sábado, 14 de septiembre de 2013

Texto leído en la presentación de Demoníaca (Historia de una maldita perra) en el Claustro de Sor Juana.
 
 
Sor Juanita en su Claustro y esta Historia de una maldita perra
 
Pterocles Arenarius
Galileo era escasamente lo que hoy se llama una persona educada (…) eran famosas sus bromas contra la escuela aristotélica (de la cual opinaba) que no eran dignas del menor respeto; escribió un libro que ridiculizaba el afán académico por la toga (…) salía a beber con sus alumnos; componía versos de amor (…) En pocas palabras: usó los métodos más eficaces para lograr mala fama en los círculos filosóficamente decentes de la ciudad de Pisa.
Ernesto Sábato.
 
Hay al menos dos razones por las que me siento inmensamente honrado de estar en este sitio. La primera es que —si como dicen los espiritistas— las edificaciones, sus paredes y sus suelos, sus ventanas y pasillos se impregnan con los hálitos de los espíritus de los personajes que en ellas habitaron, entonces este es un día inolvidable de mi vida, pues comparto el espacio que habitó, transitó y, en general, hizo acto de existencia la mujer que quizá fue el cerebro más poderoso de su época, la que trascendió su condición femenina —en aquellos tiempos y en aquella sociedad— tan brutal y tan hipócritamente oprimida y se lanzó al futuro como la gran patrona de las letras mexicanas de todos los tiempos. Juana de Asbaje, también conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.
Claustro de Sor Juana, Centro de la Ciudad de México
Hay algo demasiado trascendental que me une con Juana de Asbaje. Estoy perdido en la sierra, es un sitio un tanto desértico, como son los campos en ciertas partes del centro norte de México. Las condiciones son inhóspitas y cae la noche helada del desierto. Entro en una cueva muy oscura, tengo miedo. Me interno en la cueva y en lo profundo se ve una luz muy tenue. Eso me desconcierta, pienso en una fogata, pero no hay humo. Se me ocurre que es un foco pequeño y avanzo con gran cautela, sin hacer ruido y ocultándome cuanto me es posible. El camino es más bien fatigoso, cuesta arriba, aunque no extenuante, hay que hacer esfuerzos para ascender. Aunque batallo llego al lugar de donde viene la pequeña luz. Me asomo con mucho cuidado y hay un claro que parece bastante acogedor, incluso tibio. Las paredes son de tierra negra, de la más fértil y también hay rocas incrustadas. Conforme avanzo el sitio se vuelve más espacioso, termina siendo una especie de sala de buenas dimensiones. Incluso hay estalactitas y estalagmitas que funcionan como inverosímiles adornos. Camino temeroso hasta el fondo de la sala y me encuentro el famoso cuadro de Sor Juana que pintó Miguel Cabrera en 1750. Con los enormes volúmenes en el librero en fondo, las manos finísimas de ella, una de las cuales toca con delicadeza un gran libro abierto. Su medallón al cuello y su indumentaria de monja. Las sendas leyendas en caracteres virreinales en las esquinas inferiores. Estoy maravillado. Yo adoro a Sor Juana. Ella es nuestra deslumbrante entrada al siglo de oro del español sin desmerecer ni siquiera de los monstruos, Quevedo, Góngora le dicen y con mucha razón, Lope de Vega, Gracián y el mismísimo Cervantes. Jamás pensé encontrar ese cuadro ahí. Me acerco a leer las leyendas y en una de ellas, menor, muy abajo dice que es un regalo de ella para mí, que nací el número de año, sólo que volteando un número de cabeza. O bueno, cuatrocientos años después. ¡Sor Juanita me dejó ese regalo! Fade out. Despierto. Y en estado de trance, adormilado, sin despertar del todo, repaso transido de dulcísimas sensaciones, el maravilloso sueño. A partir de ese día consideré que Sor Juanita es mi numen protector, mi patrona, de alguna manera mi alter ego.
Sor Juana Inés de la Cruz. Por Miguel Cabrera, 1750
Un sueño tan trivial como cualquier día al mediar la década de los ochenta. Ya llovió un cacho desde entonces. Y ella, como sí lo han hecho muchas otras mujeres en estos años, no me ha abandonado. Y hoy vengo aquí, al recinto donde ella respiró y creó. Donde se hizo inmortal.
Por supuesto que también hubo algunos inconvenientes. Pensé que si ella había nacido en el año que nació y que a sus cuarenta y tres añitos dejó este mundo por una de las más terribles bajezas de las miles que ha cometido la iglesia católica en su historia, pues dije, capaz que yo también voy a morir el año correspondiente a ella que murió poco antes de cumplir los cuarenta y cuatro. Así que en ese año, les confieso, tuve miedo. Pero, cuando terminó, me di cuenta que los genios viven en otro tiempo. Yo no soy un genio, ella sí, por eso es mi numen protector.
Vengo a hablar de mi novela a un recinto otrora sacralizado por la religión imperante y que sirvió para que un ser humano extraordinario, se refugiara contra el brutal machismo y el bárbaro régimen discriminatorio impuesto en la colonia contra todo lo que no fuera hombre, españolete —aquellos no eran españoles, verdaderos españoles eran García Lorca, Miguel Hernández, Cervantes, Ramón y Cajal, Picasso, etcétera—. En la época de Sor Juana no había para las mujeres para donde hacerse. Ella tomó los hábitos y nos hizo entrar en la literatura universal.
 El viejo Pterocles con Demoníaca (Historia de una maldita perra)
 
En fin, vengo a hablar de mi novela titulada Demoníaca (Historia de una maldita perra) a sitio que hace unos pocos cientos de años estuviera dedicado a actividades tan pías. Para empezar es un acto de protervo cinismo. Mira qué chulo, viene a hablar de su propia novela, ay qué simpático. Me refugio en Ernesto Sábato, quien sostiene en una posición radical propia de aquella vieja polémica, que el escritor y en general el artista sólo crea los retratos de su propia alma.
Foto: Con Pterocles, Sor Juana y Charly Montana :D
Pterocles, Violeta Novarretega y el rock star Charlie Monttana en el Claustro y bajo el numen de la genio virreinal
 
Espero que si alguien la lee no vaya a horrorizarse con las turbadoras —y para algunos muy incómodas— anécdotas que la protagonista, la maldita perra que refiere el subtítulo perpetra en la narración.
Tengo que decir que tal personaje está basado en una persona real. A ésta no la conocí personalmente, pero tuve la fortuna de que me contaran a detalle las circunstancias centrales de su vida. Es una mujer que habita en el cuerpo de un hombre. Inconforme con su realidad se propuso ser lo que ella siente ser, una mujer. Y ha logrado ser una bellísima chica. Ella se dedica al sexoservicio, incluso suele autonombrarse “una perra” aunque sin automaldecirse. Y, lo más asombroso, y por lo cual mereció volverse paradigma de mi novela es el hecho de que creó un nicho de trabajo que, en la novela, denominó El circuito púrpura. Lo cual no es otra cosa que un grupo de prelados católicos de la alta jerarquía que requieren sus servicios por la principalísima razón de que ella es joven, es hermosa, recibe todo lo que una mujer recibe en el combate amoroso, pero, oh prodigio, también lo da. Trabajo tan completo merece que ella, la real, goce de un alto nivel de vida gracias a la generosidad de sus empleadores y, sin duda, también a su inigualable belleza, su intachable profesionalismo y la irreprochable calidad de sus servicios.
Mi personaje no es exactamente ella, la real. La mía es más bonita, más delicada. La real es una belleza ciertamente, pero para gustos un tanto más recios. La mía es más mimosa, grácil, digamos. Se dedica a lo mismo, con los mismos personajes y, al menos, la misma excelencia en su trabajo. Hay un personaje que llamaría contraejemplo quijotesco que se empeña en destruirla o conquistarla para su redención. Pero ella es una puta irredimible.
He querido hacer una novela como debe ser toda obra de arte. Se dice que no existe cosa más subversiva que el arte. En efecto, si algo puedo decir de mi novela Demoníaca, es que se trata de una visión rebelde, iconoclasta, cínica y casi enfurecida de ciertas realidades que son casi cotidianas y que nos han hecho perder la capacidad no sólo de asombro, sino también de indignación.
Ernesto Sábato. Genio del siglo XX
 
