martes, 2 de marzo de 2021

Un viejo peleonero

Crónica en diálogo para

retratar a un pinche viejo peleonero


Pterocles Arenarius


No es tiempo ya de que hagas eso, cabrón. Ese pendejo tiene, por lo menos, 30 años menos que tú. A ver, ¿qué tal si te rompe toda tu madre?

No, mi hermano. No he dejado de entrenar, estoy bien cabrón, en serio.

Pues sí, estás cabrón, pero a tus 70 años ni sueñes que puedes ser el mismo de hace 40 años.

Pues no sueño. Ya sé que soy un pinche viejito. Pero sé meter las las manos y lo último que se pierde es el pegue. Doy buenos putazos, aunque no lo creas. Es más, vamos a subirnos al ring para que veas.

No, gracias, déjalo de ese tamaño, yo sí te creo. Pero de todos modos. A esa edad no puedes ni debes ni debías querer pleitos a golpes y menos con un cabrón que podría ser tu nieto, no me chingues.

Lo que pasa es que ese hijo de su puta madre me agandalló una vez, hace muchos años. Pero tú viste, ¿me la saqué sí o no?, dime la neta.

Sí, la neta sí te rifaste.

Y te voy a decir una cosa. Ese día del pleito no había comido en todo el día. En la mañanita nomás me tomé un café y un pan. Precisamente había ido por comida, venía con lo que iba a comer ya casi a las siete de la noche cuando me lo encontré al hijo de su chingada madre. Y, otra, estaba bien cansado, entrené como hora y media y sí me sentía fatigado, pero más todavía, traía la carga de entrenamiento de unos siete días de trabajar bien duro. Y, para acabarla de chingar estaba todo superhambriento. Antes no me dio mis chingadazos el pendejo.

Pues te diré, yo vi todo el tiro y no te fuiste limpio. Te dio una patada en los güevos. Te alcanzó a dar dos que tres chingadazos en la cara. Te dio una patada en el pecho cuando te agarró de los cabellos y al final, te tiró al suelo, aunque sea a empujones, pero te tiró dos veces.

Me aventó un patadón, pero no me pegó en los güevitos, sino apenas de refilón. Aguanté bien derechito. El chingadazo fuerte me lo dio en una pierna, se me puso no morado sino negro. Fue un buen chingadazo, pero no me hizo nada. Los golpes en la cara, sí, me dio uno en la mandíbula izquierda y otro en la sien derecha. Pero tampoco me hicieron nada ni se me inflamaron y apenas me dolieron un par de días. Nada de cuidado. En cambio él, con su jeta, me puso los dos puños morados. Le metí dos santos vergazos que me lastimé las dos manos. Nomás que uno se lo di en la sien, igual que él a mí; y el otro se lo di en el hocico, bueno, en la mandíbula. Si no se cayó el pendejo es porque pesa más de cien kilos. Pero te apuesto que diez días después de la madriza todavía le han de doler. ¿Por qué?, porque a mí todavía me duelen los nudillos y los dedos con que le pegué. El dedo medio de la izquierda todavía lo tengo inflamado. Te digo que le metí un par de chingadazos de su tamaño, o más bien de su peso, porque está bien chaparro el cabrón, pero pesa más de cien kilos. Y que le dé gracias al cielo de que yo estaba cansado y sin comer, porque si no, de un chingadazo de esos lo hubiera tumbado con todo y sus cien kilos.

Pero no mames, ¿qué tal si quiere desquitarse?

No creo. Ya probó lo que es candela. Ya vio que le puedo dar unos chingadazos espantosos y no tiene idea de que le puedo pegar más fuerte todavía, pero con lo que probó ya es para que no se arriesgue otra vez. Además él fue el que pidió tregua. Ya no podía ni con su alma y yo, con todo mi cansancio acumulado, pero sí podía seguir peleando. Si voy descansadito le parto su madre y ni cuenta se hubiera dado.

Ya no le busques, cabrón. Si el güey ya no quiere pelear pues mejor áhi que muera y todos en santa paz.

Puede ser...

Pero déjame decirte una cosa que me pasó ese día. Algo bien extraño. Primero, que el güey tuvo mucha suerte, porque te digo, si me agarra descansado y sin hambre (es que, la neta, no exagero, estaba yo hipoglucémico, en los hechos llevaba casi 24 horas sin probar alimento), si me agarra medio entero le parto su madre pero fácil y rápido. O sea que tuvo mucha suerte el pendejo. Y la otra, que se acumula con la anterior, es que te juro que cuando le tiré el descontón, tú lo viste, me lo esquivó el hijo de su puta madre, bueno, cuando le tiré el vergazo sentí que había más gente con él. Que estaban al menos una, si no es que dos gentes más con él. Estaba peleando también contra ellos.

¿En serio? Qué raro.

Ahora lo pienso y estoy seguro de que hay alguien que lo protege al pendejo.

Bueno, te diré algo. Todos tenemos alguien que nos cuida. Bueno, casi todos. Pobre de aquel cabrón al que nadie de este mundo ni del otro lo protege. Mira, todo aquel que es amado en este mundo tiene una protección. Y si hay alguien que ya no está en este mundo y lo quiso, ese lo cuida más todavía y, ¿sabes una cosa?, ¿te acuerdas de su madre, una pinche vieja chaparra, gordota como él, argüendera peor que el puto diablo, más chismosa que Satanás y chillona la cabrona. Una pinche vieja que hasta lo que no se comía le hacía daño. Esa mujer murió hace unos dos o tres años. Pues esa cabrona lo estaba cuidando. Cuando peleas con alguien estás luchando contra todos los que aman a tu enemigo. Está cabrón.

