martes, 4 de junio de 2019

Prólogo al libro Rapsodia al café


Prólogo


Eterno Femenino, 200 títulos
(Y un paseo por los avatares del néctar negro)


Caliente
Amargo
Fuerte
Escaso


“El café debe ser caliente como el infierno, negro como el demonio, puro como un ángel y dulce como el amor”. Dijo el político decimonónico francés Charles Maurice de Talleyrand. Lo cual nos conduce a pensar que los estímulos que del café obtuvo este hombre deben haber sido muy intensos, por más que la naturaleza del café es el amargor y no la dulzura, pero también, admitamos que en el amor no hay más melosidad que la acritud cafeínica.
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Néctar negro
El café ha acompañado a la humanidad desde hace muchos siglos, por más que la leyenda le adjudique apenas unos cuantos miles de años. Peor aun es el hecho de que el café es introducido al mundo occidental apenas a finales del siglo XVI por un médico alemán de nombre Leonard Rauwolf, quien viajando a lo largo de diez años por países árabes conoció la oscura bebida.
En el oriente cercano, en el descomunal desierto árabe, habita la enigmática etnia de los tuaregs o los hombres azules. Bandidos, comerciantes, soldados de fortuna, pero antes que nada, habitantes del desierto. Pintados de azul por el pigmento que usan para colorear sus ropas y el cual se les pega en la piel. Este pigmento termina funcionando como un bloqueador solar natural. Pero lo más extraño de esta tribu es el hecho de que quienes usan una cubierta para su rostro son los hombres y no las mujeres. Ellos, cuando se convierten en hombres al dejar la adolescencia, empiezan a cubrir su rostro y no lo dejan ver jamás ya en su vida. Es costumbre de ellos comer apartados, en donde nadie los vea, para que jamás en esta vida su cara sea mirada. Los tuaregs son quizá los más radicales y fervorosos bebedores de café del mundo. Realizan un complicado ritual, sin duda milenario, para la elaboración de su café en medio del desierto, en campamentos improvisados y con fogatas efímeras y en trastos, casi siempre de cobre, que se heredan por generaciones. Pero lo más curioso y conmovedor es que pudieran carecer de cualquier objeto imprescindible para la vida en el desierto, pero jamás de una tacita de porcelana en la cual degustan el poderoso néctar que ellos mismos elaboran. El café es, para ellos, el vaso comunicante con el único Dios, Alá, el misericordioso...
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Los hombres azules del desierto del Sahara
Cuando el café llega a Europa se convierte en una de las más maravillosas novedades. Menos de cincuenta años después de ingresar en este continente ya había cientos de establecimientos en las más importantes ciudades, en donde se expendía la infusión de café.
Con el paso de los siglos, ha habido muchos artistas, escritores, que han proclamado las delicias y las bondades del café. Es harto conocido que Balzac se satisfacía con unas cincuenta tazas de café por día. Igualmente Voltaire, de quien se dice que era más adicto al café incluso que el autor de la Comedia Humana. Al mismo François-Marie Arouet se atribuye la frase: “Claro que el café es un veneno lento, hace cuarenta años que lo bebo”.
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François-Marie Arouet, Voltaire
En general, es fama que todos los escritores tienen como una de sus adicciones favoritas al café. Hoy, extendido por todo el orbe, el café es la bebida no alcohólica más popular en este planeta. La estadística nos dice que cada año se consumen unos 400 000 millones de tazas de café. Lo cual nos hace pensar que la poesía y, en general, la literatura, le debe mucho más al café que a las academias y a las universidades. Sin duda pocas sustancias animan tanto a las artes de la conversación y la escritura como el café.
En México, no menos que en otros países, el café ha sido un permanente compañero de los que se dedican al arte. Recordamos al gran poeta Juan de Dios Peza, quien junto con Manuel María Flores, Manuel Acuña, José Tomás de Cuéllar y también algunos de los próceres nacionales como Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio, Francisco Zarco, Justo Sierra y hasta Irineo Paz, abuelo del único mexicano premio nobel de literatura, Octavio Paz, así como otros insignes poetas del periodo romántico mexicano fueran miembros de una tertulia que se reunía en una casona de la Plaza de Santa Isabel, que se encontraba en donde ahora está el bellísimo Palacio de Bellas Artes. Juan de Dios Peza narra en sus memorias que en esa mansión que era propiedad de la familia encabezada por don Juan de la Peña y su esposa Margarita Llerena, cuya hija era la famosísima Rosario de la Peña y Llerena por cuyo amor Manuel Acuña decidiera suicidarse se realizaba tal tertulia que hoy conocemos como El Parnaso Mexicano. Juan de Dios Peza afirma que en la reunión que solía durar la noche entera con los poetas leyéndose sus versos y contándose anécdotas de múltiple índole, solían lubricar la larga reunión con “El néctar negro de los sueños blancos”. Así sería de delicioso el café que consumían los poetas. Aunque tenían sus excepciones, porque a veces sustituían el café por “El néctar blanco de los sueños negros”: el mezcal.
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El Nigromante, Juárez, Altamirano: construyeron una nación y también su literatura
En esa tertulia, como vemos, se renovó, se recreó y refundó la literatura mexicana en español. Y todo, sin duda, gracias, en gran medida, al néctar que nos refiere Juan de Dios Peza.
Años después, luego de la Revolución Mexicana se recupera la tradición de la tertulia y se nos refiere que en la calle de Madero, hoy frente a la Plaza de la Solidaridad, en el Hotel del Prado caído en el gran terremoto del año 1985 estaba el café Sorrento, en donde el muy joven Octavio Paz reconoce haber participado en las tertulias que presidía un poeta de barbas proféticas y exiliado español por la guerra civil y cuyo nombre era León Felipe. Antes de esa época se funda asimismo El café de nadie, en la calle Jalisco, hoy Álvaro Obregón en la colonia Roma, establecimiento al que se le honra con la creación de una novela homónima autoría de uno de los grandes estridentistas, Arqueles Vela. Hasta hace relativamente pocos años El café de nadie seguía existiendo.
Hay una foto maravillosa en donde podemos ver a tres de las más grandes mujeres de la historia occidental: Simone de Beauvoir, Emma Goldman y Rosa Luxemburgo, ni más ni menos. Juntas. Y las tres fuman sendas pipas. Sabemos la historia lo tiene registradoque alguna de ellas o más bien las tres, cada una por su parte, pretendieron en su momento entrar en alguna cafetería y pedir una de estas bebidas, estimulantes como el pecado y negras como el infierno. Pero cometieron un pecado que la sociedad de aquellos tiempos consideraba imperdonable: ir solas, sin hombre que las acompañara. Y sabemos que se les negó el servicio. Es indudable que en estos años, desde la época de ellas, hemos avanzado un poco.
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Simone, Rosa, Emma. Cúspide femenina
Ya en años mucho más recientes, en los 80 del siglo pasado, en México, es bien conocido que en el café La Habana de Bucareli llegaban escritores y periodistas con mucha frecuencia. Incluso en este lugar se ha colocado una placa para informar y, sin duda, conmemorarque en las mesas del Habana tomaban plaza gentes como Octavio Paz, el maestro Edmundo Valadés quien no aparece en la susodicha placa y mucho menos sus discípulos de taller que nos impartía a dos calles de ese café y con quienes se reunía. También estuvieron ahí ni más ni menos que Ernesto, el Che, Guevara (“Si no hay café para todos, no lo habrá para nadie”) y Fidel Castro conspirando para llevar a cabo la histórica Revolución Cubana que ha resistido, hasta la fecha, los embates y el bloqueo económico del imperio con el poder destructivo más grande de la historia de la humanidad por más de sesenta años: el imperio gringo.
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Café La Habana
Sin duda el café ha estado presente en la literatura mexicana durante casi toda su historia. Los estímulos del café son realmente tremendos. Me han contado que la excitación que produce un buen café exprés es comparable con lo que causa la inhalación de lo que llaman un pase de cocaína. Con la diferencia que el café muestra descomunales ventajas: produce una adicción sin dudapero incomparablemente más benévola que la causada por la droga blanca, el placer al consumirlo es muy superior al de la cocaína, el café es veinte veces más barato y, quizá lo más importante: el café es una droga legal, no se viola ninguna norma jurídica consumiendo el café incluso en exceso.
Hay una descripción ingeniosa de Balzac haciendo el símil entre los estímulos del café con una batalla de aquellos tiempos:

