jueves, 25 de septiembre de 2014

El divo del rocanrol.

La mejor de nuestras malas compañías

Una muerte inmejorable, Editorial De Otro Tipo, 2014, 252 pp.

Charlie Monttana

Queridos amigos:
Es un gusto estar aquí, en este momento, en esta celebración. Pocas veces uno se da este tipo de lujos, abran bien sus ojitos para que algún día tengan mucho que contarle a sus nietecitos, es un orgullo para mí exponer mi punto de vista y dar alguna opinión de nuestro amigo Pterocles Arenarius, un gran escritor, quien a salto de barra y de bar en bar ha ido internándose en el mundillo ficticio de la literatura mexicana.
Un hombre cuyos escritos, novelas e historias en general han llenado de caracteres únicos desde hace ya algún tiempo las hojas blancas a tinta y lápiz, con su estilo elegante y contundente, crudo y áspero, sutil y dialéctico, ha creado poesía pegada al hueso, es decir, libre de falsos adornos; ¡cómo se nota que escribe, mínimo, tres cuartillas al día con el fin de que no se le enfríe la mano!
Hemos de denominarle como el vicario de la sordidez citadina, cual mampara translúcida del claroscuro devenir de los últimos tiempos punto y coma de la alegoría cosmopolita. Practicante del uso de las voces populares, sonetos, coplas, versos y epistolarios arrabaleros, giros y dicciones incultas dentro de la cómplice simbiosis de un lenguaje cuidadoso, exquisito y muy selecto, más dentro de la corriente escrita que dentro de la corriente hablada.
Al leerlo nos involucramos en sus historias , habitamos sus paisajes y nos encariñamos con los personajes y narraciones que van desde la soledad y la desesperanza hasta el puro y dulce amor. Escribe sin tapujos hasta dejar en su obra parte de él mismo, también describe los mundos donde conviven en armonía lo real con lo imaginario, lo local con lo universal, lo sagrado con la maldito; su manejo tan hábil en temas como el sexo, lo maneja de manera tan escurridiza, volviendo la tragicomedia más cómica donde entre acto y acto te cagas de la risa y en el otro te pones a llorar de sus historias que deambulan entre el pecado, el placer y la tentación; por cierto, los intelectuales dicen las cosas de manera y modo complicados, nuestro artista expresa las cosas complicadas de la manera más simple, nomás así, pa’que se entienda.
Pterocles Arenarius, Charlie Monttana.

Pero a pesar de lo que se diga de sus indecentes historias podríamos usar sus textos como un manual de autoayuda o quizá como la mejor de nuestras malas compañías; ésta es la verdadera expresión de una personalidad rica y compleja, polifacética e imprevisible, gracias a Dios no fuimos tan ordinarios.
Hemos de considerarlo el padre soltero de la nueva novela mexicana. También lo consideraremos un cuadro al óleo con todos sus matices; la cautivadora belleza de su obra y su notable originalidad ¡es que le valga madre!, ¡que le importe un carajo!, y que su conducta se vuelva tan insensata cuando escribe cosas como:
“Siempre que me cogieron nunca había sentido como ahorita, como que me orinaba, como que me moría; sentí que me orinaba y que se me venía todo, que se me salía; Tranquilino, no ´se qué me hiciste, bueno sí sé, sentí todo, pero una cosa sí te digo, ya nunca voy a ser la misma, te juro que nunca voy a coger con macho que no me haga regustar de la verga. ¡Qué bonito es coger así!”…
Y también hay partes como ésta:
“¡Métemela, métemela!, y ella se fue deslizando hasta acomodarse. Sentí su vagina ardiente, abierta, henchida, se la metí, me abrazó, se apiernó, y me rasguñó, chillaba, su sexo se contraía de tal manera que no estaba lejos de causarme dolor; ¡una delicia!”
De Otro Tipo en Ciudad Neza.

¡Vaya formas más iconoclastas, heterodoxas de expresar las relaciones sociales y humanas!
Esta es una historia muy difícil de un hombre a quien le quedan por vivir seis meses y trata de habilitar lo que no vivió en treinta y cinco años por mocho, temeroso y ñoño, un hombre que morirá de manera casi banal y absurda, sin que lo maten siquiera los sórdidos y deliciosos placeres terrenales que degusta la población como putas, drogas, alcohol, comida en exceso y todo tipo de manías asesinas que acaban con la comunidad humana; este libro invita a la reflexión, quizá a valorar cuanto tiempo vivimos en el ocio, en un mundo adulto tan demasiado falso como para creer en él, su verdadera originalidad de Pterocles Arenarius es la de las sensaciones, al leerlo hay partes donde te sientes muy bien y partes donde te sientes del carajo, te transportas hasta las locaciones de la historia, esto es, al mismo tiempo, la cúspide y la ruina del estatus de mierda que vivimos en este país por estos días.
La reunión de la reflexión filosófica y el fluir del relato te llevan a caminos inesperados donde es inimaginable el final de la historia.
Una muerte inmejorable en Casa Maha.

Hay demasiados escritores y pocas historias buenas que valgan la pena, a los grandes pendejos apadrinados los anuncian en marquesinas con letras de oro, a nuestros más sublimes malos ejemplos bukowskianos como Pterocles, nuestro prócer, Benemérito de Guanajuato; todavía nos toca caminar en el túnel del tiempo en busca de la luz, nosotros estamos aqueí para promocionar de manera más que descarnada las cosas rotas, jodidas, lastimadas, que ya no sirven, reciclamos y les damos brillo y belleza a las que nunca las tuvieron, explotamos y vivimos en el dolor de manera magnífica, pues sin dolor no hay ganancia, ése es el blues de nuestras vidas, dotar de gracia lo que nunca la tuvo.
Pterocles Arenarius, ganador de este premio, de este concurso, arriba de no sé cuanto cabrón, lo merecía, él se merecía ganar, él necesita comprar más café, más tequila, más hojas blancas, más lápices y más pretextos para seguir haciendo más cuentitos sudorosos como Una muerte inmejorable, que es el libro más reciente, no el último, sino el más reciente.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Eterno Femenino