Pero también te enfrentas a su fuerza vital, a su instinto de supervivencia. Hubieras visto cómo peleaba el perro maldito, bueno, viste, pero no, hubieras sentido su desesperación, la fuerza de animal que le ponía a su defensa. Era como si quisieras exterminar a una rata. Se defendía como si yo lo hubiera querido matar. Con la fuerza monstruosa de la vida. Y yo cometí un error grave. Yo he sido peleador. Un peleador nunca debe perder la calma. Yo la perdí. Entré a su juego. Entre los griegos se enseñaba a sus soldados que, para el combate, se encomendaran a Atenea, diosa de la guerra y de la sabiduría, del orden. Lo más importante era que no debían perder el orden. Luchar ordenadamente les garantizaba la victoria. En cambio, sus enemigos eran encargados a Ares (Marte, para los romanos), el dios de la guerra y el desorden. Si los griegos lograban que sus enemigos cayeran en desorden, era casi seguro derrotarlos. No supe conservar la serenidad. Es más, no debí acercármele. Cuando empezó el tiro debí boxear de lejos, amagarlo, hacerle fintas, tirarle el yab, etcétera, todo lo que sé. Pero don pendejo, ahí voy a romperle la madre a lo bestia. Por eso me dio la patada. Por eso me agarró de la camisa y me tiró al suelo con sólo empujar con sus cien kilos, eso sí, desesperadamente, porque se dio cuenta que a los chingadazos ya lo había derrotado. Si le hago eso, le peleo como yo sé, ordenadito, tranquilo, aun así bien cansado y hambriento, mira, en menos de cinco minutos ya no hubiera podido ni con su alma. Entonces hubiera sido el momento de romperle su madre. Pero cometí el error de entrar en su juego y él aprovechó mucho mejor sus ventajas, su peso. Yo, en cambio, no pude explotar las mías, mi rapidez, porque estaba bien cansado; mi mejor boxeo, excepto por momentos, ¿viste que le esquivé dos ganchazos que me tiró y a cambio le di un derechazo que lo hizo brincar? En fin. Se llevó dos recuerditos el hijo de su puta madre. Para que aprenda.

Bueno, ¿ya estás satisfecho? ¿Ya no le vas a buscar pleito otra vez?

No, ya no. Creo que se llevó una buena lección. Ya se dio cuenta de que no es lo mismo pegarle a un borracho ―porque aquella vez me agarró ahogado de borracho― que pelear con un pinche viejito. Pero si quiere más ahora sí le voy a dar una putiza pero al doble de su tonelaje.

Cabrón, a los 70 años no debes pelear ni con tus nietecitos, nadie pelea a esa edad.

Pues no, mi carnal. Pero, para empezar, no tengo nietos y, en ese pedo de ya no pelear, vas a ver... ¿Qué te diré? Dos tiros más y ya me retiro, ahora sí, para siempre, de la violencia.

Ay, cabrón, no entiendes.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

El sueño (de El) Dorado

 

El sueño (de El) Dorado


PteroclesArenarius



Respire profundamente… ¡y pague!

PP Servicios Respiracionales SA de CSC



Cada mañana los esclavos modernos se levantan para hacer millonarios a otros.

Alain Garret



El adminículo fue públicamente considerado (por su poseedor, el señor P.*) una obra de arte en muy variados campos: en la tecnología, el arte de apropiarnos de la naturaleza para beneficio de…, bueno, de la humanidad aunque indirectamente, a través de un empresario, pues, como ya el mundo entero sabe, el maravilloso ingenio —de alguna u otra manera— consiguió la apropiación de la más preciosa sustancia en este mundo; pero el artefacto mencionado también es obra de arte en el ámbito de la economía, el arte de administrar (es decir, hacer escasos, agregar valor a) los recursos en bruto de índoles múltiples (naturales, humanos, tecnológicos, extraplanetarios, que la plebe cree que son posesión de la humanidad), claro, dijo su dueño, esa administración se da a partir de la sabiduría de un empresario y en el ámbito tan complejo como eficaz del sistema de libre mercado y libre competencia. Eso es el mecanismo mencionado, un elemento que introduce en el libre mercado el bien más preciado para la existencia.

Con el maravilloso aparato —por cierto simplísimo— le ha sido posible, al feliz y ya para el momento todopoderoso usufructuario, realizar el sueño supremo de todo empresario: convertirse en el dueño absoluto de un recurso imprescindible de manera perenne para todo aquel que existe. Con una simple señal electrónica a cierto satélite, la empresa del señor P. puede omitir la dotación de aire para los pulmones o aparato respiratorio de cualquier sujeto u objeto viviente que él decida en este planeta. El proceso es simple y opera como cualquier compañía de servicios.

Un mensaje llega a su teléfono celular. En él se le avisa que en diez minutos se interrumpirá la asignación de aire a sus pulmones. Si no quiere usted sufrir disnea o franco ahogamiento por asfixia, debe depositar, en la cuenta bancaria que en el propio mensaje se le proporciona, cierta cantidad de dinero antes de los diez minutos.** En cuanto usted hace el requerido depósito u otorga el consentimiento para retirar el recurso de su cuenta, se le otorga el acceso a la anhelada mezcla de gases que se encuentra en la atmósfera y de la cual, de alguna manera secreta*** y por medio del archimencionado adminículo, se ha apropiado el empresario P. Se ha apropiado de ella puesto que ha logrado la capacidad de interrumpir el suministro del preciado gas elemento a quien él decida, vegetal, animal o humano en este planeta.

El origen y la composición del admirable artificio es, por supuesto, secreto. Tal negocio lo hace la Compañía PP por la única e incontestable razón de que (gracias a su avanzadísima tecnología) puede hacerlo y, hay una razón más, ésta legal, ha obtenido una concesión gubernamental para el uso y/o restricción de los gases atmosféricos (a cambio de ciertos favores y una ventajosa negociación para ambas partes).

El más exitoso empresario de esta década se ha convertido, obviamente, en el hombre más rico del orbe**** en un tiempo récord. Ha encontrado una estrategia de mercado que lo vuelve invencible: cobra mucho más caro a los grandes potentados del mundo por no asfixiarlos (en realidad ese es su gran poder) que a la gente humilde. Incluso a algunos —por ejemplo a los que son tan pobres que no poseen ni siquiera un teléfono celular— suele no cobrarles. A los gobiernos los provee de dotaciones masivas, con las cuales éstos a su vez se ganan los votos de la gran mayoría de sus electores. A los animales y vegetales, asimismo, se les impone una cuota, siempre y cuando haya quien responda por ellos en el caso de las mascotas. A las especies en peligro de extinción de igual manera se les aplica un costo por otorgarles el aire. Éste corre a cargo de la Secretaría Federal de Ecología, obviamente. A los animales salvajes o a los perros callejeros que son tan comunes en nuestro país, es imposible aplicarles la cuota respiracional, pues nadie responde por ellos.

