, los de la India, también asaban a sus muertos, incluso los siguen haciendo y nadie ha dicho que se los comen. Que los aztecas usaban el tzomplantli. También otros pueblos orientales hacían esta recopilación de cráneos humanos como muestrario de la muerte y no los han acusado de antropófagos.

Tenochtitlan: el mapa más antiguo


Bernal sostiene que él vio cómo en un día sacrificaron a miles de prisioneros, entre ellos a algunos españoles extrayéndoles el corazón. ¿Miles! Para empezar, Hassler demuestra que ese día que refiere la gran matanza, Bernal Díaz del Castillo estaba a kilómetros de los supuestos hechos. En segundo lugar, ¿miles de descorazonados? Quiero ver quién es capaz de extraer un corazón humano en unos cuantos minutos ya no con un cuchillo de piedra, como se dice que lo hacían los aztecas, sino incluso con equipo quirúrgico moderno, incluyendo la sierra eléctrica. Es decir, el mito de los sacrificios humanos parece ser la más monstruosa mentira sostenida a lo largo de medio milenio. ¿Para qué? Pues para justificar los peores crímenes, también, de la historia, contra una nación, una alta civilización: la mesoamericana. Por último les recuerdo a las derechas medievalistas añorantes del criminalísimo Francisco Franco y al perdulario ladrador de Vox que las civilizaciones mesoamericanas fueron descendientes de uno de los únicos seis grupos humanos que sobre el planeta Tierra crearon culturas originales. Y se lo recuerdo: la más antigua es Mesopotamia. Luego Egipto. Después La India. Por la misma época China. Poco después Mesoamérica, la cultura olmeca. Y, finalmente, las culturas incas de Perú-Bolivia. ¿Los españoles apestosos vinieron a civilizar? Cuando ellos llegaron aquí nuestros pueblos originarios tenían ya dos mil 500 años de cultura. Pero nuestros pueblos no pasaron la vida entera peleando entre sí como los europeos, situación que los llevó a desarrollar-heredar una tecnología para dar muerte en combate superior a la de los mesoamericanos. Los mesoamericanos no tuvieron jamás bueyes ni caballos para ponerlos a trabajar ahorrando así trabajo humano. Y, uno de los detalles más singulares y poco considerados: en casi toda Mesoamérica y en especial en la parte tropical, es casi el paraíso. La tierra de tales latitudes es generosa como en pocos lugares del mundo. Los habitantes del sur-sureste de México, de Centro y gran parte de Sudamérica, en la práctica, sólo tienen que estirar la mano para obtener papayas, mangos, plátanos, sandías, melones, limones, chirimoyas, etcétera. Sé que en muchos países de Europa, especialmente en los más fríos y en los orientales estas frutas son carísimas. Conozco el caso de una mujer coreana que presume en redes sociales que su marido oaxaqueño le indica que sólo tiene que caminar unos pasos de su hogar a la huerta y sacar una deliciosa piña del suelo. Y sus compatriotas de Corea le preguntan si es rica, porque allá una piña es un manjar que les cuesta lo equivalente a dos días de salario. Mientras los europeos tuvieron que luchar a muerte durante siglos por la tierra y la comida en una región relativamente pequeña y llena de gran cantidad de otros pueblos y con climas despiadados, en Mesoamérica la comida para la sobrevivencia era un regalo de la naturaleza. Y los europeos se acostumbraron, a lo largo de siglos, a matarse unos con otros para que sobreviviera el peor de todos. Contra eso se enfrentaron los mesoamericanos. El nazi, él sí, del partido autonombrado Vox, debiera saber que los españoles eran llamados “teules” por los aztecas. El vocablo náhuatl, por supuesto, significa apestoso. Los invasores españoles no se bañaban. No me gustaría haber experimentado la pestilencia de aquellos asesinos seriales (recordemos las matanzas de gente indefensa en Cholula, en el Templo Mayor, de 800 indígenas entre mujeres y niños que salieron de los refugios para procurarse comida unos días antes de la caída final durante el sitio de Tenochtitlan), teules-apestosos que se mantenían debajo de armaduras que no se quitaban en semanas. Bueno, en alguna parte leí que la reina Isabel la Católica se bañó dos veces en su vida. Una cuando se casó con el que “tanto monta, monta tanto” y la otra en su adolescencia, cuando sus mozas de servicio la engañaron y la bañaron contra su voluntad.
Ya en la colonia los españoles eran llamados ―y algunos merecen seguir siéndolo― gachupines o sea sujetos que golpean la cara con los pies (y las botas, claro). Bonitas denominaciones: apestosos y agresores.
(Yo no tenía sino atisbos de como se las gasta la derecha mexicana. Pero cuando veo como están enfurecidos porque el presidente de México está resolviendo todos nuestros problemas sin endeudarnos más de lo que ellos nos endeudaron, sin dejar de construir grandes obras, combatiendo la corrupción y beneficiando a los más pobres, ¡todo al mismo tiempo!, y todavía lo insultan; eso me demuestra su nula calidad humana, su egoísmo, su monstruosa soberbia y, más que nada, su hipocresía. Pero no menos su ineptitud, porque tuvieron el supremo poder dos sexenios y no resolvieron los problemas de nuestro país, sino los agravaron).
Las derechas españolas no están mejor. Un periodista español, Alberto Peláez, hace unas semanas, dijo al presidente en su conferencia mañanera, que si los españoles habían sufrido la invasión de los musulmanes durante ocho siglos y que también fueron sometidos por los romanos y que ni a unos ni a otros les han sugerido que pidan perdón a los españoles. De acuerdo, pero nada más anotemos que ni los romanos del siglo III antes de nuestra era ni los árabes del VII de nuestra era exterminaron a unos 15 millones de personas de los pueblos invadidos ni tampoco destruyeron su cultura. Que no mame.
Los intelectuales, los escritores, los filósofos mexicanos, casi en su totalidad, desde el siglo XIX hasta la actualidad eran proespañoles. Incluso acuñaron la odiosa frase de “la madre patria”: ¿una madre que casi extermina por completo a sus supuestos hijos? Bueno, a los caribes de Cuba sí los exterminaron totalmente (y, por cierto, los llamaron caribes que significa caníbales: ¿calumnia histórica? ¿Es nuevo eso? ¿No le hicieron lo mismo a los aztecas? Si lo hicieron una vez con los caribes, ¿por qué no repetirlo con los aztecas? Los caribes ya no existen, los mataron los españoles de aquellos tiempos, a todos. Y no pueden defenderse para aclarar que no eran caníbales; o, en su caso aceptar que sí lo eran).