“El café llega a mi estómago y, enseguida, hay una conmoción general: las ideas empiezan a moverse como los batallones de la Grand Armée en el campo de batalla y la refriega da inicio. Los recuerdos llegan a todo galope, marchando al viento; la caballería de las comparaciones me ofrece magníficas descargas; la artillería de la lógica se da prisa con las municiones e inicia el ataque con tiros certeros; las frases llegan y las hojas de papel se llenan de tinta, ya que la lucha comienza y termina con polvo de café, así como las batallas lo hacen con pólvora”.
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Balzac, gran cafetero
Los estímulos cafeínicos se inician con el delicioso aroma que despide el café una vez tostado y molido. El dramaturgo inglés John Van Druten sostiene que “Si fuera mujer usaría el café como perfume”. Pero luego los deleites se extienden al paladar y se amplifican. Un buen café suele ser demasiado fuerte para gustos bisoños. Pero como las más poderosas y estimulantes drogas, la primera vez que se prueban no son lo que podríamos llamar “agradables”. Y una vez superando la iniciación es muy fácil llegar a la adicción. Ya está anotado que el café provoca una adicción más bien ligera, aunque el síndrome de abstinencia no se le recomienda a nadie, es completamente fácil de disolver tomándose un simple café.
Continuando con las incitaciones físicas del café, no debe quedar sin considerar que una vez ingerido, muy pronto, el café provoca una excitación que alerta a la inteligencia, penetra en los recuerdos, amplifica las percepciones y también genera un estado de consciencia diferente al que se mantiene normalmente en la vigilia. Y esto ocurre sólo unos cuantos minutos después de la ingestión. Es en tal estado en que aparece la musa. Es aquí donde empieza la batalla a la que se refiere Balzac, todas las potencias intelectuales entran en juego... y la creación ocurre. Es el momento del poema, del cuento, del fragmento de novela. El efecto durará hasta tres horas, pero si se sigue bebiendo el néctar, el estado de excitación continuará.
Hay personas que suelen ser muy sensibles al café. Sé de quienes han debido recibir atención médica para ser salvados del excesivo efecto cafeínico. Y también de personas que con un solo café en el atardecer les provoca el fatal insomnio de la noche entera.
Luego de tan largo prolegómeno, sufrido lector, ingreso en el tema que es no menos propio de este texto: un libro que compila poemas dedicados precisamente a la bebida en comento: Rapsodia al café. Este volumen acumula, además de la importancia de estar dedicado al néctar negro, el hecho de que la compiladora, Noemí Luna García, gerente y directora de la editorial Eterno Femenino Ediciones (EFE), ha alcanzado, junto con su equipo de colaboradores (notablemente entre ellos Juan Pablo García Vallejo, el más vasto conocedor de la historia de la mariguana en México), los doscientos títulos publicados.
En un esfuerzo asombroso y heroico Eterno Femenino se ha mantenido a lo largo ya de nueve años.
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Noemí Luna García, Pterocles Arenarius
Este libro llamado Rapsodia al café viene siendo una conmemoración por una vasta trayectoria en la edición literaria. Estoy seguro que no serán pocos los títulos que ha publicado Eterno Femenino los que pasarán a la historia de la literatura mexicana. El tiempo es el mejor aliado de EFE porque es el único juez, el más implacable, porque indefectiblemente habrá de colocar a cada quien en su merecido sitio.
Pero además, el volumen celebra la bebida que ha sido, como ninguna otra, el gran aliado de los escritores se dice que el alcohol lo es. Digamos que sí, pero jamás ha sido adecuado para escribir bajo sus influjos, de igual manera la mariguana―; en cambio, con el café la acuciosidad, la lucidez, la inteligencia son virtudes que imprescindiblemente tienen que estar presentes en el que escribe y son justamente las mismas que convoca el café con sus tremendos estímulos.
Celebremos, pues, ante una taza del más poderoso y delicioso café el inconmensurable trabajo de Eterno Femenino y sus doscientos títulos publicados.


Pterocles Arenarius, Ciudad de México, primavera del 2019

jueves, 9 de mayo de 2019

Primero lincho... después viriguo. MeTooEscritoresMexicanos

Primero linchar. Después averiguar


Pterocles Arenarius


                                En este mundo hay una cosa muy mala
                                    ¡Qué mala es! ¡Qué mala es!
                                        ¿Qué cosa!
                                        La lengua...

                                        (Se repite)

                                Se está perdiendo el concepto de las cosas
                                Entre la injuria, la calumnia y la difamación                                                                Ya no se puede vivir en el ambiente social
                                Tenemos que luchar por levantar la virtú
                                y la moral de los hombres...

                                    Coro: Sujétate la lengua, sujétate                                   

                                        La Sonora Matancera
                                        Sujétate la lengua




"Quiero hacer una denuncia anónima.
Yo estuve en una fiesta en la que el pseudo escritor Jorge Borja estaba abusando de una menor a la que apodaba "la diablita".
A sus amigos les causaba mucha gracia que esta chava no tenía "estudios" como ellos."
 Página de MeTooEscritoresMexicanos



Alguien publicó el texto inmediatamente anterior en el que denuncia el abuso de Jorge Borja en la persona de quien dícese apodaban “la diablita” (sic).
Tengo que decir un par de cuestiones al respecto. La primera es que resulta odioso y cobarde acusar desde el anonimato. Borja no es alguien con poder en ningún ámbito, no tiene con qué hacer un acto de represión de ninguna índole contra quien lo acusa; ni siquiera ―y me recontraconsta― de tipo físico. Borja jamás ha dado un golpe a ser humano en su vida (les cuento esto desde mi pasado de peleador profesional). Pero eso no es lo peor sino que lo mete en el llamado MeTooEscritoresMexicanos (una pregunta ¿por qué en inglés? ¿No podían haberlo traducido al español? ¿Hasta en esto hay quien quiere copiar a los gringos todo cuanto hacen?), digo lo mete ahí pero previamente lo llama pseudo escritor (sic). Bueno, pues quizá pudiera ser cuestión de gustos porque quizá quien se atreve a llamarlo así tenga vastos conocimientos que le autoricen a decir eso de Borja, pero para mí Jorge Arturo Borja es un gran escritor, cuentista, novelista, cronista; no exagero, de lo mejor que hay en este país. Un autor que ha trabajado por décadas hasta que, en algún momento, será muy importante, ya lo es, aunque no sea famoso. Además es un maestro de taller de creación literaria absolutamente extraordinario. Llamarlo “pseudo escritor” (sic) sólo es la inconsciente indicación de un odio gratuito o sabrá Dios qué oscura aversión anide en esa almita que injuria.

Lo segundo que tengo que decir es que la persona que hace la falsa denuncia dice que Borja abusaba de una menor de edad a la que apodaba “la diablita” (sic, una vez más). Quizá quien aquí pretende acusar haya visto sólo esa vez a quien ella llama “la diablita”, muchacha que, en efecto, mantuvo una relación con el maestro Borja, pero jamás, mientras estuvo con él fue ella menor de edad, e incluso diría más, pero mejor no; aunque lo dicho a mí me consta. Y agrego que si alguien fue abusado en esa relación no fue “la diablita”.
Luego, quien redacta parece buscar una llamada de atención de una manera muy endeble al hecho de que a todos los amigos del maestro Borja presentes en la fiesta que se refiere, les resultaba gracioso que ella no tuviera “estudios” como ellos. Pues digamos que sí, eso era muy curioso y más porque Borja es una auténtica lumbrera, un hombre muy brillante que acumula inmensos talentos y conocimientos en la literatura, en la historia, en la teoría de la creación, en la preceptiva literaria, en el cine y en otras disciplinas. Pero ahora tal curiosidad perdió efecto, porque, gracias al maestro Borja, esa chica (“la diablita”) es una profesora egresada y titulada en la Benemérita Escuela Nacional de Maestros. Repito, gracias al maestro Borja.
Tenemos que evitar la calumnia y la difamación, como dice la gran banda musical de Cuba, la histórica Sonora Matancera.
Es muy triste que se aproveche esta herramienta, el MeToo, aunque sea en inglés, para luchar contra los abusos de una manera en la que prevalezcan los prejuicios y la ignorancia. Quien redactó ese par de párrafos no tiene idea de lo que fue la relación entre las personas que involucra ni de quién es cada uno. Y si la tiene es peor, porque entonces ¿cuál es el móvil de la acusación?, y eso nos da pie para pensar en sentimientos e intenciones viles porque está difamando con las peores intenciones a un hombre bueno que además de ser un gran artista es un maestro del más alto nivel y de una generosidad inexistente en este mundo.
Un ataque similar costó la vida a Armando Vega Gil. Y no sabemos si fue calumnia. Pero se perdió la existencia de un ser humano valioso.
Por otra parte, ni se alegre quien haya perpetrado esta calumnia, el maestro Jorge Arturo Borja no se va a suicidar. Tiene varias misiones mucho más trascendentes que atender antes que esta acusación falsa e infame ―o al menos plena de maligna ignorancia― y esa es: publicar algunos libros y dar luz a los privilegiados que son sus discípulos en su taller que, por cierto, él llamó Eusebio Ruvalcaba.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Enrique Krauze y la mentira