Ha habido algunos descontentos, como siempre, pero, como nunca, es fácil doblegarlos con el apoyo del gobierno legalmente constituido y el uso del prodigio tecnológico ya tan comentado. Cuando una turba pretende manifestar su descontento, simplemente se les retira el servicio de dotación respiracional y de inmediato se dispersan, salvo algunos tercos que, bajo su propia responsabilidad, han llegado a fallecer por asfixia al negarse a terminar su protesta de descontento a pesar de la dotación gratuita que se otorga a todo aquél que prescinda de la manifestación de reprobación contra PP.

PP cuenta con las más ventajosas ofertas para todo público según su nivel de ingresos. Asimismo, contamos con los planes más convenientes para su seguridad respiracional. Si usted desea un plan anual, podemos recomendarle las mejores opciones que le permiten ahorrar hasta el 20 por ciento, con lo cual usted asegura su alto nivel respiracional. También contamos con las dotaciones magnas para atletas de alto rendimiento y elevado consumo de aire y en especial de oxígeno.

Por otra parte, si el nivel de ingresos es mediano, contamos con paquetes que, aunque le causen un esfuerzo económico, le aseguran por mes o por semana la dotación respiracional para toda la familia.

Tenemos también el servicio especial para personas cuya actividad sexual es intensa por diversos motivos —incluso profesionales—, ya que, es bien sabido, en el trance de la relación amorosa es imprescindible una abundante aireación para garantizar (y garantizarse) una satisfacción completa. Para estos casos contamos con dotaciones especiales.

Nuestro más grande orgullo es que le ganamos a los grandes consorcios que intentaron apropiarse de los alimentos mediante la ingeniería genética, buen intento, pero tuvieron una gran oposición política; también derrotamos a los que intentaron apropiarse del agua mediante las grandes obras hidráulicas. Igual que las compañías anteriores, no supieron sortear las presiones políticas ni las movilizaciones sociales.

En estos momentos estamos en conversaciones con tales empresas para llevar a efecto la implementación de una alianza estratégica mediante la cual —sin que perdamos nuestra natural preponderancia— estaremos en condiciones de convertir en una gran empresa absolutamente exitosa que nos provea, administre, controle, distribuya y aun produzca, todos los alimentos, toda el agua y —nosotros ya realizamos casi todas aquellas actividades con el aire—, en fin, en coadyuvancia con el estado, estemos en posibilidades de administrar lo más importante de todo: la vida en el planeta Tierra.

Todo lo anterior, para que se lleve a efecto el mandato natural de la existencia. Las jerarquías existen. Nadie es igual a otro, ergo, unos dirigen, otros siguen, es decir, unos mandan, otros obedecen. Para eso estamos nosotros, los empresarios y, por supuesto, como auxiliares, el estado, el gobierno, los políticos. Ellos deben controlar, vigilar, registrar a todos los ciudadanos. Nosotros nos encargamos de todo lo demás.


* Por múltiples razones de seguridad se conserva en el anonimato la identidad del exitoso, del más brillante empresario en la historia de la humanidad y sólo se le identifica como el señor P.

**Es posible realizar el pago de inmediato a través del servicio de internet simplemente entregando el número de su tarjeta bancaria a la compañía.

*** Resulta imprescindible la secrecía del famoso instrumento (ni siquiera mencionaremos si es mecánico, eléctrico, electrónico o de otra clase de tecnología), puesto que la Compañía PP de Servicios Respiracionales está consciente de la existencia de una red de espionaje industrial que pretende apropiarse de los secretos tecnológicos de nuestro invento para establecer la competencia. Hasta el momento hemos logrado evitar el robo de nuestro secreto dispositivo gracias a haber hecho uso del mismo contra los —hasta este momento— fracasados espías.

**** El famosísimo señor P. terminó dejando en ridículo a cierto empresario que se había apropiado —no tan limpiamente— de los servicios de comunicación de todo nuestro país (más de cien millones de habitantes), un tal Carlitos, que ahora está sometido a muy altas cuotas porque —como él mismo hacía con sus empresas— aplicaba tarifas diferenciadas según sus amistades o sus preferencias en diversos ámbitos. Hoy PP Servicios Respiracionales, SA de CSC (Capital Siempre Creciente) le aplica la tarifa más alta a don Carlitos que ha dejado de ser el más rico del mundo. Y PP Servicios Respiracionales, SA de CSC lo hace así, porque puede hacerlo así. Legalmente, es decir, con la ley que nuestros diputados han aprobado en el congreso nacional y no como lo hacía él, violando la ley.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Como se escribió Querido Pancho Villa, la novela

Así se escribió Querido Pancho Villa


Pterocles Arenarius


 En diciembre del 2019 salió la novela Querido Pancho Villa, en una edición de Eterno Femenino Ediciones, unos poquitos meses antes de la pandemia. No alcanzamos a hacer una presentación bonita, completa, es decir, presencial y con un brindis (o muchos) de por medio. Pero vio la luz.
El cartel, el libro, el autor