EN LA MÁS RECIENTE EDICIÓN del DRAE (2001), a la voz caníbal se le asigna como origen el vocablo caríbal y como significados los siguientes cuatro: 1) antropófago; 2) “se dice de los salvajes de las Antillas, que eran tenidos por antropófagos”; 3) dicho de un hombre: cruel y feroz; 4) dicho de un animal: que come carne de otros de su misma especie).

Así se las ha gastado la padre-madre patria con los que se autonombraron sus hijos putativos: una buena parte de los escritores e intelectuales del siglo XIX para acá. Con sus honrosas excepciones, como siempre.
Pero... Tenemos, sin duda, como todo ser humano, la potestad de abjurar, renegar de una paternidad-maternidad crudelísima, criminal. “Sí, soy tu hijo, pero te desconozco”, es la actitud de los mexicanos ante el monstruoso crimen que se llevó a efecto contra nuestros pueblos originarios.
Y, orgullosamente, a pesar de todo, sostener que sobrevivieron, sobrevivimos, los pueblos originarios de México al cuantitativamente más grande genocidio de la historia de la humanidad. De ahí venimos. Y seguimos, y seguiremos, resistiendo.

miércoles, 7 de julio de 2021

Carta a Ricardo Rocha

Carta a Ricardo Rocha:


Pterocles Arenarius

Te explico, Ricardo Rocha, si se hizo una sección de la mañanera que se llama Quién es quién en las mentiras de la semana, es porque los periodistas son brutalmente mentirosos. Se habían acostumbrado a decir mentiras impunemente, incluso a extorsionar ―como lo hizo López Dóriga con la señora Arámburu-Zavala, como ella denunció―. En el fondo eso era, extorsión. Los Krauze, los Aguilar Camín, al final no eran sino eso, extorsionadores que ponían sus plumas al servicio del poder. Por eso. Para que ya no digan mentiras. O, incluso, dice el presidente, que las sigan diciendo, pero ahora serán exhibidos. Aunque les arda. Aunque dejen de ser el segundo poder, por arriba de los demás, excepto del Ejecutivo, ante el cual se bajaban los pantalones y se empinaban cotidianamente a cambio de muchos millones. Dinerales que perdieron. Como tú comprenderás, Ricardo.

Y aunque te asombres.

Mira, Ricardo, Ventaneando, programa de Paty Chapoy, es un bodrio, una cochinada, una desvergüenza y una de las maneras que han usado desde ese pudridero que es la televisión mexicana (hasta narcotraficantes han sido y si no pregúntales a tus compañeros de Tv Azteca que fueron capturados en Nicaragua y que, si no mal informado estoy, allá siguen, en la cárcel) para prostituir y degradar el buen gusto que podría tener el pueblo mexicano dados los antecedentes de sus verdaderas artes. La televisión intentó apropiarse del gusto popular y, en vez de arte, le dio podredumbre al pueblo, con la finalidad confesa de degradarlo, prostituirlo, como prostíbulos son las televisoras. Pretendes comparar el bodrio llamado Ventaneando con La Mañanera. Bueno, esos son tus parámetros. Es como si un borracho quisiera medir el atole desde su embriaguez. Y todavía pretendes degradarlo más, hasta Laura Bozzo. Es como si un pederasta de esos del PRI, Emilio Gamboa, Mario Marín, gente así, fuera jurado de un concurso de declamación infantil. Qué bajito has llegado, Ricardo.

No, compadre, el presidente no quiere hacer juicios ―y menos sumarísimos― ni aplastamientos de libertades, ni comprar plumas que no le interesan ―como la tuya que vendiste bien―. Y “Quién es quién en las mentiras” ni siquiera es análisis desde ópticas que tú bien conoces. Sólo es señalar a los mentirosos. Si alguien miente se exhibe solo, excepto que oculte su mentira y tenga una cobertura de cómplices ocultándolo, parafraseo a Goebbels. ¿O qué, el presidente no tiene ni el derecho de señalar a los mentirosos? No mames, Ricardo.

Si lo que hace el presidente cada mañanera no es diálogo circular ¿entonces qué es, imbécil? Ahora sí estás mintiendo descaradamente, Ricardo Rocha. Si cualquier periodista chafa, mediocre, mentiroso, se le pone de tú a tú al presidente incluso faltándole al respeto como vemos casi diario, si el martes 6 de julio el mentiroso Jorge Ramos intentó llamar mentiroso al presidente (pero se fue con la cola entre las patas), ¿dónde está el ataque a la libertad de expresión?, ¡no seas mentiroso, R. Rocha!

Y el monopolio de la verdad se lo adjudicaron los medios llamados convencionales. Ustedes dictaban lo que era verdad y lo que no. Nadie se les podía poner en contra porque simplemente lo desaparecían. Todos los políticos les tenían miedo. Los medios pusieron en la presidencia a uno de los peores presidentes que hemos tenido, Enrique Peña Nieto y justificaron los fraudes del criminal Carlos Salinas y la entronización del peor de todos: FeCal, alias, Felipe Calderón.

