domingo, 20 de marzo de 2016


Benito Juárez García

Pterocles Arenarius

Pocas veces en la historia México ha estado cerca del desmembramiento como a mediados del siglo XIX. Al concluir la independencia, prácticamente no existía la idea de país, mucho menos de nación. Nuestra patria, siempre saqueada, después de sacudirse la inicua colonización española se encontraba al borde de su desaparición.
Fue en este contexto, después de la vergonzosa guerra de rapiña de Estados Unidos, potencia en ciernes, en 1847, cuando surge un grupo de hombres que habrían de construir, aun a despecho de muchos, lo que de grande y de sólido todavía perdura en este país. Los verdaderos unificadores y constructores de México son los liberales que vivieron en el siglo XIX mexicano.

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Guerra de rapiña del imperio para arrebatar territorio

Cuando parecía que la catástrofe no tendría fin, cuando, después de la bárbara destrucción sistemática que durante trescientos años hicieron los españoles de la grandiosa cultura milenaria que crearon los originales habitantes de México y después de la independencia, México se encontraba en medio del caos en múltiples ámbitos; cuando, pocos años después de la independencia la patria se vio cercenada en más de la mitad de su territorio por la voraz ambición imperialista norteamericana, aparece ese grupo que, no es exageración, debemos llamarlos superhombres, que realizan la verdadera fundación de este país, los liberales.

imagenes de benito juarez y los liberales
Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, Mariano Escobedo, Porfirio Díaz, Ignacio Zaragoza, Francisco Zarco, Santos Degollado, Sebastián Lerdo de Tejada, Jesús González Ortega, entre otros, el equipo de Juárez

Son ellos, entre mestizos e indígenas, quienes, actuando como políticos, legisladores, dirigentes sociales, diplomáticos, poetas, novelistas, intelectuales, cronistas, historiadores, militares, pero lo asombroso es que el talento en todas esas disciplinas, con estatura de, al menos, profesional, si no es que de estadista o de genio, suelen darse en un solo individuo. Agreguemos, entre paréntesis, que los liberales hacen una refundación de lo que después ha sido la gran literatura mexicana. Después de que Sor Juana y Juan Ruiz de Alarcón nos incluyeran en el siglo de oro español, cuando aún era la Nueva España, los escritores-políticos-dirigentes-militares-legisladores-diplomáticos y hombres que como pocos merecen el adjetivo de libres y el de conscientes, los liberales, crean una literatura, que es fundar un espíritu, el espíritu de este país; una más de las muchas hazañas que les debemos.
Los liberales que llegan al poder entre un conglomerado pues no era un país sumido en la más absoluta ignorancia, con más del 95 por ciento de población analfabeta, con una enorme masa de la gente en condiciones de extrema pobreza y sin consciencia de pertenecer a un país, con casi la mitad de los habitantes que ni siquiera hablaban el idioma español y bajo la acechanza de las grandes potencias mundiales.

Los conservadores que ofrecieron el imperio mexicano a Maximiliano de Habsburgo. Juan Nepomuceno Almonte (hijo de José María Morelos y Pavón), José Manuel Hidalgo -amigo cercano de la emperatriz Eugenia-, el padre Francisco Javier Miranda, don Antonio Escandón -socio de la Casa Jecker-, el ingeniero Joaquín Velázquez de León y Esnaurrízar, el general de origen francés Adrián Woll, el General don Miguel Miramón y Tarelo, el Doctor don José Pablo Martínez del Río, Tomás Murphy, Ignacio Aguilar y Marocho. La fecha del ofrecimiento oficial fue el 2 de octubre (de nefasta memoria) de 1863.

Por otra parte, en el país existía una clase criolla ultraconservadora y adinerada muy minoritaria que mantenía una fuerte alianza con la iglesia católica. Este grupo privilegiado, poderoso económicamente, ensoberbecido de manera fanática y convencido de su superioridad racista sobre los indios, pretendió hacer de este país una monarquía católica absolutista.
Juárez tuvo la visión de entender la circunstancia mexicana con una amplitud histórica. “En un discurso pronunciado el 16 de septiembre de 1840 en el que Juárez criticaba acremente la huella del régimen virreinal en México, manifestaba que el régimen colonial “descuidó la educación”, “crió clases con intereses distintos”, aisló, intimidó, corrompió, dividió, provocó “nuestra miseria, nuestro embrutecimiento, nuestra degradación y nuestra esclavitud”. “Pero hay más. La estúpida pobreza en que yacen los indios, nuestros hermanos. Las pesadas contribuciones que gravitan sobre ellos todavía (...) el abandono lamentable a que se halla reducida su educación primaria”. Son palabras que en este momento son vigentes.
Juárez, un hombre con una fe tan poderosa como la inmensa misión que se echó sobre las espaldas, dijo en otro discurso: “Dios y la sociedad nos han colocado en estos puestos para hacer la felicidad de los pueblos y evitar el mal que les pueda sobrevenir (...) Hijo del pueblo, yo no lo olvidaré; sostendré sus derechos, cuidaré de que se ilustre, se engrandezca y se cree un porvenir”.
“Siempre religioso, Juárez veía a través de la Constitución y la Reforma la redención de la república indígena” nos dice Justo Sierra.

