jueves, 26 de marzo de 2020

Una adolescente talentosa y una escuela mediocre

Las hazañas insólitas de Zoe


Pterocles Arenarius

Para ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, los jovencitos ―de 18 años o si acaso de 19 o 20― tienen que competir, ferozmente, por supuesto, entre sí para aprobar un criminal examen de admisión (luego llamado Examen de Evaluación) para conseguir un lugar en la mejor universidad de nuestro país y de Latinoamérica. La universidad que se encarga de realizar algo así como el 60 por ciento de toda la investigación científica que realiza México.
Y lo llamo criminal examen de admisión porque se inscriben unos 150 mil muchachos y son aceptados alrededor de 15 mil. Uno de cada diez, en números redondos. Las tensiones a que se ven sometidos estos adolescentes son terribles. Ellos saben que lo más seguro es que no logren entrar, que van a competir contra todos los demás y que no hay piedad. He oído decir, a una chica entrevistada en televisión, que ella había intentado en cinco ocasiones ser aceptada en la UNAM... y nunca lo había logrado. La muchacha había perdido, al menos, dos años y medio de su vida siendo siempre ―diría sistemáticamente― rechazada por la UNAM. Para un adolescente esto es atroz. Ahí van en juego sus estudios, el dinero que sus padres han invertido en ellos a lo largo de toda su vida, su posibilidad de lo que suelen llamar el “éxito en la vida”, la primera confrontación con el espantoso mundo real en que les ha tocado vivir con décadas de gobiernos rateros y (dos) espurios (Salinas y Borolas). Ahí ven los chicos la primera y despiadada prueba a que los somete una nación cuyos gobiernos ―de 1968 hasta 2018 o incluso desde antes― terminó convertido en el peor enemigo de sus ciudadanos.
Es una atrocidad someter a un chiquillo de 18 a semejante prueba brutal: poner en juego todo lo que ha hecho en su existencia, es decir, a jugarse la vida en un maldito examen que imponen unos burócratas gordos, ignorantes y, con frecuencia, añoradores de los regímenes ladrones que estuvieron muy cerca de destruir a nuestro país.
Pues vino Zoe a presentar examen de admisión a la UNAM. Bien, contemos toda la historia. En mayo de 2019 estuvo en la Ciudad de México para intentar su ingreso a la carrera de Física en la llamada Máxima Casa de Estudios de México, la UNAM. Previamente Zoe llevó a cabo una singular hazaña. Y va de historia...

Estudió en la Preparatoria Oficial de la Universidad Autónoma de Guanajuato, en Guanajuato Capital. Para entrar a esa escuela consiguió su lugar en otro no menos siniestro examen de admisión. Tengo que reconocer que Zoe no es exactamente un ejemplo de orden. Su afición a las redes sociales a través del teléfono celular ha sido un vicio, como en todos los jóvenes de su edad. Zoe se dormía muy tarde mirando el celular, charlando con sus amigos, incluso participando en juegos electrónicos. Cuando se iba a la escuela cuya entrada a la primera clase era a las siete de la mañana, frecuentemente iba bien desvelada. Por semejante desorden descuidó los estudios. Así reprobó matemáticas de tercer semestre. Luego presentó el examen extraordinario y volvió a reprobar. Continuó su cuarto semestre y sus calificaciones eran las adecuadas para que siguiera avanzando, pero debía matemáticas de tercer semestre. Volvió a presentarlo sin prepararse bien. Y volvieron a reprobarla. Cuando ya iba a entrar a sexto semestre lo presentó como su última oportunidad, porque el (estúpido... estupidísimo) reglamento de la escuela estipula que si un estudiante reprueba una materia tres veces queda automáticamente expulsado. Zoe se tomó las cosas con insuficiente seriedad. ¡Estaba en la tablita!, y no se aplicó como debiera. Y la reprobaron por tercera vez. Y la expulsaron de la escuela.
Me imagino el choque que es esto para un chamaco de 16 o 17 años. El reglamento (propio de fascistas hijos de perra) es la mejor invitación a crear enemigos eternos de la escuela, del conocimiento, de la ciencia en general y de la Prepa Oficial en particular. Me gustaría conocer los testimonios de los alumnos que han sufrido el oprobio de ser expulsados de esa escuela. ¿No se dan cuenta los “expertos en educación”, los funcionaretes que dirigen las escuelas que eso es un crimen contra un ser humano que todavía no está terminado de formar? ¿No entenderán que mutilar así de bestialmente los anhelos de un casi niño es una especie de crimen? Pues eso hicieron con Zoe estos malditos. ¿No se darán cuenta de que un joven de esa edad en medio de un país que se venía despedazando por la corrupción, por el deterioro constante del nivel de vida, por la miseria y por el avance del crimen organizado, al dejarlo sin escuela a esa edad lo están echando a la perdición, a que se una a la delincuencia? ¿Qué hará una familia humilde con su hijo, demasiado chico para trabajar, pero demasiado grande para estar en la casa rascándose el ombligo? Un adolescente sin educación es un monstruoso desperdicio. ¿No se dan cuenta?


Zoe y David, hace pocos años  


Malditos sean. Quienes sean.
No tienen idea de cuanto daño han hecho. Y siguen.

Pero Zoe está hecha de otra pasta.
Se puso a estudiar por su cuenta. Se compró libros. Se consiguió los planes de estudio de la Prepa Abierta, se preparó sola, sin maestros, sin asistir a escuela alguna. Me dijo que buscaba tutoriales de cada materia en internet y así fue presentando los exámenes de las asignaturas que le faltaban para terminar toda la prepa. Cuando fue el examen de admisión para la UNAM en 2019 se postuló como aspirante a ingresar a la UNAM en la carrera de Física. (Como aprendió matemáticas ella solita descubrió algo que está vedado a la gran mayoría de las personas: el placer de la inteligencia, el sublime placer del conocimiento en uno de los temas más abstrusos, el más temido por todos los estudiantes y por todo el mundo, el sublime deleite de saber matemáticas superiores, de desentrañarlas, de aprehenderlas, de crear en sí el rigor de pensamiento que exige ésta que es, sin duda, la reina de las ciencias). Estudié con ella. Desgraciadamente no pude estar el tiempo suficiente para prepararla debidamente. Y me la reprobaron en el examen de admisión de la UNAM. Era mayo de 2019.


La descendencia

Pero Zoe no es de las que se derrotan por un estúpido, estupidísimo examen de admisión. Como yo, su papá, no podía ir el tiempo suficiente para prepararla para el examen, se puso a estudiar, sí, otra vez, por su cuenta. Se inscribió en una escuela privada ―consiguió una promoción de tal manera que le cobraron sólo la mitad por el curso de preparación para el examen de la UNAM―. Se puso a trabajar para pagar su curso. Y se aplicó a ir tres veces por semana a León, que es donde tomaba este propedéutico. Entre paréntesis, se hizo muy amiga del empresario y director de esa escuela, el hombre le tomó mucha estimación a Zoe porque notó su inteligencia y su tesón, sus grandes esfuerzos para estudiar. Y así se preparó para un nuevo examen (criminal) postulándose como aspirante a la carrera (luego de revisar las currículas decidió cambiarse) de Matemáticas. Y vino nuevamente a la Ciudad de México. Presentó el (criminal) examen de admisión y ganó un lugar en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar la licenciatura en Matemática.