Vuelvo a Sábato, a Borges, quien dice que aquel prisionero creó un gran dibujo en muchos años de prisión. Al final era sólo su propio rostro. El que aspira a la creación de arte tiene que explorar entre sus demonios tanto como entre sus dulzuras. En ese ámbito se encuentra esta novela que hoy, con todo descaro me propuse hablar de ella. Al final, escribir una novela y publicarla es tan exhibicionista como trabajar en un antro desnudándose y mostrando los secretos del cuerpo. O, más bien, escribir es peor.
 
    Jorge Luis Borges. Inmortal.    Iluminado. Invidente.
 
 
La table dancer sólo muestra su cuerpo. El escritor su alma. Por eso mi cinismo alcanza para estar aquí ante ustedes. Muchas gracias por soportar.
 

lunes, 29 de julio de 2013


El Régimen de la Mínima Justicia

 
Pterocles Arenarius



Nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto
Salvador Díaz Mirón

 

Habíamos llegado al final. Tuvimos que destruir mucho para construir tanto. Tuvimos que matar. Porque, unos engañados, otros convencidos, juraron impedir la instauración del régimen de la mínima justicia. Habíamos propagado la violencia urgente y proporcionamos la muerte justa a muchos que, con todas sus fuerzas, se nos opusieron, ellos nos obligaron. Jamás entendieron que si estás matando de hambre a alguien, sólo puedes esperar que aquél también busque quitarte la vida. Aunque sea con violencia. Agarramos a Carlos Slim huyendo disfrazado de mendigo. No tan lejos estaba uno de sus mejores amigos, Carlos Salinas, quien en medio del fragor de su aplastante derrota continuaba arengando y tratando de organizar la resistencia contra nuestras huestes. En otra parte de la ciudad, Felipe Calderón estaba completamente ebrio y se drogaba con líneas y líneas de cocaína —el mismo que desató la guerra contra el narco—, trataba de salir de la embriaguez usando aquel estimulante, con una finalidad única, quitarse la borrachera para huir. Peña Nieto estaba en nuestras manos desde un día antes. Nos dijeron que fue encontrado con dos jóvenes prostitutos que lo sometían mientras él, gustoso, procuraba dar instrucciones a sus fuerzas mediante un celular. Cuando Slim fue atrapado se discutió un par de propuestas. Una pedía ejecutarlo sumariamente. La otra exigía entregarlo al odio de algunos plebeyos que, irremediablemente, formaban parte de nuestras fuerzas. Uno de nuestros compañeros más humildes, el más lúcido sin duda, dijo: “No podemos ser igual que este señor. Si nos volvemos iguales que nuestros enemigos, terminaremos reproduciendo lo mismo que ellos hicieron, la tiranía y la brutalidad contra el ser humano y entonces todos podrán decir que fuimos derrotados. Debemos marcar una línea muy clara en la que se vea certera y objetivamente que somos muy diferentes a ellos. Sólo así podemos sentirnos vencedores. Propongo que este señor sea despojado por un tiempo de todos sus bienes y que se le obligue a dedicarse a la mendicidad en las calles del Distrito Federal durante dos meses. Cuando cumpla el castigo se le devolverá una parte importante de lo que se apropió, nunca tanto como acumuló por medio de latrocinios. Estamos aquí para establecer el régimen de la mínima justicia, no para cometer crímenes, como ellos. La propuesta fue aceptada por unanimidad luego de ser discutida un par de horas. Salinas debió ser liquidado en combate, se negó a rendirse. Calderón recibirá un trato similar a Slim. Alguien agregó que sea sometido a la total abstinencia de alcohol durante diez años. Felipe dijo que prefería morir. Peña está en poder de la junta de gobierno del Régimen de la Mínima Justicia.

lunes, 1 de julio de 2013

Demoníaca (Historia de una maldita perra)

El moderno Tiresias
 
Jorge Arturo Borja
 
 
Demoníaca (Historia de una maldita perra).
Pterocles Arenarius.
Eterno Femenino Ediciones. México 2012.

En la mitología griega, Tiresias fue el célebre adivino ciego que le reveló a Edipo el misterio de su nacimiento y la verdad sobre sus crímenes.

De acuerdo con Ovidio, una vez que el joven Tiresias paseaba por el Monte Cilene encontró dos serpientes copulando, como en el símbolo del caduceo, y con un golpe de su báculo mató a la hembra. Entonces Hera, disgustada, lo convirtió en mujer. Tiresias fue mujer durante siete años en los que, según algunas versiones, se consagró como sacerdotisa de un templo de Hera; y de acuerdo con otras, se convirtió en la prostituta más famosa del Peloponeso. El caso es que tiempo después esta mujer volvió a encontrarse con las serpientes apareándose y, en esta nueva ocasión mató al macho, por lo cual inmediatamente regresó a su condición masculina.


Un día Zeus y Hera discutían quién gozaba más del acto sexual. Zeus decía que la mujer, y Hera aseguraba que el hombre. Para salir de la duda fueron a  preguntarle a la única persona que había sido hombre y mujer. Tiresias les contestó que si se dividiera el goce en diez partes, la mujer gozaba tres veces tres y el hombre solamente una. Esta respuesta enfureció a la diosa que lo condenó a las tinieblas eternas de la ceguera por ser un sujeto tan ligero. En compensación, Zeus le otorgó el don de la videncia y una larga vida proporcional a la de siete generaciones humanas. 

De este mito quedan vestigios en el imaginario popular; uno que supone el don profético y la sabiduría de los ciegos, sujetos que en vez de mirar el exterior de las personas pueden ver al interior; y otro que considera a los hermafroditas como individuos ligeros en apariencia, pero conocedores a profundidad de los secretos del placer. Esta segunda línea es la que desarrolla con atingencia Pterocles Arenarius en su novela Demoníaca.

El autor retoma ese viejo mito y lo vuelve a la vida para desarrollar con experimentado ojo literario una trama sumamente sórdida. Parte de una áspera realidad que no funciona simplemente como un contexto, como un paisaje de fondo, sino como una especie de ventana antropológica en la que se puede constatar la realidad del México del siglo XXI. No se trata de la reconstrucción idealista del griego Tiresias, sino del poder y conocimiento que contiene ese mito, aplicados en la figura de un moderno transexual que conjunta los apetitos de los sacerdotes y políticos que comparten sus secretos de alcoba.