Eterno Femenino, cuatro años

Pterocles Arenarius

Cuando murió José Revueltas —uno de los más grandes narradores mexicanos, por más que traten de olvidarlo y ningunearlo por su inconmensurable coherencia ideológica, su rectitud y, en otras palabras, su humanismo, es decir, por su compromiso con los más pobres y con las ideas del comunismo—, la ceremonia luctuosa se convirtió en un desgarriate. Todos los que lo expulsaron de sus organizaciones, el Partido Comunista Mexicano, la Liga Comunista Espartaco; los priístas, maestros del cinismo, que lo tuvieron en la cárcel por años; los izquierdistas “moderados”, los vendidos, como los chuchos de hoy; los radicales y hasta los troscos y los maos, todos querían homenajearlo. Y empezaron a pelearse a golpes por ser los que tuvieran el derecho de hacerlo y además de expulsar a los demás porque no tenían autoridad moral para homenajear al que quizá fue el más limpio y honesto militante comunista en la historia de aquel momento, estamos en el año 76 del siglo pasado.
Uno de los más grandes. Ninguno más limpio.
La ceremonia para despedir a Revueltas quien fuera aludido por Elí de Gortari con estas palabras “Me es difícil pensar en otro ser humano tan honesto como Revueltas”, terminó convertida en un rebumbio de insultos y algo más que conatos de agresión. Se dijo que así como su sepelio había sido su vida, un caos, un desgarriate. No es así, sino al revés. No hay un militante de izquierda tan recto y vertical como Revueltas, el desgarriate y el caos son los otros, toda la clase política del momento porque, exceptuando a la derecha, todos los que se sentían de izquierda —incluyendo a los priístas— estaban presentes. El rebumbio, el caos, el desmadre eran ellos. Revueltas siempre fue la coherencia en sus ideas y la más recalcitrante verticalidad con las ideas del comunismo.
Bueno, esto viene a colación porque el viernes 19 de septiembre de 2014, el mismísimo día que recordamos el terremoto más potente de la historia de México, se celebró el cuarto aniversario de la Editorial Eterno Femenino.
Para empezar, poquitos concelebrantes, diez, acaso doce personas. Muchos libros, mucha amistad, gran calidez, ambiente inmejorable y una garrafa de vino tinto de cuatro litros. El sitio, la Casa de la Juventud, LATA, no tengo la referencia a qué sustantivos se refieren las siglas y si las tuve las he olvidado, pero es una casa de la cultura en la delegación Iztacalco. Nadie estaba desanimado por la escasez de personal y más bien todos se encontraban en un estado de alegría por la celebración.
La editora (mujer orquesta) de Eterno Femenino y dos de sus autores.
Cada uno iba pasando a referir su experiencia acerca de Eterno Femenino y su gloriosa labor de publicar libros de autores que muy raramente encuentran el privilegio de la publicación en las editoriales establecidas, menos aun en las comerciales y ya ni hablemos de las que vorazmente buscan sólo los bodrios que suelen ser los best sellers en todos sus géneros.
El trabajo de la jefa editorial, de difusión-promoción, de redacción, de selección de títulos, de impresión, de terminado y refinación de los ejemplares, de transporte, venta y distribución de aquéllos y de higiene y aseo de las instalaciones, reitero el trabajo de ella es más que aceptable. Lo indescriptible, lo inverosímil y asombroso es que todo el trabajo anotado lo hace una sola persona: Noemí Luna García. Bueno, a veces tiene un ayudante.
México es un país que requiere desesperadamente educación y cultura. Cerca del treinta por ciento de los habitantes de este país son analfabetas funcionales, incluyendo al que dicen que es el presidente de la república. Alrededor del diez por ciento son analfabetas ágrafos. El consumo de libros, dicen, no llega a los dos por habitante por año. La educación, para nadie es un secreto, se encuentra en condiciones de catástrofe. La situación alimentaria depende de que los proveedores extranjeros quieran vendernos comida porque el “gobierno” —de alguna manera hay que llamarle— puso en sus manos el privilegio de que no nos dejen morir de hambre dado caso; por otra parte, el setenta por ciento de los adultos sufre obesidad o al menos sobrepeso y, el crimen, somos el país con los niños más gordos del mundo. La riqueza energética de México se está malbaratando de manera criminal. Y en general, hay muchos datos más que nos tienen como se dice en la más vulgar de las expresiones, con el culo en la mano. O deberían tenernos, pero la gran mayoría de los mexicanos están anestesiados por la más poderosa y nefanda de las drogas, la televisión comercial, convertida —no es nuevo, recordemos a Paco Stanley— en cártel de las drogas. Los criminales se regodean en los sitiales de poder y se jactan de su impunidad y hasta se hacen llamar víctimas cuando son señalados por sus crímenes.
La verdadera imagen del PRI. Los criminales se regodean en su impunidad.
Es en este contexto catastrófico trazado a grandes rasgos donde Eterno Femenino realiza su inmensa labor. Entre pleitos, duro trabajo, aparente desorganización, pertinaz impuntualidad, a veces a pesar de hasta la represión policiaca, el boicot de las autoridades no tan escaso. Pero con sinigual generosidad, sin discriminación a veces ni siquiera por la calidad de los textos, con un valor difícil de encontrar y con una nobleza y un amor a la literatura, al arte, que no es posible descubrir salvo en, por ejemplo, los mujaidines o los “terroristas” que se hacen explotar con un buen fajo de cartuchos de dinamita bajo la ropa, aunque estos lo hacen por amor a Alá y no al arte ni a la literatura.
Eterno Femenino es una empresa (de emprender, del latín ad hendere, atrapar, capturar) que a diferencia de todas las demás empresas no da ganancias. De las empresas tenemos edificantes ejemplos. Las grandes empresas, unos cuantos cientos de ellas en México, tienen sumido al país en la desgracia, los empresarios son los maestros en chingarse a todo el mundo, en primer lugar a sus clientes, porque venden sus productos al precio más alto que pueden —con frecuencia por imposición, sin competencia, por ser monopolios— sea o no justo, nada más lejos de una empresa que la justicia, ellos lo único que quieren es ganar y la mejor manera de hacerlo es chingándose a sus clientes. En segundo lugar, las empresas se chingan a sus trabajadores, les pagan lo menos posible, para eso el salario mínimo mexicano es una de los más bajos del mundo, sólo comparable al de los países africanos. Una persona sola, sin familia, no puede sobrevivir con un salario mínimo. El salario mínimo es un crimen del gobierno y de los empresarios. En tercer lugar se chingan entre ellos mismos. El supuesto ideal de los empresarios, del capitalismo, en general, es la libre competencia. Pero la competencia no es para que todos estemos bien, sino al contrario, para que los más voraces, los más astutos, los más hijos de la chingada, destruyan a los menos poderosos. Y para eso se vale todo. De tal suerte que la libre competencia siempre termina como monopolio. Las empresas se chingan a todo el mundo y su ideal verdadero es beneficiarse a sí mismas, pero en realidad sólo enriquecen a su dueño o grupúsculo de dueños. Ése es su único y verdadero objetivo. Y en ello se están chingando también al planeta porque si no se detienen ante los más variados y monstruosos crímenes, ¿se van a detener por destruir el mundo en que vivimos?, no, por cierto, además, falta mucho para que eso ocurra, dirán ellos.
Ediciones Eterno Femenino