El temple. La mirada.

En los momentos de terrible asedio, de inminente peligro, Juárez mostró su grandeza; “con sólo un acompañante, Juárez salió de la Ciudad de México, y al mes proclama su gobierno en Guanajuato. Se iniciaba la guerra de Reforma. Los conservadores disponían de un ejército regular, del dinero de la Iglesia Católica y de los hacendados. Los liberales, dispersos, tienen tropas mal armadas y peor preparadas. Al iniciarse la campaña, un regimiento sublevado los arresta en Guadalajara. El escritor Guillermo Prieto narra la escena en una de sus crónicas: en dos pequeñas piezas, ochenta liberales detenidos, unos escriben sus disposiciones testamentarias, Juárez se pasea silencioso, con inverosímil tranquilidad. Una voz grita: “¡Vienen a fusilarnos!” Y Prieto, memorablemente, actúa:

"Los valientes no asesinan. (...) ¿Quieren sangre?, bébanse la mía..." Guillermo Prieto.

Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, le puse a mi espalda, le cubrí de mi cuerpo, abrí los brazos y ahogando la voz de fuego que tomaba en esos momentos, grité: “¡Levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan!” Y hablé, hablé yo no sé qué... A medida que mi voz sonaba, la actitud de los soldados cambiaba. Un viejo de barbas canas que tenía enfrente y con quien me encaré diciéndole: “¿Quieren sangre? ¡Bébanse la mía!”, bajó el fusil. Los otros lo mismo. Entonces volteé a Jalisco. Los soldados lloraban, protestando que no nos matarían, y así se retiraron como por encanto. Mis compañeros me rodeaban llamándome su salvador y salvador de la Reforma¸ mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas”.
Juárez, acerca del episodio, escribe: “El día 13 se sublevó la guardia del Palacio y fui hecho prisionero por orden de Landa, que encabezó el motín. El día 15 salí en libertad”.
“No sin cierta razón se dirá que el tratado McLane-Ocampo implicaba lo mismo (contra lo que luchaba Juárez, la dominación por una potencia extranjera, en este caso) con respecto a los Estados Unidos, pero Ocampo y Juárez eran demasiado astutos para no haber ponderado los riesgos de su posición frente a las ventajas diplomáticas, económicas y militares que obtuvieron. Su victoria inmediata sobre el bando conservador (que paralelamente firmaba el tratado Mon-Almonte) es la prueba mejor de que ese cálculo existió y funcionó”. La aprobación del tratado McLane-Ocampo, como sabemos, no fue aprobado en el congreso norteamericano; un permanente ataque a Juárez consiste en decir que si se hubiera aprobado el dicho acuerdo, etc., el hubiera no existe. Lo que sí padeció la nación fue la pérdida de su soberanía y su viabilidad como país cuando fue invadido por la que fuera la primera potencia mundial en aquellos tiempos, Francia, cuyo emperador, Napoleón el Pequeño, en acuerdo con los apátridas conservadores nacionales impusieran en México, como emperador, a Maximiliano de Habsburgo. Pero una vez más, el grupo de los liberales, al frente de un sufrido y heroico pueblo, expulsaron a los invasores para recuperar nuestra soberanía.
Como estadista vemos “(...) en el caso de don Benito, tres características: 1) Con él se origina el proyecto de nación que, diga lo que diga el PAN, aún no termina. 2) No es un mártir ni un precursor. Es una rareza: el héroe que triunfa al cabo de todas las peripecias. Venció al racismo ancestral, a las dificultades de un país atrasado y en una región todavía más atrasada, a su carácter tímido y cerrado, a las divisiones entre los liberales, al odio cerrado de los conservadores, a la intervención francesa, al imperio de Maximiliano, a la oposición interna, a la prensa que lo odiaba. Juárez es perseguido, encarcelado, desterrado, obligado a gobernar en la huida, calumniado, vejado, ridiculizado. Y es un triunfador. Y 3) Juárez es la raíz del laicismo en México, el gran símbolo de la tolerancia y la libertad de pensamiento y de cultos, lo que le ha valido el odio histórico de la derecha y de la ultraderecha.
“Vaya que ha sido intenso el linchamiento histórico. La educación privada de carácter confesional lo ha calificado, literalmente, de Bestia Apocalíptica y en sus libros de texto se le ha difamado llamándolo “esbirro de los norteamericanos”. Hasta hace unos años se le acusó de “enemigo de Dios”, y todavía en las primeras décadas del siglo XX las Señoras Decentes, al extremar su pudor, en vez de decir: “Voy al baño”, musitaban: “Voy a ver a Juárez”. Durante un largo tiempo en los colegios particulares se cantaron las injuriosas letrillas: “Muera Juárez que fue sinvergüenza”. Antes de la Revolución de 1910, en los pueblos controlados por sacerdotes se le exigía a los presidentes municipales o tirar el retrato de Juárez a la basura o ponerlo de cabeza. Y todavía en 1948, la Unión Nacional Sinarquista, organismo inspirado en la Falange franquista, convoca a un mitin en el Hemiciclo a Juárez, sustentado en la prolongada cauda de insultos a don Benito. En el paroxismo, un orador lo afrenta: “No eres digno de ver las caras de hombres honrados”, y le escupe a la estatua, vendada de inmediato para librar a los asistentes de la procaz mirada del “Gorgona de Guelatao”. (1)