Para quien aún piense que la aparición de esta realidad eclesiástica es inverosímil bastaría con informarle que el equivalente real de este personaje tiene nombre y apellido. Y se le puede encontrar incluso en internet o en algunos de los calendarios que año con año alcanzan gran éxito de ventas. Es una modelo y bailarina transexual que aparece frecuentemente en los medios electrónicos y que en entrevista para Radio Educación o para Once TV, confesó off the record, que sus mayores ingresos no provenían de sus inclinaciones artísticas sino de otras inclinaciones corporales que practicaba “en un circuito de sacerdotes y obispos de Puebla y Guanajuato”.

La otra parte de la realidad que también toca Pterocles Arenarius, es incluso más grotesca, es la que se refiere a las intrigas que se viven en los grupos de la ultraderecha mexicana. Aquella que con la consigna de “Implantar el reino de Dios en la Tierra” ha conseguido implantar exitosamente el reino del dinero y de la satisfacción de los apetitos más ocultos.

El escándalo que provoca la conjunción de tres ámbitos muy distantes en apariencia, pero que regularmente abrevan del mismo cieno -el sexo, el sacerdocio y la política- pudieran convertir a Demoníaca en una novela maldita. Sin embargo, el ejercicio obsesivo de su lenguaje y la imaginación aguda con que se vivisecciona a sus personajes, la redimen en la fuente del arte.

A pesar de que sus agonistas, la  prostituta transexual Sonia Ceylán y el fanático católico Daniel Federico, son dos personajes contrapuestos en pensamiento, espíritu y acción, están indisolublemente unidos por el placer del cuerpo y, por qué no decirlo, por un vínculo más profundo que quizá pueda compararse con cierta clase de amor. Son las dos caras de una sociedad hipócrita e incapaz de aceptarse a sí misma, un juego de opuestos que acaba en una síntesis poderosa y destructiva. ¿Quién va a querer que en la guerra entre la moral y el deseo gane la primera, si se goza mucho más perdiéndola?


Sin admitir concesiones ni ocultarse en eufemismos, Pterocles Arenarius va revelando los misterios del sexo a través de una aventura intensa y deslumbrante. En resumidas cuentas, Demoníaca es una novela para leerse de un jalón, y que al igual que una alimaña ponzoñosa, inocula en el lector el veneno de la curiosidad por leer, al menos, una segunda parte de esta historia.

viernes, 31 de mayo de 2013

Demoníaca de Pterocles Arenarius



Demoníaca

 
Adrián Román
 

Historia de una maldita perra

Si toda obra es autobiográfica como dice uno de los personajes de Demoníaca, me pregunto ¿Quién es el autor? ¿Cuál de sus torcidos personajes? Por más que me esfuerzo no puedo ver en mi amigo Chucho o Pterocles Arenarius, al hombre culto e inocente que se lanza al abismo del amor para capturar a Sonia. Menos puedo imaginarme a Pterocles vestido de mujer bailando en un antro exclusivo en donde las perversiones más bajas son realizables o en el confesionario dándole caricias a un monarca de la iglesia católica. Pero entonces, ¿cómo se puede saber cómo sienten, piensan y actúan dos personajes parados en polos tan opuestos?
"Era una hembra deslumbrante (...) de las que nos hacen pensar que jamás veremos una mujer tan hermosa..."

Vamos por partes. Desde el inicio de la novela se le plantea al lector el acertijo de la sexualidad de un personaje entre divino y diabólico. Escuchemos una parte de la confesión de Federico, un maestro de literatura en un colegio católico y miembro de El Yunque: “Yo no sé si he estado ante Satanás o un ángel. O quizá, me he atrevido, contra mi fe, contra mí mismo, a pensar que en ese ser (puesto que ni siquiera sé —con rigor de ciencia cierta— cuál es su sexo) se conjuntan ambos, ángel y diablo, hombre y mujer, suprema perversión y candor de infante”.

Esa cosa que perturba a Federico es sobrina del Cardenal Primado de México. O eso le dicen, la verdad es que nunca logra saber nada. En el mundo de Federico todo son insinuaciones, recuerdos vagos, aproximaciones, no hay certezas y eso le otorga, como personaje literario, un encanto sublime. Pues transita entre certezas ajenas y creencias personales. Sonia o eso que se hace llamar Sonia, escribe una novela y se acerca como cualquier casto escritor novel a los ojos expertos de profesor de literatura y autor de novelas de superación moral. Federico descubrirá, por los relatos de su amado-amada el perverso mundo que esconde la iglesia en la que él cree ciegamente. Los relatos de Sonia son explícitos, narran con lujo de detalle sus encuentros sexuales con los altos mandos católicos. Estos encuentros generalmente son tiros intensos donde la perversión es reinventada por una parte de dios y otra del diablo. Federico sufre, ¿cómo es posible que un ángel tan divino escriba semejantes barbaridades? ¿Cómo una mujercita tan bella y delicada, puede imaginarse que tiene pito y además que se lo puede meter al máximo jerarca de los católicos mexicanos por todos los orificios posibles? ¿Será cierto todo lo que dice Sonia en sus escritos? Si es así nadie debe de enterarse. El corazón de Federico se divide entre su religión y la calentura que produce el amor.
Adrián Román, poeta


Quien se enfrente a Demoníaca, se enfrentará a una novela que va y viene por distintos ámbitos y siempre mantiene la tensión, la expectativa. Usa dos voces, la de Federico y la del libro que escribe Sonia. Además de usar el recurso de los correos electrónicos de una forma simpática, sarcástica, pues el correo de Federico es: daniel.federico@elyunque.org; y el de Sonia; hembrahombre@hotmail.com. Uno de los recursos que más me gustaron fue ése en donde Federico finalmente va a descubrir el sexo de Sonia. Él entra a un cuarto en donde se celebra una orgía y cuando está a punto de ver lo que habita en el pubis de “eso”, la luz se apaga. Un recurso de tintes cinematográficos que sólo deja ver el buen pulso de la mano de Pterocles.
Por su parte, Sonia, a través de sus escritos nos va confesando su tortuosa niñez. El hartazgo que le produce su padre la obliga a salir a la calle y ponerse en manos de Esmeralda, su mentor, el alquimista que hará que el mundo ignore que Sonia nació con pene. El rito iniciático consiste en meterla a trabajar como dependienta en una zapatería, diez horas diarias, hasta que con disciplina se llega a convencer y convence al mundo y a los tres novios que llegó a tener, que ella es una delicada mujercita virgen.
Sonia proporciona sexo intensivo y de alta calidad para los clérigos

Por los intrincados caminos que entrelaza de forma magistral Pterocles, supongo que no es ninguno de los personajes, que es ambos y que la forma en que conoces sus emociones es porque Pterocles posee el mayor conocimiento al que puede aspirar escritor alguno, conoce el corazón del hombre, esa máquina perversa e inocente que no deja de sorprendernos. Celebro esta novela y espero que la pluma de Pterocles todavía tenga mucha tinta. Salud.

sábado, 25 de mayo de 2013

1978


1978

Pterocles Arenarius

Se escribe porque éste es un mundo terrible

Violeta Ortega
 

No existe obra —de cualquier índole, en cualquier disciplina— que no sea autobiográfica. De hecho es imposible no imprimir en la creación que sea la impronta personal. Somos lo que hacemos, para bien o para mal. Y, afortunada o lamentablemente, mientras el autor más trata de esconderse en su obra, es cuando mejor y más abierta, grandiosa o mezquina o desvergonzadamente se exhibe. No es necesario que digamos que la honestidad es un valor literario imprescindible.