Gracias a Dios Eterno Femenino no es una empresa de ésas que se chingan a todo el mundo. Al revés. Es una empresa que beneficia a los autores que publica, porque encuentran dónde publicar algunos después de años batallar, de esperar, de buscar. Beneficia a los lectores porque Eterno Femenino les ofrece opciones que las empresas que sólo quieren ganar dinero no ofrecerán jamás. Eterno Femenino no compite con nadie, si acaso consigo misma, para realizar un trabajo mejor cada vez. Ciertamente, ha hecho últimamente ediciones realmente hermosas que envidiarían las otras empresas, las que trabajan para ganar (léase para chingarse a todo el mundo). ¿Cómo le hace Eterno Femenino para sobrevivir si no gana? Ése es un verdadero misterio que las otras empresas no querrán aprender jamás porque no quieren ya no digas perder sino ni siquiera buscan ganar decentemente, sino tienen como objetivo la ganancia bestial aunque sea injusta, aunque sea un robo. Pero ganar. Así como Carlos Slim llegó a volverse el más rico del mundo robando a cien millones de pendejos. Así como Salinas Pliego se ha convertido en uno de los más ricos de México robando escandalosas comisiones a los migrantes mexicanos en Estados Unidos por enviar su dinero a México.
Eterno Femenino no es una empresa de ésas que tienen por objetivo confeso chingarse a todo el mundo (incluyendo al planeta Tierra, nuestro mundo), si no pregúntenle a Minera México, empresa de asesinos laborales, recordemos Pasta de Conchos; contaminadores por miles de hectáreas y millones de metros cúbicos de agua, etc.
Esta empresa, Eterno Femenino, sin duda única en su género, que ya tiene en su catálogo más de cien títulos, lo que muchísimas de las otras quisieran ardorosamente, llegó a sus cuatro años de edad. Una gran hazaña. Y decidió celebrar tan feliz acontecimiento. Para ello hizo uso de sus contactos y le proporcionaron un auditorio en la llamada Casa de la Juventud LATA, en un barrio bravo de la delegación Iztacalco.
El poeta y narrador Juan Carlos Castrillón y el que esto narra salimos del recinto en donde se llevaba a efecto la fiesta. Queríamos comprar unos vasos de plástico para que el vino fluyera entre los convidados, como ocurre en cualquier presentación de libros o celebración de aniversario. A pocos metros del local de LATA estaba una pequeña tienda que nos proveyó de los necesarios vasos desechables. En la mera esquina estaban al menos doce jovencitos, no mayores de 19 años. Fumaban mariguana e inhalaban la conocida mona de una sustancia tóxica industrial que llaman activo.
Castrillón, poeta, narrador y militante.
Castrillón los invitó a participar en el evento. Los chicos, viéndose frente a un poeta de verdad, un viejo de treinta y tantos que aparenta este poeta, de inmediato intentaron la condescendencia con tan insigne personaje tan poco común entre ellos. La manera de hacerlo fue invitándolo a fumar un casi agotado cigarro hechizo, en efecto, de mariguana. Juan Carlos Castrillón jamás perpetraría un desaire a su presunto público y le fumó a la mota. Yo venía de la tienda después de comprar los vasitos. Y Castrillón me dijo “Jálale”. Comprendiendo lo que ocurría y al notar que la circunstancia era cordial acepté fumar del cigarrillo de mariguana. Los chiquillos veían a un, para ellos, hombre maduro y a un viejo como yo, sedicentes autores literarios y no dejaron de impresionarse, tanto que accedieron a entrar al auditorio de LATA a presenciar un acto de alta —o quizá baja— cultura, pero al fin cultura. Lo cual era muy loable y hasta perfectamente lógico. Los muchachos son vecinos de la LATA, lo menos que podría desearse e incluso esperarse es que fuesen usuarios de la dicha casa de la cultura. Y entraron. Sí, es cierto, iban mariguanos, también nosotros Castrillón y yo, Pterocles, pues aunque poquito, habíamos fumado mariguana.
Fuman mariguana, no tienen esperanza, los políticos, los poderosos la han exterminado.
Ellos, por desesperación, provocarán la hecatombe social. 
Cuando los policías los vieron entrar y tantito peor, acompañados por nosotros, de inmediato dieron voz de alarma. Sin que nos diéramos cuenta llamaron al menos a otros veinte policías. Algún jovenzuelo, empleado de la LATA, entró a decirnos que no podíamos abrir nuestra botella de vino: ¡una celebración literaria, libresca con prohibición para beber vino! Los invitados mariguanos se fueron saliendo poco a poco, más o menos decepcionados pues no había rock, no había más mota, no había ni siquiera vino. Algunos esperaron hasta media hora escuchando los testimonios de los escritores y las soberbias interpretaciones de blues del extraordinario músico blusero Jesús Téllez. Pero aunque era música muy fina, era demasiado blanda para los fuertes y violentos gustos de estos chavos que quizá habrían deseado bailar el saludable slam.
Finalmente los empleados de la LATA consiguieron interrumpir el acto. No les importó que en el presidium se dijera que la cultura debía ser para todos, que Eterno Femenino es una valiosa institución que está haciendo lo que el gobierno tiene la obligación de hacer y no hace, etc. Castrillón se puso a discutir acremente con la policía y fue amenazado con la detención, pero lo que en realidad querían era meterle una buena madriza; ya trinaban de coraje los pinches policías. La protagonista, la editora-directora-productora-promotora-difusora-expendedora de Eterno Femenino, Noemí Luna García (curiosamente tiene los mismos apellidos del criminal García Luna), tuvo que adoptar, por si no fuera suficiente, una ocupación más, la de ir a negociar con la policía por los disturbios que causan sus autores. Los policías, personas de mentalidad cerrada, obtusa, bastante enferma: “se paniquearon cuando vieron que los chavos banda se metieron al auditorio” pero, bueno, no los culpemos, su actitud responde a la limitada visión de su pervertido oficio: madrear a los mariguanos, meterlos a la cárcel, evitar que tomen un lugar en donde se hace cultura, en serio, eso confesaron como objetivo.
Así fue la celebración de los cuatro años de Eterno Femenino. Me recordó mucho el sepelio de José Revueltas. Dirán que la cultura es eso, el desenfreno, el caos, el desorden, los vicios. También eso es la cultura. Eso ha sido en toda la historia de la humanidad, pero mucho, muchísimo más. Pero más bien, eso es el gobierno que estamos padeciendo, el caos, el desorden, el robo del erario, la estupidez, la corrupción y la traición a México. El desmadre está allá. Nosotros estamos haciendo lo nuestro, lo que ellos, los que dicen que nos gobiernan, tienen como obligación hacer… y no lo hacen.
Al final estuvimos en el parque adjunto a la LATA, en la calle, por supuesto, violando sus leyes, consumiendo el vinillo que nos sobraba. Comentamos, entre muchas otras cosas, la curiosa situación de la LATA. Que los vecinos —a quienes formalmente les pertenece la casa de la cultura LATA— jamás entren a ese recinto, porque son mariguanos, porque son rebeldes, desempleados, porque no estudian ni trabajan, sólo fuman mota, porque chupan activo y beben caguamas. ¿Entonces para qué putas existe la pomposamente llamada Casa de la Juventud LATA, si los chavos que debieran estar allí haciendo teatro, escribiendo sus memorias del pasado y también las del futuro, bailando, leyendo, tocando guitarra, etcétera, tienen que estar autodestruyéndose ahí afuera inhalando un producto industrial altamente nocivo, mientras los policías vigilan que jamás accedan a la cultura ni a su casa?
Cartón para satirizar al gobierno emanado del "nuevo" PRI.
¿Entonces para qué puta mierda sirve el gobierno? ¿Para qué queremos una pinche casa de la cultura que prohíbe la entrada a los que debiera servir? ¿Dónde están las putas instituciones? ¿Quién va a atender a esos chavitos que fumaban mota ahí afuera de la LATA en algún renglón, en su educación, en su fuente de empleo, en su formación, en su alimentación? La respuesta es sencilla: nadie. Ergo, ¿para qué estamos manteniendo a una punta de zánganos que sirven para mucho menos de lo que sirve la mierda —pues la mierda abona la tierra— quienes dicen gobernarnos?