La pandemia provocada por el llamado Covid 19 ha perturbado una gran cantidad de actividades. Las más afectadas han sido las culturales. Así que mi Querido Pancho Villa no ha tenido la difusión que se merece.
En algún momento, hablando con el maestro Agustín Ramos en el ínterin desesperante de no publicar Querido Pancho Villa, escribí otra novela que tenía en plan desde muchos años atrás, esa fue Cualquiera puede matar. Agustín Ramos tuvo la enorme gentileza, junto con el maestro Jorge Arturo Borja y mi amigo Juan Carlos Castrillón, de presentar Cualquiera puede matar en el Museo del Pulque, ahí a un ladito de la iglesia llamada de los sanjuderos―, me preguntó Ramos que si estaba escribiendo algo y le hablé de Querido Pancho Villa. Agustín es un hombre extraordinario y brutalmente generoso, me dijo que se la hiciera llegar, que le interesaba leerla. Se la mandé y, aprovechando el viaje (aprovechado que soy), le pedí que si me pudiera hacer un prólogo para Querido Pancho Villa. Agustín Ramos leyó las 336 cuartillas de computadora que tiene la novela y me hizo un prólogo que, lo confieso, me hizo llorar (me lo hace cada vez que lo leo). Me obligó a reconsiderarme. Me puso pensar. La lectura de Agustín fue tan certera, tan profunda, tan lúcida, que debiera sonrojarme cada vez que él me viera. Penetró hasta lo más profundo de la novela. Y, por supuesto, de mí. Pancho Villa, dice Agustín:
(...) se mantuvo siempre a suficiente distancia de la civilización para volar a la altura de la intuición, sobre la inteligencia y el instinto, con la libertad propia del arte y la limitación humana que encierra desde la santidad espontánea hasta el más valioso de los lujos, la lujuria.