Con la mamá en Bellas Artes

Hay que anotar dos hazañas descomunales de esta muchachita que por estos días acaba de cumplir los 19. Una: que a tan precoz edad se está convirtiendo en una escritora de muy buen calibre. Ya para este momento ha participado en el Encuentro Internacional de Escritores de Salvatierra por dos años consecutivos. Y anotemos que en el 2019 no participamos. Es decir, a los 16 leyó por primera vez en ese acto de cultura, uno de los más importantes del estado de Guanajuato. Zoe ha leído mucho en su vida; ella aprendió a leer como a los cuatro años de edad, si no es que antes. Es difícil que alguien de su edad haya leído tanta literatura como lo ha hecho ella. Escribió un cuento memorable titulado 1968 es hoy. Una narración que conmemora los 50 años de la gesta histórica de aquel año, suceso que terminó con el asesinato de cientos o quizá miles de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. La gran sensibilidad de Zoe, junto con su dominio más que aceptable de su idioma y su sentido de la estructura de una narración ―en buena medida intuitiva, pero gracias a sus vastas lecturas― le permitieron crear un cuento que llega a cimbrar las entrañas de los lectores. Ese cuento lo publicó en la antología Flores para el no olvido (Homenaje a las mujeres del 68), que editó el Colectivo de Mujeres en el Arte, Comuarte, en 2018. Antes el mismo cuento fue publicado en la memoria del Encuentro Internacional de Escritores de Salvatierra correspondiente al año de 2017. También se publicó en la recopilación de trabajos del taller de creación literaria Tipheret, El material de la escritura, también del 2018. Asimismo se publicó en la Antología de Lecturas para Preparatorianos que hizo en 2018 la Editorial Eterno Femenino Ediciones. Conviene anotar que el cuento es, de alguna manera, un homenaje a su tía Ana Ignacia Rodríguez Márquez, La Nacha, famosa (y heroica) activista en aquel año y presa política por los siniestros gobiernos del convicto asesino Díaz Ordaz y el no menos criminal Luis Echeverría. El cuento, además, fue inspirado por el profesor Fausto Trejo, otro de los activistas del año glorioso y terrible del 68.


Noemí Eterno Femenino con Zoe
 

Ahora publicó un magnífico cuento que se llama Nunca todo fue tan tuyo. En la antología Murmullo de sirenas recopilada también por Comuarte para su edición en este 2020. Igualmente ha participado en varias lecturas tanto en Guanajuato como acá en Ciudad de México, la última en el Palacio de Bellas Artes, en la presentación de la mencionada antología Murmullo de sirenas que le recopiló su cuento. Es decir, a sus 19, Zoe es una escritora.


Hermosos míos

La otra gran hazaña de Zoe es que cuando la corrieron de la escuela preparatoria oficial de Guanajuato ella se puso a aprender matemáticas por su cuenta. Y las aprendió. Y las aprendió mejor que muchos de los estudiantes de Guanajuato y de cualquier otro estado. Porque ella, sin maestro, terminó sus estudios de prepa y aprobó con alta calificación el (criminal) examen de admisión en la UNAM; no hay otra manera de ser aceptado. De hecho casi todos pasan el examen, pero la UNAM sólo acepta a las mejores calificaciones, hasta donde tengan cupo. Así es el crimen que se ha venido cometiendo contra la educación en México. Zoe es la privilegiada entre diez jovencitos, nueve de los cuales lamentablemente fueron rechazados por la UNAM. ¿Qué van a hacer ahora esos chicos? A sufrir la maldición del sistema que los condena a ser ninis y también los señala por eso.


Mi niña en Bellas Artes

Le he contado a Zoe que yo no había conocido en persona a nadie que aprendiera matemáticas tan avanzadas ―geometría analítica, cálculo diferencial y cálculo integral― sin maestro. Y más bien he conocido a miles que no las aprenden ni con los mejores maestros (he enseñado matemáticas por unos 30 años más o menos). Bueno, la gran mayoría de los que estudian no tienen idea qué es eso y si acaso conocen de nombre las temibles ramas de la matemática... Sabemos que las carreras universitarias que no requieren, supuesta o realmente, conocimientos en matemáticas son las que más se saturan. Porque todo el mundo le tiene terror a esta ciencia. Zoe las aprendió sin que nadie le enseñara. Sé que Isaac Newton aprendió matemáticas así, sin que nadie le enseñara. Nada más que Newton es uno de los genios científicos más grandes de la historia de la humanidad.


Debut en el añejo palacio

Me siento brutalmente satisfecho y el orgullo que me provoca la inteligencia, la perseverancia y, al fin, los logros de Zoe son un inmenso regalo de la vida. Aunque ahora vienen tiempos duros para ella. Estudiar matemáticas en la UNAM no es cualquier cosa. Tendrá que superarse a sí misma. Tendrá que continuar el camino de grandes hazañas que ya empezó.
Por último quiero preguntarme, ¿quién fue el inepto, o los ineptos, los buenosparanada, los imbéciles, los negligentes burros autonombrados profesores que determinaron que Zoe merecía ser expulsada de la Prepa Oficial de Guanajuato?
¿No tenían un miligramo de criterio para discernir ante quién estaban?
Quiero ver si tienen un solo estudiante de su escuela que sea un autor literario publicado.


Zoe y panorámica

Quiero ver si uno solo de sus alumnos es capaz de aprender matemáticas superiores por sus propios medios. Y también me gustaría saber cuántos de ahí se han ganado su lugar en la UNAM. ¿Alguno de sus miles de egresados ha acumulado tres hazañas similares?


Con Noemí los hermosos


Zoe es demasiada inteligencia para esa escuelilla.

La Preparatoria Oficial de Guanajuato se perdió el honor de contar como egresada de sus aulas a una brillante escritora y una estudiante que terminó su prepa, por su voluntad y su inteligencia, en el sistema abierto y no en esa escuela.


Zoeta poeta

Espero que les dé tantita vergüenza, pero no creo, los burócratas, los chambistas, los mediocres es lo primero que pierden, la dignidad y la vergüenza. Si hubieran tenido tantito así de empatía, de sabiduría de maestros, ¡de pedagogía y de un mínimo de sentido común, carajo!, no hubieran expulsado a Zoe. Se habrían ahorrado las vergüenzas anotadas y a mí la rabia que guardé en estos años. Pero ahora, por mi derecho se la estampo en la jeta.
Zoe hará una brillante carrera en la reina de las ciencias. Y también será una gran escritora. Y no será gracias a la Prepa Oficial, sino a pesar de ella. Qué triste que esa escuela haya sido un obstáculo a vencer y no la ayuda, el estímulo. ¿Cuántos adolescentes más habrán sufrido la estupidez del reglamento y la falta de visión, de profesionalismo de quienes lo aplican?

Zoe y los triunfos

viernes, 20 de marzo de 2020

La descendencia

Los amados


Pterocles Arenarius

En el año 85 del siglo pasado nació Violeta Ortega Navarrete. Es una muchacha bellísima y extraordinariamente talentosa. Violeta me enseñó una parte imprescindible de la vida, sin la cual es imposible transitar por este planeta: el lado femenino del mundo. Lo hizo siendo una criatura de tres años. (Ocurre que un día Violeta me pidió que jugáramos con sus muñecas. Bueno, pues qué otra cosa podía hacer. Me dijo algo así: tú eres Mariquita y yo soy Violetón. Y empezamos a jugar. ¡Yo era Mariquita?, Dios de los cielos. Tenía que interpretar a Mariquita y hacerlo bien, es decir, de manera que fuese creíble, aceptable para mi niña. Es estúpido me dije estúpidamente. Pero también alcancé a pensar que si no soy capaz de convertirme en una niña no merezco el amor de una niña, de mi niña. Parece estúpido pero tuve que vencerme a mí mismo para hacer a un lado los prejuicios ¿de macho?, no sé, pero jugué siendo Mariquita con mi niña Violetón a las muñecas y ella estuvo contenta). La trascendencia de lo que me dio Violeta quedó convertido en un artículo que publiqué en el periódico Correo de Guanajuato quizá en el año 2003. Violeta es hoy maestra de artes plásticas, casi licenciada en letras hispánicas (tiene que terminar unas cuantas materias y titularse, culminar una brillantísima carrera universitaria que ha hecho en las letras); autora, además, de pinturas ambiguas por su candor y sus cualidades tremendas y hasta siniestras a veces, autora de algunos cuentos, hoy dedicada al tejido y al diseño textil en su búsqueda plástica aunque también a la promoción cultural, junto con su prima Kristell Henry, impulsan la creación de Islera, un espacio de arte y cultura en el corazón del barrio de La Merced. Las fotos en donde aparece Violeta fueron del acto inauguratorio de Islera. Un orgullo tremendo ser el papá de semejante mujerón.
La imagen puede contener: 2 personas, incluido Pterocles Arenarius, barba
Violeta
Con Violeta en el bar Acapulco
Violeta amada
Violetón

