sábado, 15 de noviembre de 2008

López Obrador en Guanajuato

AMLO en guanajuato

Pterocles Arenarius


Guanajuato, Gto., 15 de Noviembre de 2008. Andrés Manuel López Obrador llegó a Guanajuato en una mañana soleada pero fría. Un aironazo helado enrojecía los rostros y unas doscientas personas lo esperaban desde las 9:30 en la Plaza de la Paz, frente al edificio del Congreso legislativo estatal.
Un cantor amenizaba la espera entonando el No nos moverán y de pronto, dejando a un lado la letra de la canción pero con el rasgueo de la guitarra en fondo, se puso a echar rollo, a denunciar las “lindezas” del gobierno calderonista, las alzas a la gasolina, a los productos básicos y la gente le correspondía aplaudiéndole.
Andrés Manuel no se hizo esperar mucho. A eso de las 9:50 llegó con su pequeña comitiva en dos camionetas blancas. Lo esperaban los dirigentes locales del Partido de la Revolución Democrática, todavía, porque el partido está dominado en este estado de la República por el grupo denominado los chuchos, los que a través de Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se apropiaron de la dirigencia del partido, provocando la intromisión de un más que cuestionado organismo dizque autónomo en el PRD.
Andrés Manuel llega al lugar y unos veinte metros antes del estrado se apea del vehículo y llega caminando entre la pequeña multitud. Avanza muy lentamente, firma libros, libretas, calendarios, banderas, fotos. Casi interminablemente. Él no necesita baños de pueblo, se mueve entre el pueblo como ave en el aire. La gente no sólo lo respeta y lo quiere, lo venera: las mujeres lo besan, los hombres se empujan por estrechar su mano, todos se emocionan y le gritan en la cara consignas alentadoras. Andrés Manuel se mantiene imperturbable.
El discurso del dirigente mayor de la izquierda –a pesar de todo y para estupor de muchos, pero no menos incomodidad de otros y hasta rabia de los leedores de noticias de las televisoras–, es un discurso reiterativo, machacón, tenaz. Dice casi las mismas cosas y casi con las mismas palabras que solemos leer en los periódicos. Pero estar en el suceso tiene algo de magia. Hay una reciedumbre en Andrés Manuel, hay una emoción entre la gente, hay una fuerza que se genera y la veneración por este hombre que, como nunca antes haya ocurrido en la historia de México, se otorga el lujo de llamar pelele, espurio, títere, inepto y corrompido ni más ni menos que al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos: Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. Y lo hace todos los días.
López Obrador no se da tregua. Llega a Guanajuato apenas después del desayuno y luego de cinco o seis actos un día antes. Habla veinte minutos ante cada vez más personas, se mueve entre el pueblo como uno más. ¿Quién pudiera de todos los políticos mexicanos, quién, uno sólo que haga esto? Creo que no hay ni uno que se atreva a mezclarse prácticamente sin guaruras –en realidad hay tres hombres que con gran discreción le cuidan las espaldas y más bien parecieran personas sin mayor relación con el dirigente– entre el pueblo raso.
Andrés Manuel tiene detractores indudablemente, pero los que hay entre el pueblo de a pie, no vienen a verlo a sus mítines, no se atreven a hacerlo, porque los que lo quieren, en todas partes de México, son muchos más.
Nos gustaría ver a Diego Fernández de Cevallos, a Manlio Fabio Beltrones, a Carlos Navarrete, a Emilio Gamboa Patrón, al inefable transa Chucho Ortega… a cualquiera, de los que en los cargos de importancia en este momento o a cualquiera del pasado… a cualquiera. Ninguno se atreverá… Ninguno puede. La gente lo recuerda en la consigna que corean “Este es el pueblo de López Obrador; dónde está el tuyo espurio Calderón”.
Andrés Manuel dialoga con la gente, se deja querer, atiende a cada persona que le solicita algo, un saludo, una firma, un beso las mujeres. Su popularidad pareciera la uno de esos bellacos que las televisoras llaman artistas y que son improvisados –a la vista del público en diversas “academias”– en unos cuantos meses. Pero ni siquiera ésos se mezclan entre el pueblo. Ése es el gran capital político de Andrés Manuel.
AMLO, se podría decir, es un tipo temerario. Hace lo que ni uno solo de los políticos actuales se atrevería a hacer: atacar a los hombres más ricos de México y a las todopoderosas televisoras. Las acusa, tanto a aquéllos como a éstas de mantener a su servicio al presidente de la República, de haberlo convertido en su pelele, de administrar la ignorancia, de ocultar la catástrofe que vive el país, de mentir cotidianamente. ¿Quién, uno solo, de los políticos oficiales, oficiosos, en los cargos partidarios, en los puestos medianos o en las cámaras legislativas o incluso desempleado es capaz de irse contra la sacrosanta televisión?