Tres libros de narraciones sobre mi general Villa
La escritura de la novela fue cambiando conforme se escribía. Empezó con una especie de posesión a través de la lectura de un libro maravilloso: Memorias de Pancho Villa, de Martín Luis Guzmán. Este enorme autor nos confiesa que él fue amanuense del general Villa; que él mismo le dictaba sus memorias para que, precisamente, el escritor uno de los más grandes prosistas en nuestro idiomaescribiera una biografía del soldado, del bandido, del hombre del pueblo que fue Pancho Villa. Yo recuerdo haber leído hace muchísimos años (la localización del texto escapa a mi memoria) una descripción de Pancho Villa escrita por Martín Luis Guzmán. Hablo de hace más de medio siglo de haber conocido ese texto que, aunque hice lo más que pude para encontrarlo, no me fue posible. Bien, en él Guzmán hace un retrato impresionante del general. Habla de él como si fuera un animal salvaje, un ser propio de la naturaleza más cruda; un apenas humano si no fuera porque su inteligencia sobresalía de entre muchas otras características altamente desconcertantes. Martín Luis Guzmán, si bien describe a un bárbaro, incluso y más bien a un animal, no deja de mostrarse arrobado, fascinado por la esencia, por un lado pavorosa, demoniaca, pero también inconcebilemente candorosa de aquel hombre inverosímil que remontó desde el bandolerismo de asaltacaminos y el abigeato aunque con perspectivas industriales hasta las cumbres del poder. La fascinación del gran escritor no está exenta de una admiración tan extrema que raya en algo que llamaría un amor devoto, las de Martín Luis Guzmán son letras que nos comunican reverencia, incluso fervor. Sin embargo, algo pasó entre ambos gigantes, el escritor llegó a serlo después, Villa ya lo era. Algo pasó que los llevó por caminos diferentes. Incluso se dice que Villa llegó a amenazar al literato con el fusilamiento. Es materia de investigación. Bueno, el que quizás haya sido el más grande prosista mexicano tuvo que alejarse del general. Pero su pasión por él no menguó. Años después Nelly Campobello, le hizo llegar un largo manuscrito que era la continuación de las memorias de Pancho Villa. El general encargó el trabajo que había estado haciendo Martín Luis Guzmán a Manuel Bauche Alcalde; con esos materiales pudo terminar el famoso libro Memorias de Pancho Villa, con sus 950 páginas.
Martín Luis Guzmán, Paco Ignacio Taibo II y Friedrich Katz, los fundamentos
Martín Luis Guzmán habla del lenguaje purísimo, arcaizante, campesino, circunloquial y salpicado de graciosos pleonasmos que reforzaban la expresividad que usaba Villa y que él le escuchó por más de un año. El gran escritor confiesa que le metió mano sin piedad a los escritos de Bauche Alcalde, quien había “traducido” el lenguaje “incorrecto” del general campesino a un español propio de un “citadino civilizado”. Formidable trabajo de Martín Luis que pergeñó una gran hazaña, pues en la lectura de las Memorias... no se perciben las transcisiones que él mismo anota en el prólogo.
El lenguaje de las Memorias de Pancho Villa, es mágico. Ciertamente está cargado de un candor que es necesariamente fascinante. El libro está habitado por un poderío verbal que en el mejor sentido de la expresiónenajena.
Yo empecé a leer este volumen quizá en el 2014. Son casi mil páginas, así que lo leí en unos tres meses (siempre leo tres o cuatro libros simultáneamente), pero el lenguaje de Villa me enajenó. Es tan exacto, envolvente, tan candoroso que llega a volverse deslumbrante. Termina uno encantado. ¿Es Pancho Villa o es Martín Luis Guzmán? ¿O son los dos? El caso es que cuando iba a medio libro o antes incluso, me puse a intentar escribir algo y me di cuenta que estaba escribiendo como (dice Martín Luis Guzmán) hablaba Pancho Villa. Me di cuenta, ¿o será falso?, que el espíritu de Villa habita en su lenguaje y que el autor de las Memorias... lo capturó de manera magistral. Y si yo no podía escribir si no era como hablaba Villa, su espíritu, concluí que había una posesión. ¡El lenguaje de mi general es decir, su espírituhabían hecho posesión de mí! Eso es muy grave. El padre Gabriele Amorth (el exorcista oficial de El Vaticano que en su vida se enfrentó 70 mil veces con el diablo, el que decía que el aborto, la homosexualidad, el divorcio, todos los males de la humanidad los carga el demonio en los humanos) se hubiera apresurado, sin duda, a practicarme una de sus ceremonias para expulsar al maligno de mis profundidades. Para la iglesia, no podía ser de otra manera, Pancho Villa era un demonio. Es más, hay una versión de que mi general tenía pacto con el diablo, como se reporta en la novela Querido Pancho Villa. Pero yo no me angustié ni mucho menos, era bonito estar tomado por ese lenguaje. Pero era un problema, porque si no podía escribir más que con tales modismos, con ese estilo, me pregunté “¿y ahora qué hago?”. Pues escribir algo sobre mi general Villa. Y como estaba escribiendo como él hablaba (o intentándolo según mis entendederas o mis posibilidades y mis circunstancias de chilango del siglo XX-XXI frente a un campesino, aunque haya sido un genio, del XIX-XX), pues me puse a escribir algo sobre el general.
Los malquerientes: Krauze, Marte R. Gómez y Rafael F. Muñoz
Luego pasó algo curioso. Cuando entré más de lleno en la narración de la que no sabía si sería relato, cuento, ensayo, novela o quécada noche soñaba con Pancho Villa. A veces lo soñaba a él hablándome de cosas que no tenían que ver con la novela ni siquiera con su vida. A veces soñaba no imágenes, sino conceptos filosóficos, ideas relacionadas con la historia de Villa. Y despertaba con la sensación de que tenía que escribir eso. Relativamente pronto me di cuenta que tenía que ser una novela.
Pero a raíz de tales sueños, me di cuenta que iba a ser, como dice Agustín, “(...) un diálogo de poseídos”. Inmediatamente sostiene que es “imposible de describir sin emplear palabras chocolateras como magia, erotismo, misticismo, barbarie, cultura, sentimentalismo y drama. Porque no hay otras o al menos el prologuista no conoce otras palabras suficientemente fieles para intentar decir de qué se trata y cómo se trata este libro, no sobre Francisco Villa sino de Francisco Villa y de sus partes menos conocidas: la niñez huérfana de padre, el apego a la madre y la obligación de amparar con el amor y por la fuerza de la astucia, sus estrenos en el sexo y la muerte, el bandolerismo y la genialidad guerrera, los motivos de un lobo muy andado como para morir en la madriguera de la inocencia”.
Los libros consultados y el resultado Querido Pancho Villa
La novela trata de la parte menos conocida del famoso guerrillero y el punto de vista es nigromántico. A ver si no viene Amorth del otro mundo (murió en 2016) a jalarme las patas en la noche, pero no, porque mi general se me fue yendo poco a poco conforme terminé la novela, la cual parte desde que nació Doroteo Arango Arámbula la tarde del 5 de junio de 1878 en medio de augurios tanto terribles como auspiciosos, pero siempre de gran magnitud. A sus 16 años, en 1894, así lo narra el propio general, comete un asesinato que lo marca para el resto de su existencia, pues lo obliga a vivir escondido en una de las múltiples zonas semiboscosas, semidesérticas de Chihuahua, en lo que llamamos la Sierra Madre Occidental. Desde entonces hasta el momento en que Abraham González, quien lo conocía bien e incluso se dice que había hecho algún negocio con el entonces bandolero, lo recluta para que fuera parte de un ejército que no existía y que iba a luchar contra un tirano que acumulaba más de treinta años creando la desigualdad económica entre los mexicanos y que la llevó hasta un nivel que la gente de nuestro país de aquellos tiempos se negó a continuar aceptando al costo que fuera. Sigue Agustín Ramos:
Porque Villa es todos los pueblos en sus momentos heroicos, lo es por la veneración que convoca en todo el mundo y lo es por sus tantos nombres que pasan del anonimato al nombramiento de todos: todos somos Pancho Villa. Entonces, nosotros también nos meteremos en la plática y no solamente como si escucháramos una conversación ajena sino como si formáramos, como formamos, parte de una misma historia y pasáramos, como pasamos, a formar parte del mismo hecho revolucionario junto con el muchachito narrador y ese ser que es muchos: “Pancho Villa es tantísima gente”, dice con toda la razón el título del capítulo 17”.
Agustín Ramos, prologuista
Al final la novela Querido Pancho Villa es también una toma de posición política todo acto en la vida lo es― con respecto de lo que representa el famoso guerrillero, bandido, general e invasor, el único que lo ha hecho en la historia, de los Estados Unidos de América.
Finalmente, Agustín Ramos concluye su prólogo con frases que este autor simplemente mira con pasmo, por más que le indican que esta vida, este viaje de la escritura ha valido la pena.
(...) esta obra ofrece la suculencia de un diálogo que lleva directamente, por obra de la ficción, al alma del general Villa.
(...)
En suma, Querido Pancho Villa es el fruto más logrado hasta hoy de la vitalidad y la actitud de Pterocles Arenarius: escritor digno y capaz de la hazaña artística que los lectores atentos van a disfrutar, un diálogo de héroes”.
Por último, para dar una idea de quién era Francisco Villa voy a transcribir dos fragmentos, primero del autor italiano Ettore Pierri que escribió La Verdadera Historia de Pancho Villa. Éste autor hizo más de 300 entrevistas a personas que conocieron a Villa.
¿La gente lo quería?
¡Claro que sí! ¿Esto se va a publicar en algún lado?
En un libro, ¿por qué?
Porque quiero que diga una cosa. Diga que no había nadie tan querido en México como Villa. ¿Lo dejarán decir eso?
Por supuesto.
Diga que lo dije yo, Tomás López Flores.
¿Qué es lo que más recuerda de Villa?
Se va a reír...
No. Dígalo...
El puño.
¿El puño?
Sí. Lo cerraba cuando hablaba de la tierra y lo apretaba. Se le hinchaban las venas.
¿Qué decía de la tierra?
Que tenía que ser de todos. Decía eso y apretaba el pño. Era capaz de matar con aquel puño enorme.
¿Y usted estaba de acuerdo?
¿Con qué?
Con lo que Villa decía.
Todos estábamos de acuerdo. Por la tierra se hizo la Revolución. Lástima que él... se interrumpió.
¿Qué iba a decir?
Que es una lástima que él haya muerto.
Jorge Arturo Borja, autor del texto de cuarta de forros