Violeta en Islera, su galería

 
Violeta, la bella

Luego Zoe Ortega Velazqueza. Mi Zoe nació en el 2001. A ella de igual manera escribí un artículo que igual, se publicó en aquel periódico de Guanajuato. En aquellos años ―¿2003, 2004?― el poeta Daniel Silva era un jovencito que estudiaba en la UG. Recuerdo que Daniel me buscó y me dijo cosas impresionantes de aquel artículo dedicado a Zoe. Creo recordar que me dijo que esa lectura había afectado su visión, su relación con las mujeres. Hoy mi niña Zoe ha venido revelándose como autora literaria. Escribe unos cuentos tremendos, dolorosos, rebeldes. Lo que escribe mi niña (tiene 19, pero, igual que a Violeta, a veces la llamo mi niña, como buen viejo que ya soy), decía, lo que escribe Zoe escuece hasta las entrañas. Hace unos meses subí a mi blog pterocles-arenarius.blogspot.com, un artículo que llamé La estética de la hecatombe, en el que identifico modos de estar en la literatura como ―lamentablemente mi niña tiene el modo de caminar de su papá― tantas cosas de mí se recuerdan al observar a Zoe. Esta muchacha bellísima es muy desconcertante, con una inteligencia privilegiada que se ha venido manifestando en su pasión por la matemática. Ha llegado al hecho asombroso de aprender geometría analítica y cálculo diferencial e integral ¡ella sola!, sin maestro. Lo que es una enorme hazaña intelectual. Yo no he conocido personalmente a nadie en mi vida que haya aprendido matemáticas de tal nivel, ni siquiera de uno más modesto, sin maestro. En la biografía de Isaac Newton leí que él lo hizo. Pero ese hombre ha sido quizá el genio matemático más grande de la historia de la humanidad. Zoe no se da cuenta de lo que hizo al aprender tal ciencia por sus propios medios. Pronto publicará su propio libro de cuentos porque ya ha publicado algunos en varias antologías de narradores. En esta serie de fotos vemos a Zoe en la lectura en el mero Palacio de Bellas Artes a que fue invitada por la asociación de escritoras ―y mujeres artistas en general― llamada Comuarte.
Zoe y pergaminos

Zoe con el libro en que escribió

Mis amados con Noemí

Zoeta-Poeta

Zoe en Bellas Artes

Mis dos amores

Nos acompaña Noemí Eterno Femenino

Zoe con mamá


Pterocles y sucesores

Uno más de los que aparecen en esta serie de fotos es David. Este joven es hermoso, impresionante de belleza masculina. Es un chico que nació con una estrella que refulge en su frente. Su mamá le dice el Rey David. Ha sido inverosímilmente fuerte desde que era muy pequeño. Su nombre es debido a un gran amigo gringo Deivid Richards, escritor norteamericano y, entiendo, uno de los más importantes críticos teatrales de aquel país. Él vivió en Guanajuato y que se hizo mi gran amigo, tanto que ―puesto que en el año 2002 en que nació David― pasábamos por una leve crisis económica, Deivid Richards cooperó con algún dinero para pagar el hospital en que atendieron del parto a la mamá de David cuando lo trajo a este planeta. Aunque esa no fue de ninguna manera la razón por la que le pusimos David a nuestro niño. Se llamó así porque decidimos hacerle a Deivid un pequeño homenaje que consistió en ponerle su nombre a nuestro hijo. Deivid estaba inocultable y desmedidamente contento de que mi niño se llamara David, como él, aunque se pronuncie diferente. Dijimos que era su padrino. Aunque aquí conviene hacer una aclaración, ni Zoe ni David están bautizados porque la mamá de ellos, aunque sí cree en dios, no le tiene fe a la iglesia católica. Yo no puedo decir que no crea en dios o, dado caso, pienso en el dios de Spinoza que es el mismo de Einstein y también, aproximadamente, el de Carl Sagan. En un dios como el de ellos pues sí creo, pero semejante deidad no impone ninguna clase de bautismo. David es un ser humano que se siente ―y en realidad lo está, en parte porque así lo siente y en función de eso actúa― por encima de las circunstancias, incluso de la gente. Es una persona que no se preocupa ni más y ni siquiera menos de lo que hace todo el mundo ante los avatares existenciales. Él ve pasar al universo desde su pedestal y resuelve sus problemas con el esfuerzo mínimo y la actitud más serena. Esta manera de ser llegó a preocuparme pues no es tan difícil confundirla con mera negligencia, abulia ante la vida. Sin embargo, últimamente se ha mostrado asombrosamente interesado en la filosofía, hemos platicado de temas de esta ciencia y se ve incluso apasionado, conocedor, inquisitivo, curioso. Lo cual es muy satisfactorio. David también fue en su momento motivo de mis textos periodísticos. Hace muchos años, su padrino mágico, como el solía decirle cuando era niño, Deivid Richards, me hizo el reto de que escribiera una “carta a mi hijo”. El desafío se aceptó y publiqué en el susodicho diario Correo un texto para David. Deivid, nuestro querido gringo leyó el texto y se conmovió. Estuvo ausente de Guanajuato varios meses. Cuando regresó me dijo que había depositado la carta a David en una caja de seguridad de un banco de Nueva York con la instrucción de que le fuera entregada a mi David cuando cumpliera 21 años. Eso ocurrirá en el próximo 25 de julio de 2023.
En la serie de fotos también se encuentra Aracely Velázquez, la mamá de Zoe y David. La admirable Chely, gran empresaria admirada y también envidiada en el pueblo chico e infierno grande que es la ciudad de Guanajuato. Una mujer extraordinaria, ex presidente de Canirac Guanajuato, impulsora y sostenedora del mejor negocio de café y crepas de la ciudad y madre ejemplar de Zoe, David y Leonardo, este joven es hijo del anterior matrimonio de Chely: mi querido amigo y excelente pintor Magdiel Pérez. Leonardo es otro artista más en la familia, él del ámbito de la plástica, brillantísimo estudiante universitario y hoy también al frente de una existosa empresa, el Bar Dadá de Guanajuato.
También se encuentra en la serie de fotos Noemí Luna García, mi más importante editora. Ella ha producido mis libros Fiestas, Demoníaca y Cualquiera puede matar. Es decir, casi soy su autor exclusivo. No menos una mujer extraordinaria. Ahí en Bellas Artes se le designó acreedora al premio Coatlicue que Comuarte entrega cada año a una mujer destacada en el territorio de la actividad artística.

David, alias Bono

Jesús Pterocles y Jesús David

Los cuatro en Bellas Artes hace pocos años

El hermoso en su pueblo

martes, 11 de febrero de 2020

Relato de Somerset Maugham

Rojo

Pterocles Arenarius


                                Cuando el sentimentalismo se une al escepticismo a menudo el daño es mayúsculo.
                                            Somerset Maugham
Recuerdo que hace muchos años leí ―algo tardíamente― Romeo y Julieta. Recuerdo que lloré. Luego pensé mucho, por años, en esa obra de teatro. En algún momento ―luego de haber enseñado matemáticas por más de diez años o quizá quince― me ofrecieron dar clases de literatura. Ya había escrito varios cuentos y los había publicado. Incluso ya era parte de mis blasones el Premio Politécnico de Creación Literaria “Alaíde Foppa” de 1982, año ―¿o sería el 81?― en que la gran escritora guatemalteca de ascendencia italiana fuera desaparecida para siempre por el siniestro gobierno del feroz criminal Romeo Lucas García, presidente de facto de aquella nación. Como homenaje a Alaíde Foppa, que además había sido profesora en el Poli, los encargados de cultura nombraron así ese premio que el IPN otorgaría en el año 82 del siglo pasado a uno de sus hijos.
 