Enrique Krauze y la mentira 




Pterocles Arenarius




Calumnia, calumnia, que algo quedará.
Proverbio romano antiguo 



El presidente Andrés Manuel López Obrador ―qué bonito se siente decirlo así, ahora sí, con todas las de la ley y aunque les pese a muchos― ha dicho que sus adversarios, que no sus enemigos, porque él no tiene enemigos, tienen por ideología la de ser hipócritas. Y cada día que pasa lo confirman.
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Andrés Manuel López Obrador, presidente constitucional de México



El PAN; el desfondado PRI y hasta los del agonizante PRD, sostienen una tesis que llamaríamos delirante si no fuera porque es, en realidad, pura hipocresía: nos aseguran que la palabra revocación (acción y efecto de revocar. Revocar: dejar sin efecto una resolución o mandato; apartar o disuadir a alguien de un designio; o hacer retroceder alguna cosa), es lo mismo que reelección (acción o efecto de reelegir. Reelegir: v. tr. Elegir de nuevo a una persona para un cargo). ¿Qué no está claro? ¿Qué no es evidente que son exactamente, radicalmente lo contrario? ¿No entienden el español? Claro que lo entienden, pero su terror irracional a López Obrardor los lleva a sostener contradicciones así de flagrantes, así de deshonestas, roñosas.

Carlos Monsiváis, el gran cronista nacional, el erudito, el escritor de la descomunal inteligencia lo dijo: “López Obrador es el político más atacado de la historia de México. Incluso más que Francisco I. Madero”. Lo repugnante es que a AMLO se le haya atacado con mentiras de una vileza ya muy difícil de concebir. Pero han sido tan sucias y desmesuradas las calumnias que igualmente fue de fácil destruirlas. Desde el Lamborghini de 50 millones de dólares de uno de sus hijos, pasando por los zapatos tenis de 100 mil pesos hasta llegar al “mesías tropical”, la fallida película (sin estrenar a pesar de la millonaria publicidad, la superproducción y los 50 millones gastados en ella) “Los populismos de América Latina”; la siniestra página de internet Pejeleaks o la ya de plano lunática confabulación rusa.
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Carlos Monsiváis, el gran intelectual mexicano

Andrés Manuel es como el Ave Fénix, resurge asombrosamente de sus propias (supuestas) cenizas; una y otra y otra vez. Creyeron que estaba destruido después del fraude de 2006, lo consideraron liquidado en la siguiente elección robada en 2012. Hicieron fraude, sin duda, en el 2018, pero no les alcanzó. Nada les iba a alcanzar. Fue una rebelión electoral popular la del 1 de julio del año pasado. AMLO debe ser una pesadilla para quienes lo odian ―aunque él ni siquiera los considera sus enemigos―; hay que ver lo que han dicho, lo que han hecho en su contra. ¡Y luego dicen que sus seguidores, somos muy delicados, que todo lo que digan de Andrés Manuel nos molesta. De plano no tienen madre.

Uno de los más insidiosos, hipócritas fue Enrique Krauze. Entronizado por el gran poeta (y gran traidor) Octavio Paz (los invito a que lean la excelente novela Nación Tv de Fabrizio Mejía Madrid, en donde nos narra la manera en que Carlos Salinas de Gortari, personalmente, le gestionó el premio nóbel de literatura a cambio de su lealtad política). Krauze fue una creación, un palafrenero de Octavio Paz ―así lo llamó el gran periodista Gregorio Selser―. Recordemos que Paz, enojado con Carlos Fuentes por misteriosas razones (¿el apoyo de Fuentes a las revoluciones de Nicaragua y Cuba?), Paz encargó a Krauze ―aunque digan que fue creación espontánea de Krauze― un trabajo en el que destruyera toda la obra literaria de Carlos Fuentes. Krauze se aplicó como buen discípulo e hizo un ensayo en la revista Vuelta, que dirigía Octavio Paz, ¡pero por supuesto!, llamado La comedia mexicana de Carlos Fuentes, en el que descalifica toda la obra de Carlos Fuentes. No dejó títere con cabeza. Pretendió convertirlo en un escritor menor, en un autor que carecía de obra sólida y que a muy duras penas se salvaba La muerte de Artemio Cruz, un cuento llamado Aura y si acaso la novela La región más transparente. Todo lo demás era sólo basura. Sin exagerar.
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Paz a Krauze sobre Carlos Fuentes: "Ai te lo encargo"
Carlos Fuentes no dejó de manifestarse. Dijo que “Enrique Krauze es un piojo”. Esta frase me hizo reflexionar porque, aunque me parecía exagerada la afirmación, también encontré que, ciertamente, el director de Letras Libres tiene algo de piojo ―¿la cara, la caída de los hombros, el gesto?, no sé, algo―. También dijo Fuentes que entre él y Octavio Paz “se había atravesado una cucaracha ambiciosa, Enrique Krauze”. Se llevaban pesadito los intelectuales. Pero Fuentes tenía que tener consciencia que los ataques de Krauze eran encargo de Paz. En fin. 
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Enrique Krauze, campaña abominable e ilegal


El lado cómico de este pleito fue que un autor acudió a presentar su libro en la Feria Internacional de Guadalajara en su edición 2012 y los confundió, ¡atribuyéndole a Krauze un libro de Fuentes! Era el inefable candidato Enrique Peña Nieto.

¡Fuera máscaras!, dijo el presidente hace unos cuantos días. Y Enrique Krauze se largó del país chillando y defendiendo hipócritamente su supuesta neutralidad de “el gran intelectual mexicano” y autonombrándose perseguido por el poder en México.

Andrés Manuel no necesita perseguir ni atacar a nadie, ni siquiera tiene que protegerse, él lo ha dicho: “El pueblo me protege”. Hoy que se sabe la nefasta, la cobarde actividad, además, fuera de la ley, que perpetró Enrique Krauze haciendo guerra sucia contra Andrés Manuel, ni siquiera su calidad de hijo putativo de Octavio Paz lo salvará del odio popular.

Krauze apeló a la victimización. Se dijo perseguido por el poder. Amenazó a Tatiana Clouthier por su libro Juntos hicimos historia, en donde ella lo denuncia como orquestador de la campaña sucia ―ilegal de múltiples maneras― contra el que era nuestro candidato, hoy presidente constitucional. Pero la verdad se impone. Al menos un par de páginas noticiosas de internet investigaron y pusieron a Krauze como el responsable de dirigir la sucia campaña. Para acabarla, el escritor Ricardo Sevilla se presentó públicamente en el noticiero de Carmen Aristegui y denunció con abundantes documentos y su abrumador testimonio tanto a Enrique Krauze como a su siempre muy cercano colaborador Fernando García Ramírez. Ni cómo contestaran. Así Krauze llegó al extremo de decir que esto era un “crimen mediático”. No cabe duda que el terror o, mejor dicho, la cobardía no reconocen límites. Porque entonces cómo le llamamos a la campaña de mentiras contra el hoy presidente López Obrador.
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Tatiana, jefa de campaña

Sin duda el pueblo es bueno, como dice AMLO, pero también ―y en la misma medida― es malo. Sólo alguien muy bueno como los indígenas que cuando vas a sus pueblos te ofrecen lo mejor que tienen y son la gente más hospitalaria del mundo, sólo ellos puede ser tan malos como para linchar a un delincuente capturado en flagrancia. En general, los mexicanos más pobres son los más generosos, los que han salido a ayudar a los damnificados de terremotos y ciclones. No dudo que también tienen un lado oscuro no menor. Krauze lo sabe muy bien. ¿Cuán malvados pueden ser esos mexicanos tan bondadosos? Por eso este “intelectual” mejor se larga con los que, él siente, sin duda, son sus verdaderos amigos ―y amos―: los gringos.

Lo que publicó Tatiana Clouthier en su libro Juntos hicimos historia debe ser muy cierto. Se descubrió el pastel, eso no lo aguanta el intelectual favorito de las oligarquías mexicanas, las que sin duda, ahora lo han abandonado también. Enrique Krauze, el reaccionario, el que se alcanzó la puntada de llamar a nuestro presidente “mesías tropical”, el que le entró a la guerra sucia incluso violando con toda consciencia la ley, el privilegiado dueño y director de Letras Libres, antes de verse sometido a la maledicencia de una nación de gente pobre ―el 80 por ciento o más de todos los mexicanos apoyan a Andrés Manuel: todos los que son pobres y muchos que no―, así, Krauze prefiere poner distancia. Ciertamente ya se dio cuenta de que le será incómodo vivir sin privilegios en un país en donde las abrumadoras mayorías lo odian o al menos lo desprecian por traidor. Pero ya no tiene mucho que perder, después de que ha perdido los subsidios millonarios que recibía del gobierno de EPN ―algunos medios han publicado que en el último año de Peña Nieto, Krauze recibió más de 80 millones de pesos del erario; ¿a cambio de qué?― y también ha perdido su prestigio luego de esta vergonzosa y fallida aventura de la campaña mediante la cual un grupo de gente que Krauze llamó “intelectuales de alto rendimiento” publicaban en las redes sociales mentiras y calumnias flagrantes contra AMLO y toda la gente cercana a él, incluida su esposa y sus hijos. La guerra sucia al máximo violando la ley hasta la fatiga.