Ahora bien, según tú la verdad absoluta no existe, pero las mentiras triviales, las noticias falsas que ustedes ―tú, en este artículo pútrido― esparcen no deben tener respuesta, concluyo: quieren libertad de expresar mentiras y además impunidad para que no sean contestadas. ¿Eso? Pues qué mal acostumbrados se quedaron. Es que todo el dinero que ganaban por mentir ya no lo tienen. Y eso es lo que realmente les arde hasta el fondo de su alma. Pero chillen, chilla, Ricardo, si quieres dinero vete a hacer negocios. Si eres informador informa, cabrón mentiroso.

El Universal decidió convertirse en un instrumento de la derecha. Decidió publicar mentiras o verdades sesgadas o a medias para perjudicar sistemáticamente al opositor López Obrador y luego al presidente. Y cuando se le señala como un diario mentiroso chilla y dice que se ataca a la libertad de expresión. Y miente una vez más.

Y te digo quiénes son el hampa del periodismo, aunque no alcancen las líneas y sería más fácil decir quiénes no lo son: Televisa, Tv Azteca, El Universal, Reforma, La Crónica y todos los periódicos impresos, con la salvedad de La Jornada; todas las radiodifusoras quizás con alguna salvedad que no conozco; periodistas que son auténticos sicarios de la información como Joaquín López Dóriga, Carlos Marín, Ricardo Alemán, Ciro Gómez Leyva, Raymundo Rivapalacio, Pablo Hiriart, Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo, José Cárdenas, Adela Micha, las Denisses Maerker y Dresser y hay otros todavía menores si eso es posible: un Pascal, un Jorge Fernández, un Ruiz-Healy. Imposible tanto pudridero. Ésos. El ballet folclórico de la derecha. Todos haciendo nado sincronizado. Y tú, que perdiste la vergüenza, Ricardo, estás incluido.

Y, otra de tus mentiras: que el presidente espía a los periodistas. ¿Para qué, si son tan predecibles, si ya sabemos para dónde van y qué hacen? Ya sabemos que simplemente mienten y calumnian. Dices que el video de Pío López Obrador. A ver, ¿qué prueba ese video?, prueba que recibió dinero. ¿Recibir dinero es delito? Depende por qué se reciba... por ejemplo, vender la pluma no está tipificado como delito y tú lo has hecho y no se te ha perseguido. Si acusas a Pío, pues prueba que cometió un delito, imbécil. Si no lo haces entonces estás calumniando, mintiendo, es decir, estás haciendo lo contrario que un verdadero periodista. Si acusas a la prima del presidente, sigues mintiendo. Los contratos se le retiraron a pesar de que legalmente podía recibirlos, incluso la perjudicaron porque no violaba la ley. Y no te cansas de mentir, hablas de crímenes y corrupción en el círculo cercano del presidente. Pero ni siquiera dices quiénes o qué hechos. Mentiroso. Hablas de ¡50 mil mentiras! del presidente. Ya no sólo mientes, te estás volviendo loco, como Ricardo Alemán. Lo siento por ti.

Lo encaraste... y fracasaste, Ricardo. Recibiste contratos de Peña Nieto, eso ni tú lo puedes negar. Ese señor que todo lo que tocó lo convirtió en transas, en robos. ¿Contigo todo fue derecho? Híjole, pues permíteme dudarlo o aunque no me lo permitas. ¿Y para qué querría el presidente dialogar contigo en lo oscurito ―discreta, sinceramente de buena fe, dices―, eso suena a pretensión de contubernio a cochupo acá entre nos. Pues no, señor. Con mi presidente sí se vale decir “El rey va desnudo”, porque en las Mañaneras todos van desnudos. Y se chingan. Puedes seguir esperando... como Silvano...

¿El presidente furioso? Pues mientes, de nuevo. No he visto en los últimos años a un hombre más feliz, sereno y sonriente que Andrés Manuel. Tranquilo, hasta cuando un puercote del imperio llamado Jorge Ramos vino a ofenderlo. Con pasmosa serenidad, tranquilo, le dijo “Lamento que un periodista como tú estés mal informado”. O quizás seas un podrido que quiere calumniarnos, mentir en nuestra cara. Y el sujeto se fue con la cola entre las patas, como tú también, con todo tu ardor.

El presidente no quiso estrangular a nadie, simplemente les quitó el dinero que recibían en exceso a modo de extorsión encubierta: “Hablo bien del gobierno y éste me llena de billetes”.

El debate lo tienen perdido porque mienten. Desde el ardor del fundillo y sin fundamentos no pueden ganar ningún debate porque, además, “la victoria de la reacción es moralmente imposible”.

martes, 2 de marzo de 2021

Un viejo peleonero

Crónica en diálogo para

retratar a un pinche viejo peleonero


Pterocles Arenarius


No es tiempo ya de que hagas eso, cabrón. Ese pendejo tiene, por lo menos, 30 años menos que tú. A ver, ¿qué tal si te rompe toda tu madre?

No, mi hermano. No he dejado de entrenar, estoy bien cabrón, en serio.

Pues sí, estás cabrón, pero a tus 70 años ni sueñes que puedes ser el mismo de hace 40 años.

Pues no sueño. Ya sé que soy un pinche viejito. Pero sé meter las las manos y lo último que se pierde es el pegue. Doy buenos putazos, aunque no lo creas. Es más, vamos a subirnos al ring para que veas.

No, gracias, déjalo de ese tamaño, yo sí te creo. Pero de todos modos. A esa edad no puedes ni debes ni debías querer pleitos a golpes y menos con un cabrón que podría ser tu nieto, no me chingues.

Lo que pasa es que ese hijo de su puta madre me agandalló una vez, hace muchos años. Pero tú viste, ¿me la saqué sí o no?, dime la neta.

Sí, la neta sí te rifaste.