El siguiente fragmento es de John Reed:
Era un gigante macizo como una pirámide, que en ocasiones se enternecía hasta las lágrimas por cuaquier hecho sencillo.
Cierto día entró con sus hombres a un pueblo y un niño se le acercó y le entregó un ramo de flores.
Para usted, mi general. Dijo el niño. Villa lo miró confundido.
¿Para mí? ¿Flores para Villa murmuró.
Sí, mi general repitió el niño―. Para usted.
¿Por qué? ¿Por qué flores? preguntó Villa con los ojos brillantes.
Porque todos lo queremos aquí contestó el niño.
Villa desmontó, tomó al niño en sus brazos, lo miró a los ojos y lo besó. Después se apartó de nosotros. Cuando fui a buscarlo estaba solo. Llorando.
Flores dijo con el rostro cubierto de lágrimasFlores para Villa...
Bajo la égida de mi general


martes, 7 de julio de 2020

Entrevista acerca de la novela Querido Pancho Villa

Salió por fin la novela Querido Pancho Villa, una obra en la que se narra la parte desconocida de la existencia del gran general de la Revolución Mexicana. Desde su nacimiento hasta el momento en que Abraham González, por instrucción de Francisco I. Madero, lo recluta para la causa.
Aquí el maestro Jorge Arturo Borja (un erudito polígrafo y creador literario) me hace una entrevista sobre la novela y leo un fragmento. (Para ir al video es necesario copiar y pegar el vínculo en el explorador).

https://www.facebook.com/jorgearturo.borja/videos/10158820571536842/UzpfSTEyNjk2OTE1MzM6MTAyMjMxODc4OTE5ODY4NTc/comment_id=10223212680646558&notif_id=1594174410485981&notif_t=feed_comment

jueves, 2 de julio de 2020

Segundo aniversario de la Gran Victoria de AMLO

Dos años de la victoria 

Pterocles Arenarius

Algunos creímos que nos habríamos de morir antes que ver la derrota del PRI. Parecía imposible que la sólida organización que armaron por décadas pudiera algún día ser desbaratada. Habían comprado a miles de personas de todas las clases sociales. Habían ganádose incluso la buena voluntad de gente muy decente y hasta de los más pobres. Lograron, no menos, la aprobación de las grandes potencias del mundo y, muchas veces, su apoyo. Organizaron un sistema de robo en el cual la riqueza se distribuía de la manera más injusta posible. Hicieron una estructura de complicidades que permeaba a toda la sociedad. Y uno de sus peores vicios fue el de que, a quien se opusiera a su sistema, lo suprimían de las más diferentes maneras. La primera era comprándolo, la segunda era amenazándolo, si las dos anteriores no funcionaban, entonces lo metían a la cárcel y si ni así era posible doblegar al opositor, simplemente lo desaparecían de este mundo, sin piedad. No era extraño que recurriesen al asesinato.


Letra de Silvio para AMLO

Así corrompieron a periodistas a líderes sindicales a políticos a artistas a intelectuales y hasta a cualquier persona que se volviera relevante. Y contra los adversarios no había piedad. Les ofrecían que se volvieran cómplices y gran parte de las veces lo lograban, así muchos hombres talentosos, cultos e inteligentes se volvieron cínicos y, en la medida en que recibían favores, más vendidos se portaban ante el poder corrupto. Así pusieron a gran parte de los mexicanos en situación de pobreza y a un número muy grande lo orillaron a una hambruna permanente y muy mal disfrazada.

La estructura creada parecía inexpugnable, imposible de derrotar. El PRI logró convertirse, gracias a esta notable organización corrupta, en el partido de estado más longevo de la historia de la humanidad. Bueno, todavía no acabamos de expulsarlos del poder, léase del robo al erario. No se veía de qué manera fuese posible quitarlos del poder. Incluso intentaron hacer un paradigma mexicano de la corrupción, que la deshonestidad era algo consustancial a los mexicanos (¡¡¡!!!). Pero los abusos y la concentración de la riqueza fueron creando un grupo de mexicanos marginados de la prosperidad y el bienestar cada vez más grande. Pero para nadie era rentable encabezar ese descontento. Los líderes eran comprados, amenazados o eliminados, como ya se anotó.


Jiménez Espriú entre el pueblo raso

Hubo líderes dentro del mismo PRI que tenían otra visión. Gente que, sinceramente, le tenía amor al pueblo. El primero y más notable fue el general Lázaro Cárdenas. Su gobierno procuró la creación del estado de bienestar y organizó una estructura muy eficiente desde la raíz misma del pueblo para que su obra fuera perdurable. Sin embargo, la gran organización que creó fue corrompida en cuanto él dejó el poder y, a largo plazo, los líderes sindicales se convirtieron en viles líderes charros, los que estaban encargados de representar al pueblo, casi siempre, fueron cooptados para beneficio del grupo que terminó detentando el poder. Pero la riqueza no es infinita y muy pronto se vio que la gran organización que había creado el general Cárdenas se volvió insuficiente para despachar, cada sexenio, a miles de funcionarios que se habían enriquecido robando al erario o haciendo negocios mediante el influyentismo.

En el extranjero lo llamaron “La economía de compadres”. Nadie, en la práctica, podía prosperar, contradiciendo a su último recurso: el capitalismo brutal que dieron en llamar neoliberalismo y que, como todo capitalismo, se inclina por el individualismo más rapaz. “Que cada uno se rasque con sus propias uñas”, era la divisa. Pero los del gobierno eran los únicos con las uñas muy largas. Entonces optaron por entregar la riqueza nacional al extranjero. A lo bestia. Si habían ido desmantalando lentamente el legado del general Cárdenas, con la entrega del petróleo, las minas y todo lo entregable, condenaban ya no sólo a los mexicanos de este momento, sino estaban robando el futuro.


Ya lleva dos años. Es un hombre de hierro no sólo en ideas.

El prototipo del político que crearon era el prepotente, el enriquecido salvajemente, el ignorante, el odioso soberbio con los humildes y rastrero con los poderosos. “La política es el arte de darle por el culo a los de abajo y ponerle el culo a los de arriba” era la desvergonzada consigna. Pero también tenían sus matices. Para la demagogia, para la mentira, se volvieron muy astutos. Yo recuerdo a Manlio Fabio Beltrones como el gran ejemplo de la máxima hipocresía, lo veo hablando con los periodistas con una actitud de adusto padre de familia, muy serio él, con aire preocupado y reflexionando muy preocupado por allegar “recursos para el gobierno vendiendo las playas nacionales a los extranjeros”.