Sin embargo, el presidente Andrés Manuel lo ha dicho: Krauze, ni ningún opositor, tiene nada que temer (excepto las burlas y algunos odios del pueblo, digo yo), porque no será perseguido por autoridad alguna aunque ande chillando que ya lo es. No puede compararse, como lo ha hecho, con Carmen Aristegui, quien sí fue ferozmente acosada, incluso siguen un absurdo proceso contra ella.

Krauze perdió la brújula cuando se echó en manos de la oligarquía para hacerle el trabajo sucio. Hoy sufre las consecuencias.

Finalmente anotemos que es excelente que se descubra toda la porquería con que intentaron, una vez más, robar la elección de 2018. Al menos para que sepamos hasta donde son capaces de llegar. Y también porque no están conformes, por supuesto que intentarán descarrilar el gobierno de Andrés Manuel. Creo que debemos ser muy cuidadosos. El país está inmensamente mejor que como ha estado en los últimos 50 años. Quizá el gobierno de nuestro presidente no sea perfecto, pero es millones de veces mejor que el paraíso del latrocinio, el asesinato, la represión, la mentira, la desigualdad social, la traición a la patria y el cinismo de los últimos regímenes: EZPL, VFQ, FCH, EPN.

Es imposible estar peor que bajo los gobiernos de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa o del pobre hombre Enrique Peña Nieto. Ciertamente, tenemos que criticar, exigir a nuestro presidente. Pero antes, creo que mucho antes de eso, debemos defenderlo. Porque los ataques que vendrán contra él no serán desde la lealtad ni con mucho, sino siempre desde la traición, el racismo, el clasismo; el ardor de los que, irracionalmente, se sienten superiores al resto de los mexicanos; desde el crimen y la antipatria. Contra eso nos tenemos que enfrentar. Pero vale la pena que siempre recordemos la más sabia frase de la historia latinoamericana reciente: El pueblo unido jamás será vencido. A ello se debió la victoria de 2018. A ello habrá de deberse que el presidente lleve a cabo sus objetivos y, junto con todos los mexicanos, salvemos a México.

viernes, 1 de marzo de 2019

Teojomulco y San Isidro Calabazo

El México Profundo y el Rincón de Dios
Pterocles Arenarius
La imagen puede contener: montaña, cielo, naturaleza y exterior
Vista desde San Isidro Calabazo
Salimos de la Ciudad de México en la madrugada del martes 12 de febrero. En el local del Frente Ciudadano Independiente (FCI) sito en la calle de Aluminio, en la colonia Quinto Tramo de la 20 de noviembre. Se dieron cita tres organizaciones: el propio mencionado Frente, la organización México sin Límites (MSL) y los promotores del Faro Venus Calipigia (Faro). El objetivo es viajar a la sierra sur de Oaxaca a una comunidad marginal llamada San Isidro Calabazo (sic), que se encuentra bajo jurisdicción de la Agencia Municipal de Santa Cruz Zenzontepec, Distrito de Sola de Vega, Oaxaca. Ir hasta San Isidro Calabazo tiene como objetivo impartir un taller de crónica para estudiantes de preparatoria y profesores de ese y otros cuatro municipios de la zona. La salida es, rigurosamente, a las seis de la mañana. La razón es que el viaje nos ha de tomar ―si todo funciona como es debido― alrededor de doce horas. Pero además, en el ínterin, debemos, al menos, desayunar y comer. Sin duda un viaje arduo, fatigoso.
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Las mujeres de San Isidro Calabazo
Los camaradas de México sin Límites son tres jóvenes cuyos nombres eran Jesús, un muchacho alto, tristón y servicial; Josué, con la cabeza empeñosamente rapada a coco, un aro ensartado en el cartílago que divide a la nariz en las dos fosas y un tercer muchacho de nombre Rafa, dueño de unas barbitas que no llegaban a ser ni de chivo y que pasó todo el viaje de ida dormitando. También iba con ellos una mujer mayor que ellos tres: Abril. En el grupo no me gustó nada su carácter huraño porque me parecía un pretexto para ocultar una furtiva soberbia. Luego me enteraría que llevaban equipajes excesivos y, en efecto, la camioneta estaba más allá de la saturación total. Llevábamos libros, media tonelada, para los niños de San Isidro Calabazo; los equipajes de todos, algunas cosas para tomar un tentempié en el camino y nuestros propios cuerpos. Totalmente llena. Imposible subir algún objeto más y menos una persona. Empezamos el viaje cuando la noche no terminaba de marcharse. Íbamos dormitando por la desmañanada, me permití regalar sandwich para todos. Ellos los aceptaron como si fuera nuestra obligación. Luego incurrí en la indignación cuando ellos repartieron manzanas sólo para consumo de sus amigos de MSL. Bueno, llegamos a Tehuacán y nos dirigimos a tomar un desayuno muy austero, en una tiendita tipo oxxo, tan austero era que, me pareció, por eso se negaron a tomarlo. Ah, pero cuando llegamos a Oaxaca, a eso de las dos y pico de la tarde y nos llevaron a El Bichón, un restaurante que sirve costillas de brontosaurio (obviamente tienen un criadero de estos reptiles prehistóricos) y mezcal, muy gustosos ingirieron sendos costillares de dos dedos de grueso y se bebían los caballitos de mezcal como si fueran de agua, sin tomar respiro. No dejó de decirles alguien, inútilmente, que así no se toma el mezcal, sino que hay que degustarlo y paladearlo con la mayor lentitud.
De Oaxaca continuamos a Teojomulco, etimológicamente, “El rincón de Dios”, minúsculo municipio ―una leyenda a la entrada anuncia que tiene menos de 4 mil habitantes―, es el lugar que sirvió de sitio de nacimiento a nuestro compañero y dirigente J Félix Hilario Antonio. Nos instalamos en el único Hotel del pueblito, Los Primos. Alojarnos fue como el banderazo de salida. Los colegas de MSL empezaron una especie de carrera para ver quién alcanzaba el estado de la más total embriaguez en el menor tiempo posible; la sustancia que les serviría de vehículo: el mezcal que misteriosamente y en grandes cantidades se agenciaron. Varios de Faro Venus Calipigia bebimos mezcal y cerveza, pero muy antes de las 11 de la noche estábamos bajo el resguardo de nuestro cuarto de hotel para reposar y mantenernos en buenas condiciones para el día siguiente en que empezaríamos actividades.
La imagen puede contener: 5 personas, personas sentadas
Recursos materiales escasos. Espíritu y dignidad descomunales

A las seis de la mañana, bajo un cielo alucinante de estrellas ―como jamás veremos en ciudad alguna― ya estábamos listos para viajar hacia San Isidro Calabazo. Pero nuestros camaradas de MSL no salían. Lo sabíamos, en la alta noche escuchamos sus carcajadas, su animadísima francachela que se prolongó hasta que la noche quería alborear. Poquito antes de las 6 de la mañana les llamamos por teléfono y no contestaron. Les tocamos la puerta y salió uno de ellos en deplorables condiciones. Dijo que en unos minutos estarían listos, pero pensamos que mejor ni lo estuvieran, el chico discurría una intoxicación alcohólica ―específicamente mezcalera― de, al menos, doce horas. Es mejor irnos sin ellos, consideramos, de cualquier manera así ―en el estado de alta ebriedad que mostraban― no pueden hacer nada. Partimos.
San Isidro Calabazo es un lugar que parte el alma por varias razones. La primera es que se trata de una pequeña meseta, una altiplanicie en el más exacto sentido de la palabra. Tiene barrancos que, a pesar de ser hermosos, parecieran caminos al infierno de lo profundos que parecen; pero también está rodeada de montañas que dieran la impresión de óleos pergeñados por divina mano; los verdes van a juego con el purísimo azul del cielo y las nubes juegan, con su blancor perfecto, en el azul infinito. El pueblito no llega a los mil habitantes. La segunda partida de alma es que todas las mujeres que vimos traen vestidos más que típicos de las indígenas, incluso las niñas, los colores no son excesivamente variados: azul, rojo, a veces verde y muy raramente otros colores, pero siempre estampados de flores. Como un canon, todas usan tal prenda justo a la rodilla. Todos son morenísimos y chaparritos, como en casi todos los municipios pequeños del estado, pero si tantito me exigen podría decir que los de Calabazo son más chaparritos y más morenos. Los niños son asombrosamente pequeños y delgados. Juegan básquetbol con destreza singular y un vigor inagotable. Las alucinantes montañas que por los cuatro puntos cardinales muestran una madre naturaleza desmedida no los conmueven, por supuesto, la costumbre ha hecho su trabajo. La comunidad se muestra orgullosa, pero muy habituada a sus cadenas montañosas de majestuosidad y belleza desquiciantes. El verdor de las inefables montañas, el azul impoluto del cielo, el delirio de las transitorias nubes que parecieran al alcance de la mano, hacen de Calabazo un lugar insólito. Los habitantes de San Isidro Calabazo son chatinos y tal se nombra, además, su idioma. La mayoría de los habitantes del pueblo, según pude comprobar, habla el chatino, lo cual me ha hecho pensar que por eso, por no entender bien el español, permitieron que su municipio se llame así, Calabazo.
Pterocles y novela