Y te voy a decir una cosa. Ese día del pleito no había comido en todo el día. En la mañanita nomás me tomé un café y un pan. Precisamente había ido por comida, venía con lo que iba a comer ya casi a las siete de la noche cuando me lo encontré al hijo de su chingada madre. Y, otra, estaba bien cansado, entrené como hora y media y sí me sentía fatigado, pero más todavía, traía la carga de entrenamiento de unos siete días de trabajar bien duro. Y, para acabarla de chingar estaba todo superhambriento. Antes no me dio mis chingadazos el pendejo.

Pues te diré, yo vi todo el tiro y no te fuiste limpio. Te dio una patada en los güevos. Te alcanzó a dar dos que tres chingadazos en la cara. Te dio una patada en el pecho cuando te agarró de los cabellos y al final, te tiró al suelo, aunque sea a empujones, pero te tiró dos veces.

Me aventó un patadón, pero no me pegó en los güevitos, sino apenas de refilón. Aguanté bien derechito. El chingadazo fuerte me lo dio en una pierna, se me puso no morado sino negro. Fue un buen chingadazo, pero no me hizo nada. Los golpes en la cara, sí, me dio uno en la mandíbula izquierda y otro en la sien derecha. Pero tampoco me hicieron nada ni se me inflamaron y apenas me dolieron un par de días. Nada de cuidado. En cambio él, con su jeta, me puso los dos puños morados. Le metí dos santos vergazos que me lastimé las dos manos. Nomás que uno se lo di en la sien, igual que él a mí; y el otro se lo di en el hocico, bueno, en la mandíbula. Si no se cayó el pendejo es porque pesa más de cien kilos. Pero te apuesto que diez días después de la madriza todavía le han de doler. ¿Por qué?, porque a mí todavía me duelen los nudillos y los dedos con que le pegué. El dedo medio de la izquierda todavía lo tengo inflamado. Te digo que le metí un par de chingadazos de su tamaño, o más bien de su peso, porque está bien chaparro el cabrón, pero pesa más de cien kilos. Y que le dé gracias al cielo de que yo estaba cansado y sin comer, porque si no, de un chingadazo de esos lo hubiera tumbado con todo y sus cien kilos.

Pero no mames, ¿qué tal si quiere desquitarse?

No creo. Ya probó lo que es candela. Ya vio que le puedo dar unos chingadazos espantosos y no tiene idea de que le puedo pegar más fuerte todavía, pero con lo que probó ya es para que no se arriesgue otra vez. Además él fue el que pidió tregua. Ya no podía ni con su alma y yo, con todo mi cansancio acumulado, pero sí podía seguir peleando. Si voy descansadito le parto su madre y ni cuenta se hubiera dado.

Ya no le busques, cabrón. Si el güey ya no quiere pelear pues mejor áhi que muera y todos en santa paz.

Puede ser...

Pero déjame decirte una cosa que me pasó ese día. Algo bien extraño. Primero, que el güey tuvo mucha suerte, porque te digo, si me agarra descansado y sin hambre (es que, la neta, no exagero, estaba yo hipoglucémico, en los hechos llevaba casi 24 horas sin probar alimento), si me agarra medio entero le parto su madre pero fácil y rápido. O sea que tuvo mucha suerte el pendejo. Y la otra, que se acumula con la anterior, es que te juro que cuando le tiré el descontón, tú lo viste, me lo esquivó el hijo de su puta madre, bueno, cuando le tiré el vergazo sentí que había más gente con él. Que estaban al menos una, si no es que dos gentes más con él. Estaba peleando también contra ellos.

¿En serio? Qué raro.

Ahora lo pienso y estoy seguro de que hay alguien que lo protege al pendejo.

Bueno, te diré algo. Todos tenemos alguien que nos cuida. Bueno, casi todos. Pobre de aquel cabrón al que nadie de este mundo ni del otro lo protege. Mira, todo aquel que es amado en este mundo tiene una protección. Y si hay alguien que ya no está en este mundo y lo quiso, ese lo cuida más todavía y, ¿sabes una cosa?, ¿te acuerdas de su madre, una pinche vieja chaparra, gordota como él, argüendera peor que el puto diablo, más chismosa que Satanás y chillona la cabrona. Una pinche vieja que hasta lo que no se comía le hacía daño. Esa mujer murió hace unos dos o tres años. Pues esa cabrona lo estaba cuidando. Cuando peleas con alguien estás luchando contra todos los que aman a tu enemigo. Está cabrón.

Pero también te enfrentas a su fuerza vital, a su instinto de supervivencia. Hubieras visto cómo peleaba el perro maldito, bueno, viste, pero no, hubieras sentido su desesperación, la fuerza de animal que le ponía a su defensa. Era como si quisieras exterminar a una rata. Se defendía como si yo lo hubiera querido matar. Con la fuerza monstruosa de la vida. Y yo cometí un error grave. Yo he sido peleador. Un peleador nunca debe perder la calma. Yo la perdí. Entré a su juego. Entre los griegos se enseñaba a sus soldados que, para el combate, se encomendaran a Atenea, diosa de la guerra y de la sabiduría, del orden. Lo más importante era que no debían perder el orden. Luchar ordenadamente les garantizaba la victoria. En cambio, sus enemigos eran encargados a Ares (Marte, para los romanos), el dios de la guerra y el desorden. Si los griegos lograban que sus enemigos cayeran en desorden, era casi seguro derrotarlos. No supe conservar la serenidad. Es más, no debí acercármele. Cuando empezó el tiro debí boxear de lejos, amagarlo, hacerle fintas, tirarle el yab, etcétera, todo lo que sé. Pero don pendejo, ahí voy a romperle la madre a lo bestia. Por eso me dio la patada. Por eso me agarró de la camisa y me tiró al suelo con sólo empujar con sus cien kilos, eso sí, desesperadamente, porque se dio cuenta que a los chingadazos ya lo había derrotado. Si le hago eso, le peleo como yo sé, ordenadito, tranquilo, aun así bien cansado y hambriento, mira, en menos de cinco minutos ya no hubiera podido ni con su alma. Entonces hubiera sido el momento de romperle su madre. Pero cometí el error de entrar en su juego y él aprovechó mucho mejor sus ventajas, su peso. Yo, en cambio, no pude explotar las mías, mi rapidez, porque estaba bien cansado; mi mejor boxeo, excepto por momentos, ¿viste que le esquivé dos ganchazos que me tiró y a cambio le di un derechazo que lo hizo brincar? En fin. Se llevó dos recuerditos el hijo de su puta madre. Para que aprenda.