Traigo a colación los conceptos anteriores porque en el poemario 1978, estamos en lo que inmejorablemente es el contraejemplo del mencionado ocultamiento. Si hay un libro brutalmente honesto, es el que está ante nosotros. Pero, mucha cautela, desvergonzados, la simple confesión —por más que estuviera presentada con tintes autoexculpatorios o automagnificantes o con pretenciosa sordidez u otros artilugios que más bien falsearan el inminente autorretrato que, ya lo hemos dicho, es toda obra—, digo, la simple confesión no trae la conmoción, el temblor del poema.
 

Hay en los poemas de este libro, un equilibrio delicadísimo, una armonía —si ustedes quieren siniestra— que da vida a los versos de 1978. Y sólo retratan —a mi desvalido juicio— una actitud de bondad con dejadez, de chamaco atrabancado que con tal de ingresar al juego que todos jugamos, no le importa perder consecutivamente. 1978 pareciera —y esa es su más loable virtud— una confesión aunque no tan simple.


La obra de arte es, también, la manera en que pasamos ante el mundo. Y tal pareciera la suprema virtud en cuanto a la forma de este libro: la honestidad hasta el último extremo. Por eso, quizá, haya poetas que no saben que lo son, o bien poetastros multipremiados por su amplísimo, pero estéril campo léxico-semántico. Como lo dijera Kapuscinsky con otras palabras, un hombre mezquino dará una obra mezquina.

En los poemas de Adrián Román se respira el candor en medio de la sordidez. La espontaneidad autobiográfica, casi como una confesión, pero con astucia extraída por el aventurero al que la vida jamás le ha dado tregua, pero él también ha estado siempre muy lejos de pedirla y, más bien, es el que ha jugado con la extremada honradez que lo ha conducido de derrota en derrota. Hay en estos poemas una vena muy profunda de honestidad, de la actitud investida de la más alta nobleza. De lo bueno, bello y verdadero que, aunque sea en cantidades ínfimas, todos acumulamos en la parte más profunda del alma. Adrián Román ha encontrado el secreto de mostrar la existencia desde una perspectiva, diría, demasiado humana. Por más que las turbiedades y hasta las propias oscuridades establezcan sus ámbitos, la emoción surge límpida y al mismo tiempo terrible.

El lenguaje es en apariencia de gran simplicidad, lo cotidiano se encuentra de manera permanente al llamar a las cosas por el más sencillo de sus nombres, por eso, el entramado del que surge la poesía como piedra preciosa es más complejo, ¿cómo desde palabras tan usuales se consigue sacarle la quintaesencia al vulgarcísimo fluido que se escapa imparcial e incoloro en el que estamos inmersos? Hay una actitud de macho entrón, desafiante. Pero ése no es el secreto. Detrás del peleador callejero está una sensibilidad de adolescente niña y la aparente audacia que no es más que la admisión del reto, el haberle dado la cara a la vida, por más traicionera o despiadada que se haya mostrado.

En los poemas de Adrián Román, a pesar de que se navega por el mar del dolor, de la rutina del fracaso, de la aspereza despiadada en un mundo de triunfadores de ruindad monumentalmente excrementicia, a pesar de que la tristeza ronda y el desánimo perturba, hay una tremenda fuerza, una inteligencia oscura que se combina con la generosidad y la grandeza insigne del perdedor que, al igual que el mundo que lo maltrata, no se tiene piedad; elementos que salvan cada poema del patetismo y vuelven a cada uno un manjar delicioso y profundo y amargo. Hay que estrujarse el corazón cuando Román nos habla de su padre, del tío Severo o del entrañable Manolo.

En este poeta encontramos contradicciones antípodas (como el macho rudo y la sensibilidad de adolescente niña, ya mencionadas); sus relaciones con las mujeres son no menos paradójicas. Desde el te amo pero te digo Adios, princesa, pasando por la referencia erótico-fisiológica que se levanta amenazadora y que, sin embargo, termina por formar parte de una loa, hasta una añoranza agridulce, porque nada será miel en los poemas de 1978, no puede serlo por su permanente vocación para encontrar el último extremo.

Si la literatura tiene alguna función en este mundo, esa sería la de poner a la vista la más delicada humanidad de algún espécimen de este género que solemos llamar homo sapiens sapiens, porque esa conquista trabajada, finalmente, mediante la reflexión, es decir, el más profundo autoexamen y conocimiento de sí mismo nos conduce a una identidad, a un atisbo de entendimiento de nosotros mismos, de aproximarnos a saber qué somos. El arte, la poesía, en este caso es ese hurgar en nuestra alma, encontrarnos y vernos con asombro, esto somos. Por eso las contradicciones, las irresolubles paradojas que en este libro constantemente estallan ante nuestros ojos, son valiosísimas. A partir de ahí, de la gran vulnerabilidad y la inmensa fortaleza que se equilibran será posible construir algún esbozo de lo humano. Entre muchas otras cosas, por esto, la poesía es salvación, un asidero, un refugio en medio del naufragio creado por el ansia de poder, la ambición de la riqueza que generan el desprecio por los humanos y que cada vez nos aproxima a nuestra destrucción.

La poesía de Adrián Román, a partir de vocablos tan rutinarios, se yergue como una construcción exquisita en la que brillan deslumbrantes destellos de las mejores virtudes humanas en medio, acaso, de la oscura sordidez; las más dulces emociones en la atmósfera amarga, crudelísima de un mundo sin piedad.

miércoles, 15 de mayo de 2013



BUSCANDO MARIDO EN NEW YORK
Aviso publicado en un Portal Financiero de un diario de EE.UU.: (y aunque cueste creerlo, es verídico) Análisis de inversión Una mujer escribió pidiendo consejos sobre cómo conseguir un marido rico. Eso, de por s...
í, ya es gracioso, pero lo mejor de la historia es que un tipo le dio una respuesta bien fundamentada.

Ella:
"Soy una chica hermosa (yo diría que muy hermosa) de 25 años, bien formada
y tengo clase. Quiero casarme con alguien que gane como mínimo medio millón
de dólares al año. ¿Tienen en este portal algún hombre que gane 500.000 dólares o más? Quizás las esposas de los que ganen eso me puedan dar algunos consejos. Estuve de novia con hombres que ganan de 200 a 250 mil, pero no puedo pasar de eso, y
250 mil no me van a hacer vivir en el Central Park West. Conozco a una mujer, de mi clase de yoga, que se casó con un banquero y vive en Tribeca, y ella no es tan bonita como yo, ni es inteligente. Entonces, ¿qué es lo que ella hizo y yo no hice? ¿Cómo puedo llegar al nivel de ella?
Rafaela S."

Foto: BUSCANDO MARIDO EN NEW YORK
Aviso publicado en un Portal Financiero de un diario de EE.UU.: (y aunque cueste creerlo, es verídico) Análisis de inversión Una mujer escribió pidiendo consejos sobre cómo conseguir un marido rico. Eso, de por sí, ya es gracioso, pero lo mejor de la historia es que un tipo le dio una respuesta bien fundamentada.

Ella:
"Soy una chica hermosa (yo diría que muy hermosa) de 25 años, bien formada
y tengo clase. Quiero casarme con alguien que gane como mínimo medio millón
de dólares al año. ¿Tienen en este portal algún hombre que gane 500.000 dólares o más? Quizás las esposas de los que ganen eso me puedan dar algunos consejos. Estuve de novia con hombres que ganan de 200 a 250 mil, pero no puedo pasar de eso, y
250 mil no me van a hacer vivir en el Central Park West. Conozco a una mujer, de mi clase de yoga, que se casó con un banquero y vive en Tribeca, y ella no es tan bonita como yo, ni es inteligente. Entonces, ¿qué es lo que ella hizo y yo no hice? ¿Cómo puedo llegar al nivel de ella?
Rafaela S."