Cronología aproximada del expansionismo gringo. Tiempos de Antonio López de Santa Anna.

(Antonio López de Santa Anna) “El dictador que lo odió y lo desterró lo recuerda con desprecio escénico: “Nunca me perdonó (Juárez) haberme servido la mesa en Oaxaca, en diciembre de 1829, con su pie en el suelo, camisa y calzón de manta, en la casa del licenciado Manuel Embides... Asombraba que un indígena de tan baja esfera hubiera figurado en México como todos saben”. (2)
A los que han perpetrado el escarnio contra hombre tan grande y a los que siguen haciéndolo, digámosles que quien de tal manera ofende, sólo está mostrando su real dimensión humana, pero además es bueno que sepan que “No hay mejor ni más grande alabanza que la injuria venida del hipócrita”.
En Nueva Orleans, en 1853, Juárez trabaja en un taller de imprenta y en una fábrica de tabaco. Escribe en sus Memorias: “Yo me resigné a mi suerte, sin exhalar una queja, sin cometer una acción humillante”. Otros de sus compañeros, que participaron en sus gobiernos, son meseros o venden ollas.
Cuando se inicia la guerra (...) “en tres años intensos, (...) los liberales, paulatinamente, se apoderan del país o, por lo menos, de sus plazas estratégicas, y promulgan victoriosamente las Leyes de Reforma del 12 de julio al 11 de agosto de 1859. Se nacionalizan los bienes del clero, hay separación de la Iglesia y el Estado, se exclaustra a monjas y frailes, se extinguen las corporaciones eclesiásticas, se concede el registro civil para los actos de nacimiento, matrimonio y defunción, se dicta la secularización de los cementerios y de las fiestas públicas y, algo esencial, se promulga la libertad de cultos.
Caricatura juarista.

En suma, se declara concluida la etapa feudal del país, y se sientan las bases del pensamiento moderno. Se necesitarán más tiempo y numerosas batallas políticas, militares y culturales para implantar efectivamente la sociedad laica, pero es enorme el avance de las Leyes de Reforma”. (3) Es decir, se han dado los pasos para hacer de México una nación más humana, más justa, más igualitaria. Y esto cuando aún no era una nación.
Andrés Molina Enríquez dice al mirar un retrato de Juárez: “Se ve por ese retrato que Juárez era un hombre muy notable por sus cualidades de carácter, por su imperturbabilidad para recibir los acontecimientos, por su pasividad para sufrir los reveses, por su entereza para luchar con las dificultades, por su calma para esperar los triunfos, por su persistencia para alcanzar sus propósitos, por su firmeza para seguir sus convicciones, hasta por su aspecto severo, frío, impasible, de divinidad de teocalli”. (4)
Una declaración de su esposa Margarita Maza lo pinta de cuerpo entero: “Está muy feo, pero es muy bueno”, escribió ella a su padre acerca de su marido el que hoy llamamos Benemérito de las Américas.
Aunque Benito Juárez García fue un hombre de grandes ideas y de expresión, aunque muy concisa, de rotunda contundencia; él se valoró más por sus acciones: “Quisiera que se me juzgara no por mis dichos sino por mis hechos. Mis dichos son hechos”. (5) Pues finalmente, cuando todo termina, lo que queda, en lo inmediato, son los hechos, ya que “Por sus hechos los conoceréis”. Pero la inmortalidad, a pesar del bárbaro ludibrio, del odio gratuito, está en las superiores ideas de nuestro muy respetable hermano mayor Benito Juárez García. En las letras iniciales de su nombre llevó el estigma de lo que fue para México, la B de lo Bueno, la J de la Justicia y la G de un Gigante espiritual.