En plena clase

Pero me he desviado mucho. Yo enseñaba matemáticas para secundaria abierta y prepa ídem. Como ya había ganado un premio literario y me contaba entre los discípulos del extraordinario ser humano que fue el maestro Edmundo Valadés además de gran escritor y lector de cuentos, me pidieron que enseñara literatura.
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Edmundo Valadés. Maestro inolvidable

Y lo hice. Un día les hablé a mis chicos de Shakespeare, y teníamos que ver Romeo y Julieta. Para estimularlos a la lectura les contaba toda la historia y luego leíamos los fragmentos más intensos. Cuando tuvieron conocimiento de la anécdota lloramos todos. Yo, el maestro, también, aunque disimulé (muy mal) lo más que pude. Recuerdo que había varias chicas muy desconsoladas con el desenlace de aquella historia. Y no se consolaban. Hablábamos y llorábamos ―ellas mucho más que yo, por supuesto―; los chicos, algunos, también lloraban o procuraban con todas sus fuerzas ocultarlo, pero otros tenían una actitud de cinismo o de burla.
Entonces me llegó la iluminación. Les dije a las llorosas “Pensemos que Romeo y Julieta se salvaran, que el sacerdote hubiera logrado que se reunieran y que no muriesen. Que consumaran su amor y se hubieran puesto a vivir juntos, incluso sin casarse, que en aquellos tiempos era un pecado mortal. 

Borja, Pterocles. Bar Acapulco
Veámoslos quince o veinte años después de que consigueran fugarse y salvar o acentuar los odios familiares que los separaban. ¿Qué pasa, que ha pasado en esos años? Tienen apenas 30 o 35 años (recordemos que en aquellos tiempos la gente vivía muy poco, el promedio de vida apenas rozaba los 35; a esa edad un hombre ya se consideraba viejo y la gente, por las durísimas condiciones de vida, se deterioraba muy rápido). Ahora, a esta edad, él está panzón y pelón, siempre malhumorado y harto de todo, incluso de la otrora divina Julieta, que se ha convertido en una matrona gorda, pendenciera, gritona, exigente y que siempre anda presiguiendo a unos niños chillones, hambrientos, gritones, mugrosos, moquientos e insaciables.
¿Dónde quedó la bellísima Julieta de 14 o 15 años, por cuyo amor más de uno se juraba dispuesto a perder la vida?
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¿Y qué ha sido de aquel hermoso mancebo que arrancaba suspiros y levantaba pruritos inconfesables entre las núbiles señoritas del pueblo?
Ella es una gorda iracunda y él un panzón escéptico y, más o menos, amargado que prefiere mil veces estar en la taberna tomando un trago que lidiando con su esposa y sus hijos. Como todo marido y mujer pelean con frecuencia, por cierto, y en general, de manera mutua no se hacen caso. Lo cual no significa que no se quieran.
¿Pero y el sublime amor que podría haberles costado la vida y que casi lo logra? Es triste aceptarlo pero ya no existe. Lo ha matado el tiempo, o al menos lo ha convertido en algo muy lánguido, casi impalpable. El amor sublime sucumbió ante la rutina, la vejez de los que una vez estuvieran dispuestos a entregar su vida por aquel amor. (Romeo y Julieta, al no consumar su amor lo vuelven inmortal, para gloria de la literatura y, en general, del arte. Si lo hubieran consumado lo habrían convertido en la vulgaridad que se ha narrado).

Gonzalo Martré, Pterocles
Hay un relato absolutamente maravilloso de Somerset Maugham que en una anécdota saturada de la poesía más límpida, profunda y asombrosamente diestra, nos enseña un amor shakesperiano, nos da, luego, la espantosa lección del final de amor, de su verdadero destino en este mundo. La narración se llama Rojo y, mientras la iba leyendo ―en el transcurso de la narración― lloraba más que aquella vez hace unos 30 años frente a mis alumnos, porque ahora, por fortuna, no estaba ante estudiantes, sino en el bar Acapulco, a unos pasos de mi casa que es también la tuya, quizá muy sensibilizado por los tragos y sólo tenía que cuidarme de que los parroquianos no se dieran cuenta de mis sollozos. Se hubieran asombrado ―quizá se burlaran― o a la mejor hubieran intentado consolarme diciéndome “No llores, sólo es un cuento”. Bueno, pero un cuento maravilloso y que nos provoca una insoportable, tremenda nostalgia. Maugham es uno de los narradores más inteligentes y sensibles que haya leído en mi vida.
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William Somerset Maugham

Como siempre voy leyendo varios libros a la vez, en esta ocasión estoy con El temblar de una hoja, una colección de relatos magistrales del inglés Somerset Maugham; aquí viene Rojo. La edición es de Conaculta, Fonca y Sexto Piso. Al mismo tiempo voy alternando los cuentos de... no diré el nombre de un famoso escritor mexicano. No lo diré. Inevitablemente se comparan. Y lamento en el alma decir que el escritor de acá se me hizo un fantoche comparado con el inglés Maugham. A mi paisano lo encuentro  superficial, insincero, hueco y hasta pedante en sus juegos de palabrería, chocante, frente a un escritor de nítida sencillez que rebosa autenticidad, que humildemente se dirige a las partes más sensibles de los humanos y que no demuestra más pretensiones que “Desgajar la belleza”, diría Eusebio Ruvalcaba. Somerset, con una prosa transparente, muy simple ―considérese que sus relatos han pasado por una traducción capaz que española que suelen ser las más traidoras―, con un lenguaje ligero pero de alta poesía, hace una estructura en la que inserta el encuentro con lo maravilloso, lo tristísimo, lo bello y nos da una lección que no se olvidará en toda la vida, como el amor shakesperiano, destruido por el tiempo. Y consigue esta hazaña sin decírnoslo de manera explícita. Maugham, comparado con el mexicano es hasta didáctico, mientras el otro, queriendo ser sabe dios qué, un mago, se exhibe como un charlatán. En Rojo*, tan sabiamente están imbricados sentimientos y emociones en la narración, en las actitudes, en las reacciones de los personajes que el autor nos regala la hazaña de descubrirlo por nosotros mismos, en medio de la conmoción ante tanta belleza y dolor, la durísima lección de lo que este mundo hace con el amor. Y con nosotros mismos: seres destinados a la muerte, dijo el filósofo.

*El cuento titulado El Rojo (la traducción que leí era simplemente Rojo pero aquella es muy correcta) puede leerse en https://ciudadseva.com/texto/el-rojo/

viernes, 27 de diciembre de 2019

Premio del Museo del Pulque, Mupyp






Premiar a Eterno Femenino




Pterocles Arenarius




Queridos amigos todos:

El conocimiento de la naturaleza es la ciencia. El conocimiento del alma es el arte. Ciencias y artes son las dos más grandes hazañas de la especie humana sobre este planeta. La ciencia, por desgracia, suele servir para el sometimiento de los pueblos, para imponer hegemonías imperiales de las naciones más poderosas. Pero el arte siempre nos hará más civilizados, más sensibles, más humanos y compasivos.

Pterocles, Noemí, Castrillón

Cuando ocurre un acto de cultura se está dando un paso más hacia la mejor convivencia de la humanidad, hacia una civilización capaz de mucha mejor convivencia. En palabras más simples y en esta época del año, se avanza hacia una mayor fraternidad humana y a lo que se pregona en esta etapa del año: el amor al prójimo. Al final el arte es la manifestación de eso. Toda obra de arte es un acto de amor, de seducción en términos espirituales. El artista trata de ganarse el amor de su espectador a través de su obra. La obra no se realiza si no existe quien la disfrute o la sufra para hallar en ella la sagrada catarsis, la emoción estética que es, sin exageraciones, el encuentro de dos almas. La salvación. Un camino al éxtasis. La gloria del arte. El engrandecimiento de la cultura y, lo repito, el refinamiento de la civilización.