El:

“Leí su consulta con gran interés, pensé cuidadosamente en su caso e hice un análisis de la situación. Primeramente, no estoy haciéndole perder tiempo, pues gano más de 500 mil por año. Aclarado esto, considero los hechos de la siguiente forma: Lo que Ud. ofrece, visto desde la perspectiva de un hombre como el que Ud. busca, es simplemente un pésimo negocio., He aquí los por qué: Dejando los rodeos de lado, lo que Ud. propone es un simple negocio: Ud. pone la belleza física y yo pongo el dinero.
Propuesta clara, sin recovecos. Sin embargo existe un problema. Con seguridad, su belleza va a decaer, y un día va a terminar, y lo más probable es que mi dinero continúe creciendo. Así, en términos económicos, Ud. es un activo que sufre depreciación y yo
soy un activo que rinde dividendos. Ud. no sólo sufre depreciación, sino que, como ésta es progresiva, ¡ aumenta siempre ! Aclarando más, Ud. tiene hoy 25 años y va a continuar siendo linda durante los próximos 5 a 10 años; pero siempre un poco menos cada año, y de repente, si se compara con una foto de hoy, verá que ya estará envejecida.Esto quiere decir, que Ud. está hoy en 'alza', en la época ideal de ser
vendida, no de ser comprada. Usando el lenguaje de Wall Street, quien la tiene hoy la debe de tener en 'trading position' (posición para comercializar) , y no en 'buy and
hold' ( compre y retenga ), que es para lo que Ud. se ofrece... Por lo tanto, todavía en términos comerciales, el casamiento (que es un 'buy and hold') con Ud. no es un buen negocio a mediano o largo plazo, pero alquilarla puede ser en términos comerciales un negocio razonable que podemos meditar y discutir usted y yo. Yo pienso que mediante certificación de cuán 'bien formada, con clase y maravillosamente linda' es, yo, probable futuro locatario de esa 'máquina', quiero lo que es de práctica habitual: Hacer una prueba, o sea un 'test drive...' para concretar la operación. En resumidas cuentas: como comprarla es un mal negocio, por su devaluación creciente, le propongo alquilarla por el tiempo en que el material esté en buen uso. Esperando noticias suyas, me despido cordialmente.
UN MILLONARIO QUE POR ESO ES MILLONARIO”

UNETE >>>>> Planeta Rafael
 
El:

“Leí su consulta con gran interés, pensé cuidadosamente en su caso e hice un análisis de la situación. Primeramente, no estoy haciéndole perder tiempo, pues gano más de 500 mil por año. Aclarado esto, considero los hechos de la siguiente forma: Lo que Ud. ofrece, visto desde la perspectiva de un hombre como el que Ud. busca, es simplemente un pésimo negocio., He aquí los por qué: Dejando los rodeos de lado, lo que Ud. propone es un simple negocio: Ud. pone la belleza física y yo pongo el dinero.
Propuesta clara, sin recovecos. Sin embargo existe un problema. Con seguridad, su belleza va a decaer, y un día va a terminar, y lo más probable es que mi dinero continúe creciendo. Así, en términos económicos, Ud. es un activo que sufre depreciación y yo
soy un activo que rinde dividendos. Ud. no sólo sufre depreciación, sino que, como ésta es progresiva, ¡ aumenta siempre ! Aclarando más, Ud. tiene hoy 25 años y va a continuar siendo linda durante los próximos 5 a 10 años; pero siempre un poco menos cada año, y de repente, si se compara con una foto de hoy, verá que ya estará envejecida.Esto quiere decir, que Ud. está hoy en 'alza', en la época ideal de ser
vendida, no de ser comprada. Usando el lenguaje de Wall Street, quien la tiene hoy la debe de tener en 'trading position' (posición para comercializar) , y no en 'buy and
hold' ( compre y retenga ), que es para lo que Ud. se ofrece... Por lo tanto, todavía en términos comerciales, el casamiento (que es un 'buy and hold') con Ud. no es un buen negocio a mediano o largo plazo, pero alquilarla puede ser en términos comerciales un negocio razonable que podemos meditar y discutir usted y yo. Yo pienso que mediante certificación de cuán 'bien formada, con clase y maravillosamente linda' es, yo, probable futuro locatario de esa 'máquina', quiero lo que es de práctica habitual: Hacer una prueba, o sea un 'test drive...' para concretar la operación. En resumidas cuentas: como comprarla es un mal negocio, por su devaluación creciente, le propongo alquilarla por el tiempo en que el material esté en buen uso. Esperando noticias suyas, me despido cordialmente.
UN MILLONARIO QUE POR ESO ES MILLONARIO”

La aspirante a puta fina y el simple cerdo

Pterocles Arenarius

¿Cuál es más hijo de puta de los dos? Ella se pone en calidad de objeto. Un objeto sexual de supuesta, pretendida, alta calidad. En palabras crudas una puta muy fina. Él, un comerciante, un despiadado cerdo que sólo puede ver su beneficio y que explota las debilidades de su objeto a comprar con las mayores ventajas. Al final termina proponiéndole eufemísticamente, la prostitución, que se alquile. Lamentabilísimos humanos los dos. Tal para cual. Lo más triste de todo es que la belleza, un don divino, sea manoseado y convertido en objeto de transacción en los términos más viles: la ventaja sobre el otro. Una negociación mezquina, perversa. En el trasfondo de ambos discursos sólo hay estupidez y mezquindad. Ella es tan estúpida como para publicar cínicamente sus intenciones mercantiles a cambio de su supuesta belleza. ¿Dignidad? Sabe Dios que será eso, la señorita quiere un imbécil que tenga 500 mil al año. Él pareciera más inteligente (la inteligencia suele ser peor que bestial cuando es usada para fines viles, como en este caso, sobajar, degradar y, al final, emputecer a la otra), la evalúa como un objeto, como ella se ofrece y la descalifica porque está en proceso de devaluación. Ah, pero quiere sacar ventaja el señor, quiere una prueba para ver si es convencido y finaliza proponiéndole que sólo se alquile. El que degrada se degrada. Si él quiere convertirla a ella en puta ¿en qué se convirtió él desde antes?

Creo que sería absolutamente inútil hablarle a esos dos individuos de ideas, de ideales, de sentimientos, como el amor. A un sujeto como él sería inútil decirle que las mujeres excesivamente bellas, como la que él analiza en oferta, son las más ineficientes al realizar aquella obra de arte que se llama erotismo. Lo dice Gabriel García Márquez: “Las mujeres demasiado hermosas están acostumbradas a ser adoradas, no saben dar ni recibir amor, sino adoración. Las mejores amantes son aquellas pajaritas desamparadas y dispuestas a esforzarse para que un hombre sabio y con gran sensibilidad y delicadeza las conduzca y las acompañe al paraíso del sexo”, o algo así. ¿Qué sabrán dos comerciantes de eso? Por supuesto que nada. El erotismo es un acto de artistas. Los vendedores sólo saben de ganancias, de chingarse al otro, nunca entenderán ya no digamos el amor, ni siquiera el erotismo.

A una tipa como ésas sería perder el tiempo decirle que las mujeres pueden realizar prodigios por amor. Que sólo el amor puede realizar a las mujeres como las verdaderas sublimes bellezas. Lo dice Marlene Dietrich: “Hay mujeres hermosas, pero ninguna será realmente bella si no es amada, aunque sea por un solo hombre”. Esa fulana de la nota sólo es maquillaje y gimnasio, para venderse.