¿Quién responderá a todo lo anterior?

viernes, 1 de agosto de 2014

Lanzamiento de Una muerte inmejorable

Entre el amor y la bestia

Bendito, eterno, es aquél que descubre una gran verdad y la proclama para obsequiarla a sus congéneres. Y no menos lo es aquél que encuentra cómo decir su propia y acaso pequeña verdad pero logra darle la más bella forma.


Pterocles Arenarius

En este mundo, en este universo, lo único inmutable y permanente es el cambio. Cuanto existe en el cosmos incluyéndonos, es el resultado del eterno trasmutar de la materia. Sin embargo —e independientemente de metafísicas, religiones o revelaciones—, sin conocimiento apriorístico de que el espíritu esté imbuido en la materia, el devenir de ésta, luego de los miles de millones de años que tiene de existir este planeta y con la aparición de la inteligencia, llegó a crear el espíritu (en otras palabras, quizá haya un Dios, quizá no, pero los hombres, la especie humana está creando espíritu). Pues no otra cosa es el arte: espíritu plasmado sobre la materia, a través de ella, recreando al universo, inventando otros universos. Y dentro de las artes, las ideas sublimes (o diabólicas), las más próximas a lo divino (y también a lo instintivo y aun a lo primigenio, lo que suele llamarse lo demoníaco) y con mayor precisión especificadas se encuentran en la literatura.

Charlie Monttana, Pterocles Arenarius, Jorge Borja


Hay quien dice que “Morir por la idea no es morir, sino permanecer entre los benefactores de nuestra estirpe”. En ese sentido, Homero está vivo en la Ilíada, Cervantes en el Quijote, Shakespeare en Otelo, etc. En otras palabras, el arte, el espíritu, es, en efecto, inmortal. Cuando morimos, lo único que queda de nosotros son las ideas. Es decir, somos, más que nada, ideas. Y son ellas lo que siguen alimentándonos. El arte, incluso más que la tecnología y al menos a la par que la ciencia, es creador de civilización. Esta demoníaca creación humana que nos ha colocado al frente del planeta, con la monstruosa responsabilidad que implica y que podría provocar nuestra total autodestrucción.
El movimiento universal
Pero dirán ustedes “este güey ya se puso demasiado espeso, si sólo se trata de presentar un libro, una novela, tranquilo, cabrón”. Es cierto. Sin embargo, me remito a Baruch Spinoza: “Aquél que para tomar una determinación no considera, al menos, los últimos cinco mil años de historia, es un inconsciente”. Porque las artes, la literatura es ensanchamiento y profundización de la consciencia; lo nuestro es la humanidad, el humanismo. Y del sustrato de esta forma de pensar es de donde surge la civilización. Y ésta también está sujeta, por supuesto, al cambio, al movimiento, inobjetable y, ése sí, absoluto; el cambio, el movimiento, es el que relativiza cuanto existe en el universo, y es, por eso, absoluto. De tal manera que si la civilización no cambia para adecuarse mejor a las condiciones del universo físico, perecerá. Como ocurre para cualquier bicho, según lo dejó estipulado Darwin. Las artes, la literatura, es decir, el espíritu, han de permanecer en la cambiante humanidad, y si no, ésta estará condenada. Es por eso que su salvación está en el espíritu, es decir, en el arte y sus ideas, en la ciencia, en la filosofía, en la literatura.
Pero basta de ideas grandiosas o grandotas, particularicemos. Es nuestro deber, siempre debe serlo, como individuos o como colectivos, generar civilización aunque estemos en un país que tiene unos diez millones de analfabetas completos y otros veinte millones de analfabetas funcionales, aunque haya treinta millones de personas que viven en las proximidades de la hambruna y muchos de cuyos niños sufren malformaciones por desnutrición. Aunque estemos en los niveles más altos del mundo en asesinatos por parte del llamado crimen organizado. Aunque el gobierno de nuestro país sea uno de los más corruptos del mundo. Aunque parezca que no hay esperanza. Hay que hacer novelas, hay que publicarlas, aunque nuestros últimos gobiernos hayan sido, como dicen que dijo León Tolstoi: “Si un gobierno no se instituye para el bien de sus gobernados, se convierte en un grupo de malhechores”. Pocas citas más atinadas para la situación de México en este momento. Hay que decirlo aun cuando nos costara… lo que nos tuviere que costar: el gobierno de este momento en México es una banda delincuencial. Pero aun así hay que escribir novelas. Aun así hay que atreverse a fundar una editorial de otro tipo, pues ya hay demasiadas del mismo tipo. Y es que la corrupción ésa que se ha mencionado permea incluso —y por qué no habría de hacerlo— hasta en la alta cultura.
El arte es espíritu
Pero a contracorriente de la desesperanza y el caos, la creación, el arte, es la apuesta a que algo perdure. Porque de otro modo este país que está —en gran parte— podrido, pudiera salvarse, porque sabemos bien, hemos visto en abundancia que no todo está perdido porque hay muchos que dicen “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, por más que desde el poder se esfuercen monstruosamente por demostrarnos lo contrario.
Quizá dentro de cincuenta años ya no exista esto que hoy llamamos México. Espero que sí. Creo que a pesar de todo hay razones para la esperanza, aunque sean difíciles de creer. Quizás en medio siglo se dirá “Era conmovedor ese país, se estaba hundiendo en la desgracia, se estaba muriendo de hambre, pero seguían haciendo novelas y hasta fundaban editoriales de otro tipo sin saber que eran los únicos, los últimos antes de la gran disolución que los destruyó”.
O bien, en el mejor de los casos, en medio siglo, espero que así sea, se dirá: “México se salvó porque siempre hubo quien escribiera literatura, quien fundara pequeñas editoriales que trabajaban, al parecer, sin la mínima esperanza, en medio del caos y la miseria y sin embargo con enormes y legítimas ambiciones. Y gracias a eso, a su gran cultura al lado de su inmensa ignorancia y su terrible, monstruosa desigualdad, la gran cultura mexicana logró que ese país no fuera destruido”.
Los ciclos de destrucción-renovación de México se cumplen inexorables. Y estamos precisamente en el centro de la centuria nefasta. Las grandes convulsiones de México han ocurrido por la desigualdad y por la corrupción. Desde el “Acátese y no se cumpla” novohispano, pasando por el “Mátenlos en caliente” del porfiriato, hasta hoy que estamos en el “En México hay una clase jodida que nunca va a salir de jodida” y con la cual, ésos que hablan de la clase jodida, tienen como único compromiso sólo explotarla hasta que —y parecen no darse cuenta— hasta que todo salte en pedazos.
Pues es ahí donde los artistas, las gentes de la cultura tenemos que incidir. Luchar contra la bestia neoliberal o como deseen llamarle, el engendro insaciable que imbuye a algunos sujetos la indecible soberbia de sospechar para sí mismos una superioridad tal que por ella se permiten condenar a millones a la desgracia, a la desesperación e incluso a la muerte.
No es catastrofismo. No es que sea pesimista. Pero si el país no encuentra una manera de cambiar la ruta que lleva, en cincuenta años ya no existiremos como país. La idea de México se habrá ido mucho a la chingada. Pero aun en tal caso, la literatura, los treinta siglos de arte y cultura que nos dan identidad y comunión, continuarán vivos, seguirán existiendo, serán recordados porque al final, no son propiedad sólo de nosotros sino de la humanidad. Y también porque el espíritu, que no otra cosa es el arte, es inmortal.
Nuestro país ha venido experimentando desde hace quizá medio siglo, una bárbara degradación. Ahorita, puesto que me debo a la palabra, estoy obligado a decir, con el amado José Emilio Pacheco, hoy ausente, “Es extraño que nadie haya anotado que la degradación actual se debe a la pérdida que está ocurriendo en nuestro lenguaje”; y con el Octavio Paz de El arco y la lira: “Cuando el lenguaje se corrompe, las sociedades se pierden o se prostituyen”; y con Javier Sicilia quien, en su columna La casa sosegada, cita a William Carlos Williams: “Si el lenguaje se distorsiona el crimen prospera”. Son palabras que muy bien constituyen la radiografía de lo que en este momento ocurre en México. Como nunca quizá, nuestro lenguaje está siendo distorsionado, prostituido, banalizado y, al fin, sometido a una destrucción que llamaría sistemática, si no fuera porque depende, en gran medida de la estulticia de quienes lo usan pública y masivamente y la dejadez e ignorancia —por más que no sea del todo su responsabilidad— de quienes lo reciben y admiten sin reclamo ni exigencia.
Tengo que decir que la televisión ―salvando mínimas y honrosísimas excepciones― difunde masivamente la estupidez, la mentira y los intereses más o menos viles de sus dueños. Pero más allá, incluso se han instituido como un cártel de la droga. El poder político, desde su sitial más alto, del que algunos llaman presidencia de la República, se regodea en su proclamado y exhibido analfabetismo funcional.