Pero Andrés Manuel no es temerario, es inteligente, sabe que su fuerza está en el pueblo, sabe que la gente se da cuenta que él no la está engañando, porque lo que hizo al frente del Gobierno del Distrito Federal le acarreó el respeto, el cariño, incluso la veneración de grandes grupos de la población.
No quita el dedo del renglón “Nos robaron la Presidencia”, dice. Pide el apoyo, el activismo de la gente y les advierte que a ellos se debe que este movimiento continúe vigente y que apenas haya evitado la privatización brutal, la entrega absoluta de la riqueza petrolera que pretendía el presidente espurio (así llama a Felipe Calderón).
Augura tiempos peores para el pueblo mexicano. Anota que la crisis económica de los Estados Unidos nos afectará todavía mucho más y denuncia que el gobierno está entregando el dinero que pertenece a todos los mexicanos para salvamento de las empresas, 15 mil millones de dólares desde que estalló la crisis de los gringos. 100 millones de dólares se entregarán a la empresa Vitro de Monterrey.
En su discurso no olvida felicitar a los movilizados, por cuyos hechos se logró la victoria frente al tozudo empeño privatizador del calderonismo, pero advierte que tal victoria puede ser totalmente inútil si se presenta, como denuncia, que el gobierno entregue inmensas zonas del Golfo de México para la exploración y explotación exclusiva a las grandes compañías petroleras norteamericanas, la inglesa y la española en concesiones que durarían 30 años, socavando así la soberanía nacional.
El tabasqueño dice a la gente algo que ya sabe, pero él lo sintetiza de una manera que no deja de ser admirable. Dice que el régimen de 30 potentados que se sienten dueños del país pero que en realidad son una mafia y como tal actúan. Su manera de hacerlo, denuncia, consiste en mangonear dos partidos políticos (el PRI y el PAN), un pelele cada vez más disminuido, abrumado, incapacitado y, agrega este reportante, ahora sin su brazo derecho, cerebro y gran amigo recién muerto. Y la otra arma, dice, es la televisión. Esa gran difusora de la ignorancia y la enajenación.
Luego Andrés Manuel entabla un diálogo con la gente y les demuestra que las televisoras ocultan la información. ¿Cuándo nos han dicho que el peso se devaluó, hasta este momento, en treinta por ciento? ¿En qué momento han dicho que México es el país que menos ha crecido en América Latina en los últimos dos años? ¿Por qué no han denunciado que el yerno de Elba Esther Gordillo es el subsecretario de Educación Pública? ¿Por qué no dicen que los sucesivos gobiernos, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón han violado la Constitución de manera permanente al comprar energía eléctrica a compañías privadas a través de la Compañía Federal de Electricidad, lo cual está expresamente prohibido por la carta magna?
Anima a sus seguidores al recordar que en toda la historia de México no había habido tanta gente consciente y nos recuerda que nuestros próceres, fueron denostados y ofendidos, que a Hidalgo lo llamaron hereje, a Morelos falsario, a Juárez indio mugroso, a Villa y a Zapata bandidos, a Madero loco espiritista; sin embargo, informa que siempre que llegan a un municipio, para pedir informes del centro de la ciudad preguntan por la calle Hidalgo, Morelos o Juárez y pregunta a la gente cómo se llama la calle en donde se lleva a cabo el acto y el público responde Juárez.
El dirigente político de izquierda lleva mil 700 municipios del país visitados y dos millones de afiliados a la Convención Nacional Democrática. Otra vez, quisiéramos el nombre de un solo político de cualquier partido, activo o en la banca, que pudiera convocar a una fuerza ciudadana similar.
Y remata emotivamente su intervención diciendo que defenderemos a la nación como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda, recordando una expresión de Benito Juárez. La gente, otra vez, lo asalta pidiéndole una firma, un saludo, las mujeres lo besan.

1 comentario:

Prince dijo...

Hola Pterocles arenarius, me tomé la libertad de copiar tu post y ponerlo en el blog de Radio la NUeva República, medio de comunicación alternativo en la red, formado por ciudadadnos en distintas partes de México y EU. Confluimos por el apoyo a AMLO. Estás invitado a visitarnos o enviar aportaciones a noprivatizacion@gamial.com y leernos en http://www.radio.lrnr.org/