Bueno, ¿ya estás satisfecho? ¿Ya no le vas a buscar pleito otra vez?

No, ya no. Creo que se llevó una buena lección. Ya se dio cuenta de que no es lo mismo pegarle a un borracho ―porque aquella vez me agarró ahogado de borracho― que pelear con un pinche viejito. Pero si quiere más ahora sí le voy a dar una putiza pero al doble de su tonelaje.

Cabrón, a los 70 años no debes pelear ni con tus nietecitos, nadie pelea a esa edad.

Pues no, mi carnal. Pero, para empezar, no tengo nietos y, en ese pedo de ya no pelear, vas a ver... ¿Qué te diré? Dos tiros más y ya me retiro, ahora sí, para siempre, de la violencia.

Ay, cabrón, no entiendes.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

El sueño (de El) Dorado

 

El sueño (de El) Dorado


PteroclesArenarius



Respire profundamente… ¡y pague!

PP Servicios Respiracionales SA de CSC



Cada mañana los esclavos modernos se levantan para hacer millonarios a otros.

Alain Garret



El adminículo fue públicamente considerado (por su poseedor, el señor P.*) una obra de arte en muy variados campos: en la tecnología, el arte de apropiarnos de la naturaleza para beneficio de…, bueno, de la humanidad aunque indirectamente, a través de un empresario, pues, como ya el mundo entero sabe, el maravilloso ingenio —de alguna u otra manera— consiguió la apropiación de la más preciosa sustancia en este mundo; pero el artefacto mencionado también es obra de arte en el ámbito de la economía, el arte de administrar (es decir, hacer escasos, agregar valor a) los recursos en bruto de índoles múltiples (naturales, humanos, tecnológicos, extraplanetarios, que la plebe cree que son posesión de la humanidad), claro, dijo su dueño, esa administración se da a partir de la sabiduría de un empresario y en el ámbito tan complejo como eficaz del sistema de libre mercado y libre competencia. Eso es el mecanismo mencionado, un elemento que introduce en el libre mercado el bien más preciado para la existencia.

Con el maravilloso aparato —por cierto simplísimo— le ha sido posible, al feliz y ya para el momento todopoderoso usufructuario, realizar el sueño supremo de todo empresario: convertirse en el dueño absoluto de un recurso imprescindible de manera perenne para todo aquel que existe. Con una simple señal electrónica a cierto satélite, la empresa del señor P. puede omitir la dotación de aire para los pulmones o aparato respiratorio de cualquier sujeto u objeto viviente que él decida en este planeta. El proceso es simple y opera como cualquier compañía de servicios.

Un mensaje llega a su teléfono celular. En él se le avisa que en diez minutos se interrumpirá la asignación de aire a sus pulmones. Si no quiere usted sufrir disnea o franco ahogamiento por asfixia, debe depositar, en la cuenta bancaria que en el propio mensaje se le proporciona, cierta cantidad de dinero antes de los diez minutos.** En cuanto usted hace el requerido depósito u otorga el consentimiento para retirar el recurso de su cuenta, se le otorga el acceso a la anhelada mezcla de gases que se encuentra en la atmósfera y de la cual, de alguna manera secreta*** y por medio del archimencionado adminículo, se ha apropiado el empresario P. Se ha apropiado de ella puesto que ha logrado la capacidad de interrumpir el suministro del preciado gas elemento a quien él decida, vegetal, animal o humano en este planeta.

El origen y la composición del admirable artificio es, por supuesto, secreto. Tal negocio lo hace la Compañía PP por la única e incontestable razón de que (gracias a su avanzadísima tecnología) puede hacerlo y, hay una razón más, ésta legal, ha obtenido una concesión gubernamental para el uso y/o restricción de los gases atmosféricos (a cambio de ciertos favores y una ventajosa negociación para ambas partes).

El más exitoso empresario de esta década se ha convertido, obviamente, en el hombre más rico del orbe**** en un tiempo récord. Ha encontrado una estrategia de mercado que lo vuelve invencible: cobra mucho más caro a los grandes potentados del mundo por no asfixiarlos (en realidad ese es su gran poder) que a la gente humilde. Incluso a algunos —por ejemplo a los que son tan pobres que no poseen ni siquiera un teléfono celular— suele no cobrarles. A los gobiernos los provee de dotaciones masivas, con las cuales éstos a su vez se ganan los votos de la gran mayoría de sus electores. A los animales y vegetales, asimismo, se les impone una cuota, siempre y cuando haya quien responda por ellos en el caso de las mascotas. A las especies en peligro de extinción de igual manera se les aplica un costo por otorgarles el aire. Éste corre a cargo de la Secretaría Federal de Ecología, obviamente. A los animales salvajes o a los perros callejeros que son tan comunes en nuestro país, es imposible aplicarles la cuota respiracional, pues nadie responde por ellos.

Ha habido algunos descontentos, como siempre, pero, como nunca, es fácil doblegarlos con el apoyo del gobierno legalmente constituido y el uso del prodigio tecnológico ya tan comentado. Cuando una turba pretende manifestar su descontento, simplemente se les retira el servicio de dotación respiracional y de inmediato se dispersan, salvo algunos tercos que, bajo su propia responsabilidad, han llegado a fallecer por asfixia al negarse a terminar su protesta de descontento a pesar de la dotación gratuita que se otorga a todo aquél que prescinda de la manifestación de reprobación contra PP.