La caja idiota


“Sólo la poesía ―decían los antiguos poetas chinos, digamos hoy sólo la literatura― puede corregir el lenguaje”.
Pero, ¿por qué estoy hablando de esto si hemos venido aquí a presentar una novela que se llama Una muerte inmejorable? Bueno, porque somos mexicanos y estamos viviendo eso que se menciona. Pero también porque tal es telón de fondo de la dicha novela. De alguna manera hemos estado hablando de ella. La desgracia de este país, su atroz decadencia y la esperanza que también se ha invocado, es el ámbito en que se desarrolla Una muerte inmejorable. Sólo diré algo más. En primer lugar, quiero citar a Walt Whitman con respecto de mi libro: Esto que tienes en tus manos, lector, no es un libro, es un hombre. Y sin duda todos los defectos que tiene esta novela se deben a eso, a que es el retrato del alma de un sujeto que ha vivido en el país ese que se degrada, que se destruye, que muere aceleradamente.
Pero así como muere mi país, también renace. Creo que no es necesario decir que La vida se sostiene por la muerte y la muerte se sostiene por la vida. Desde el título se anuncia que esta obra es de carácter tanático. Pero no podría serlo si no tuviera su contraparte, pues también es una novela altamente erótica; es más, algunos dirán que llega a ser pornográfica.

Era ciego. Irradiaba luz

Finalmente, la muerte, ese tesoro oculto, lo dijo Borges, es lo que hace preciosa a la vida. Este momento en que estamos aquí reunidos se vuelve único, irrepetible, tremendo y prodigioso porque jamás volverá a ocurrir. Y, en función de eso, mientras existen individuos, que podría llamar protervos, malvados, criminales o con algún otro adjetivo espantoso, mejor digamos simplemente que son equivocados, son, no están equivocados. Sujetos que, los más avanzados son simplemente soberbios, su ambición los vuelve hipócritas y sus achichincles, no son más que ignorantes; la gran estulticia y la soberbia son formas de la ignorancia, los que dicen dirigir este país parecen estar empeñados en convertir este mundo en el infierno para el mayor número de personas. Mientras eso ocurre, los invito a que seamos la contraparte: hagamos de este mundo tanto como nos sea posible un paraíso. Contra la soberbia y el individualismo feroz, opongamos la solidaridad, el amor. Contra la estupidez masiva-televisiva, opongamos la sabiduría sencilla, el arte, la belleza, la creación, otra vez, el amor. Procuremos estar contentos de todo, por todo y para todo. La muerte es lo único seguro en este mundo. Y nunca olvidemos que para contemplar la luz se necesita la oscuridad. Para gozar la satisfacción se requiere el esfuerzo. Para sentir el placer tiene que conocerse el dolor. Eso es, también, esta novela. Humildemente sea dicho.


Alguien que no recuerdo afirmó por ahí que el total de los temas posibles de la literatura son treinta y dos. Otro, después, dijo que ese número se puede reducir a cuatro: la vida, la muerte, el amor y la lucha.

Los cuatro, abundantemente, se encuentran en Una muerte inmejorable. Los invito a que la lean. Pero más los invito a que practiquen el más bello y simple y humano de los mandamientos Haz lo que quieras… sin dañar a nadie, porque la libertad y el amor son los bienes más preciados en este mundo. Muchas gracias por su atención.

viernes, 25 de julio de 2014

Los ataques de Pterocles

Los ataques de Pterocles


Me complace enormísimamente
se un buen novelista viejo
de segunda fila
del tercer mundo.

Efraín Huerta
(Con el debido permiso, paráfrasis del Cocodrilo sagrado)


Luego de Una muerte inmejorable, bien valdría hacer una retrovisión en perspectiva. Son treinta y dos añitos de escritura. Ergo, soy, todavía, un escritor joven. Hace treinta y dos años decidí dedicarme a la escritura. Estás pinche loco, me dijeron. ¿A quién se le habría de ocurrir semejante disparate luego de estudiar como veinte años para terminar la carrera de ingeniería civil? Pero dije, ¿qué voy a hacer si no escribo?
Enormísimamente complacido.