Promover la lectura

En la llegada al lugar, la visión de la gente con su genotipo inflexiblemente indígena, la inmensa humildad reinante, la curiosidad risueña o desconcertada de niños y adultos por nosotros y la entrega impresionante del afecto del pueblo, nos hacen derramar lágrimas. Yo no llego a medir 1.70 metros, me faltan dos centímetros; soy, más bien chaparro. Pero en Calabazo estoy convertido en uno de los hombres más altos del pueblo. Los niños son demasiado pequeños porque los vemos con uniformes de secundaria y con estaturas que nos parecen de 10 años o incluso menos. La bienvenida no puede ser más afectuosa. La editora de Eterno Femenino, Noemí Luna García y este servidor, nos afanamos por ocultar el llanto que la gente nos hace derramar. Estamos en una comunidad indígena marginal. Lo primero que hacen es invitarnos a desayunar. Han preparado para nosotros un guiso privilegiado. El jefe de la cocina ordenó que un buen número de habitantes del pueblo bajara al río para capturar, ni uno más ni uno menos, cien acamayas, unos camarones grandes, con tenazas poco menos impresionantes que las de cangrejo. En la comunidad cocinan un guiso delicioso que llaman mole de camarón.
El comedor comunitario no puede ser más humilde, el suelo es de tierra, las mesas hechizas y los asientos simples bancas, algunas sin respaldo. Pero el calor humano es conmovedor. Los chatinos ―en especial los niños y un poco disimuladamente las mujeres― nos miran como si fuéramos de otro planeta. Lo somos. En cierto momento nos damos cuenta de que pertenecemos a lo que suele llamarse la cultura occidental y nos percatamos de que ellos, los chatinos, no son cultura occidental. Han realizado una hazaña casi increíble, conservar su idioma, la gran mayoría de sus costumbres, sus tradiciones casi intactas por medio milenio. La única intrusión ―detestable para este cronicador― es la religión.
En cuanto concluimos el suculento desayuno, insólito para nosotros, nos hicieron la recepción oficial y empezamos. Aquí conviene anotar que hubo alguna incomunicación más o menos grave. Había dos objetivos principales, uno, llevar a cabo un curso de crónica para que estudiantes de prepa y profesores escribieran textos de ese género para plasmar en letra viva modos, usos y costumbres, sucesos, anécdotas, las formas de vivir, la historia de San Isidro Calabazo. Pocos minutos antes de iniciar nos informan que los chicos de prepa no estarían presentes, más todavía, ni siquiera los de tercero de secundaria. Tendríamos que trabajar con niños de primaria ―quinto y sexto con Noemí― y de primero y segundo de secundaria, el que esto escribe. Sin duda el punto de vista de los niños es muy importante, pero, además, nos interesaba sin duda, la palabra de los hombres, las mujeres. De los más lúcidos, los que más han ido a la escuela, de los que más conocen el lugar que habitan y los que sacan de su tierra y su agua lo que necesitan para vivir. El otro objetivo importante era que las camaradas que conocen los términos, la ideología y la circunstancia de las mujeres, llevaran una serie de charlas para las habitantes de Calabazo. En este caso sí se llevó a efecto la sesión.
Trabajamos con los niños cinco horas cada día, con los necesarios recesos, la salida a comer en el comedor comunitario. Cinco horas son demasiadas para un solo tema y mucho más lo son para niños menores de 12 años a duras penas a punto de entrar a la adolescencia. Pero el trabajo se hizo y los resultados los daremos a conocer pronto. El gran objetivo era, es, acumular textos de crónica sobre la vida en la comunidad para plasmarla en un libro. Recordemos la gran definición de Borges sobre el libro como el más grande invento de la humanidad, puesto que las más portentosas creaciones humanas como el microscopio que permite ver el microcosmos, el telescopio que nos deja vislumbrar la infinitud del universo, las inmensas máquinas que nos permiten mover pesos ingentes, son extensiones de nuestras facultades físicas. Pero el libro es una extensión de nuestra memoria y nuestra imaginación. En el libro está contenida el alma de la humanidad. Eso es lo que buscamos de San Isidro Calabazo, la manifestación de lo más valioso con que cuenta el ser humano, su ser profundo, su espíritu. La parte trascendente, si es que hay alguna, en el ser humano.
Con Noemí Luna, cotalleristas