Eso estamos realizando hoy. Estamos en un sitio en el que se practican los placeres dionisiacos pero también se ofrece para actos de alta cultura. El Museo del Pulque y las Pulquerías cumple así una de las más altas misiones de que es capaz cualquier institución. Reunir a los creadores, a los que intentan o realizan el arte y, más aún, premiarlos es un acto que vuelve a Mupyp un sitio privilegiado, un lugar en donde se promueve aquello que hemos llamado con palabras tan grandes: el arte, la cultura, el amor, la seducción.

La banda EFE

Hoy damos gracias al Museo del Pulque por este concurso, por esta convocatoria, por esta premiación y, en general, por todos los actos de cultura que se llevaron a efecto entre sus paredes.

Felicito a mi editorial Eterno Femenino Ediciones por su descomunal trabajo editorial, por sus más de doscientos títulos publicados, por sus sobrados nueve años de existencia y por la promoción y publicación de tantos autores literarios. Sin lugar a dudas, la historia de la literatura mexicana registrará las hazañas de la directora de Eterno Femenino en sus lides editoriales y en su arduo, simple trabajo de hacer libros desde la nada hasta concretarlos a la gloria de la lectura de un ser humano desconocido por el autor.

Muchas gracias a la inmensa generosidad del Museo del Pulque y las Pulquerías y sin duda aquí estaremos tan en lo inmediato como se presenten las circunstancias y tan a largo plazo como lo hemos deseado.

Porque al final la salvación de los pueblos, lo han dicho los auténticos próceres de las naciones, es la educación, única vía a través de la cual es posible el refinamiento de la cultura y el real progreso de la civilización.

Digamos salud con el néctar de nuestros dioses ancestrales, muestra también de nuestra gran cultura originaria: el pulque y, una vez más, muchas gracias al Museo.

domingo, 15 de diciembre de 2019

La realidad y la historia

La realidad y la historia

Pterocles Arenarius

Épica de muertos para vivos, Fernando Beltrán-Nieves
Editorial Ex Libris, 2019.