Ni siquiera vale la pena decirle a los dos que los verdaderos grandes placeres son gratis. Que la verdadera comunión con un ser humano del otro sexo requiere mucho más que un bonito cuerpo —aunque no se descarta por supuesto—, pero ¿la cultura?, ¿la sensibilidad?, ¿la conmoción por los otros seres humanos, por tanto de hermoso que hay en muchísima gente?, ¿el arte, la literatura, la cocina; otra vez, el erotismo. Es decir, la vida, la real buena vida? Pero hay mucho más. Dicen que vale más una buena hambre que un gran banquete. El placer más grande —después del sexo y la comida— quizá sea aquel momento después de hacer deporte un par de horas, un gran esfuerzo físico, sentir el cuerpo, vencer y ser vencido por el cuerpo, por la fatiga. Y al final el sublime premio, el torrente de endorfinas que te hacen sentir lo que no sentirán ni siquiera con un pasón de cocaína o morfina. Y las drogas obtenidas por un gran esfuerzo físico continuado son totalmente gratis, el cuerpo las pone. Se lo digo habiendo experimentado ambos placeres. Lo que esos lamentables seres humanos muestran es hastío, incapacidad para vivir bien en este mundo si no es con objetos superfluos. Miseria, claro, eso es miseria. Quien sufre de miseria es aquel que necesita demasiados objetos de este mundo para ser satisfecho o creer que alcanzó la satisfacción. Quien goza de la abundancia es el que con muy poco se satisface, porque todo lo demás es —aquí sí—, pura ganancia. “Para vivir yo necesito poco. Y lo poco que necesito lo necesito poco” dice en el último extremo San Francisco de Asís, para vergüenza de todos los católicos de hoy. El que sí disfruta la abundancia es el que se encuentra contento de todo, por todo y para todo.

Sé que es absolutamente inútil decirle a gente como aquéllos que un paseo con tu pareja de la mano, por un bosque solitario, una mañana fría, entre los grandes árboles y el viento limpísimo, el cielo azul y el aliento fresco de la naturaleza te hace sentir la presencia de Dios y el sentimiento divino del amor. Igualmente ocioso será decirles que una sesión de meditación acompañado por la persona que amas es un placer tan grande como el mismísimo sexo. Aunque las índoles de ambos sean muy diferentes. Será inútil recomendarles algunas piezas de Bach, Beethoven, Mozart, etc. Altos placeres del espíritu.

Sé que no vale la pena decirles que una charla de alta literatura, enriquecida con las lecturas de los autores referidos; de profunda filosofía o de cine de arte, con tu amada, vale más que cualquier lujo. Es inútil decir eso. Un pobre sujeto que gana 500 mil dólares al año, sin duda “carece de todo, menos de dinero”, dijo Sabina y sólo debe tener tiempo para contratar una vez a la semana a una puta lujosísima, que le hará un servicio, según ella inmejorable —y quizá también él, pero lo dudo, porque él siempre estará desconfiando si no lo van a timar—, y una mujer como ella no querrá más que tener las medidas precisas en su cuerpo —estar muy flaca y sufrir hambre, según impone la moda—, el color de cabello más atractivo y la mejor figura. Para lo cual se la habrá pasado invirtiendo dinero en productos que la lleven a la gran simulación de que es una supuesta extraordinaria belleza. A ese tipo de mujeres le informo que hay un deleite que no da ninguna figura trabajada en gimnasio ni con afeites y productos de “belleza”, un deleite en las peculiaridades, en los defectos del cuerpo amado, los que se vuelven encantadores y que te dan la sensación de que ella, tu amada, es única. Al final, ni siquiera las miss universo son perfectas.

Prefiero con Marcel Proust que “Dejemos las mujeres bellas para esos pobres sujetos que carecen de imaginación”. Y con Woody Allen, quien dice “Mi segundo órgano favorito es el cerebro”. Al final, las mujeres y también los hombres, el sexo, el erotismo y todo lo que realmente es la buena vida, son el gran invento de la imaginación, de algo que es lo más valioso de la especie humana, la cultura y su gran derivado, la civilización. Algo que gente como ellos han confundido lamentablemente. Pero pedirle todo eso, apenas sugerírselo a gente de esa calaña es totalmente inútil. Esto que escribo no es un consuelo, dado caso, es una lamentación porque las personas referidas son la muestra de una de las peores formas de la degradación humana.

martes, 20 de noviembre de 2012

Coatlicue y el blues

Coatlicue y el blues




Coatlicue y el blues (Demoníaca íntima)

Pterocles Arenarius

Escribir ya en sí mismo es una forma de libertad, que aun sin papel ni pluma, nadie nos podrá arrebatar de la cabeza, (…)

José Revueltas

Después de tres semanas de que la anunciara, Noemí Luna, la heroica editora de Eterno Femenino, me avisa en un mensaje “Confirmo presentación (del libro) Demoníaca, sábado (17, a las) 7 de la noche. Dime quiénes serán tus presentadores, urge. (El acto será) A tres calles (de la estación del tren ligero) Xotepingo. (Calle) Museo esquina con División del Norte”.

Así trabaja ella. Así, ha dicho reiteradamente, nació la editorial Eterno Femenino: “Planeamos publicar sólo dos libros, uno mío y uno de Juan Pablo (García Vallejo); luego hubo amigos que al ver ejemplares de nuestros libros, nos dijeron ‘publícame mi libro’. Y así fueron acercándose poetas y narradores, ensayistas y hasta historiadores. Hasta ahorita hemos publicado sesenta y un títulos. Miles de ejemplares”.

Mi Demoníaca es un libro hermoso: en la portada tiene una alucinante y abigarrada imagen, una obra plástica del artista Iván Villaseñor —además profesor de pintura en la escuela de artes plásticas La Esmeralda—, un círculo que no un cuadro, llamado Coatlicue frente a la decadencia de occidente; obra abigarrada, alucinante, cachonda, burlesca, enigmática, mitológica, actualísima y esplendorosamente soberbia. La obra de un gran artista.

Coatlicue… tiene puntos de contacto con la novela Demoníaca (Historia de una maldita perra). De entrada, para ciertas mentalidades, para ciertas instituciones, casi todo placer corporal, ciertas ideas, algunas preguntas, algunas formas de actuar que de ninguna manera transgreden la ley civil y hasta algunas maneras de pensar que no sean coherentes con los dogmas que pretenden aquellos poderes autonombrados espirituales (la iglesia católica), son demoníacas.

Coatlicue, la formidable (y portentosa) obra de arte prehispánico azteca, fue sepultada cuando un aterrado clérigo español por primera vez la tuvo ante sus ojos. La monstruosa fuerza, la visión ultraterrena, el horror metafísico que la Coatlicue, sin duda, comunica, obligaron a aquel anónimo sacerdote a admitir que la contemplación de lo divino es insoportable. Esos bárbaros que quemaron miles de códices, esculturas, templos, obras pictóricas y perpetraron un genocidio histórico planetario, se acobardaron ante la sublime monstruosidad de la Coatlicue. Y la declararon imagen del demonio.
En el siglo XVIII, Alexander Von Humbolt, el erudito, el hombre prototípico del siglo de las luces, en su paso por México, pidió al virrey Iturrigaray que le permitiera mirar esa obra, acuciado por la curiosidad de cómo sería una imagen de Satanás, según escribiera el oscuro canónigo español, por supuesto Humbolt había leído todo en el XVIII. La desenterraron, se la hicieron ver al sabio alemán y… volvieron a enterrarla. Para nuestra fortuna. En 1917, según reza una placa colocada en el suelo, en el cruce de los caminos (donde se invoca al Diablo) de las calles Corregidora y Pino Suárez, entrandito al Zócalo, se encontró una vez más a la horrendamente sublime, la espantosamente bella Coatlicue. Y la recuperaron. Hoy podemos verla en nuestro Museo Nacional de Antropología e Historia de Chapultepec. Coatlicue es demoníaca, como aterrorizada e intuitiva aunque certeramente la designaron los españoles.