Y bien, trabajamos el primer día. Comimos en el comedor comunitario acompañados por los profesores de la comunidad, por algunos habitantes de la misma y por el pueblo en general. Nos invitaron a tomar cerveza y mezcal. Bebimos, claro. ¿Y los de MSL? Bueno, lo primero que notamos es que no llegaron cuando se aproximó la tarde, no participaron en ninguna actividad. Cuando terminamos los trabajos nos llegaron noticias alarmantes: se nos dijo que habían tenido un accidente. Nos preocupamos, nos sentidos abrumados. Poco a poco fluyeron las noticias: la encargada del grupo de MSL se había caído de una camioneta cuando venían hacia San Isidro Calabazo. El desconcierto, la zozobra nos hicieron su presa. Llegamos a pensar en ir a buscarlos. Pero las noticias cada vez nos obligaban a ser muy sensatos. Casi anocheciendo llegaron Rafa y Josué, el de las barbitas y el pelón, respectivamente. Venían, una vez más, en avanzado estado de embriaguez, ¿por qué no?, puesto que todo les valía madres. ¿Y su compañera y dirigente accidentada?, pues les valía madres, obviamente. ¿Y el otro acompañante?, se fue con ella al hospital donde la llevaron. ¿Y el accidente cómo fue y cuál es el estado de Abril y qué pasó, dónde y por qué se cayó?, y mil preguntas surgieron. Pero no, ellos venían borrachos y, aunque dizque preocupados, más bien con la actitud de aquí no pasa nada y que ruede el puto mundo, puesto que no dejaban de ingerir mezcal. Las versiones del accidente y de las relaciones entre ellos llegaron a límites que más vale no comentar. Los extremos de la sordidez, los linderos de la promiscuidad, territorios en donde las aficiones y los placeres rozan vicios que son perseguidos de oficio: lugares en los que este cronicador prefiere no invadir. Ni es moralina ni es hipocresía. Baste con decir que no cumplieron con su promesa de colaborar en los trabajos que nos impusimos voluntariamente y prefirieron la embriaguez, que con eso sea y es más que suficiente. No está por demás decir que en la noche continuaron la ingestión alcohólica, algún profesor, por condescendencia y hospitalidad se puso a beber con ellos. Luego nos diría que “Bebían demasiado rápido. Yo les dije que el mezcal no se toma así porque es muy fuerte, al mezcal hay que respetarlo”. Su sabio consejo, desoído, les costó muy caro. En las altas horas de la madrugada oímos ―a pesar del fuerte sueño en que ya estábamos― golpes terribles, cuerpos que se azotaban en suelo o paredes. Pensamos en que se había desatado una riña. Pronto, una vez bien despiertos, nos enteramos que los señoritos estaban tan embriagados que se cayeron varias veces azotándose contra el piso. Se acostaron en el aula que se nos asignó como el cuarto de los hombres, junto con los correspondientes petates y apenas una o dos cobijas. Ebrios, impertinentes, inconscientes, no dejaron de hacer ruido que nos desveló al resto. Cerca del alba uno de ellos, el de las barbitas, Rafa, se levantó a orinar y lo hizo sobre el petate en donde dormía uno de nosotros. No diré quien. Lo meó. Luego fue y usurpó un pedazo de cobija con la que yo me cubría.
En la mañana nos bañamos con agua fría en una pileta de uso comunitario. Cuando nos preparábamos para el segundo día de actividades, antes de las diez de la mañana despertaron. Y, lo juro, el pelón, Josué, sacó una botella de plástico llena de mezcal. Se la aventó al otro con jubilosa violencia y ya iban a ponerse a beber una vez más cuando llegó Félix Hilario y les leyó la cartilla, les prohibió, por sus pistolas, faltaba más, que siguieran bebiendo, les quitó la botella que ya habían destapado y les informó que se tenían que ir de San Isidro Calabazo, que sus servicios no nos eran adecuados en tales condiciones. Los corrió, es cierto, y lo hizo como se lo merecían, sin mucha diplomacia pero destaco que lo hizo correctamente.
Josué, el pelón que además traía una argolla en el cartílago que divide la nariz quiso ir al baño. Luego de regañado por Félix le preguntó donde estaba. Nuestro compañero se lo indicó. Se salió del aula, bajó un gran escalón y se cayó sobre un pequeño montón de grava. Se rompió la nariz. Se levantó y se puso en movimiento y se volvió a caer, se estrelló contra una cerca de alambre (algunos hubieran deseado que fuera alambre de púas). Félix fue en su auxilio, lo agarró del hombro de su chamarra y lo llevó como un títere, casi cargándolo hasta el baño como si fuera un costal de basura. Fuimos a desayunar, luego entramos a trabajar con los niños y el pelón y el barbitas se largaron, alabado sea el cielo y gracias a la actitud justamente intransigente de Félix.
Trabajamos duro con los niños. Nos esforzamos por sacarles algo de lo que son sus usos y costumbres, sus gustos, sus filias y sus fobias, su relación con la naturaleza y las que establecen entre ellos mismos. Ellos son el México Profundo de que habló Guillermo Bonfil Batalla en su libro que se ha vuelto canon. Ellos son la parte más pura de nuestra raíz más vieja. Son la conservación del espíritu de lo mexicano, al menos de una parte. Estos indígenas entrañables, sencillísimos, muy pobres en lo que a economía se refiere, poseen una dignidad ―no exagero― sagrada. La bondad, la actitud generosa y de gran respeto (me imagino su desconcierto al verme un hombre de muy otro color de piel que ellos, con las barbas casi blancas, descomunales, con el pelo tan largo, me conmueve profundamente el inmenso respeto, incluso el cariño, sus sonrisas, su hospitalidad). Dicen que el comunismo fracasó en el mundo, que jamás se ha presentado entre seres humanos. Los chatinos de San Isidro Calabazo son el testimonio vivo de que el comunismo no sólo es posible, es imprescindible en ciertas condiciones. El sistema es comunista en Calabazo. Pero ellos no lo saben. Tienen que enseñarnos.
Las noticias de los “colegas” de MSL seguían subiendo de tono alarmista. No diré en qué sentido ni lo específico de los hechos, es demasiado. Pero el asunto llegaba ―llegó desde un principio― a tener tintes de tragedia creada entre estupidez, inconsciencia, irresponsabilidad incluso de sus propias personas y más vicios. Noticias terribles llegaron al municipio de Teojomulco y las autoridades locales se aprestaron a tomar medidas extremas. Que ahí quede el asunto. Por fortuna los indiciados ya no estaban en el pueblo sino en Oaxaca. Los chicos, sin perder el estado de embriaguez que cultivaron empeñosamente durante todo el viaje, se extralimitaron una vez más, ¿por qué no?, y provocaron que los detuvieran y fueran recluidos en un establecimiento de los que se llaman anexos para personas con adicciones graves. Pero… ni como ayudarles… “El que por su gusto el buey hasta la coyunda lame”, dice el refrán que, con cierta frecuencia, repetía mi madre.
En la tarde estuvimos bebiendo cerveza en la más que agradable compañía de profesores y lugareños. En la tardenoche nos invitaron a una fiesta a la que asistimos y de la que tuvimos que retirarnos antes de que los encantos de nuestras compañeras soliviantaran animadversiones entre los hombres de la comunidad: la razón es que en el acto del baile, ciertos movimientos tienen significados que son indicaciones, un código de flirteo y aproximación con matiz sexual. Un malentendido que podía haberse escalado bajo los influjos gloriosos del mezcal. Preferimos cortar de tajo.
Llegamos a nuestros refugios para pernoctar a eso de las ocho y fracción de la noche, cuando el pueblo ya duerme. Para las diez de la noche parece de madrugada y las estrellas resplandecen en una cantidad y con un brillo como si se nos fueran a caer encima en una lapidación celestial: un espectáculo que nos abruma y nos hace pensar ―o mejor, delirar― acerca de los tremendos infinitos que nos rodean. Dormimos para el tercer día.
Trabajamos como lo veníamos haciendo. Acaso de manera un poco más relajada y ligera. Desde temprano se fue preparando la ceremonia de clausura. Cuando se dio el aviso por el sonido local nos presentamos en el presidium. La autoridad educativa de la zona nos agradeció, nos invitó para una próxima vez lo más cercanamente posible, nos entregó sendos diplomas de reconocimiento, nos regaló una canasta con viandas y frutas de la localidad, nos homenajeó tan prolija como inmerecidamente. Luego los chicos de las escuelas e incluso de otras comunidades ejecutaron danzas que, para el observador acucioso, demuestran las cosmogonías, la espiritualidad y la mundanidad, las caprichosas aproximaciones con finalidad ayuntaril y también los trajes típicos, el espíritu del pueblo manifestado en música y movimiento.
Salimos de San Isidro Calabazo cargados de regalos, de sentimientos poderosos, de la energía purísima que nos contagió la gente y con la percepción de que palpamos una fibra desconocida y prístina de este país. En este pequeñísimo pueblo se encuentra un tesoro en muchos sentidos. Un pueblo con habitantes que parecieran vivir ahí desde hace más de mil años y muy poco se han contaminado de lo que llamamos “la modernidad” y sus múltiples vicios y degeneraciones.
Nos fuimos a Teojomulco. Llegamos en la noche. Fuimos a hacer una comida-cena. En el Rincón de Dios tenemos gente bienquistada: en el Restaurante Vargas, amigos de Félix Hilario, nos regalaron el chocolate de agua, delicioso, para todos.
Dormimos en el Hotel Los Primos. A las seis de la mañana nos fuimos a caminar en las inmediaciones del pueblo. Desayunamos y más tarde nos lanzamos a La Cascada de los Dioses. Caminar un poco más de tres kilómetros, entrar por un terreno abrupto, diría, en la práctica tierra virgen en la que, gracias a la suela desgastada y resbaladiza de mis zapatos, pero también a mi torpeza, me caí cuatro veces. El lugar es un cenáculo, un santuario en donde pareciera no pasar el tiempo, pero sí el agua. ¿De dónde viene tanta agua que no se interrumpe de día ni de noche? ¿Qué fuerza cósmica, qué dios infatigable genera y envía esa agua prístina que la santísima barranca deja caer desde diez o doce metros para que te golpee en la cabeza, te masajee los hombros y te haga sentir que ese golpe de agua, ese violento discurrir del helado líquido por el cuerpo te purifica, te emociona, te conmueve como si fueran las aguas originarias de un bautismo de la madre natura? El lugar es propio para llevar a cabo un ritual pagano en el que se invocara al Dios Pan y a su divina progenitora Afrodita, a Aradia, la Diosa Madre y a Cernnunos, el Dios astado, el señor de las cosas salvajes y libres. Es la cascada donde lo sagrado habita. Indefectiblemente te invade la sensación de que estás en un lugar que no es lugar y en un tiempo que no es tiempo. Si creyera en Dios, estoy seguro que no hay mejor lugar para invocarlo y hacerlo comparecer.
Por cierto, en un receso técnico, frente a una gasolinera en que nos detuvimos para alimentar el vehículo de combustible y, ahí mismo, enfrente, el espíritu con un par de cervezas un viejo me preguntó que si era Dios por aquello de las barbas blancas y el pelo largo. Pero otro teojomulqueño le aclaró: “No, es Pterocles”.
Luego dormimos, bien tempranito, con la oscuridad encima ya estábamos listos; viajamos a nuestro monstruo de ciudad, llegamos con bien a pesar de que arrostramos la amenaza de la más estúpida tragedia.

lunes, 11 de febrero de 2019

Richard Stallman, Ubuntu y los Bastardos


Entre Ubuntu y los bastardos

Pterocles Arenarius
Dios prefiere a los bastardos. Gonzalo Trinidad Valtierra. Editorial Vodevil 2019.