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(1) Carlos Monsiváis (CM), revista Letras Libres No 14, 21 de marzo de 2003.
(2) Enrique Serna, El seductor de la patria, Joaquín Mortiz, 1995.
(3) CM, ibid.
(4) Guillermo Prieto, Mis tiempos, Ediciones La Prensa, 1983.
(5) Andrés Henestrosa, revista Letras Libres No. 14.

viernes, 11 de marzo de 2016

Segundo escrito para Una muerte inmejorable

Segundo escrito para la presentación del libro Una muerte inmejorable de Pterocles Arenarius


Charlie Monttana


Nunca has pensado en el hecho de la impresión de tu encuentro con algo que te impacte y modifique tu forma de vivir, quizá después de andar por ahí arrastrándote encuentras una señal, un hálito de vida, de esperanza, de fe, quizá nunca has pensado en ello…
Es difícil creer que una novela podría cambiar el curso de tu destino y tal vez hasta te ayude a rectificar un poco en tu desesperanzado y rutinario proceder, en tu diario acontecer.
Despertar, lavarte los dientes y huir de prisa entre el asfalto y la banqueta hasta llegar a subirte al microbús, luego el metro y a zancadas y 



Los tumultos cotidianos, el martirio

 corriendo llegar a checar una tarjeta, acomodarte la corbata y el gafete o ponerte un uniforme u overol grasiento y empezar el puto día lleno de puros sueños muertos, retejiendo en tu mente proyectos que cayeron, que se van o que nunca llegaron; a veces nos sentimos como verdaderos gusanos sobre la carne podrida de algún animal muerto bajo el ardiente sol de mediodía calle abajo.
Y sentimos que la vida no vale una mierda; tienes que hacerle buena cara a quien odias, sonreírle a tu peor enemigo. Pelear con 40 pesos en el bolsillo del pantalón sin saber qué necesidad cubrir con ellos, y siempre esperando la bonanza, el cambio y mascullando por qué a fulano y a perengano les va en la vida mejor que a mí, si yo soy mejor que ellos; y anochece y amanece y al otro día chingada madre, otra vez lo mismo…


Autor de Una muerte inmejorable.

Aquí es donde Pterocles Arenarius nuestro caudillo personal nos pone el recetario de “cómo alivianarse sin maestro”; aquí es donde Tranquilino Vallehermoso nos da una verdadera razón de vida, algo que algunos tercos ni aun así comprenderán jamás, a veces les llega la mierda al cuello y aun así siguen saltando como focas de circo, hay cabrones que no se quieren ni echar un pedo para no hacer ruido y, sin embargo, están tan podridos por dentro y no se han dado cuenta de ello, vaya es tan irónico todo esto.
Así nuestro querido amigo Pterocles, nuestro abad del barrio, nuestro ícono de suburbio donde las chicas no tienen nombre por aquello de que luego agarran novios y maridos muy celosos, él aquí nos determina y explica qué es exactamente la vida, la vida en el cenit; con su riquísima intención barriobajera describe tan bien las cosas que hasta cuando habla de la comida me cae que se te antoja y esa exquisitez pornográfica donde dice cosas como ¡¡“le bajé los calzones y qué chula se veía en pelotas, toda espesa del vello púbico, sudorosa, jadeante, llena de pelos”!! Vaya, sí que provoca erecciones esa procaz e indecente lectura. Nuestro querido amigo ha tomado un curso sobre cómo patinar con la pluma, el pulgar, el índice y el dedo medio que da envidia ver qué figuras va haciendo en esa danza, ese ritmo sensible, cadencioso, vigoroso y lúbrico de la tinta mojando el papel con sus palabras está empapado de humanidad, de respeto y dignidad, de pasión y alegría y de igual manera incluye en sus escritos compasión, comunidad y una gran responsabilidad de autenticidad en cada letra que escribe.
Novela tanática, ergo, erótica
 