Pues hubiera sido un ingeniero desgraciado. No me importa si hubiera “triunfado” económicamente hablando. Nunca me ha importado. Escogí escribir y no he dejado de hacerlo. Hay seis libros que andan por ahí... Que se defiendan solos. Me dan motivos para seguir viviendo y seguir escribiendo. Ya habrá una nueva recapitulación, quizá cuando lleve seis libros más, o quizá antes. Por lo pronto, he ahí a un viejo escritor iracundo. Y, paradójicamente, felicérrimo y no un ingeniero desgraciado. Desde El trabajo era una fiesta hasta Una muerte inmejorable, que es la novela que fue premiada en las postrimerías del 2013, la que se presentará el próximo jueves 31 de julio en Miguel Ángel de Quevedo 690, Coyoacán a las 19:00 horas.





La recapitulación.

El trabajo era una fiesta. Y el PRD, con sus 600 muertos era,
en aquellos años, una organización heroica.
El trabajo era una fiesta (Memorias de campaña), 1999. Lo publicó el sello del Partido de la Revolución Democrática a través de dos inventos míos la SEA Popular (Secretaría de Estudio y Acción Popular), y el G-OASISS (Grupo Organizador de Asuntos Sin Importancia Sustancial y Similares), aunque con dinero de Octavio Hernández Calzada. Este es un libro de militante de izquierda, fue escrito al alimón con Octavio Hernández Calzada. Una preciosa y conmovedora experiencia de lucha política, de solidaridad, de organización y, lo más hermoso, de victoria popular. Una denuncia acerca de unos cuantos de los muchos crímenes cometidos por el partido más criminal y traicionero que ha habido en la historia de México, ya saben cual. Eran, todavía, las épocas gloriosas del PRD, cuando los chuchos no se habían apropiado del partido ni lo habían convertido en la bacinica del gobierno que es hoy. El desmadre del SEA Popular y el G-OASISS era debido a la urgencia de aligerar las múltiples transas y fraudes electorales y de muchos otros tipos, además de la rígida burocracia que imponían, ya desde entonces, los chuchos.


Apostatario (Tres ejercicios de blasfemia) se publicó, en 2005, por la editorial Arengador, que fundó y sostenía haciendo de todo el escritor Ricardo García Muñoz en Guanajuato. Allá, en la cuna de El Yunque, el nido de la ultraderecha mexicana. La impresión y el papel me lo regaló el periódico Correo, del cual poco después me corrieron por burlarme de los honorabilísimos señores diputados del PAN. El motivo de la chacota a costillas de los panistas fue que publicaron un desplegado con alarmantes faltas de ortografía y redacción. Los panistas son vengativos, ojetes, mezquinos y rateros.


Los católicos no soportan el Apostatario. Burla y
misticismo juntos, ¿será posible?


Apostatario consta de seis cuentos en los que, fundamentalmente, se trata el tema del humor —en la faceta de la burla, la ironía y el sarcasmo— y, por otro lado, la relación con lo divino. Además de burlarse de la iglesia esa cuyos ministros, según la Organización de Sobrevivientes a los Ataques Sexuales de Sacerdotes Católicos, han violado a, ¡agárrense!, alrededor de un millón de niños en todo el mundo católico. Cifras conservadoras. Apostatario es la burla contra los dogmas, el divertimento alrededor de algunas de las farsas católicas más infantiles y recalcitrantes, pero también —y tal es la otra vertiente— es un encuentro muy personal con lo divino, es decir, una herejía, pero es que la idea de Dios o de la divinidad es, sin duda, una construcción muy personal. En otra época, este libro habría provocado el achicharramiento en leña verde de su autor. Ahora la jerarquía católica se tiene que tragar lo que opino, lo que sé, lo que creo, acerca de ellos.

El Fiestas en la fiesta. Y con alcohol. Salud.
Fiestas es un libro de puro desmadre. Sólo contiene narraciones de fiestas. Soy un viejo dionisiaco, fiestero. Esa hermosa palabra aparece en los títulos de tres de mis libros. Se publicó en el 2011 bajo el sello de la editorial Eterno Femenino que dirige, administra, imprime libros, los arma, etc., etc. Y al final los vende además de hacer todos los trabajos, como barrer y trapear, la editora y también escritora Noemí Luna García. Fiestas es la recopilación de treinta años de practicar el cuento. Es una especie de antología personal. Está ahí el primer cuento de mi vida, el que, rigurosamente hablando, ni siquiera es cuento y otros por el estilo, hasta cuentos muy sagaces y bien armados. En este libro van dos cuentos que ganaron sendos premios, uno de ellos de convocatoria nacional. Todo empezó en el taller del poeta Manuel Rodríguez Herrero (qepd) y siguió en el del maestro Edmundo Valadés (qepd). Amo el fiestas. Amo las fiestas.


Este librito titulado La fiesta (Cuando bajaron los ratones) lo publicó el poeta Alejandro Campos Olivier en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Lo cual ocurrió en el 2011. Es una hermosa edición de un solo cuento que se llama La fiesta (Cuando bajaron los ratones), cuento que está en el libro Fiestas. Es un relato muy anárquico y bárbaro. Retrata las costumbres del barrio bajo, la violencia y los goces un
Hermosa y sencilla edición. Un cuento que ha sobrevivido
a intentos de destrucción y ha sido reelaborado diez veces.
tanto asalvajados de los h
abitantes de estos lares. Una linda muchacha que fue mi esposa leyó este cuento en borrador. Varias horas después me dijo “Leí la mierda esa que escribiste. La destruí y la puse donde debía estar, en el escusado. Y le jalé a la palanca del agua”. Luego agregó “Si hubiera sabido que eras capaz de escribir eso no me hubiera casado contigo”. En efecto, poco después nos separamos para siempre. Es un buen cuento terrible. Lo escribí más de diez veces hasta que lo publiqué y desde entonces no lo he tocado. El cuento fue escrito en su origen en la ya lejana época del taller de Manuel Rodríguez Herrero allá por el 1982 u 83.

Es una mujer insoportablemente hermosa, una de ésas que la ves y sientes que te caes de nalgas. Divinamente bella. Se lía con un buen caballero católico, conservador, decentísimo y gran conocedor de la literatura, profesor de tal materia en una universidad confesional. Ocurren sucesos inesperados y en
Una gran belleza femenina. Una comedia de equivocaciones,
además del poder eclesiástico, el político y el superior: la
belleza.
semejante relación salen chispas. La novela roza la pornografía y golpea tan duro como le es posible, otra vez, a la iglesia aquélla de que hablábamos y a una de sus organizaciones emblemáticas en México, El Yunque, los que quieren, humildemente, “Implantar el reino de Dios en la tierra”, me cae de madre, así dicen y lo intentan por la buena, pero mejor a chingadazos, porque la gente no entiende. La novela se publicó en octubre de 2012 bajo el sello de Eterno Femenino.