PP cuenta con las más ventajosas ofertas para todo público según su nivel de ingresos. Asimismo, contamos con los planes más convenientes para su seguridad respiracional. Si usted desea un plan anual, podemos recomendarle las mejores opciones que le permiten ahorrar hasta el 20 por ciento, con lo cual usted asegura su alto nivel respiracional. También contamos con las dotaciones magnas para atletas de alto rendimiento y elevado consumo de aire y en especial de oxígeno.

Por otra parte, si el nivel de ingresos es mediano, contamos con paquetes que, aunque le causen un esfuerzo económico, le aseguran por mes o por semana la dotación respiracional para toda la familia.

Tenemos también el servicio especial para personas cuya actividad sexual es intensa por diversos motivos —incluso profesionales—, ya que, es bien sabido, en el trance de la relación amorosa es imprescindible una abundante aireación para garantizar (y garantizarse) una satisfacción completa. Para estos casos contamos con dotaciones especiales.

Nuestro más grande orgullo es que le ganamos a los grandes consorcios que intentaron apropiarse de los alimentos mediante la ingeniería genética, buen intento, pero tuvieron una gran oposición política; también derrotamos a los que intentaron apropiarse del agua mediante las grandes obras hidráulicas. Igual que las compañías anteriores, no supieron sortear las presiones políticas ni las movilizaciones sociales.

En estos momentos estamos en conversaciones con tales empresas para llevar a efecto la implementación de una alianza estratégica mediante la cual —sin que perdamos nuestra natural preponderancia— estaremos en condiciones de convertir en una gran empresa absolutamente exitosa que nos provea, administre, controle, distribuya y aun produzca, todos los alimentos, toda el agua y —nosotros ya realizamos casi todas aquellas actividades con el aire—, en fin, en coadyuvancia con el estado, estemos en posibilidades de administrar lo más importante de todo: la vida en el planeta Tierra.

Todo lo anterior, para que se lleve a efecto el mandato natural de la existencia. Las jerarquías existen. Nadie es igual a otro, ergo, unos dirigen, otros siguen, es decir, unos mandan, otros obedecen. Para eso estamos nosotros, los empresarios y, por supuesto, como auxiliares, el estado, el gobierno, los políticos. Ellos deben controlar, vigilar, registrar a todos los ciudadanos. Nosotros nos encargamos de todo lo demás.


* Por múltiples razones de seguridad se conserva en el anonimato la identidad del exitoso, del más brillante empresario en la historia de la humanidad y sólo se le identifica como el señor P.

**Es posible realizar el pago de inmediato a través del servicio de internet simplemente entregando el número de su tarjeta bancaria a la compañía.

*** Resulta imprescindible la secrecía del famoso instrumento (ni siquiera mencionaremos si es mecánico, eléctrico, electrónico o de otra clase de tecnología), puesto que la Compañía PP de Servicios Respiracionales está consciente de la existencia de una red de espionaje industrial que pretende apropiarse de los secretos tecnológicos de nuestro invento para establecer la competencia. Hasta el momento hemos logrado evitar el robo de nuestro secreto dispositivo gracias a haber hecho uso del mismo contra los —hasta este momento— fracasados espías.

**** El famosísimo señor P. terminó dejando en ridículo a cierto empresario que se había apropiado —no tan limpiamente— de los servicios de comunicación de todo nuestro país (más de cien millones de habitantes), un tal Carlitos, que ahora está sometido a muy altas cuotas porque —como él mismo hacía con sus empresas— aplicaba tarifas diferenciadas según sus amistades o sus preferencias en diversos ámbitos. Hoy PP Servicios Respiracionales, SA de CSC (Capital Siempre Creciente) le aplica la tarifa más alta a don Carlitos que ha dejado de ser el más rico del mundo. Y PP Servicios Respiracionales, SA de CSC lo hace así, porque puede hacerlo así. Legalmente, es decir, con la ley que nuestros diputados han aprobado en el congreso nacional y no como lo hacía él, violando la ley.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Como se escribió Querido Pancho Villa, la novela

Así se escribió Querido Pancho Villa


Pterocles Arenarius


 En diciembre del 2019 salió la novela Querido Pancho Villa, en una edición de Eterno Femenino Ediciones, unos poquitos meses antes de la pandemia. No alcanzamos a hacer una presentación bonita, completa, es decir, presencial y con un brindis (o muchos) de por medio. Pero vio la luz.
El cartel, el libro, el autor


La pandemia provocada por el llamado Covid 19 ha perturbado una gran cantidad de actividades. Las más afectadas han sido las culturales. Así que mi Querido Pancho Villa no ha tenido la difusión que se merece.
En algún momento, hablando con el maestro Agustín Ramos en el ínterin desesperante de no publicar Querido Pancho Villa, escribí otra novela que tenía en plan desde muchos años atrás, esa fue Cualquiera puede matar. Agustín Ramos tuvo la enorme gentileza, junto con el maestro Jorge Arturo Borja y mi amigo Juan Carlos Castrillón, de presentar Cualquiera puede matar en el Museo del Pulque, ahí a un ladito de la iglesia llamada de los sanjuderos―, me preguntó Ramos que si estaba escribiendo algo y le hablé de Querido Pancho Villa. Agustín es un hombre extraordinario y brutalmente generoso, me dijo que se la hiciera llegar, que le interesaba leerla. Se la mandé y, aprovechando el viaje (aprovechado que soy), le pedí que si me pudiera hacer un prólogo para Querido Pancho Villa. Agustín Ramos leyó las 336 cuartillas de computadora que tiene la novela y me hizo un prólogo que, lo confieso, me hizo llorar (me lo hace cada vez que lo leo). Me obligó a reconsiderarme. Me puso pensar. La lectura de Agustín fue tan certera, tan profunda, tan lúcida, que debiera sonrojarme cada vez que él me viera. Penetró hasta lo más profundo de la novela. Y, por supuesto, de mí. Pancho Villa, dice Agustín:
(...) se mantuvo siempre a suficiente distancia de la civilización para volar a la altura de la intuición, sobre la inteligencia y el instinto, con la libertad propia del arte y la limitación humana que encierra desde la santidad espontánea hasta el más valioso de los lujos, la lujuria.