Los críticos se regodean con su arrogancia, nos desprecian, el escrutinio de los medios, siempre impredecible continúa siendo elitista y selectivo, preferencial con los advenedizos apadrinados y socios del “Club de los amigos buena ondita” y nosotros estaremos ignorados por ellos siempre o dirán que nuestro trabajo siempre serán obras mediocres, así que lo diré desde esta barra informativa si me lo permiten: ¡Que chinguen a su madre, putos racistas literarios!
Pterocles con su escritura sobria, sabia y seca nos hace creer, aunque sea poquito, que hay muchas cosas que vale la pena vivir; con el nacer de cada uno de sus libros hemos ido descubriendo que es cada vez mejor escritor de lo que él mismo piensa, él sigue creciendo sin importarle lo que los demás digan de él. Hay demasiada sicología en su obra, hay en ello la teoría más fundamental: vivir, vivir de manera abierta, sin cortapisas, ni prejuicios o tabúes, cabalgar sin silla, a pelo, sin brújula mediática, sólo a seguimiento del instinto, así ejecuta mediante el concepto de ello la idea más grandilocuente de la conciencia en la sangre… ¡coger!, ¡beber!, y ¡vivir!
Pobrediableando en esta desangelada travesía nuestro caudillo cada que puede exclama “¡Cuando muera iré al Cielo, pues he vivido en el Infierno!”; esperemos que no caiga nunca, que jamás se resbale del filo del cuello de una botella de tequila y desbarranque al abismo cual Rufo el Coyote en el intento de apañar al correcaminos ¡bip-bip!
De esa magia alquímica que lo vitamina no sabemos el origen, cómo es posible que alguien que golpeado y sumido en las crueles olas del infortunio tenga tal capacidad para escribir Iliadas y Odiseas urbanas tan perfectamente estructuradas y convincentes. Comentaré de manera más que atrevida e imaginaria que este escritor ha degustado de todos los excesos para arribar al conocimiento profundo de la existencia donde fluye sin estancarse, varía y nunca define y argumentaré categóricamente que su progreso se ha logrado a través de su desobediencia social y a través de su rebelión espiritual, en él no habita la lógica, la lógica es el último recurso de la gente que carece de imaginación. Su virtud es describir esos ritos de apareamientos, esos viajes etílicos y hierbáticos de forma magistral, sin tregua, que nunca terminan en “… y fueron felices por siempre”.

El diseño de la portada es autoría de Mauricio Gómez Morín

Esto es emocionalmente perturbador y les diré qué complejo es describir “La difícil vida de un creativo fácil”.
Quizá estamos solos cada uno de nosotros y la mayoría vivimos vidas solitarias, aterradoras, incompletas, existencias que tal vez sólo tengan espacio para la demencia, el resentimiento, la neurosis, el miedo, la duda y esa gran inseguridad espiritual que nos impide amarnos a nosotros mismos; vivimos consumiendo esa sustancia química que trastorna nuestro proceso de razonamiento llamada ansiedad, intentemos borrar esa visión catastrófica del mundo donde parece que sólo reina el mal…
Nuestro querido amiguito Pterocles nos ilustra de esta manera: ¡¡“Se sacó la blusa de un rápido movimiento, dejó caer la falda y baló los tirantes del brasier, desenfundó sus tetas de las copas y yo creí que tendría un orgasmo ante aquellos senos un poco grandes, de pezón color de rosa, senos que temblaban a sus movimientos de una manera que parecía insoportable, yo no podía quitar la vista de su cuerpo, de su pubis y su sexo resguardado por un triángulo diminuto y castaño, ella caminó como una aparición de los cielos hasta la recámara y yo tenía ganas de besar las huellas de sus pies, como sonámbulo me puse de pie y no dejé de ver la manera en que Laura movía sus nalgas”!!
La hermosa se dejaba mirar, mi madre observaba al pintor y a la modelo (…) Cerré los ojos y me imaginé a la muchacha desnuda caminando por mi casa, acostada en mi cama, olí el lugar que ocupara; había dejado, ¡cómo no!, el hálito de su perfume y como perro me puse a olfatear la mínima deformación que quedara marcada con su leve huella sobre mi cama.
Sentía gran confusión, hasta el fondo de mí seguía la angustia. ¡Me va a llevar la chingada!, y no hay cosa que pueda hacer.
Para morir nacimos, es demasiado fácil pretender que lograse eludir a la muerte, sería un acto egoísta y hasta mezquino, qué importancia podía tener yo entre cientos de millones que mueren cada día; era sólo una muerte más en el proceso natural de la humanidad.