El cuento es un artefacto exigente. Tiene que estar sustentado, más que nada, en la anécdota. El cuento es anécdota. Todo lo demás está sujeto a ella. La estructura, la atmósfera, la mínima descripción de sitios u objetos y personajes esbozados o dibujados tan sólo con los detalles en la medida en que sirvan a la anécdota. En este sentido el cuento es rigor. Sin embargo, un exceso de petrificación perjudicaría a la narración cuentística, así, el cuentista tiene que conseguir que se perciba la fluidez de la vida, ya con su impasibilidad, ya con sus momentos terribles o bien con las tremendas intensidades de los humanos sentimientos. De este lado opuesto, el cuento tiene que ser soltura, suavidad, incluso velocidad y ligereza si no es que vértigo y hasta violencia. Sólo la sabia combinación, el equilibrio, de ambos grupos de conceptos harán del cuento algo inolvidable. Así lo estipuló el maestro Edmundo Valadés: “Un gran cuento se lee de una sentada y se recuerda toda la vida”.
Los Bastardos, preferidos por la divinidad

Sin embargo, lo anteriormente dicho es técnica. Como toda obra de arte, el cuento tiene que ser producto de un gran oficio. No hay manera de evitarlo. No hay manera de escribir un gran cuento sin haber probado el trago amargo, tan lento, de transitar por los largos caminos de la artesanía, el oficio. Casi.
Porque existen los genios. Y es que dijo el filósofo: “Hay hombres que no requieren que nadie les enseñe, ellos descifran la naturaleza con su aguda inteligencia; los hay que requieren de manera indeclinable de un maestro que los guíe, tal somos la gran mayoría; y no dejan de existir algunos que por fortuna también son escasos― para quienes es tan inútil enseñarles como que la naturaleza les muestre sus prodigios, porque no aprenderán”. Cualquier arte sólo puede ser alcanzado por el amor. Es el amor el que permite a un simple ser humano elevarse hasta las inmediaciones de lo divino, que no otra cosa es acceder a la realización de la gran obra. Aún para los genios, a quienes la musa se les entrega sin que se esfuercen ―en aparienciademasiado. La obra siempre está por encima del autor. Los seres humanos normales y corrientes tenemos que llevar a cabo una gran construcción, realizar la autotransformación. Nosotros hacemos literatura: la literatura nos hace. “Lo que tú buscas existe por estar buscándote”. La frase que ha terminado por ser altamente denostativa: “Tú trabajas por amor al arte”, es la consigna que el real artista asume sin siquiera cuestionárselo. Lo han pagado caro familiares y parejas, incluso amigos del condenado ―¿o será bendecido?― por el rayo de la creación. Pero es la manera de encontrarse a sí mismo. La única forma de encontrarse con los otros. En este mundo hay que ser. Aunque cueste.
En la Fundación Cultural del México Contemporáneo

  

Ahora, con la venia de ustedes, amigos, cedo a la tentación de incurrir en una flagrante pero, así lo siento, imprescindible digresión.
Ubuntu es una palabra del lenguaje bantú que usa Richard Stallman, un gran héroe de nuestros días. Este gringo de melena descomunal, encanecidas y abstrusas barbas, dotado además de la rebeldía más prístina y una solidaridad sin límites con el género humano, es el creador del sistema operativo Ubuntu-Linux de software libre gracias al cual, agrego, se han escrito estas líneas. Stallman ha creado algo similar a lo que hizo Bill Gates aunque Stallman lo ha hecho sin todas las trampas y robos que le sabemos al megamillonario de Microsoft―, con la minúscula diferencia de que Stallman ha renunciado a convertirse en un hombre rico. Y, sabiamente, escogió la palabra Ubuntu, que significa “Soy porque somos”.
La literatura, el arte…, concretamente el cuento eso es: soy porque somos. Dice aquel poeta: “Somos, siempre somos. Los otros que no son si yo no existo. Los otros que me dan plena existencia”.
Buda observa: el texto se lee
El narrador se nutre de la realidad. Luego la procesa en sí mismo. La reelabora a partir de sus propias percepciones, de su mirada, incluso de sus obsesiones; en otras palabras, la revuelve con él mismo, la transforma y hace que ella lo transforme. Y luego la devuelve al mundo. Sin duda alguna, la obra lleva el indeleble toque personalísimo del creador. Para bien y para mal. Un cuento es un retrato del que lo escribió. Es el encuentro de un hombre consigo mismo en el que descubre que es la única y por eso la mejormanera de encontrarse con los otros. Ubuntu.
Eso es el libro de Gonzalo Trinidad Valtierra.
Aproximadamente o incluso de manera escueta esbozamos la técnica del cuento. Pero una obra, por más técnica que demuestre, si carece de lo humano se convierte en un simple objeto de curiosidad o de notoria extravagancia; el capricho de un excéntrico. Es más, cuando un cuento se narra con el corazón en la mano puede hacer las veces de la obra de arte. Requerimos el temblor, la sangre, el palpitar, los sacudimientos, las hecatombes interiores. El cuento la obra de arte en general tiene que aproximar a su espectador a los infiernos. O a los paraísos. La técnica puede ser prescindible pero sólo cuando el genio está detrás de la obra.
Pero no somos genios.
Gonzalo Trinidad Valtierra ha realizado un tránsito ingente. Sus cuentos son los de un escritor que ha desarrollado un notable oficio. Pero además tiene la veta, la emoción del artista. En sus cuentos encontramos con frecuencia el lado oscuro, lo siniestro y lo sórdido.
Hemos dicho que la misión del artista es aproximarnos al esplendor que prefigura lo divino: la belleza. O bien, instalarnos de cara al espanto, lo oscuro, incluso el horror. “El camino de arriba y el de abajo son uno y el mismo” (el viejo romanticismo de la vetusta Europa hace unos tres siglos atrás nos regaló esa herencia para ampliar nuestra estética no menos que nuestra ética: sólo la oscuridad permite apreciar el fulgor esplendoroso de la luz).
En Dios prefiere a los bastardos deambulan los malvados abusando de quien pueden. Eso, hasta que los débiles cobran venganza. Llaman la atención dos cosas, al menos. Una, es la estructura sinuosa de los cuentos y la otra es la frecuencia de los finales inesperados.
El temblor de lo humano vibra en cada narración. ¿Qué sería de los santos si no hubiera malvados que calaran sus magnas virtudes? La gente que sufre se redime por el dolor. Pero no hay nada escrito que nos garantice ni la justicia ni la opresión ni el pecado ni el crimen. Los personajes de pronto parecieran habérsele ido al autor de todo control y actúan como mejor se les antoja para que los cuentos desconcierten, incluso abrumen. ¿Qué autor no quisiera que sus personajes hablen, se muevan y actúen lo más lejos posible de conseguir su permiso?
No menos es notable la influencia de lecturas policiacas norteamericanas de la mejor tradición de la literatura de aquel país. Resulta refrescante encontrar un par de cuentos que parecieran creados en la atmósfera de los buenos años para la creación literaria del país del norte.
Una sorpresa muy agradable es la aparición de mi querido compadre Jorge Borja como personaje de un cuento. Si bien secundario, se encuentra en su papel vitalicio, repartiendo la alegría, el bienestar, la buena vida a través de cierto elíxir mágico que, se cuenta, aunque es de su personalísima creación, no menos ha acompañado a la humanidad a lo largo de su existencia. Las drogas maravillosas son un invento de cada cerebro y, a la vez, somos un invento de ellas, de su influencia.
Dios prefiere a los bastardos que se mueven en la más flagrante libertad para proporcionarnos el supremo goce de la literatura.
Borja y Pterocles, hace pocos ayeres

lunes, 4 de febrero de 2019

Lo blanco de la página

La contradicción certera

Pterocles Arenarius


Lo blanco de la página, Dorian Antuna, Editorial Eterno Femenino, 2018.

En la búsqueda de la verdad en la materia sólo
se encuentran verdades acerca de uno mismo

Werner Heisenberg

Demócrito, el abderiano, dice:
“Todos los abderianos son mentirosos”.
Si Demócrito dice la verdad, entonces
miente.
Si Demócrito miente, entonces está
diciendo la verdad.

Cuando el martillo da en el clavo todo se desintegra. Cuando el poeta encuentra el verso descubre que está más extraviado que nunca.
Lo blanco de la página es el manifiesto del silencio, el inaudible grito de un buscador de paradojas en el territorio de una metafísica contradictoriamente certera.
La búsqueda del poeta es la paradoja. El encuentro consiste en extraviarse.
Su descubrimiento es que este mundo es una apariencia. ¿Para qué sirve volar si es reptiliano este destino nuestro? Pero la lagartija alada, volando contempla los asideros de los dioses.
En Lo blanco de la página el poeta nos invita a contemplar su deslumbramiento. El acceso a los descubrimientos metafísicos es la paradoja. Hay una especie de locura que con frecuencia harta se nos muestra como la lucidez extrema, deslumbrante. La oscura luminosidad de este libro, su música sorda es tanto la invitación a la reflexión como el desconcierto frente a la intransitable paradoja que siempre surge en estos versos.
El mundo firme y sólido se desmorona o, peor, se vuelve un holograma cuando el poeta examina las circunstancias de la existencia.