En 2013, la novela Una muerte inmejorable, después de batallar por unos seis o siete años, ser reescrita tres o cuatro veces, participar en algunos concursos corrompidos y en otros legales en donde fue finalista, vuelta a corregir... por fin ganó el concurso a que convocó la editorial De Otro Tipo, que dirige el escritor Walter Jay Nava.

Una muerte inmejorable, premiada por la Editorial
De Otro Tipo.


Sexo, muerte, droga, lucha social, mujeres y la percepción o el sentimiento de lo divino o el desapego de la realidad. El asalto místico como contraparte de la aparición desaforada de los instintos, el reino de este mundo. La lucha de un pobre hombre contra su destino final, el de todos: la muerte. Novela tanática por lo cual es no menos erótica hasta rayar con la pornografía, dicen.
Una muerte inmejorable se presenta en avenida Miguel Ángel de Quevedo número 690 el próximo jueves 31 de julio a las 19 horas. Habrá vino de honor y el espectáculo de la coreógrafa, bailarina y poeta Luz Ureña, además de los presentadores: Agustín Ramos, Jorge Borja y Walter Jay Nava.



Una muerte inmejorable. La muerte es lo último.
Este libro lo es hasta este momento.

martes, 27 de mayo de 2014

De El Azteca a Madero

Crónicas y curiosidades de Ojeteperro o los haberes de las

aventuras magníficas, imbricadas con observaciones agudas e hipersensibles, restituidas

a su natural desde el ojo especializado de un erudito dionisíaco y su tan exquisito como ilustrado lexicón

 Foto: Nuevo Libro

Pterocles Arenarius

 

El acto de leer, como todo acto en la vida, puede ser utilitario; esto es, realizado para obtener de él un beneficio. Sin embargo, estamos viviendo tiempos tan extraños que hasta la gente “importante” desdeña, abomina o simplemente desprecia ese acto que es uno de los que nos distinguen como ningún otro del resto de las especies animales: el acto de leer. Hay un pobre hombre que se ostenta como el primer mandatario de este país —ojo, esto significa que ha recibido el mandato más importante, el mandato de las mayorías, pero ha demostrado tercamente que se negará a obedecerlo con tal de beneficiar a las minorías que para nuestra desgracia lo enquistaron en ese puesto—, pues tal pobre hombre se ha mostrado de manera pertinaz como un incapacitado para aquella actividad que resulta ser la más importante para  acumular conocimiento: la lectura. ¡Ni siquiera porque para gobernar es imprescindible, ya no digas ser culto, al menos parecerlo! Ese señor de nombre Enrique Peña Nieto no lee ni para defensa propia. Es necesario anotar que quienes decidieron ponerlo como presidente de México sólo muestran un afán descomunal para degradarlo todo. ¿No tenían un candidato más presentable que ése que parece empeñado en exhibirse como un analfabeta funcional?

En fin, pero aquí venimos a hablar de la cultura, aunque sea en este contexto un suceso a contracorriente; venimos a hablar de un gran libro que, como pocos, tiene la virtud de preservar, abrillantar, llamarnos la atención hacia mucho de lo precioso de lo cual somos disfrutadores y usufructuarios. Al final eso es la cultura: los tesoros que contamos. Déjenme decirles que somos uno de los muy pocos pueblos del mundo que se sostiene porque detrás de nosotros hay por lo menos treinta siglos de arte y cultura (yo pienso que si nuestro país ha resistido la demoníaca vecindad de la potencia que ha acumulado más poder destructivo que nadie jamás en la historia de la humanidad, es por nuestra milenaria cultura, el México profundo, de que habló Guillermo Bonfil Batalla), pero nosotros, como esos malos maridos, por estar tan acostumbrados a tan soberbio privilegio —como el que tiene una bella esposa y no la toma en cuenta—, no solemos disfrutar, recrear nuestra inmensa cultura como debiéramos. De El Azteca a Madero se encarga precisamente de eso, recupera momentos, lugares, circunstancias, que son los que nos forman. Porque somos lo que hemos vivido. Y adquirimos un valor superior cuando esas circunstancias —que terminan por ser parte de nosotros— han sido transfiguradas por la nostalgia teñida de poesía. No otra cosa es lo que hace este libro.

Portada y contraportada de Crónicas de Ojeteperro


Aquí estamos para hablar de un libro, Crónicas y curiosidades de Ojeteperro, en el que se recopilan lo hechos que han sido procesados a través de una sensibilidad exquisita pero también de muy amplio registro; el contenido de este libro toca momentos estelares, dolorosos, espléndidos y también, cómo no, triviales y sin olvidar múltiples estancias dionisíacas.

El placer de leer, el acto de leer, en general se considera que se encuentra sólo en el terreno intelectual. Es cierto en gran parte. Pero no es todo. También, como anota Jorge Borja en su ensayo Breve elogio a la lectura, bien podría ser su objetivo la iluminación. Pero la mejor lectura es la que se hace por placer, como se demuestra en el texto de marras.

La lectura es un placer lánguido, dijo Borges. La lectura es un acto que involucra un gran número de nuestras disposiciones intelectuales y no pocas físicas relativas a nuestra facultad reina, la vista. Pero la lectura de De El Azteca a Madero, también llamado, Crónicas y curiosidades de Ojeteperro, será muchas cosas, implicará placeres de muy diversa índole y hasta rigores no tan dulces pero no por eso menos entrañables y, además, añoranzas y recuerdos intensos y hasta siniestros, pero nunca será lánguido.

Y es que además de no ser lánguido, acumula una serie de las maravillas que la obra en letra escrita puede brindar a un lector. En efecto, porque si la intención es de aprendizaje, de obtener datos valiosos e insólitos de la historia, ahí están, en primer lugar, en la larga crónica de la calle de Madero, pero luego, no menos valiosas son las reseñas de varios escritores. Es decir, para seducir al conocimiento y la inteligencia este libro es un manjar. Y para regodeos más recios, para paladares que requieran regustos un tanto ásperos, están las crónicas de los bares y las descripciones y aventuras de los personajes que ahí pululan.

Pero lo más agradecible de este libro es el hecho de que leerlo es un gran placer. Leerlo sin pretensiones, como un regalo, como lo que es, una obra de arte en la que el artista ha procesado a través de sí mismo los materiales de la vulgaridad cotidiana, la calle de Madero ahí está, los antros, las muchachas de los teibol-dans, Garibaldi, los alcoholes…, y cualquiera pensaría que nada ocurre, sin embargo, gracias a este autor se nos hace el llamado de la atención hacia la maravilla, “Cuando nada ocurre hay un milagro del que nadie se percata”. Eso es este libro, el milagro que Borja nos pone ante los ojos. Pero es un milagro que él construyó con palabras. Eso es la cultura. Quién que es no ha vivido lo que aquí se narra. Todos los humanos hemos vivido todo, lo dice Borges, aunque algunos lo hayan hecho más intensamente. Pero eso no importa. Lo que importa es cómo lo hayan traducido en obra. Quizá ni siquiera sea cierto. Pero es precioso como nos lo narran. El arte es una sublime mentira. Eso es este libro. Con la salvedad de que capaz que todo lo que narra es cierto.
Raúl, el Muñeco, un buen novelista.