La inmensa realidad en que vivimos es absolutamente incapturable. Gran parte de los logros humanos en el arte como en la ciencia y en la filosofía son los tremendos esfuerzos por plasmar la realidad, por fijarla. Y todos concluyen en que es imposible. La realidad fluye, es como el dios Proteo, cambia de forma a cada instante y va corriendo, llevándonos con ella en su transformación, permanente, eterna y completa. En todo ámbito, en toda disciplina, en todo territorio la realidad se desplaza y se modifica.
Hagamos el intento más simple para entender la incapturabilidad del infinito universo. En el siglo III antes de nuestra era, en Siracusa, hoy Italia pero en aquel entonces parte de Magna Grecia, Arquímedes, usando el método exhaustivo, calculó el valor del número Pi aproximándolo hasta diezmilésimos. Una precisión más que suficiente para casi cualquier cálculo. Una tremenda hazaña del sabio de Siracusa. Con la aproximación hasta centésimos sería más que suficiente para cualquier trabajo en este mundo; construir lo que quieras, fabricar cualquier objeto que tenga que ver con la circunferencia, con el círculo, con la esfera. Sin embargo, por ejemplo en astronomía actual se estudian objetos que se encuentran a distancias tan lejanas que las mediciones y las observaciones se pueden comparar con “observar la cabeza de un alfiler desde América hasta Europa”, salvando, pero por supuesto, por medio de algún artificio, la curvatura de la Tierra. Es entonces cuando nos damos cuenta de que el cálculo de Pi hasta diezmilésimos no era en absoluto ocioso. Las aproximaciones suelen tener que llegar a los millonésimos y más allá. Hace unos años conocí a una persona que me presumió que tenía en un libro impreso el cálculo del mismo número Pi con un millón de cifras. Era un tabique de más de 500 páginas llenas de números. Empezaba con 3.14159... y simplemente continuaba con números que nadie podía garantizar que fueran parte de Pi. Pero más todavía, si en la cifra número cien mil se hubiera cambiado un número, eso no afectaría al valor de Pi. Pensé que eso sí era una ociosidad imperdonable, un gasto de recursos y energías sin sentido. Y además fallido, porque Pi es eterno, continúa para siempre. Así es de incapturable la realidad.
Anoto lo anterior porque cualquier hecho ocurrido siempre tendrá decenas, si no es que cientos de versiones, tantas como testigos de primera, luego de segunda y de más categorías que existan. Es imposible saber los detalles más minúsculos de cualquier suceso. Sin embargo, al igual que una medición, hay hechos que son incontestables, aunque los detalles sean incognoscibles.
El edificio donde vivo mide 8 metros con 75 centímetros de altura. Con eso es más que suficiente. Pero si se pretende ser extremadamente riguroso se descubrirá que en realidad mide 8 metros con 743 milímetros y 7 décimas de milímetro; aproximación completamente inútil pero además engorrosa. Pero hay más. Siendo rigurosos, el edificio no mide lo mismo de altura en la esquina noroeste que en la suroeste ni en la noreste, en cada una tiene alturas diferentes. ¿Entonces cuál es la altura del edificio? Tendremos que contentarnos con el promedio de tales alturas, porque ninguna es más importante que las otras. ¡Es imposible saber la altura exacta de mi edificio! Pero lo que sí podemos decir con toda la seguridad es que no llega a 8.80 metros, pero sí pasa de los 8.65 metros. Es decir, salvando las precisiones exageradas, hay un hecho incontestable. Así es también la historia.
Y anoto esto porque la historia es también un arma política. El devenir humano en este planeta se va plasmando con tremenda inseguridad, con grandes dudas, con inagotables y hasta terribles controversias. Y así como es imposible saber la altura exacta del edificio donde vivo, también es imposible conocer con sus mínimos detalles los hechos históricos. Pero hay sucesos inocultables, hay cosas que ocurrieron y que, a rasgos grandes o medianos, se conocen con certeza.
La historia es un arma política y en los años del neoliberalismo en México se usó de manera sistemática y masiva el hecho de que los detalles son incapturables para eliminar páginas, sucesos o tergiversarlos. Se pretendió destruir la base histórica del orgullo mexicano. Hubo “historiadores” que negaron lo que hemos conocido siempre, Los Niños Héroes o El Pípila o El Niño Artillero. Trataron de destruir el prestigio de Juárez, el de Zapata, el de Villa y hasta con Hidalgo y Morelos fueron a meterse. Reivindicaron a Porfirio Díaz, hicieron lo mejor que les fue posible con Miramón, le quitaron hasta donde más se pudo las culpas al chacal Victoriano Huerta y hasta justificaron a Antonio López de Santa Anna. Por supuesto, no podían dejar de ensalsar a Maximiliano y Carlota y todos los que les sirvieron de sátrapas. El método para mentir fue frecuentemente la imposibilidad para conocer los pequeños detalles de los hechos.
Bueno, todo esto lo anoto porque llego por fin al punto en que venimos a tratar. Este ensayo que se llama Épica de muertos para vivos, en donde el autor Fernando Beltrán-Nieves hace una si bien rápida semblanza y no menos veloz análisis de la obra de Paco Ignacio Taibo II, también establece conceptos fundamentales para aproximarse a la obra del citado autor.
Épica de muertos para vivos da claves muy firmes para la lectura de la obra historiográfica de Taibo; hace un recuento rápido pero exahustivo de la obra del autor con notas muy breves pero de gran poder descriptivo de cada libro; hace una historia sucinta pero muy reveladora como escritor del que escribió uno de los mejores libros sobre Pancho Villa. Pone sobre la mesa los terribles avatares que padeció Paco Ignacio Taibo II, tránsfuga de tres universidades, escritor, historiador, sociólogo trunco y, necesariamente, sin titulación. Militante de izquierda, agitador sindical con harta frecuencia perdidoso y escritor desesperado, acérrimo, infatigable. Beltrán-Nieves nos da la imagen de un buscador incesante que se probó en una gran cantidad de géneros y nos demuestra que lo hizo con una enjundia sin límites y con una pasión que llamaríamos de desesperado si no fuera porque no es extraña la calidad ni la total honestidad en sus escritos.
Así, gracias a Fernando Beltrán colegimos que Taibo terminó encontrando su verdadera veta como creador al incidir en la historia utilizando los recursos de la literatura, diríamos la retórica en el mejor sentido de la palabra, por un lado, pero por otro se hizo no menos del rigor documental y la crítica tanto social como de las fuentes. Tan la encontró que ha terminado por convertirse en el escritor mexicano que, en este momento, más libros vende. Y en ello conste que Taibo no incurrió en el afán de vender a como diera lugar ni hizo desbarrar su obra en aras del bestselerismo.
He dicho antes que la historia se ha vuelto, en realidad lo ha sido siempre, un instrumento político, en especial, la que Beltrán-Nieves llama la Historia de Bronce, la que los gobiernos encargan a sus intelectuales orgánicos e historiadores a sueldo. Lo cual es, sobra anotarlo, una de las peores formas de prostituir a la historia. Bien, en Taibo tenemos a un auténtico destructor de la historia de bronce y un desenmascarador de aquellos falsos historiadores que han servido al terrible régimen que padeció nuestro país por casi un siglo, el que ahora tendríamos que llamar el prianerredismo, pero no sólo ésos, fueron exhibidos, sino también los que tergiversaban la historia desde el neoliberalismo y están empeñados en la destrucción de los íconos de lo que podríamos llamar nuestra patria. Los que pretendían dejarnos sin identidad ni asideros. Si hoy un mexicano se siente orgulloso es por mi general Zapata y mi general Villa; por nuestros curas, Hidalgo y Morelos, brutalmente condenados al infierno, excomulgados por la iglesia. Hay que leer el Edicto de Excomunión para Miguel Hidalgo: una siniestra joya del odio y la maldición contra un ser humano. Y recordemos, como una de las obligaciones de la historia, que la Iglesia católica jamás se ha retractado de aquella florida maldición.
Taibo, como lo anota Fernando Beltrán-Nieves, recupera la historia a partir de un rigor documental tan incansable como detallado a lo que le agrega una extraordinaria virtud de narrador, la agilidad, una extensa variedad de recursos retóricos, la extraordinaria velocidad narrativa y una notable destreza para hacer amena la historia.
A partir de ello Taibo ha construido lo que a mi juicio son tres auténticos monumentos, tanto de la historia y, aunque parezca sorprendente, también de la literatura. El primero es Ernesto Guevara, también conocido como El Che. Una biografía entrañable en la que lo que más sorprende es el hecho de que desde la primera página el autor no oculta sus simpatías, incluso su amor y su admiración por su biografiado. Sin embargo, a todo lo largo de la obra nos convence de la honestidad de sus apreciaciones y sus certezas en cuanto a los sucesos sustentado en su documentación que resulta abrumadora e intachable.
Un segundo libro monumental, no sólo por la gran extensión, casi mil páginas, es Pancho Villa, una biografía narrativa; un libro en el que hace una exhaustiva revisión de la vida del general revolucionario. Libro que constituye la más grande reivindicación del llamado Centauro del Norte, pero no menos la puesta en la mesa de los terribles hechos en que incurrió en su etapa final. La heroicidad y la grandeza de Villa se vuelven incontrovertibles a pesar de todo, por esta inmensa biografía.
Y una tercera obra, puesto que no es un libro, es La gloria y el ensueño que forjó una Patria, a pesar del título kilométrico se convierte en un trabajo descomunal; inusitadamente documentado, con anécdotas que de tan maravillosas casi parecieran incomprensibles y que se asemejan más bien a hechos de poetas del romanticismo europeo y tendrían que hacernos sentir henchidos de orgullo por seres humanos como Vicente Riva Palacio, Guillermo Prieto, Melchor Ocampo, Ignacio Zaragoza, Santos Degollado, Ignacio Ramírez, incluso Jesús González Ortega y hasta el Porfirio Díaz de aquel momento y sin olvidar, por supuesto, al central de todos, el indio de Guelatao.
Al final de esta Épica de muertos para vivos, encontramos una amena crónica de cierta conferencia que Paco Ignacio Taibo II llevó a cabo en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. En ella se muestra una faceta más del gran escritor mexicano, su absoluta falta de ¿cómo decirlo?― rigor, seriedad, elegancia, para vestir. Su despreocupación por la corbata y el saco es proverbial. ¿El más exitoso escritor mexicano ni siquiera usa un saco? Y la corbata ni soñando.
Taibo II es un gran recuperador de la consciencia mexicana. Su obra como historiador va a imponerse sobre los destructores de nuestra identidad y nuestra consciencia, los Krauzes, los Castañeda y los Aguilar Camín entre otros; a los que otro gran historiador dedicado a la misma tarea, Pedro Salmerón, llamó “Los falsificadores de la historia”.
Tanto Taibo como Salmerón han sido ferozmente atacados por la derecha más hipócrita, la más mentirosa, atrabiliaria, enfermiza e histérica que hayamos visto en la historia. Con Pedro Salmerón lograron su objetivo cuando llamó valientes a los héroes guerrilleros que intentaron el secuestro de un empresario de esos insaciables y siniestros, Eugenio Garza Sada. Eso no se lo perdonaron a Salmerón, uno de los más importantes y lúcidos historiadores jóvenes mexicanos.
Y Taibo también estuvo a punto de ser condenado y defenestrado por el bárbaro crimen de decirles una verdad que les ardió en donde corresponde, aquella de que “Se la metimos doblada” y yo agrego “Y se la desdoblamos adentro”. Taibo no nació en México, pero, por su desparpajada manera de vestir, por su rudísimo lenguaje y sus actitudes, carga más barrio que la gran mayoría de los mexicanos pero también acumula más cultura que cualquiera de nuestros paisanos.

martes, 10 de diciembre de 2019

Emiliano Zapata

 Acá, Zapata; muy hasta allá, las locas

Pterocles Arenarius

Bueno, pues ocurre que un hartista (con h, porque lo único que logra es hartarnos), en realidad un pintor muy abajito de lo regular, pero eso sí, hambriento de fama se puso a perpetrar un adefesio que señala a mi general Emiliano Zapata como un jotito de ésos que se disfrazan de locas. No pongo la imagen porque la mencionada porquería no merece un espacio en mi muro.


La imagen forma parte del material gráfico del libro. Retrato de Emiliano Zapata (óleo sobre tela), de Adolfo Best Maugard. EL UNIVERSA  /
Zapata, según Adolfo Best Maugard
Imagen relacionada
Che-Zapata
La mencionada pintura es chafa, es el trabajo de un pintor bastantito mediocre, el que, sin embargo, sí muestra algo descomunal a través de este "trabajo" (de alguna manera hay que llamarlo): su monstruosa hambre de notoriedad.
Con tal de llamar la atención este insigne pordiosero de fama es capaz de hacer una burla sanguinaria en contra de quien en vida se mostró como la antítesis de tan lamentable imagen.