Una dignísima reminiscencia de la histórica Coatlicue es la que “en chaquirón y luces leds sobre madera, 1.70m” pergeñó Iván Villaseñor, quien generosamente me permitió usarla como motivo principal de la portada de mi novela.

Estoy complacido con la novela. Voy al Café Cultural, sito en la avenida División del Norte, casi esquina con Museo. Hay tres parroquianos, dos muchachas tomaban café y sostenían una conversación tan intensa como duelo de cantidad de palabras por segundo. También estaba un hombre que leía despreocupado. Además estaba “nuestra gente”, Noemí, su hermana, que, por sistema subsidia la aventura editorial de Eterno Femenino, Pablo García Vallejo, historiador de la mariguana en México y uno de los más activos , notables y conocedores del tema de la legalización del consumo de este vegetal con fines recreativos en México.

El hombre que bebía café sin dejar de leer, se marchó cuando Noemí transitaba por la mitad de su panegírico en honor de Demoníaca y con ello del mío propio. Tan agradecible. Luego Guadalupe Méndez, leyó una reseña descriptiva de la Historia de una maldita perra, subtítulo de la susodicha novela. Para entonces —ante tan íntimo y magro auditorio— aparecieron dos hombres, ambos un poquito excedidos de la edad madura, los dos de larguísima melena y uno de ellos encanecido hasta un verdadero tono rubio platinado, era Jesús Téllez. Oyeron dos capítulos de Demoníaca y aplaudieron con un entusiasmo que me hizo sentir con ganas de besarlos. Luego me enteré que Téllez es un formidable blusero, lo que pude comprobar cuando saltó a la palestra armado de su guitarra y con ella entonó rolas tan entrañables como Manish boy y Stormy Monday, entre muchas más. Un músico extraordinario, finísimo y al mismo tiempo visceral como exquisito tal como quiere el blues que sean sus intérpretes. Éramos seis personas. Agreguemos a la dueña del café y otro personaje, éste era un muchacho, Alberto de la Garza, moreno, recio y robusto, barbado. Su aspecto es de universitario. Sube al pequeño escenario, toma la guitarra de Jesús Téllez, le hace una afinación diferente y canta un blues vibrando el cosmos. Tiene un vozarrón ensordecedor, le pega a la guitarra como si la odiara cuando en realidad la adora, no de otra manera podría hacerla llorar como lo hace. Es un extraordinario ejecutante. El blues es jefe, su primitivo ritmo, su cachondería prehistórica, su origen de esclavos, su fe de negros es, en efecto, música demoníaca, embrujante, simplísima pero en su ritmo hipnótico late la fuerza bestial del sexo, sin duda ahí habita el espiritu del diabólico (los católicos tomaron sus atributos para otorgárselos al diablo) dios Pan, el del amor terreno, el real; aquel dios sin duda lo entonaba para enloquecer (y, como sabemos, luego seducir, cogérselas, pues) a las ninfas, las dríadas, náyades y nereidas. Así cantan y tocan Alberto y Jesús esa música de negros.

Cinco, acaso seis personas hemos tenido el privilegio de acto tan grande de talento, tan pequeño. Grandes artes se han manifestado ante unas cuantas personas, todas demoníacas, desde la Coatlicue o la decadencia de occidente, pasando por John Lee Hooker, Muddy Waters, BB King, Albert King, Leroy James, Albert Jones y muchos más, blues, música de negros. Un acto íntimo que muy bien hubiera gozado cualquier multitud. El despliegue de la inteligencia en el ensayo de Guadalupe Méndez, la hazaña de buen gusto y conocimiento de Noemí al diseñar la portada de Demoníaca, la propia lectura de esta obra y el blues. Hemos tenido el privilegio del goce de artistas superiores al alcance de la mano. Primera presentación de Demoníaca.

Afuera, por cierto, la plebe atiborra el tren ligero luego de ir a embriagarse con cerveza barata (encerrados como bueyes, vigilados y manoseados antes de entrar por policías) en el Estadio Azteca con el pretexto de un partido del América. Qué triste…, por ellos. Muchos pasaron de largo por donde se daba la verdadera felicidad y el arte. Y luego alguien se pregunta por qué fuimos capaces de permitir que el PRI se robara otra vez las elecciones.

jueves, 1 de noviembre de 2012


La actitud ante el elogio

Pterocles Arenarius

Y de pronto estás ante trescientas personas en un foro bajo una enorme carpa en el Zócalo del Distrito Federal. Tu amigo de más de un cuarto de siglo, el extraordinario narrador y erudito Jorge Borja (JGB) a tu vera; Cristina de la Concha, promotora cultural, poeta, narradora, organizadora de históricos encuentros literarios y recién laureada con el premio como Miembro de honor de la Casa del Poeta Peruano y por el mérito como promotora cultural, otorgado por la Casa del Poeta Boliviano, también está junto a ti en la mesa; tu editora, Noemí Luna García, mujer esforzadísima que ha llevado, con la ayuda de su pareja —el activista en favor del uso recreativo de sustancias psicoactivas—, Juan Pablo García Vallejo, a un lugar privilegiado a la editorial Eterno Femenino. Ellos están contigo en el presídium. Es la XII Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México, en el mero Zócalo, el centro del mundo y el ombligo del universo (o al menos el centro de ese lugar que llamaron Meztli-luna; Xi-ombligo; Co-lugar. Id est, México); donde dice la tradición que tus más remotos antepasados de este país vieron un ave rapaz devorar a un reptil posando sobre una cactácea. La unión del cielo y el infierno diría Blake. O la de los cuatro elementos de los presocráticos. Se presenta ahí tu libro, Fiestas, cuentos y relatos.