Tengo que anotar que en Crónicas de Ojeteperro campean la inteligencia y el oficio de un gran escritor. Voy en total desorden. Hay, por ejemplo, un pensador que reflexiona de manera más bien amarga, aguda y mordaz, a través de sus Siete aforismos para un domingo. Pero no menos encontramos al historiador que hace de la calle de Madero un sitio mítico; es una especie de Aleph en el sentido Borgiano en donde podríamos estar observando la historia de México en cada uno de sus rincones, en sus entrañables y fastuosos edificios, nos llama la atención a que en ese trayecto de menos de un kilómetro, está el devenir de esta nación, el micro y el macrocosmos de los hechos históricos. Nunca se volverá a ver la calle de Madero con los mismos ojos luego de leer Desde las puertas de la sorpresa, esta crónica inolvidable. Muy lejos de la languidez, este retrato múltiple es delicioso por su erudición aterrizada en anécdota, por su descomunal conocimiento de detalles que casi nadie sabe, por sus personajes que nos han dado identidad y origen, por sus muchedumbres y por las desgracias que también ahí se fraguaron.


Cuando leamos aquella crónica
nunca la volveremos a
verla igual

Las Crónicas de Ojeteperro, son como una deliciosa conversación con un narrador entrañable, por más que de pronto sea sórdido, como cuando nos habla de El barco de plata, ese perdido galeón de ilusiones dulcísimas y arrepentimientos negros; medio misógino desde la dedicatoria que arranca una carcajada y la exclamación de “Pero qué cabrón es este pelao, mi’nomás qué güevos tan azules”, frecuentemente estrambótico y a menudo en el filito de la navaja, no pocas veces entrañable como cuando describe a un extraordinario novelista como lo fuera Raúl Rodríguez Cetina, bien conocido por El Muñeco que en paz descanse. Agudo, extraordinariamente documentado, inteligente, preciso, el libro nos deslumbra con reseñas sobre escritores fundamentales o que al menos tienen como insignia el poderío de su intensidad; autores como Charles Bukowsky, Manuel Gutiérrez Nájera, Ramón López Velarde, o, ya en el ámbito de la más entrañable canción popular, el inolvidable autor Guty Cárdenas, y volviendo a la alta cultura, el maravilloso diálogo entre dos monstruos de la narrativa latinoamericana y mundial, García Márquez y Juan Rulfo. Un alarde de conocimiento, de imaginación y de audacia literaria.
El viejo indecente. Autor entrañable.

En cuanto a la forma, los textos tienen una serie de ingredientes que los vuelven, paradójicamente, dentro de, a veces, lo sórdido, lo moralmente lúgubre en otras, no dejan de ser ligeritos, digeribles, divertidísimos, cuando no es que de plano arrancan las carcajadas. Pero casi todos acumulan una virtud que podría volverse reclamo, nos dejan con las ganas de seguir leyendo, con la sensación de quiero más, como si hubieras estado con una amante de gran dulzura que de pronto dijera fue bonito mientras duró y te dejara deseándola. Todos los textos corren veloces y alegres, estamos ante una prosa erudita y exacta.

Toda obra de arte es un acto de seducción. Las De El Azteca a Madero nos conducen de manera indefectible al gozo, a la entrega amorosa que es la satisfacción múltiple que nos provee. Hay que agradecer tanta inteligencia y conocimiento, hay que treparse en un viaje que, si bien a veces resulta no menos sórdido y oscuro que divertido y estimulante, es agradecible siempre.

Querido maestro
Por último dejo al final la crónica en donde Borja habla de Edmundo Valadés, el gran maestro, el extraordinario —aunque parco— cuentista, el infatigable e inteligente antologador, el decano hacedor de escritores, no olvidemos que su revista El cuento fue un verdadero taller de cuentística durante el medio siglo que duró publicándose. Es cierto que Borja y el de la voz compartimos la deliciosa amistad y la sabiduría del maestro Valadés, es cierto que Borja y yo nos hemos hecho juntos e influenciado mutuamente y compartido lecturas y creaciones e influencias y amigos y épicas jornadas de embriaguez y más, en general, la vida, de una manera tan intensa que llamaría promiscua. En lo que a la literatura se refiere, Borja y yo somos gemelos, aunque yo esté mucho más viejo. En fin, somos carnalitos y si algo hemos logrado, lo hemos hecho juntos. Así que, en la crónica del bar Negresco hay una serie de homenajes a mi persona que resultan absolutamente exagerados, descomunales y hasta inadmisibles por inmerecidos. Porque yo soy un discípulo de Borja, soy su seguidor y muchas veces he sido su amanuense. Es más, lo confieso, no lo he robado, literariamente hablando, lo he saqueado. Y además soy su fan.

Garibaldi, sórdida, entrañable, siniestra, dionisiaca.


De El Azteca a Madero, Crónicas y curiosidades de Ojeteperro es la más provechosa y plácida lectura, un gran libro resultado de, como dijera Sabato, la gran obra es el producto de “un gran hombre que ha escrito”. Gracias, querido Borja por este extraordinario trabajo. Un libro que aparece en el contexto de lo que bien debemos llamar un “Tiempo de canallas” en el que los poderosos, la que ha sido llamada la mafia del poder, los que quisieran —insensatos, apátridas y también amátridas— quisieran ser gringos, gente de plástico, gente sin raigambre, gente que no tiene una cultura ni un asidero histórico en este mundo, ésos desnaturalizados imponen al pueblo mexicano primero a un loco, 2000 a 2006, luego a un vulgar borracho, 2006 a 2012 y, por fin, a un analfabeta funcional como sucesivos presidentes. Y lo admirable, lo increíble es que el país resista. Bueno, treinta siglos de arte y cultura no tienen la cualidad efímera de la forma de la nube. Y aunque el país esté gobernado muy entre comillas por monstruos de corrupción, codicia, ignorancia, todo ello con un trasfondo de indecible estupidez, aparece una pequeña joya, un producto de alta cultura sin, aparentemente, más pretensiones que la de divertirnos y hacernos olvidar el terrible momento que cursa nuestro país.




Leamos De El Azteca a Madero, Crónicas y curiosidades de Ojeteperro, de Jorge Borja, eso nos distanciará inmensamente de aquellos analfabetas funcionales que dicen dirigirnos, o que más bien pretenden llevarnos al desfiladero.