La supuesta "obra de arte" no va más allá de las caricaturas que le han hecho al Comandante Borolas cuando le pusieron una casaca que le quedaba grande. Los caricaturistas lo llevaron hasta el extremo porque esas caricaturas eran un ataque al mencionado Borolas, su objetivo era burlarse y ponerlo en ridículo con un objetivo claramente político pues aquellos caricaturistas consideraban nefasto, terrible, asesino, al gobierno de Borolas.
Entonces ¿qué busca este caricaturista? (ya quisiera dibujar como Helguera o como Hernández, los autonombrados moneros de La Jornada), sedicente pintor. Su objetivo está más que a la vista: llamar la atención, cobrar sus quince minutos de fama mediante una provocación, un ataque a un ícono de lo mexicano, una burla contra uno de los hombres más limpios de la Revolución y de la historia. Claro que la burla, el ataque gratuito, no hace mella a mi general Zapata. Emiliano es inmortal y en alguna medida a él se debe este país. El que lo ofende es un aspirante a caricaturista, un hombrezuelo, una persona muy menor que quiere subirse en los hombros de un gigante mediante una provocación bastante vil. Frente a esta "obra", en realidad una caricatura malhechona, no podemos hablar de arte.
Foto intervenida de mi general

Creo que sería bueno que encontraran una admisible manera legal de sancionar a este provocador.
Ciertamente en alguna página de la historia se habla de que mi general Zapata sostuvo alguna relación homosexual con Ignacio de la Torre y Mier (el yerno de su suegro). Si esto es cierto, mi general asumió tal suceso como el gusto de un hombre y jamás como un amanerado o lo que hoy suele llamarse una “loca”, es decir, un hombre, con aspecto masculino y con parafernalia ―maquillaje, ornamentos, peinados y colores― femenina.
La libertad de expresión tiene que tener un límite. La burla, el escarnio, también. ¿Permitiremos que cualquier imbécil que esté urgido por llamar la atención ponga a Hidalgo, Morelos, Juárez, Villa, Cárdenas, o a quien se le antoje como objeto del más estúpido ridículo? Aquí uno ya empezó con Zapata. ¿Qué le parecería a este sedicente caricaturista que dibujáramos desnuda a su madre y publicáramos la obra? El primer límite que debe tener la libertad de expresión es el respeto. El que no respeta autoriza a que no se le respete.
Por eso hay una ley de los símbolos nacionales. Los constructores de este país, los hombres que dieron su vida para que lo que hoy es México, sus imágenes, deben estar protegidas también por la ley.
Los mediocres que quieren fama a través de la provocación que reciban la sanción de la ley. Si no, todo será objeto de burla y de ridículo. ¿Y quiénes seremos los mexicanos si nada nos justifica y todo es objeto de sometimiento a la estupidez?
Con Borja y la argentina Griselda Gómez

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Mi general Felipe Ángeles


Felipe Ángeles cien años después


Pterocles Arenarius


Felipe de Jesús Ángeles Ramírez fue sin duda el más humanista de todos los generales de la Revolución. En su momento, bajo el mando del presidente Francisco I. Madero, le tocó combatir a las fuerzas de Emiliano Zapata. Varios años después, cuando eran aliados, Zapata reconoció que Ángeles había sido un noble contrincante, respetuoso de las leyes de la guerra, misericordioso con los zapatistas prisioneros y muy cuidadoso para no violar los derechos de los pueblos bajo la protección del Ejército Liberador del Sur. Muy diferente al criminal Victoriano Huerta y su achichincle Juvencio Robles, quienes lucharon también contra Zapata antes que Ángeles pero éstos usaron el método de tierra arrasada, asesinato masivo y destrucción total de pueblos por el fuego, el fusilamiento y la violación. Su resultado fue fortalecer el odio contra el gobierno de Madero y también al ejército de Emiliano.
Pancho Villa y Felipe Ángeles

Varios datos muy interesantes de Ángeles son aquellos de que era un gran lector del Bhagabad Gita. Este general, por lo demás, educado como militar en Francia y director del Colegio Militar, salvó milagrosamente la vida cuando Francisco I. Madero fue asesinado. Ángeles compartió con Madero sus últimos días hasta el momento en que fue llevado al sacrificio por los asesinos al mando del chacal Victoriano Huerta. Posteriormente, exiliado en Europa, decidió regresar a México e incorporarse a las fuerzas de la revolución bajo el mando de Venustiano Carranza. Los celos de Obregón hicieron que Carranza lo mandara a colaborar con Francisco Villa a Chihuahua. Ambos traidores, Carranza y Obregón, pensaban que el villismo no tenía futuro, pero no sospechaban que Ángeles y Villa harían una mancuerna áurea.
Los historiadores dicen que, en buena medida, las formidables victorias de Pancho Villa en la segunda toma de Torreón, Paredón y Zacatecas, entre otras, fueron gracias a la colaboración de Felipe Ángeles. También sostienen que las terribles derrotas del Villismo en el Bajío se debieron a que Francisco Villa desatendió los consejos de Ángeles. Krauze hizo una aceptable alegoría al caracterizar al jefe de la División del Norte como: Pancho Villa, entre el ángel y el fierro, en alusión a que dos de los más cercanos generales a Villa fueron Rodolfo Fierro y Felipe Ángeles. El primero como el lado oscuro de Villa y Ángeles el luminoso, que también tenía el gran general Villa.
Rodolfo Fierro y Pancho Villa

Francisco Villa pensaba en Felipe Ángeles para presidente de México, en caso de que ellos, los convencionistas triunfaran. Cuando Carranza notó que la mancuerna Villa-Ángeles era más exitosa que sus propias huestes, se empeñó en separarlos y así se lo ordenó al general Villa. Éste, acatando la orden, mandó al artillero hidalguense a ponerse bajo las órdenes de Carranza, pero antes le organizó una ceremonia de despedida. Los cronistas narran que en su momento Villa pronunció un discurso para que seguidamente Ángeles partiera y recuerdan que sin pudor alguno, frente a sus soldados, el General de la División Francisco Villa interrumpió su discurso y se puso a llorar por la partida de su colaborador y, para entonces, ya entrañable amigo.
Cuando se escriben estas líneas se cumplen cien años del asesinato de Felipe Ángeles, fusilado por consigna, quien lo duda, del presidente cuyo nombre, Venustiano Carranza, se convirtió, al crearse como verbo, en sinónimo de robar: carrancear.
Los priístas, por décadas autodesignados herederos de la Revolución, se mostraron también hijos de las malas mañas de los vencedores de aquella terrible contienda. Obregón era tremendamente corrupto y lo reconocía él mismo; astuto en el peor de los aspectos y asesino empedernido. Carranza, ya está dicho, generó el verbo carrancear. Los priístas fueron raterazos y asesinos. Aunque, con el tiempo, aprendieron que salía más barato cooptar, corromper o incluso chantajear que cometer asesinatos, aunque no especulaban demasiado para decidirse antes de matar a alguien.
Emiliano y Pancho entrando a la Ciudad de México, 1914

La memoria histórica del pueblo mexicano le enseñó que la Revolución había sido una etapa espantosa de nuestra historia. El país contaba con unos 12 millones de habitantes y en el lapso revolucionario, la población no sólo no aumentó, sino que disminuyó en un millón de personas. Las hambrunas y grandes sufrimientos azotaron a todos los mexicanos. Los de las generaciones nacidas entre los años 40, 50 y aún 60 del siglo XX conocieron muy bien los relatos de sus padres y abuelos sobre los hechos de grandes sufrimientos y hambruna que se padeció en aquel tiempo. Y la izquierda entendió. Nunca más otra guerra civil, pareció ser la consigna. Y el pueblo sufrió ahora las arbitrariedades, la corrupción, el encarcelamiento, el autoritarismo, la desigualdad, la ineptitud, la estupidez, la soberbia y muchos otros oprobios de los gobiernos priístas. El pueblo lo soportó bien cuando hubo, cómo no, épocas de bonanza, cuando se hablaba en el mundo del “milagro mexicano” y el país crecía a tasas del 7 por ciento anual. Se aguantó con gran estoicismo cuando el sistema priísta recurrió al asesinato, el encarcelamiento y la arbitrariedad de los años 60 y 70, en que cometieron dos de los más vergonzosos crímenes políticos de la historia: las matanzas de Tlatelolco y la de San Cosme. Con indignación se callaba contradictoriamente aquel secreto a voces de la guerra sucia en la que el gobierno cometió atrocidades sin nombre desapareciendo, torturando y también asesinando con toda brutalidad a los inconformes con las matanzas del 2 de octubre y del 10 de junio.
Bajo la égida de mi general...