Andrés Manuel López Obrador tuvo la inmensa sensibilidad e inteligencia para entender con la mayor claridad ese prototipo de político y convertirse en todo lo contrario. Y muchos no lo entienden o no se dan cuenta de eso. Y luego tuvo la enorme capacidad de hacérselo saber a la gente. Por último, supo rodearse de un equipo que le ayudó y le tuvo fe para formar un partido político nacional pero no cualquier membrete, sino un partido con la más alta competitividad como para alcanzar la presidencia de la República y formarlo en tiempo récord. Morena irrefutablemente nos remite a la morenita del Tepeyac, uno de los últimos reductos de la mexicanidad, la herejía no reconocida de los mexicanos que reivindican a la mujer en el centro de una religión que se empeñó en expulsar lo femenino de sus entrañas al grado de que prefirieron renunciar al emblema de la mujer y convertir a la mitad mayoritaria de la humanidad, lo femenino, el eterno femenino, en un pinche pájaro, bueno, una paloma, el espíritu santo. También eso es la morena del Tepeyac, aunque tenga origen árabe, aunque haya sido una falacia española para que los indios olvidaran a Tonantzin, nuestra madre. Bueno, así Morena apelaba a lo más profundo de lo mexicano, a nuestra más antigua raíz, aunque sea tergiversada por el truco español. Eso por un lado, porque, por otro, Morena significa Movimiento de Regeneración Nacional. El vocablo Regeneración es una alusión a detener la descomposición a que nos llevó el PRI y sus discípulos (que por décadas los combatieron) del PAN y que en tanto tiempo aprendieron terriblemente bien sus mañas. Pero también lo es a los más limpios y puros revolucionarios mexicanos de la hoy llamada Tercera Transformación que fue la Revolución Mexicana, los hermanos Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón quienes por largos años lucharon, desde la izquierda más consecuente, sacrificada, honesta y radical a la dictadura porfirista y dejaron su legado en la revista histórica nombrada precisamente Regeneración.

Los tres trabajos ―la autoidentificación de lo que no quería México de sus políticos, ser congruente con ello, es decir, tener la descomunal autodisciplina para hacerlo cierto en el mundo real, es decir, ser un político pobre a pesar de convivir en un medio totalmente corrompido y, finalmente, la construcción de Morena― son sendas grandiosas hazañas políticas y también de otras índoles.

Desde mucho antes de convertirse en presidente de la República, Andrés Manuel ha sido el político más atacado y calumniado de la historia. Sólo Francisco I. Madero sufrió avalanchas de odio tan pérfidas.


Algunos logros

Y contra todo pronóstico oficial, contra las encuestas cuchareadas, contra el terror de los intelectuales cagatintas y sus columnas tercas y catastróficas, contra las campañas de odio y, las más benévolas, de mentiras y calumnias, contra el miedo de las clases medias y la incertidumbre de algún sector del pueblo engañado por la televisión, el 1 de julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador sacudió a México, a América y también al mundo, como no, con su aplastante victoria. Y conste que hubo fraude en su contra, pero con la rebelión popular sufragista en su favor, se llevó la mayoría de los votos que lo convirtió en el presidente más legítimo del último medio siglo pasando por encima de un fraude que le robó algunos millones de votos, pero abrumadoramente insuficientes para arrebatarle la victoria.

Este primero de julio se cumplen dos años de la victoria y uno y medio de gobierno. Los ataques de la derecha están como nunca de desquiciados. Hay algún loco que se presentó en un cuartel del Ejército Mexicano a pedir que fueran a dar un golpe de estado. Algunos enfebrecidos de odio quisieran que el presidente se muriera y no dudan en invocar fanáticos que fueran capaces de perpetrar un atentado contra el primer mandatario. Abundan los columnistas que aseguran que el gobierno naufraga y que la catástrofe ya empezó. La derecha está usando la crisis provocada por la pandemia para atacar, como ellos saben hacerlo, con mentiras y calumnias, al gobierno. Presenciamos una degradación moral de la derecha que nunca nos hubiéramos imaginado.

En este momento han aflorado el racismo, el clasismo, la discriminación por color y por bienes económicos que siempre ha practicado un sector privilegiado de la sociedad contra el pueblo mexicano.
Cuatro libros de Pterocles con Eterno Femenino Ediciones

Nunca creímos que la derecha nacional estuviera tan enferma.

Insultan a la esposa y al hijo del presidente, y luego cuando se les reclama sus bajezas chillan diciendo que se ataca a la libertad de expresión; las supuestas burlas son tan irracionales y tan miserables contra Andrés Manuel que más bien suenan cómicas de tan exagerada en su desesperación, en su odio, en su irracionalidad. Si esos epítetos morbosos, repugnantes, francamente enfermos, los concretaran en actos es cuando nos explicamos la violencia de la derecha en otros países y en otros momentos de nuestra historia. La maestra de la vida, la historia, nos dice que las derechas torturan, asesinan a mansalva, exterminan sin piedad, no se detienen ante el genocidio y han sometido a los pueblos a las peores tiranías que hayamos conocido. Pero además mienten para tratar de ocultar sus crímenes o para justificarlos (por ejemplo hablan de las dictaduras comunistas, pero siempre evaden el hecho de que ni el comunismo y ni siquiera el socialismo han existido alguna vez en los sistemas de gobierno humanos).

Sin duda en estos momentos hay dos acciones que debemos ejecutar los que estamos de acuerdo con nuestro gobierno y nuestro presidente: una, es celebrar con el mayor júbilo los dos años de la victoria y, dos, defender con todo a nuestro gobierno, a nuestro presidente. La derecha está descabezada y abrumada, está sumida en el desconcierto como un monstruo ciego tiran tarascadas en todas direcciones y no tienen ni la menor idea de cómo resolver los problemas de México. Se oponen por sistema a todo lo que diga el presidente, en una actitud irracional y enfermiza. Mienten, calumnian e insultan, sólo demuestran que están extraviados.