JGB habla de tu vida, de que has andado en los más variados infiernos pero también en no pocos insólitos paraísos, que transitaste La Merced trabajando como cargador de bultos, cajas y canastas en la lejana adolescencia; que bregaste por años en algunas construcciones trabajando peor que negro, como en la obra del metro Allende, en el Palacio de Minería entre muchas más y asienta no menos que también has trepado al ring a batirte a golpes con uno de los negros más grandes que ha dado el boxeo mundial, Mantequilla Nápoles, con el Famoso Gómez, Rogelio Lara, Ricardo Delgado y Ray Vega entre otros notables pero también con unos formidables indios desconocidos que te tundieron con algún salvajismo por más que no se fueron limpios; Borja te exhibe como jamás lo habían hecho, te conoce tan bien como tú te conoces si no es que hay cosas tuyas que él conoce de ti mejor que tú mismo, así es de gran amigo, así es también de agudo e inteligente. Te denuncia rocanrolero, miembro de la ilustremente anónima banda Staka Braun allá por los años 70, palindromista autobiografiado “Yo de la Merced de crema le doy”, ingeniero civil, según el Politécnico, profesor de matemáticas por unas dos décadas en la famosísima Escuela de Superación Activa, entre otras; guionista de televisión educativa y de radio, militante de izquierda en el Partido Mexicano de los Trabajadores al lado de hombres tan grandes como Heberto Castillo y Demetrio Vallejo; participante en el taller de cuento del ilustre Edmundo Valadés; periodista en Guanajuato y también para una agencia gringa, entre otras. Y el querido Borja habla de ti como si fueras un tocado por el dedo de Diosito. Carajo, habría que nombrarlo tu biógrafo de cabecera. Borja te ama. JGB es tu compadre desde aquella noche en que se juraron mutuo compadrazgo ante el oráculo de la(s) botella(s), el deleite y la embriagante frescura de innumerables caguamas en aquel febrero de 1985. Todavía ni siquiera estaba la dulcísima Violeta en este mundo. Pero en este momento la preciosa y amada Violeta se encuentra entre los cientos de personas que casi llenan el aforo de la carpa Faro Zócalo. Violeta es tu gran amor, ella es tu niña, una de tus niñas, la otra es Zoe, la divina y con tu Bono, David-Davidovitch Brönstein, el hermoso, son la triada de lo mejor que has hecho en este mundo; hoy Violeta una bellísima y extraordinaria mujer. Violeta, Zoe, David, personas por quienes, te lo has jurado, estás dispuesto a dar la vida. Por ahí ves entre el público a tu querido amigo Iván Villaseñor, el extraordinario artista plástico que te cedió el uso de su sorprendente, alucinante obra Coatlicue o la decadencia de occidente para la portada de tu novela Demoníaca (Historia de una maldita perra) que se presenta en quince días también publicada bajo el sello de Noemí Luna, el Eterno Femenino. Está tu hermanito Enrique entre el público. Y está tu María. Tu amada. Tu mujer. La que representa a la mujer que te habita. O bien tu alter ego femenino. Ella.

Cristina de la Concha, deslumbrante, con su proverbial melena casi rubia cuya largura se extiende más allá de donde la cintura pierde su casto nombre, pero además luce un simpático gorro españolado y lentes negros de diva hollywoodense, parece una estrella de cine europea con su metro ochenta de estatura, habla de ti; a eso viene, dice que te expresas a punta de majaderías, que tus cuentos son salvajemente irreverentes, de que horrorizas con tanta mala palabra, que eres algo así como un bárbaro del norte. Pero no deja de anotar que hay denuncia social, que tu palabra es filosa, que es libertaria y es, además, literatura. Es un privilegio ser considerado en semejantes términos por una mujer como ella.

Noemí, la editora de Eterno Femenino, sostiene que eres un gran escritor, que es un verdadero deleite leer tus narraciones, cita una frase tuya que se encuentra en uno de los cuentos que se publicaron en el libro que se está presentando. Te recomienda y hace el comercial de que los ejemplares del Fiestas están a la venta a un ladito de la entrada del Faro Zócalo y anuncia que en quince días se presenta Demoníaca, novela que te dará el debut como novelista publicado.

Por fin te toca intervenir. Hay el gran riesgo de que decepciones a los oyentes después de tantos, tan variados y desmesurados elogios. En la madre. Traes un texto preparado. Hablas de qué es escribir para ti. “Se escribe porque este mundo es terrible”, dices. Estás grueso, cabrón. Te das cuenta de qué inmensa responsabilidad es pronunciar una frase como esa cuando, al día siguiente, tu amada Violeta sube a Facebook una foto tuya en el foro con esa frase. Sí, cabrón, tú la dijiste. Dios mío, sí es un mundo terrible, pero dijiste que también se escribe por amor y que cuando se completa el circuito escritura-lectura, se ha realizado un milagro del amor. En la madre, pero la que impactó a la bellísima Violeta fue esa: se escribe porque este es un mundo terrible. Lo cual te parece terrible. Conforme vas leyendo se va juntando más gente. Terminas de leer tu texto pegándole fuerte a los malos gobernantes que ha padecido nuestro país en los últimos años. Hablaste del ranchero bruto, del borracho asesino y del débil mental que nos impondrán como presidente. Hay cada vez más gente cuando empiezas a leer tu Memoria del Tártaro, ese cuento que pergeñaste en Guanajuato quizá en el año 2004 y que publicaste en el periódico correo, diario chafa y traidor, muy parecido a los chuchos que se apoderaron del PRD, pseudoizquierdista pero dedicado por sistema a ofrecer y dar gratis el beso negro a los peores políticos de Guanajuato o de donde sean. Es increíble, ese cuento ya casi tiene diez años y está fresquecito como si hubiera sido escrito la semana pasada. Empieza un poco lento, pero para la tercera página ya va volando. La gente encantadísima. El clímax del cuento es largo y la gente se muestra feliz, carcajean con frecuencia. Estás a tus anchas. Es el cuento favorito de tu editora Noemí. El cuento fluye, la gente ríe, la felicidad casi se toca de tan sólida, pero…, de pronto te pasan un papelito que dice que tienes cinco minutos más. Te carga la regran chingada, dices a la gente que no terminarás de leer el cuento porque te avisan que en cinco minutos se acaban tus diez minutos de fama. Dices que no nos permitieron usar el foro sino hasta la una y veinte siendo que nos citaron a la una. La gente protesta y grita que te dejen terminar. Tú estás que no te la acabas, es una delicia que te pidan seguir leyendo cuantimás que el cuento ciertamente es largo, unas doce, quizá trece cuartillas. Sigues leyendo, por fortuna no te interrumpen, el público te pide y el público siempre tiene la razón. Terminas de leer y aquello es como un orgasmo. La gente te aplaude mucho más de lo que se estila. Bajas del escenario y te pones a firmar libros que han comprado. La gente te mira, eres un bicho de la más extraña y privilegiada especie, un escritor. Varias personas, cinco o seis, muchachos y, mejor todavía, mujercitas te piden tomarse una foto contigo, las chiquitas se abrazan de ti, te tratan dulcemente, todo son sonrisas y felicitaciones; te han saludado de beso y se despiden de beso. Estás temblando de gusto y emoción. Con qué poquito ya te estás viniendo. En realidad no es tan poquito. ¿O sí? No importa. Tu editora está felicérrima, se han vendido un chingo de libros. Está tan contenta que te extiende un billete de alta denominación y una decena de ejemplares de tu propio libro. Tu Violeta está radiante y bellísima, como siempre. Te regalan un café, te regalan una botellita de agua, te regalan un disco de los chicos del #YoSoy132. Eres una celebridad en ese momento, el consentido del mundo.

Sales de la carpa y vuelves a ser el mismo desconocido de siempre. Pero no dejas de estar feliz. Te vas con tus amigos y tu querido compadre Borja a tomarte una chela, tienes la garganta desgarrada de leer tanto y con tal enjundia. Fueron unas diecisiete cuartillas vibrando en alta frecuencia. Qué paciencia de la gente. Es que eres un buen escritor. No, güey, no te la creas. No eres nadie. Mejor ponte a escribir humildemente, todo esto fue hermoso, pero no es cierto. Nunca lo olvides, tú eres un servidor de la Diosa Blanca. Todo lo demás, los aplausos, los elogios, las sonrisas, las felicitaciones, las fotos, los besos, todo es simple añadidura. Gózalo, güey, no es malo, pero no creas nada, lo importante es otra cosa. Escribe, chingá.