Los latrocinios descomunales de Echeverría y López Portillo eran mal menor frente a la posibilidad de incurrir otra vez en la violencia generalizada, aunque fuera revolucionaria. Así llegamos a uno de los peores gobiernos que se ha padecido en México. En la espiral descendente, pues cada presidente designaba como sucesor al peor de su gabinete, llegó el momento en que De la Madrid, el peorcito de todos, impotente, vio crecer y agigantarse y ser devorado por aquel hombre de prominente inteligencia criminal, un auténtico demonio del mal: Carlos Salinas de Gortari, quien terminó gobernando el sexenio infame de Miguel de la Madrid. Luego Salinas impuso el más grande fraude electoral que se hubiera vivido hasta entonces para usurpar la presidencia de la República. Pero, para el pueblo, no valía la pena levantarse en armas. Y el mexicano soportó más de treinta años de depredación, de robo al erario por parte de quienes debían cuidarlo, de asesinatos, de mentiras.
Luego engañaron a los mexicanos con una alternancia que demostró ser más de lo mismo: los dos sexenios panistas Fox-Calderón. Si bien Fox fue el colmo de la extravagancia, el servilismo a Estados Unidos, la estupidez e incluso la locura, se quedó chico ante las monstruosidades que se alcanzó el hoy llamado Comandante Borolas, Felipe Calderón. Lo que no había ocurrido antes, desde los tiempos desdichados de la Revolución. El fatalismo histórico se hizo presente: 1810-1821, una gran masacre de mexicanos como costo de la Independencia; 1910-1921, la décima parte de la población exterminada para combatir a un régimen que traicionó a los humildes; 2010-?, a pesar del trauma histórico de los mexicanos que se pronunciaron por la no violencia, que aguantaron Tlatelolco, 10 de junio, Acteal, Aguas Blancas y muchos crímenes más, llegó un borracho estúpido y desató una guerra que nadie quería y bañó en sangre al país y, de cereza en el pastel, trajo nuevamente al poder a los peores gobernantes de la historia de México y lo hizo traicionando a su partido, a sí mismo y a su tradición familiar. Ayudado por Borolas, además de un gran fraude económico que soportó al electoral regresó el PRI al gobierno a continuar las políticas del susodicho Comandante Borolas. Pero el pueblo mexicano, ni así quiso la violencia.
El 1 de julio de 2018, el pueblo mexicano le aplicó una derrota histórica al sistema prianista. Ellos hicieron fraude, como siempre, pero el aplastamiento del sufragio popular los puso en situación de desesperación. La victoria del pueblo fue esplendorosa y pacífica. Como los mexicanos lo han querido desde siempre en estos tiempos: sin derramar sangre por parte de los revolucionarios. Ellos sí asesinaron, ellos sí reprimieron, ellos sí cometieron crímenes de lesa humanidad. El representante del pueblo, Andrés Manuel López Obrador, llega al poder con las manos limpias de sangre y de robos. Por primera vez en la historia actual de México.
Y luego dicen que el pueblo no es sabio.
He hablado del trauma histórico de la Revolución. Fue una lección espantosa, pero la hemos aprendido. En este momento sabemos que aunque abominemos a los panistas, aunque no podamos soportarlos, aunque nos parezca que lo peor del mundo habita en la mente de los racistas, los clasistas, los que han venido a este mundo a explotar a sus semejantes para hacerse ricos, para acumular poder económico de una manera absurda y enloquecida aunque perjudiquen a millones de personas. Aunque sean criminales en potencia o incluso en acto... tenemos que vivir juntos en el mismo país. Los que cometan actos fuera de la ley que vayan a la cárcel y que ahí se pudran. Pero no podemos, no debemos matarlos. “En el momento en que incurramos en crímenes como los que ellos han cometido, en ese momento nos habrán derrotado”: Pablo Gómez.
La gente de la derecha quisiera eliminar a los indios excepto porque sin ellos, quién les serviría y a quién iban a robar mediante la explotación de su trabajo pagándoles sueldos miserables a cambio de que engorden sus cuentas bancarias. Los llaman el plebeyaje, los llaman la indiada, los llaman el infelizaje.
Pero aún así, aunque sus actitudes nos parezcan bajezas inhumanas, tenemos que vivir juntos, aunque carguen en su cabecita esa podredumbre. Tenemos que vivir juntos. Y somos ciudadanos de un país con riquezas inmensas que dan para que vivamos todos. El PRI nunca entendió la lección. Ellos asesinaban a quien no les gustaba por su manera de pensar, lo hicieron desde su origen mismo, como cuando Obregón mandó matar a su hijo putativo Francisco Serrano, o Salinas a su no menos hijo putativo Colosio. Si eso hacían con sus aliados ¿qué nos podíamos esperar sus rivales! Los priístas nunca entendieron.
El PAN tampoco entendió como lo mostró el Comandante Borolas. Y si me apuran un poco están peor. Además de que prefieren el uso de la fuerza y ordenar que vayan a matar a los miembros del crimen organizado, quieren todavía imponer reglas que ya no son de este siglo. El PAN anda viviendo como uno o dos siglos atrás, pero con las costumbres de este siglo XXI. Ah, porque eso sí, les encanta la concupiscencia, los placeres actuales que incluyen la libertad sexual extrema con respecto a tiempos pasados, la tecnología e incluso la embriaguez. Como me dijo un panista, un familiar muy cercano, lamentablemente panista, pero a la vez muy querido (algo así como un hijo descarriado y malacabeza): “El PAN se quedó sin banderas. Hoy no defendemos la moral cristiana; no defendemos, salvo excepciones no muy recomendables, a la familia; no defendemos la decencia. Nos hemos vuelto iguales que la gente de izquierda”. Pero sí quieren el exterminio.
Los únicos que, al parecer, hemos entendido la lección somos los de izquierda y también el pueblo mexicano en general. Estamos juntos en este país y tenemos que convivir todos. Incluso los criminales porque no hay pena de muerte en México, así que todos tenemos que vivir mientras nuestro cuerpo dé para ello. Los que merezcan la pena máxima por los más terribles crímenes que hubieran cometido, que vayan a la cárcel; la pérdida de la libertad es semejante a la pérdida de la vida.
México perdió a muchos de sus más grandes hombres en la época de la Revolución. Y es muy de lamentar que no los mejores, no los más humanistas, no los que amaban al pueblo fueron los que ganaran la Revolución (con la excepción luminosa de mi general Lázaro Cárdenas).
Y el pueblo mexicano soportó la terrible hecatombe que fue la Revolución. Luego soportó un gobierno terrible, ladrón y asesino, a pesar de que las consignas para los levantamientos armados no fueron escasas (las guerrillas urbanas de los años 70 y 80, los levantamientos campesinos de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, el movimiento armado del EZLN, entre otros), el pueblo escogió la vía pacífica y la aplicó de la manera más contundente. Morena tiene una misión histórica, vamos a ver si está a la altura del reto.
Y nuestros grandes hombres que vivan y que aporten a la patria. No más las muertes prematuras de los Felipe Ángeles, de los Emiliano Zapata, de los Pancho Villa, de los Flores Magón y tantos más que hubieran hecho de México una nación más grande y mejor para todos los mexicanos.
Por lo pronto, deshagámonos de toponimias oprobiosas; no más vergüenzas para los lugares que habitamos como la de Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Gustavo Díaz Ordaz, Carlos Hank González, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari, et al.