Tres libros de narraciones sobre mi general Villa
La escritura de la novela fue cambiando conforme se escribía. Empezó con una especie de posesión a través de la lectura de un libro maravilloso: Memorias de Pancho Villa, de Martín Luis Guzmán. Este enorme autor nos confiesa que él fue amanuense del general Villa; que él mismo le dictaba sus memorias para que, precisamente, el escritor uno de los más grandes prosistas en nuestro idiomaescribiera una biografía del soldado, del bandido, del hombre del pueblo que fue Pancho Villa. Yo recuerdo haber leído hace muchísimos años (la localización del texto escapa a mi memoria) una descripción de Pancho Villa escrita por Martín Luis Guzmán. Hablo de hace más de medio siglo de haber conocido ese texto que, aunque hice lo más que pude para encontrarlo, no me fue posible. Bien, en él Guzmán hace un retrato impresionante del general. Habla de él como si fuera un animal salvaje, un ser propio de la naturaleza más cruda; un apenas humano si no fuera porque su inteligencia sobresalía de entre muchas otras características altamente desconcertantes. Martín Luis Guzmán, si bien describe a un bárbaro, incluso y más bien a un animal, no deja de mostrarse arrobado, fascinado por la esencia, por un lado pavorosa, demoniaca, pero también inconcebilemente candorosa de aquel hombre inverosímil que remontó desde el bandolerismo de asaltacaminos y el abigeato aunque con perspectivas industriales hasta las cumbres del poder. La fascinación del gran escritor no está exenta de una admiración tan extrema que raya en algo que llamaría un amor devoto, las de Martín Luis Guzmán son letras que nos comunican reverencia, incluso fervor. Sin embargo, algo pasó entre ambos gigantes, el escritor llegó a serlo después, Villa ya lo era. Algo pasó que los llevó por caminos diferentes. Incluso se dice que Villa llegó a amenazar al literato con el fusilamiento. Es materia de investigación. Bueno, el que quizás haya sido el más grande prosista mexicano tuvo que alejarse del general. Pero su pasión por él no menguó. Años después Nelly Campobello, le hizo llegar un largo manuscrito que era la continuación de las memorias de Pancho Villa. El general encargó el trabajo que había estado haciendo Martín Luis Guzmán a Manuel Bauche Alcalde; con esos materiales pudo terminar el famoso libro Memorias de Pancho Villa, con sus 950 páginas.
Martín Luis Guzmán, Paco Ignacio Taibo II y Friedrich Katz, los fundamentos
Martín Luis Guzmán habla del lenguaje purísimo, arcaizante, campesino, circunloquial y salpicado de graciosos pleonasmos que reforzaban la expresividad que usaba Villa y que él le escuchó por más de un año. El gran escritor confiesa que le metió mano sin piedad a los escritos de Bauche Alcalde, quien había “traducido” el lenguaje “incorrecto” del general campesino a un español propio de un “citadino civilizado”. Formidable trabajo de Martín Luis que pergeñó una gran hazaña, pues en la lectura de las Memorias... no se perciben las transcisiones que él mismo anota en el prólogo.
El lenguaje de las Memorias de Pancho Villa, es mágico. Ciertamente está cargado de un candor que es necesariamente fascinante. El libro está habitado por un poderío verbal que en el mejor sentido de la expresiónenajena.
Yo empecé a leer este volumen quizá en el 2014. Son casi mil páginas, así que lo leí en unos tres meses (siempre leo tres o cuatro libros simultáneamente), pero el lenguaje de Villa me enajenó. Es tan exacto, envolvente, tan candoroso que llega a volverse deslumbrante. Termina uno encantado. ¿Es Pancho Villa o es Martín Luis Guzmán? ¿O son los dos? El caso es que cuando iba a medio libro o antes incluso, me puse a intentar escribir algo y me di cuenta que estaba escribiendo como (dice Martín Luis Guzmán) hablaba Pancho Villa. Me di cuenta, ¿o será falso?, que el espíritu de Villa habita en su lenguaje y que el autor de las Memorias... lo capturó de manera magistral. Y si yo no podía escribir si no era como hablaba Villa, su espíritu, concluí que había una posesión. ¡El lenguaje de mi general es decir, su espírituhabían hecho posesión de mí! Eso es muy grave. El padre Gabriele Amorth (el exorcista oficial de El Vaticano que en su vida se enfrentó 70 mil veces con el diablo, el que decía que el aborto, la homosexualidad, el divorcio, todos los males de la humanidad los carga el demonio en los humanos) se hubiera apresurado, sin duda, a practicarme una de sus ceremonias para expulsar al maligno de mis profundidades. Para la iglesia, no podía ser de otra manera, Pancho Villa era un demonio. Es más, hay una versión de que mi general tenía pacto con el diablo, como se reporta en la novela Querido Pancho Villa. Pero yo no me angustié ni mucho menos, era bonito estar tomado por ese lenguaje. Pero era un problema, porque si no podía escribir más que con tales modismos, con ese estilo, me pregunté “¿y ahora qué hago?”. Pues escribir algo sobre mi general Villa. Y como estaba escribiendo como él hablaba (o intentándolo según mis entendederas o mis posibilidades y mis circunstancias de chilango del siglo XX-XXI frente a un campesino, aunque haya sido un genio, del XIX-XX), pues me puse a escribir algo sobre el general.
Los malquerientes: Krauze, Marte R. Gómez y Rafael F. Muñoz
Luego pasó algo curioso. Cuando entré más de lleno en la narración de la que no sabía si sería relato, cuento, ensayo, novela o quécada noche soñaba con Pancho Villa. A veces lo soñaba a él hablándome de cosas que no tenían que ver con la novela ni siquiera con su vida. A veces soñaba no imágenes, sino conceptos filosóficos, ideas relacionadas con la historia de Villa. Y despertaba con la sensación de que tenía que escribir eso. Relativamente pronto me di cuenta que tenía que ser una novela.