Vida y muerte, las dos caras de la misma moneda

Morir no es importante, creo haber descubierto que la vida no tiene sentido y si lo tiene es sólo para construirnos a nosotros mismos. La naturaleza haciendo experimentos ha logrado ordenar de manera perfecta y prodigiosa a esas partículas que les ha dado vida y en los casos más avanzados les ha dado conciencia. Entonces si buscamos aventuras en la vida, lo único que lograremos es construirnos a nosotros mismos en algún sentido.”
Celebro la increíble brillantez e inspiración de Pterocles Arenarius a quien consideramos un profesional excelente y un hombre maravilloso quien se sabe apreciado por la gran hermandad; siempre equilibrado, con la humildad necesaria, la seguridad personal y la capacidad de corregirse.
Esperemos que la competencia nunca lo defina, pues su obra no es una mera transacción comercial dentro de la lectura desechable y al final esperemos que su obra hable por sí sola, es posible que él no necesite ser tan popular ni que le den voto de aprobación, su necesidad es que permanezca siempre con el corazón en llamas… ¡¡en éxtasis!!

Marzo 2016, Ciudad Nezahualcóyotl



viernes, 4 de marzo de 2016

Charlie Monttana es un rockanrolero mexicano de notable popularidad en este país. Se trata de un artista que ha logrado llevar tanto a públicos de toda la geografía nacional y no pocas partes del extranjero el lenguaje popular nacional, las actitudes, ciertas maneras de ser de los jóvenes desde hace 30 años, por lo menos. Monttana junto con unos cuantos artistas más ha colocado en el ideario mexicano aquel lenguaje, las costumbres (que algunos llamarán extrañas los moralinos dirán “vulgares” o al menos pintorescas, pontificarán los intelectualoides), las maneras y, repito, el lenguaje plebeyo.

Charlie Monttana y coristas


Hoy la televisión y los “artistas” que ahí negocian (puesto que no crean nada, ya no digamos arte) obedecen a los artistas reales, a los que han salvado la identidad, el lenguaje, las maneras de ser del barrio: vean si no, ya en la televisión hablan igual que en el barrio (exceptuando unos cuantos vocablos que ellos llaman “groserías”), en otras palabras, los ricos saquean a los pobres hasta en esto. Estos artistas del pueblo que con sus canciones colocan en otro estado de consciencia a sus fans, los hacen gritar hasta el delirio y repetir sus rolas a gritos, son, de no pocas maneras, profetas. Son los que llevan la voz de la tribu. La verdadera palabra de la tribu. Y uno de los más grandes méritos de artistas como Monttana es que lo han hecho por décadas y sin el apoyo de los grandes medios de comunicación o, más aún, a contracorriente de esos miserables comerciantes.
Artista del pueblo.
Es muy sencillo; imaginemos la descomunal popularidad de Charlie Monttana si apareciera en televisión digamos una vez al mes. Si el afán es sólo hacer negocios lo están desperdiciando. Entonces no es eso. Las letras rebeldes, la actitud contestataria, mucho más allá del desenfado y muy próximo al humor saturado de desfachatez de las letras de este rubio rockanrolero le han granjeado, por una parte, un importante número de seguidores que lo han mantenido vigente por décadas y por otro, el empeñosamente estúpido boicot de la televisión comercial, la más hipócrita, la más mentirosa, falsaria y aliada a las peores causas, las de la tan siniestra como pestilente como ignara (y buenaparanada) oligarquía que padece este país.
Durante la presentación de Una muerte inmejorable.
Pues bien, este profeta de la banda se ha dignado otorgarme un precioso privilegio, gastarse un buen rato de su vida para pergeñar un texto sobre mi novela Una muerte inmejorable. Se lo agradezco con el corazón en la mano y diría (pero no lo hago porque él es muy heterosexual) que tengo ganas de ir y plantarle un beso en donde él me indicara, pero como ya he dicho, eso es imposible, simplemente le mando un castísimo ósculo de paz, un abrazo fraternal y mis más rendidas gracias, querido Charlie Monttana.