La verdadera dimensión de lo que está ocurriendo en estos momentos muchos lo comprenderán dentro de varios años. Esto es, como dice el presidente, una revolución. Y la más extraordinario, sano y maravilloso es que se está cambiando al país (ya se verá que tan radical es el cambio) sin derramar ni la más pequeña gota de sangre de nuestros contrincantes. Un gran cambio pacífico que aún no terminamos de dimensionar.

Por lo pronto celebremos y defendamos al gobierno. Salud por la gran victoria.













miércoles, 24 de junio de 2020

Prólogo a Querido Pancho Villa


Prólogo

Agustín Ramos
Gran novelista mexicano: Agustín Ramos

Prepárense lectores
Para dar título a este libro, el autor hace una declaración de cariño: Querido Pancho Villa. Así, como en un intercambio de cartas o una plática entre amigos, un muchachito le habla de tú al general Francisco Villa. Y de este diálogo aparece ante los lectores olor y el ruido de la guerra, la voz más íntima de un héroe, sus zonas más escondidas. En la cama, por ejemplo, una de tantas mujeres que lo conoció asegura: “Para mí que fue más poderoso amante que soldado”.
¿Se habrá preguntado el autor de este libro si acaso los lectores de principios de este siglo estamos preparados para intervenir en esta plática del muchachito narrador con el general Francisco Villa? No con el revolucionario del que todo mundo ha oído hablar o conoce por los libros de historia, no solamente con ese titán de la patria sino un hombre más frágil, más mortal.
Palacio de Minería. Feria del Libro. Pancho Villa (y Una muerte inmejorable)

Como sea, estas páginas nos meten en la magia de un alma alucinada, el alma de un niño a quien las durezas de la vida y sus dotes corporales hicieron precoz en más de un sentido, el alma como jaula de donde escapan el llanto pronto y la risa fácil, el misticismo de un espíritu capaz de trascender no sólo el tiempo y el espacio sino la desmemoria y las murallas de silencio; el alma natural que preservó la mencionada precocidad y se mantuvo siempre a suficiente distancia de la civilización para volar a la altura de la intuición, sobre la inteligencia y el instinto, con la libertad propia del arte y la limitación humana que encierra desde la santidad espontánea hasta el más valioso de los lujos, la lujuria.
Sí, Pterocles Arenarius, el autor, en alguna parte, alguna vez, si no es que siempre y donde quiera, apreció la capacidad de los lectores para asistir y quedar atrapados en este diálogo de poseídos. Porque eso es esta historia imposible de describir sin emplear palabras chocolateras como magia, erotismo, misticismo, barbarie, cultura, sentimentalismo y drama. Porque no hay otras o al menos el prologuista no conoce otras palabras suficientemente fieles para intentar decir de qué se trata y cómo se trata este libro, no sobre Francisco Villa sino de Francisco Villa y de sus partes menos conocidas: la niñez huérfana de padre, el apego a la madre y la obligación de amparar con el amor y por la fuerza de la astucia, sus estrenos en el sexo y la muerte, el bandolerismo y la genialidad guerrera, los motivos de un lobo muy andado como para morir en la madriguera de la inocencia.
Para escribir Querido Pancho Villa

Diálogo de poseídos, se dijo, porque el narrador de este libro tuvo que dejarse poseer por el querido Pancho Villa. Y si le pregunta: “…¿no me has tomado mi general, no estás en mí?”: es porque necesita que Villa le permita hablarle de tú a tú, ponerlo frente al espejo para que recuerde su iniciación como ser humano de saber: “… de un momento para otro lo decidiste: ‘Ya no soy Doroteo, ahora me llamo Francisco Villa (¡Díganme Pancho Villa Cabrones!)’ … Además, cambiarse de nombre es tomar en las propias manos la vida que nos tocó… Y para ser otro tiene que morir el uno para que nazca el otro, el que sigue, es como si nos pariéramos a nosotros mismos, Pancho. Es como si fuéramos padres de nosotros mismos… Así es como se dio el nombre de Pancho Villa. El nombre y el hombre”.
Con gringos y tomando fotos. Imagen rara de mi general

Diálogo de poseídos, ritual de almas que se incorporan, una en el cuerpo latente y libre de la historia hecha por el general Villa, otra en el cuerpo respirante y preso del momento histórico de quien cuenta el cuento con el fin de que nosotros, los lectores, paremos oreja e imaginemos y desarrollemos el sonido y el sentido capturados en sus letras. Porque a fin de cuentas este diálogo está abierto, por obra y gracia de Villa, al pueblo. Porque Villa es todos los pueblos en sus momentos heroicos, lo es por la veneración que convoca en todo el mundo y lo es por sus tantos nombre que pasan del anonimato al nombramiento de todos: todos somos Pancho Villa. Entonces, nosotros también nos meteremos en la plática y no solamente como si escucháramos una conversación ajena sino como si formáramos, como formamos, parte de una misma historia y pasáramos, como pasamos, a formar parte del mismo hecho revolucionario junto con el muchachito narrador y ese ser que es muchos: “Pancho Villa es tantísima gente”, dice con toda la razón el título del capítulo 17.
Ya empezaba con los caballos de acero (la foto está trabajada para colorearla)

El prologuista considera imprescindible hacer una anotación más sobre la seguridad de que esta obra ofrece la suculencia de un diálogo que lleva directamente, por obra de la ficción, al alma del general Villa. Y es que la novela, ensayo, diálogo, Querido Pancho Villa viene antecedida y garantizada por la experiencia literaria y biográfica de Pterocles Arenarius. En otras palabras, todas y cada una de las afirmaciones aquí expuestas podrían apoyarse si hubiera espacio y fuera pertinente en citas y pasajes de otros textos cuentos, crónicas, novelas, poemas, ensayos y proclamas que comprueban tanto las virtudes narrativas de Arenarius como su rigor y su capacidad de entrega en tanto investigador, docente, amante y amigo.
 En suma, Querido Pancho Villa es el fruto más logrado hasta hoy de la vitalidad y la actitud de Pterocles Arenarius: escritor digno y capaz de la hazaña artística que los lectores atentos van a disfrutar, un diálogo de héroes.