Pero a raíz de tales sueños, me di cuenta que iba a ser, como dice Agustín, “(...) un diálogo de poseídos”. Inmediatamente sostiene que es “imposible de describir sin emplear palabras chocolateras como magia, erotismo, misticismo, barbarie, cultura, sentimentalismo y drama. Porque no hay otras o al menos el prologuista no conoce otras palabras suficientemente fieles para intentar decir de qué se trata y cómo se trata este libro, no sobre Francisco Villa sino de Francisco Villa y de sus partes menos conocidas: la niñez huérfana de padre, el apego a la madre y la obligación de amparar con el amor y por la fuerza de la astucia, sus estrenos en el sexo y la muerte, el bandolerismo y la genialidad guerrera, los motivos de un lobo muy andado como para morir en la madriguera de la inocencia”.
Los libros consultados y el resultado Querido Pancho Villa
La novela trata de la parte menos conocida del famoso guerrillero y el punto de vista es nigromántico. A ver si no viene Amorth del otro mundo (murió en 2016) a jalarme las patas en la noche, pero no, porque mi general se me fue yendo poco a poco conforme terminé la novela, la cual parte desde que nació Doroteo Arango Arámbula la tarde del 5 de junio de 1878 en medio de augurios tanto terribles como auspiciosos, pero siempre de gran magnitud. A sus 16 años, en 1894, así lo narra el propio general, comete un asesinato que lo marca para el resto de su existencia, pues lo obliga a vivir escondido en una de las múltiples zonas semiboscosas, semidesérticas de Chihuahua, en lo que llamamos la Sierra Madre Occidental. Desde entonces hasta el momento en que Abraham González, quien lo conocía bien e incluso se dice que había hecho algún negocio con el entonces bandolero, lo recluta para que fuera parte de un ejército que no existía y que iba a luchar contra un tirano que acumulaba más de treinta años creando la desigualdad económica entre los mexicanos y que la llevó hasta un nivel que la gente de nuestro país de aquellos tiempos se negó a continuar aceptando al costo que fuera. Sigue Agustín Ramos:
Porque Villa es todos los pueblos en sus momentos heroicos, lo es por la veneración que convoca en todo el mundo y lo es por sus tantos nombres que pasan del anonimato al nombramiento de todos: todos somos Pancho Villa. Entonces, nosotros también nos meteremos en la plática y no solamente como si escucháramos una conversación ajena sino como si formáramos, como formamos, parte de una misma historia y pasáramos, como pasamos, a formar parte del mismo hecho revolucionario junto con el muchachito narrador y ese ser que es muchos: “Pancho Villa es tantísima gente”, dice con toda la razón el título del capítulo 17”.
Agustín Ramos, prologuista
Al final la novela Querido Pancho Villa es también una toma de posición política todo acto en la vida lo es― con respecto de lo que representa el famoso guerrillero, bandido, general e invasor, el único que lo ha hecho en la historia, de los Estados Unidos de América.
Finalmente, Agustín Ramos concluye su prólogo con frases que este autor simplemente mira con pasmo, por más que le indican que esta vida, este viaje de la escritura ha valido la pena.
(...) esta obra ofrece la suculencia de un diálogo que lleva directamente, por obra de la ficción, al alma del general Villa.
(...)
En suma, Querido Pancho Villa es el fruto más logrado hasta hoy de la vitalidad y la actitud de Pterocles Arenarius: escritor digno y capaz de la hazaña artística que los lectores atentos van a disfrutar, un diálogo de héroes”.
Por último, para dar una idea de quién era Francisco Villa voy a transcribir dos fragmentos, primero del autor italiano Ettore Pierri que escribió La Verdadera Historia de Pancho Villa. Éste autor hizo más de 300 entrevistas a personas que conocieron a Villa.
¿La gente lo quería?
¡Claro que sí! ¿Esto se va a publicar en algún lado?
En un libro, ¿por qué?
Porque quiero que diga una cosa. Diga que no había nadie tan querido en México como Villa. ¿Lo dejarán decir eso?
Por supuesto.
Diga que lo dije yo, Tomás López Flores.
¿Qué es lo que más recuerda de Villa?
Se va a reír...
No. Dígalo...
El puño.
¿El puño?
Sí. Lo cerraba cuando hablaba de la tierra y lo apretaba. Se le hinchaban las venas.
¿Qué decía de la tierra?
Que tenía que ser de todos. Decía eso y apretaba el pño. Era capaz de matar con aquel puño enorme.
¿Y usted estaba de acuerdo?
¿Con qué?
Con lo que Villa decía.
Todos estábamos de acuerdo. Por la tierra se hizo la Revolución. Lástima que él... se interrumpió.
¿Qué iba a decir?
Que es una lástima que él haya muerto.
Jorge Arturo Borja, autor del texto de cuarta de forros


El siguiente fragmento es de John Reed:
Era un gigante macizo como una pirámide, que en ocasiones se enternecía hasta las lágrimas por cuaquier hecho sencillo.
Cierto día entró con sus hombres a un pueblo y un niño se le acercó y le entregó un ramo de flores.
Para usted, mi general. Dijo el niño. Villa lo miró confundido.
¿Para mí? ¿Flores para Villa murmuró.
Sí, mi general repitió el niño―. Para usted.
¿Por qué? ¿Por qué flores? preguntó Villa con los ojos brillantes.
Porque todos lo queremos aquí contestó el niño.
Villa desmontó, tomó al niño en sus brazos, lo miró a los ojos y lo besó. Después se apartó de nosotros. Cuando fui a buscarlo estaba solo. Llorando.
Flores dijo con el rostro cubierto de lágrimasFlores para Villa...
Bajo la égida de mi general