Del 1. Germinal

Dos peces de fuego ahogándose en sus propias lágrimas
Mis ojos lloran pólvora

Por más que no deja de haber conceptos de estatura filosófica, la poética de Lo blanco de la página no deja de incurrir en imágenes de humor incluso grotesco:
Los cerdos nos paseamos desnudos embarrándonos sobre los muebles y las estrellas…
El poemario, ciertamente, visita diversos territorios de lo espiritual, así no podía dejar de lado lo que aquí se nombra

2. Tonantzina

¿Es verdad lo que se dice
que todo el Universo estalla?
La vida es un estallido en medio del oscuro vacío y la verdad si existe procura siempre estar oculta en los desvanes de la relatividad, los marcos de referencia.
Tonantzina es nuestra madre:
Y nosotros, tu sangre, tu color:
¿es verdad que nacimos de la tierra alegre
de tu flor y de tu canto?
Seamos sólo un canto. Una alabanza a la belleza y al amor. Seamos la tribu que veneró a Tonantzina aunque hoy la llamen con otro nombre.
¡Mis motitas de cielo, mis hijitos los más pequeños!

La apuesta del poeta transita desde el aforismo hasta no dejar de asestarnos versos tremendos en

3. El sol como araña teje las sombras del mediodía
Así, acude al aserto aforístico cuasi descubrimiento:
Los hijos son maestros de sus padres
Para, algunos versos después acceder al asombro con la imagen devastadora:

las palabras caen sobre las páginas como cuerpos suicidándose
Y, por fin, establecer la paradoja que confronta a un absoluto con la escena tan trivial.

Nos dibuja el ojo ciego del cosmos
¡La cena está lista ―grita mi madre―

Pero nos deja ante la cuestión inefable de discernir cuál de los dos actos es más trascendente. Al transitar en este mundo vamos modificando al universo.

4. El espejo reflejado al reverso del ojo

Te lleva al reencuentro con esa mirada de la infancia
la que sólo recuperamos al momento de la muerte

En cada vida se le muere un dios al hombrecillo
La iluminación no está al alcance de los que no han avanzado en la construcción-destrucción de su mundo. Los que no podrían soportar la contemplación espantosa del inmenso vacío, de la gran nada.
5. Cuando un espejo se contempla

Cuando el silencio que soy se expresa ¿dónde queda lo que soy?
Cuando un espejo se contempla ¿dónde está su reflejo?
(…) aprendemos muriendo.


Porque la evidencia nos demuestra que habitamos en la solidez de un vapor sutil, existimos con la anuencia de dioses fantasmales.

6. Ojo

En el fondo del pozo ves tu reflejo: pero no ves nada,
Ves un saco lleno de agujeros tirando agujeros en el hoyo del cosmos
Ves a tus hermanos, a tu madre y a tu padre arder en la esfera
Pero no te ves
No eres el que sentado a la mesa piensa y escribe que nada piensa y nada escribe

Por más que esculpas la escultura de lo afuera en tu interior

El fin de un círculo que no comienza
impulsa al geómetra a dibujar curvas en la nada.

La verdad se forma con algunos millones de mentiras. Una sola gran mentira imprescindible, ya que nadie es capaz de soportar ni una dosis mínima, tremenda, de una verdad muy simple.

En el poema 7. Flor y canto anunnaki refulge un verso que, por sí mismo, hace las veces de aforismo:
de mi cuna me derramo hasta el sepulcro

Porque a cada segundo de nuestra existencia nos vamos aproximando a la muerte. Desde la dulce, múltiple mentira de lo que es la vida hasta la tremenda, brutal y única verdad de la muerte.
Importa señalar un ámbito más que resulta notable en la poesía aquí contenida. Vale mucho que el que escribe amplíe sus límites.
Lo sostiene en el poema 10. ¡He aquí cuanto sé que es cierto!, invoca:
Demonios me rezan
Porque un auténtico demonio sólo puede ser venerado por demonios. Si el poeta no es un demonio, de ninguna manera podrá jamás llegar a ser un ángel. Tiene la obligación de ser ambos, y si no, que renuncie a la posible salvífica condena.

Alberto, Coyote, Ruz; Dorian Antuna, poeta; Pterocles.
La alta dignidad se vuelve incontrovertible aun en el despreciable ente porcino:
El honor del cerdo es intachable cuando va directo al mataderoPero el poeta, sonámbulo, avanza fuera de la realidad para afirmarla. Es el que se ve con otros ojos y, con ellos, se palpa.
Tan lejos de mí como el sendero que uno recorre para llegar a la nada
Soy el sendero
Tan mío que me he olvidado
Tan cerca de mí que estoy hecho de lejanías
Se es por no ser. Él lo sabe. No existo puesto que aquí estoy. Soy un fantasma enamorado de la carne y mi conflagración interna, un estallido. El universo habita al poeta pues decreta:
(…) mi amanecer interior como un fósforo alumbrando estrellas
La terrible consciencia de que la negrura es imprescindible para apreciar la luz. La necesidad de que exista el lado negro.

En el poema 14. Un mar de perros ladra desiertos, el oscuro iluminado descubre que

Escribir es la desgracia por exceso de espíritu.Por eso invoca en el número 16. Dios, esclarecido de filosofía en su territorio espiritual:
Soy la metafísica del chocolateEntre la paradoja fluye de manera simultánea en dos direcciones:
Soy el insomnio de MorfeoPorque fluir es el oficio del que busca entre instrumental tan imperfecto, como es la palabra, las complejidades del alma ingente que anima al cosmos.
El monstruo que he creado para proteger al niño que llevo dentro, es fácil de asustar
La ausencia que soy le nace como un hongo infeccioso a la nada
Soy tejido sideral humanizado
Entrar en el poema 24. Entropía, es no salir limpio. Significa el tránsito desde el hundirse en sí mismo para descubrir la sinigual grandeza del universo en el que no hubo espacio para Dios.
De tal suerte que al ingresar al 25. Comiendo unos tacos en la esquina (…), polimorfo, luminscente / entre los ámbitos de un sol negro que amanece // Marchitarnos es la prueba mortal de nuestra inmortalidad. Es así, lo discierne en el número 30. Metempsicosis, que le permite establecer que Morir es nacer hacia afuera.


Entre el pulque y el espíritu
Buscarse es extraviarse, lo ha postulado, sin embargo, hay caminos todavía más breves
33. Atajo

Aquello que buscas te busca
Quien busca la salida no conoce el laberinto
Cuyas murallas están hechas de lo externo,
de mi carne y de mis huesos yo soy el afuera,
El atajo está en perderse en uno mismo
No encontrar lo que se busca es encontrarse.
Porque así, inquieto, observando hacia el abismo interior se descubren los hilos que habrán de dar las pautas para el avance. La permanente fugacidad deja, sin embargo, atisbar hasta la sinrazón de lo que creemos la razón.
37. Evolución 2.1
Hay un instante en que Dios, la nada que habita animando a esto que no existe se descuida, se hace evidente y los humanos, esos fantasmas de microbios, habitantes en medio de los 90 mil millones de años luz en que aquel fantasma alojó su obra alcanzan a vislumbrar la esencia:
A veces puedo ver mis hilos moviendo al titiritero:Porque al fin
(…) soy una máquina de movimiento espiritual
El amor por la paradoja, el sentido de la trascendencia, nos conduce a que se diga que

El sauce llorón
se muere de la risa
mientras lo corto

Por primera vez
Todo fue como siempre
muy diferente

Callar es gritar y no caber entre las voces que expresan lo mucho que ese grito calla…

Diría que Lo blanco de la página es el libro de la contradicción exacta, de la paradoja inextricable, de la filosofía empantanada. Un libro habitado, sin duda, por el surrealismo en sus más atrevidas expresiones. La espiritualidad viene aquí exaltada para conducir a las intransitables paradojas aparentemente del lenguaje, lo cual sería altamente desconsolador si no supiéramos que fenómenos de la física cuántica se pueden equiparar muy justamente con tales silogismos y ello en la más materialista de las ciencias, la Física. El asunto no es nuevo. Ya los místicos de todas las épocas visitaron la paradoja y, con una seguridad de sabio, han roto con una razón encerrada sin salida. Los sueños de la razón engendran monstruos. Pero la razón se anula a sí misma porque de no hacerlo se suicidaría por navegar por los terrenos de la irracionalidad.
Los místicos, los magos, las brujas ―aunque hay filósofos que se han atrevido― más los poetas se han dado acceso a la aventura espiritual a que convoca este libro.
En este mundo que pareciera creado y dirigido por la supremamente maligna entidad del universo, el atrevimiento metafísico es la gran osadía incluso ―y más aun quizá― desde el poema.
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